Yo creía que todo se iba aligerando con el tiempo y los años sin embargo a mayor entendimiento, más es la responsabilidad y a veces me castigo al ver mi pasado con la lupa del entendimiento presente y veo las fallas que tuve y por más que me digo que hice lo que pude con el conocimiento que tenía, sigo juzgándome con el conocimiento presente y eso me lleva al dolor, me lleva al recuerdo de ella, una mujer dura, estricta, la que no decía lo que sentía y ahora me pregunto tantas cosas, quisiera hacerte tantas preguntas y me gusta jugar a que me contestas en la cotidianidad de mis días.
¿te sentiste amada?, me llega el olor de una tortilla en un comal.
¿sabías cuanto te amaba? una salsa molcajeteada enfrente de mi.
¿te dije te quiero las veces necesarias para hacerte verte lo especial que eras para mi? el recuerdo de tu mandil
¿me perdonaste las veces que te conteste mal? la imagen de tu cocina con luz cálida y olor a café con leche.
¿estás orgullosa de mi? me sirven los frijoles negros que tanto amo.
¿estás bien? suena alguna canción norteña.
¿sabes que era feliz estando contigo? se abre un refrigerador mientras alguien llena una jarra con agua
Daría 10 años de mi vida por estar sentado frente a ti otra vez y verte recoger las morusas de la mesa con tu dedo índice y tirándolas con elegancia en tu plato vacío mientras suena la estación del Barrilito. Daría 20 años de mi vida por abrazarte una vez más y decirte perdón por no haberte hecho la vida más fácil y gracias porque tu hiciste la mía más llevadera, perdón por no haberte dicho gracias hace 20 años por haber estado cuando otros decidieron no hacerlo, gracias por no darte por vencida.
Escribo estas líneas y ahora entiendo tantas cosas, entiendo la felicidad de una tortilla con salsa, entiendo porque soy incapaz de tomar café negro y porque amo el café con leche, ese olor y saber me hace sentir querido. Los frijoles negros con tu sabor me hacen creer que estás aquí, que estás a unos pasos en la cocina terminando de preparar los platos que nos darás a comer, huevo para desayunar y café con pan para cenar, cuando escucho un norteño te veo sonreír de reojo y gritar ajua y eso me llena el alma.
Me gusta creer que estás aquí, que me respondes.
Me gusta acordarme de las últimos años que cuando te marcaba por teléfono y terminábamos de hablar ya me decías te quiero.
Me gusta comer comida casera y con cada cucharada sentirte cerca.
Me gustaría soñar esta noche que tomo un teléfono de cable, marco las teclas de tu número y oír tu voz con eso todo duro, seguro, amoroso a tu manera.. y me digas...