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viernes, enero 23, 2026

El poder de una tortilla y la magia de una salsa.

Yo creía que todo se iba aligerando con el tiempo y los años sin embargo a mayor entendimiento, más es la responsabilidad y a veces me castigo al ver mi pasado con la lupa del entendimiento presente y veo las fallas que tuve y por más que me digo que hice lo que pude con el conocimiento que tenía, sigo juzgándome con el conocimiento presente y eso me lleva al dolor, me lleva al recuerdo de ella, una mujer dura, estricta, la que no decía lo que sentía y ahora me pregunto tantas cosas, quisiera hacerte tantas preguntas y me gusta jugar a que me contestas en la cotidianidad de mis días. 
¿te sentiste amada?, me llega el olor de una tortilla en un comal. 
¿sabías cuanto te amaba? una salsa molcajeteada enfrente de mi. 
¿te dije te quiero las veces necesarias para hacerte verte lo especial que eras para mi? el recuerdo de tu mandil
¿me perdonaste las veces que te conteste mal? la imagen de tu cocina con luz cálida y olor a café con leche. 
¿estás orgullosa de mi? me sirven los frijoles negros que tanto amo.
¿estás bien? suena alguna canción norteña.
¿sabes que era feliz estando contigo? se abre un refrigerador mientras alguien llena una jarra con agua 

Daría 10 años de mi vida por estar sentado frente a ti otra vez y verte recoger las morusas de la mesa con tu dedo índice y tirándolas con elegancia en tu plato vacío mientras suena la estación del Barrilito. Daría 20 años de mi vida por abrazarte una vez más y decirte perdón por no haberte hecho la vida más fácil y gracias porque tu hiciste la mía más llevadera, perdón por no haberte dicho gracias hace 20 años por haber estado cuando otros decidieron no hacerlo, gracias por no darte por vencida. 

Escribo estas líneas y ahora entiendo tantas cosas, entiendo la felicidad de una tortilla con salsa, entiendo porque soy incapaz de tomar café negro y porque amo el café con leche, ese olor y saber me hace sentir querido. Los frijoles negros con tu sabor me hacen creer que estás aquí, que estás a unos pasos en la cocina terminando de preparar los platos que nos darás a comer, huevo para desayunar y café con pan para cenar,  cuando escucho un norteño te veo sonreír de reojo y gritar ajua y eso me llena el alma. 

Me gusta creer que estás aquí, que me respondes. 
Me gusta acordarme de las últimos años que cuando te marcaba por teléfono y terminábamos de hablar ya me decías te quiero.
Me gusta comer comida casera y con cada cucharada sentirte cerca.  
Me gustaría soñar esta noche que tomo un teléfono de cable, marco las teclas de tu número y oír tu voz con eso todo duro, seguro, amoroso a tu manera.. y me digas...  

domingo, mayo 14, 2017

Notas de vida para la vida


Bastó una nota de música para estár, fue voltear hacia arriba y sentirme aquí, sin importar el color del cielo, la calle de casas bonitas y las marcadas por la historia del olvido. Bastó ver a la gente para saber que soy parte de esto, sonrisas, frustración, cotidianidad, aburrimiento, desesperación, esperanza, ritmo, sueños, ganas, todo eso ajeno y a la vez también mío. 

Otra nota musical, un acordeón para soñar que viajo a lugares anhelados, donde también cabe mi aquí de ahora. 

Un acorde, para pensar en una persona, en esa persona, la persona, esa foto perfecta donde existimos o tal vez ese vuelo que tomaré, un café en la esquina de mesas en la calle, cualquier calle, una de aquí cerca o tal vez en Tajín, Italia o Australia. 

Un compás con un desierto para sentir, ese océano por ver, ese mirador para estar, un compás de ritmos conocidos: caribeños, norteños, ballenatos, zambas, tangos, otros más desconocidos, unos cuantos entrañables, algunos nostálgicos, otros melancólicos y ¿por qué no? todos alegres... para bailar, para sentir, para ser.
Ahora una voz con la nota, entendiendo que el amor no me huye, ni yo me le escondo, yo estoy aquí y tal vez él está atrás de mí o más cerca... ¿en mi? no sé, pero algo me dice que no será eterna la persecución donde al final nos habremos de encontrar.
Una acordeón para dejarme ir sobre mis pies, con ganas de bailar aquí o en donde sea, con ganas de ese baile tan ligero que parece que uno flota, el que fuere, sintiendo lo que siento ahora, contagiando a los que tengo cerca, contagiándonos de esto que se llama vida y fluir con ella, al ritmo que dicte, bajo sus reglas, pero con mi decisión y responsabilidad de seguirla, porque quiero continuar caminando, viendo, maravillándome de los días que parecen iguales sabiendo que es mi obligación y necesidad vivir los de manera distinta, de buscar  posibilidades y no monotonías. 

Ese cierre de la melodía donde todo queda en suspenso, ninguna certeza, un par de recuerdos, varios anhelos y la sonrisa traviesa que la curiosidad genera sobre la maravilla de la posibilidad.  Les Jours Tristes

1999 y las cosas que nunca me dije

  Y un día de 2024 sin querer me encontré en el mismo lugar de hace 26 años. Llegué al frente del edificio que ya se me hacía familiar, cruc...