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domingo, enero 15, 2023

Soy la historia que aún no me sucede.

Soy la suma de las vidas de que han tocado la mía, soy la suma de las decisiones tomadas y no tomadas hasta ahora en mi vida, soy la resignificación de los sucesos que he corrido por mis días. Soy la suma de aciertos y equívocos, soy la voz que me habla para hacer consiente lo inconsciente, esa voz que me pregunta ¿Por qué sientes eso? ¿Por qué te cierras a tratar a esa persona? o incluso la pregunta de ¿es miedo a lo que viene, terror al confort o falta de confianza en ti mismo? A veces esa voz que pregunta, me motiva y otras me aterra, pero como decía, son muchas las personas, los sucesos que me hacen ir más decidido; son más los abrazos dados que los no dados, son más las acciones positivas que me hacen el corazón grande que las que me dejan arrepentimiento y culpa.

Voy a tomar una decisión con base en la experiencia y los consejos de la gente que amo y admiro.

Mi madre el año pasado, 2022, pongo el año para cuando llegue a leer esto de vuelta lo tenga bien presente, me regalo el resignificado más grande que pude tener… Yo en mi adolescente herido que no sé si algún día dejaré de ser, le recriminaba su presión por estudiar algo que me dejará dinero, no lo decía con esas palabras, pero siempre hablaba de los financieros, de su trabajo. Quería que fuera como ellos, exitosos en un mundo de dinero y números. Lo intenté y no pude, me frustré y viví enojado culpándola por su persuasión, juró que lo intenté una y otra vez durante cuatro años donde mi aprendizaje fue deja ir lo que no te me hace feliz. Ver a los compañeros de clase apasionados, participando, acertando cada una de las respuestas mientras yo intentaba entender la pregunta, me hacía sentir tan tonto y así la autoestima se me fue hasta el límite, pero eso no lo sabía ni lo entendía, las emociones eran algo tan ajeno a mí. Pasaron bastantes años hasta que en uno de mis arrebatados reclamos le dije a mi mamá que por su insistencia había estudiado algo que no me apasionaba y que la carrera que terminé no sé hoy día es lo mío. Ella desarmó mi argumento con su respuesta: sea como sea, para mi es un descanso saber que tú puedes elegir, puedes cambiar de trabajo si quieres, puedes hacer lo que quieras. Esas palabras me hicieron cambiar la forma en como contaba mi historia y vivía el reproche, pude liberarme, avanzar y tener la confianza de poder elegir no estar en donde no soy yo, de poder empezar de nuevo en cualquier lugar que yo quiera.

Luego viene SandRa, la que se fue de pronto, de la que hablaba en mi post pasado. Bastaba verla en sus fotos para saber que vivía bien, seguramente con muchos altibajos como todos, pero supo aprovechar sus días en viajes, celebraciones y muchas canciones de Alejandro Fernández. SandRa, tu partida me empuja la pregunta: ¿qué estoy haciendo con mi vida? ¿la estoy cantando como quisiera? De nuevo la certeza de que la vida es un instante y no la quiero gastar en lo seguro, en el confort de lo que dan los días iguales y sin sentido. SandRa, gracias por ser risa y vida en los días que te tuvo la misma vida.

Obviamente viene a mi mente mi abuela, ay Olga Deveaux, tan grande tu vida y tu manera de reinventarte sin reclamo alguno. Tanta perdida, tanto cambio, tanto dolor para una sola vida y tú sigues sonriendo, sigues amando, ¿Cómo le haces? pido a la vida tu fuerza para seguir día a día con ánimo y amor a pesar que sienta en la entraña todo lo contrario. Fue tu cáncer el que hizo darme cuenta de que lo que no se dice avinagra la sangre, el cuerpo, el alma… así que gracias a eso, el decir las groserías que digo con la intención que las digo es tan liberador, a veces imprudente, pero fuera de mi sistema y sí abue, hay días en que maldigo hasta mi sombra y a mi misma vida y aún así es mejor que pretender que todo está bien y que mi vida es maravillosa como muchos piensan en las redes sociales, oh no señores, mis redes reflejan el aprendizaje de mis peores momentos y gracias al universo y usando el regalo que me dio mi madre, yo elijo el paisaje donde contar mis días. Así que sí abuela te admiro mucho y el miedo a perderte cada vez se hace más grande, pero ya hablaré de eso más adelante.

Y que decir de esa familia que no me dio la sangre pero sí el universo, esas historias de resiliencia que me recuerdan la maravilla de elegir y decidir siempre el bien personal. Gigi la imparable, la incansable… ahora bien sé que no es por gusto, sé ahora que si no te detenías era porque no tenías de otra, a veces pensaba que si yo hubiera sido tú, yo me hubiera detenido a tomar un respiro o un descanso, seguro no me volvía a parar... Tanta perdida hace inverosímil verte ahora tan plena y feliz, gracias por enseñarme a decirle a la vida:  sí se puede, logré encontrar la plenitud aunque esta me dure lo que me tenga que durar, ¡lo logré!… Gigi, me dejas la vida segura de decir, la felicidad no es con base en, sino a pesar de todo. Y así puedo enunciar los nombres de muchos ejemplos: Lupita y su manera de romper con lo que parecía un ciclo repetitivo de pobreza emocional, Dany Hersan y su constante llanto hasta encontrarse una mejor versión de si misma y demostrarse que sí se puede lo que ella quiera, Edgar Omar y su determinación por seguir todos los días a pesar de la perdida de su norte, su compromiso consigo mismo para decidir que es lo suficientemente valioso como para conformarse con cualquier camino de asfalto estrecho, por decirlo de manera elegante y no decir con cualquier pendejo.

Todas estas historias son base para callar mis miedos y prepararme para mi siguiente movimiento, donde planeo empezar de cero de manera limpia, sin prejuicios, sin expectativas de los demás, con mucho miedo, pero con la certeza de que la vida es un instante y si he de vivir será con la seguridad de que no me quede con ganas de nada y de que está en mi estirpe volver a empezar donde me llame la felicidad, nunca el confort.

Por todas esas historias que suman a la mía, y porque estoy dispuesto al futuro como la promesa donde cabe todo aquello lo aún no me sucede.

domingo, septiembre 12, 2021

Regalos para días de tanta lluvia

Los amigos son oportunos como todo en la vida y aún recuerdo las palabras de Fernando diciéndome:

- Si el día está nublado, lluvioso e insoportable no deja de ser un factor externo, ¿hasta cuándo vas a dejar que lo externo siga rigiendo tu vida? - Esa frase me la repito hoy que el día está nublado, lluvioso e insoportable y desde que me la dijo la tomé como un regalo justo para momentos así. 


Estoy caminando en el mercado de San Francisco, aquí en San Cristóbal de las Casas, después de una lluvia torrencial de 10 minutos que dejó lodo por doquier pero la vida sigue, las mujeres siguen atendiendo sus puestitos de verduras, frutas y semillas, ellas siguen sonriendo a quienes les sonríen, siguen dando precios a quien pregunta por el jitomate, habanero o por las habas, 5 pesos dicen unas, otras 10 o 20 depende la cantidad. Las afortunadas… corrijo…  esa palabra viene desde mi comodidad y mi percepción de lo que he vivido, elaboro de nuevo: Ellas siguen vendiendo aún con los ríos de agua en sus pies, unas van descalzas y otras con sandalias y aún así siguen su día. Una lluvia o un río de agua lodosa no va a detener su vida. Los niños siguen jugando en el suelo con sus pies al descubierto y llenos de tierra como si la vida perfecta transcurriera entre lodo y risas y es que así debería de ser. 


Traigo el corazón chiquito porque escucho la voz de mi madre quebrada al teléfono, mi abuelo, su papá tomó una decisión que nos aterra, que pone en riesgo su vida y nuestra esperanza de tenerlo más tiempo aquí pero él no, él quiso vivir su vida a su manera, como siempre lo ha hecho y pues los que tocamos su existencia nos toca respetar y apechugar el coraje, el miedo, el temor, la frustración y la incertidumbre de semejante decisión. 


Ya pasé dos cuadras desde que puse atención a los niños jugando en el lodo, que envidia ser un niño así, sin tener que cuidar la ropa limpia y perfecta de una imagen impuesta por una mamá exigente, por eso me parece inverosímil que la felicidad venga en forma de charco lodoso, sin zapatos, corriendo sobre las piedras y riendo como si no importara nada y es que la verdad, nada debería de importar más que vivir la felicidad como venga. Salgo de mi pensamiento y mis deseos de que los que están lejos de mi, encuentren paz en medio de tanta incertidumbre y otra vez yo en la calle de un mercado que apabulla. Calles estrechas donde convivimos peatones, coches, motos, bicis, puestos ambulantes, lluvia, venta de frutas en carritos y más, incluso siento los coches pasar a centímetros de mi mientras intento no chocar con la señora de rebozo rosa y falda negra que se detiene en seco a ver un suéter e intento no pasar por debajo de los desagues de las azoteas de las casas, pon atención Efraín, no te abrumes, estate aquí y ahora me repito. 


Cuántas veces no he deseado que un extraño, obvio un extraño que ya he imaginado a la perfección alto, de cejas tupidas, tez clara, amable, que no va ensimismado y puede ver cuando alguien necesita de un “¿todo bien?”, llega a mi y me pregunta “¿todo bien?” y con esa pregunta me saca de mi exorcismo de preocupación. Sonrío y agradezco el detalle y de ahí nos vamos caminando rumbo a conocernos… Pero la vida nos pone lo que necesitamos en el camino y el día de hoy me puso a un chico en bicicleta tocando una corneta para que yo no fuera a cruzar, reparo que sigo caminando sin atención al entorno y decido que lo mejor es huir de tanto bullicio y sí, escapo, doy vuelta en una calle que no conozco pero que promete no tener vendedores, ni gente, ni ruido… me meto en ella y pienso en ella… 


Ella que no sé cómo empecé a quererla porque la verdad no hemos convivido mucho, pero es de esas personas que sabes de corazón bueno que con solo darle un abrazo, quedas convencido de que tiene vibra bonita y esperas, no, no espero, corrijo de nuevo, deseo que todo lo bueno le pase a personas así. Pero la vida y sus procesos que van subiendo el nivel de dificultad conforme avanzas, creo y confío con el afán de hacernos mejores, más preparados, más dispuestos a ella, más amorosos, más empáticos, menos cerrados… Pero cómo le digo a ella, con su esperanza en una cajita con nombre que las cosas pasan por algo, con qué cara le puedes decir a alguien: el tiempo lo sana todo o todo es obra de un plan maestro que por más que no veas ahora, lo entenderás después, ¿con que puta cara se atreve uno a decir tanta pendejada cuando el otro tiene corazón, el alma, la razón en el suelo? Yo en mi caso cuando me lo han dicho me dan ganas de decirles “metete todas tus frases baratas por el culo y haz con ellas lo que te de la re chingada gana” pero luego me acuerdo que la gente hace lo mejor que puede con lo que tiene y sabe, al final no lo hacen de mala gana y solo me queda agradecer su entereza por estar ahí. 


Ahora ni un abrazo le puedo dar a ella que ha perdido todas las espectativas que son imposibles. Ni un beso en la frente a mi madre que lidia con la incertidumbre de poder perder a su papá. Ni como intentar convencer, persuadir, manipular, chantajear a mi abuelo el necio, el fuerte, el orgulloso, el independiente a que se deje cuidar, se deje tratar. Ni como abrazar a mi tío el enojado por el orgullo de su padre… Solo me queda dar vuelta en la calle Chipa de Corzo y perderme en ella. 


Ay Fernando, te digo un secreto: gracias por tan bonita frase, gracias por haberme dejado la responsabilidad de ser yo mi propia luz en mitad de tanta lluvia y cielo gris, gracias por haberme hecho entender que por más gris que este la vida, yo decido quedarme conmigo y ver con otros ojos esos regalos que me da el destino. 


¡Dios! otra vez me enfrasque en mis pensamientos, pero al ver el templo del Señor de la Transfiguración, cabe aclarar que busque el nombre del templo en Google y me hizo reír semejante nombre, por un momento pensé con picardía que seguramente dentro estaría lleno de trasexuales pidiendo el milagrito, me reí, Efraín te reíste aún a pesar de traer el corazón chiquito y distraído…  en ese momento me paré en mitad de la plaza e inhale con fuerza y como siempre que paso de un estado emocional a otro de manera consciente cito a mi autora favorita: solo la vida existe, lo demás lo inventamos.


Porque en mitad de tanto lluvia y lodo, también se puede ser feliz.

1999 y las cosas que nunca me dije

  Y un día de 2024 sin querer me encontré en el mismo lugar de hace 26 años. Llegué al frente del edificio que ya se me hacía familiar, cruc...