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sábado, julio 11, 2026

1999 y las cosas que nunca me dije


 Y un día de 2024 sin querer me encontré en el mismo lugar de hace 26 años. Llegué al frente del edificio que ya se me hacía familiar, crucé la recepción con una sensación de nervios bastante extraña, subí las escaleras y reconocí la puerta con su manera peculiar de tener la chapa al centro de la misma, cosas que se me quedaron grabadas y en ese día de 2024 con solo cruzar la puerta del departamento mis manos estaban dormidas, sentí mareo y ansiedad como le llaman muchos. 

En 1999 esa calle con su iglesia cerca, su parque a media cuadra y su tranquilidad significaron mucho, un lugar seguro, una promesa, estaban mis ganas, muchas ilusiones, la calle Fresas siempre me pondrá las manos hormigueantes. 

Recuerdo que en el 2020 estaba en mi trabajo, entre reportes y risas con mis compañeros de esos entonces. Alguno de ellos estaba escuchando el radio o algún podcast, eso no lo tengo claro pero estaba hablando una tal Nath Campos, no la conocía, pero de esas cosas que el inconsciente decide hacer o algún angelito o como le quieran llamar, hizo que mi atención se pusiera en ese podcast. En él hablaba sobre una borrachera con unos amigos / compañeros de trabajo, de haber estado inconsciente, de recordar cosas que ella no consintió, de haber guardado silencio mucho tiempo, de sentir culpa. De nuevo las manos las sentí raras sin motivo aparente, sus palabras me llevaban a sentimientos que no había reconocido, que nunca había escuchado, que negué porque creí que todo había sido mi culpa. 

En 1999 el amigo del primo de un amigo me llevó a mi primer antro... yo de 14 años aún, entré porque siempre he sido alto, entré porque las normas no se cumplen en este país, entré porque mis papás estaban lidiando con sus vidas creyendo que yo estaba a salvo. Una de las ventajas de ese tiempo era que mis papás llevaban 4 años más menos separados y no había celulares como hoy en día. Mi madre sabía que estaba con mi papá y mi papá sabía que estaba en su departamento con mi abuela mientras que él de seguro estaba o bebiendo o con su novia Sofia de esos entonces.

Durante muchos años no entendí porque me resistía a tener sexo con mis parejas, parejas que retenía unos meses porque no lograba tener intimidad con ellos y de pronto uno se volvieron muchos casos iguales, muchos novios y solo unos cuantos intentos de intimidad. Recuerdo que hubo un actor que era excelente bailarín, lo conocí en 2007 al cruzarnos por unas escaleras en una fiesta, ¿qué sí ha habido magia en mi vida?, la respuesta es sí, pero no entendía porque la alejaba, porque la negaba. Una ocasión estaba con él en su departamento, recuerdo que hubo besos, caricias, la ropa nos empezó a estorbar, las caricias de sus dedos en mi cuerpo era de una ternura total y de pronto empecé a llorar, sin motivo aparente las lagrimas empezaron a brotar y los besos que estaban siendo de pasión empezaron a saber a sal... y él me lanzo una pregunta que me cruzó como si hubieran partido el alma en dos -¿quién te hizo tanto daño que te aleja de mi?- y ese ser mágico, llegado como un bálsamo se me fue como arena entre las manos. ¿Cómo alguien me podía querer así? eso no era real. 

La primera vez que crucé la puerta del departamento de la calle de Fresas, lo hice emocionado, había un hombre que me hablaba con ternura y masculinidad, sentía su deseo y su mesura a la vez, se ganó mi confianza y creí que con un abrazo suyo se podrían ir todos mis miedos, me dejé caer porque creí que él me agarraría, en esos años buscaba la seguridad que nunca había sentido en casa y la ingenuidad de la edad me llevó a creer en los primeros brazos que prometieron dármela.

En el 2021 después de haber tenido COVID, mi trabajo decidió que había pasado mucho tiempo en reposo y me dio las gracias, sin aferrarme y dando las gracias a la semana ya estaba rumbo a las playas de Oaxaca, sin trabajo y sin alguna presión en ese momento, me dejé ir, caminar sin descanso, respirar profundo y dando las gracias por estar. Un día a las 8am al terminar la clase de yoga, con las olas de mar como música de fondo y la brisa salada, la profesora me tocó la espalda mientras hacía la postura del niño, esa postura que te resetea el alma y relaja todo el cuerpo, me dijo en inglés -Don't fight, surrender, your mind needs to touch the ground and face the awkward truth and embrace it- y otra vez el corazón se me puso al mil y los recuerdos empezaron a mezclarse pero sí me rendí y ahí lo supe pero aún no podía nombrarlo. 

En el 2019 terminé una maestría en Desarrollo Organizacional y una de las actividades finales era exponer algún caso personal para mostrar vulnerabilidad o hacer sentir vulnerable a los espectadores que eran en su mayoría amigos o familia de los estudiantes. Cuando llega el turno de una compañera, amiga en ese momento, decide contar su caso de abuso. Recuerdo que me movió las emociones y mi abuela, que era mi invitada, le preguntó -¿Cómo puedes perdonar a quién te daño así?- No recuerdo la respuesta, ni mucho de lo que pasó en esos diez minutos.

Esa noche donde visité mi primer antro, un chico muy lindo se me aceró y me dijo que su amigo me quería conocer porque yo le parecía muy guapo, yo que ni sabía que era la autoestima, le creí y acepté conocerlo. Se llamaba Victor y tenía 37 años, le dije mi edad y no pareció incomodarle y tampoco pensé que podría resultar incómoda, ¿porqué habría de hacerlo?. Me llevó a casa, le di el número de teléfono del departamento de mi papá y él me dio el suyo, me dijo que yo le marcara si estaba interesado, obvio que lo estaba y le marqué, quedamos en vernos al día siguiente y al siguiente, fuimos a cenar un día y al otro comer, yo lo veía mucho mayor de 37 años pero no importaba, él me decía cosas que me gustaban, que me daban seguridad y así se ganó mi confianza. 

El el 2023 conocí a Bony, una consteladora de Tuxtla, Chiapas que al presentarse ante el grupo que éramos los que íbamos a constelar ese día, dijo que a parte de ser consteladora, tenía varias especialidades y entre ellas terapeuta para victimas de abuso, mi inconsciente guardo el dato, nada es coincidencia. En el 2024 constelé nuevamente pero esta vez de forma individual con otra maestra energética en Chiapas, Tere. En medio de mi desmadrito de playmobiles, me dijo -en tu historia personal hay un caso de abuso del que nadie habla ¿ya lo has trabajado-

En el 2024, una vez más de regreso en CDMX, tuve la determinación de hablar de una idea, una sensación, una suposición que me estaba incomodando mucho y pensé en Bony y todo fluyo, cuando es para uno todo se acomoda y así programé mi primera terapia con ella la consteladora de Tuxtla. Me saludó y después de las actualizaciones y formalidades necesarias fue directo al grano -... pero dime Efraín, que te gustaría trabajar conmigo en esta sesión?-  y por primera vez salieron las palabras de mi boca -Bony, creo haber sufrido de abuso- y el corazón y la vida y mis fuerzas y mi voz y mi entendimiento se quebraron todas.

Un fin de semana antes de que cumpliera 15 años, Víctor me invitó a cenar a su casa... no cuento los detalles, a parte de que están demás, hacerlo aún me cuesta, corrijo, no me cuesta, me duele, aún duele recordarlo, solo puedo decir que esa noche accedí a sus besos, a sus caricias, yo de 14 años aún, él de mucho más de 37 años y en algún punto dije un -No, no quiero seguir- dije un NO que no se respetó. Recuerdo que le pedí que me llevara a casa de mi papá y al llegar al portón negro, abrir la puerta y cruzar la oscuridad para llegar a las escaleras, sentí que algo estaba mal, me sentía vacío, me sentí roto. 

En esa sesión con Bony me confesé a mi mismo que había sido abusado, las manos me hormiguearon, perdí la voz intentando no llorar. Esa sesión fue la primera donde lo dije en voz alta, fue la primera vez que escuché que había sido victima de abuso, que no era ya una victima y que yo estaba bien. 

Tiempo después me acerqué a mi hermano, le confesé lo que me había pasado y en su entendimiento y manera de ser me preguntó si yo me sentía aún victima, le dije que no y que no sabía si hablarlo con mi mamá, su recomendación fue NO, para qué preocuparla por algo que ya había pasado hace mucho... La memoria tiene sus trucos y las percepciones son situacionales y muy personales, me disculpo con él si tomé mal sus palabras, tal vez su respuesta fue con base en su practicidad o en su no saber qué hacer con la información, en no saber como acompañar una situación así de incomoda, pero me sentí invisibilizado, volví a creer que a la mejor estaba exagerando el asunto, su opinión siempre me ha importado a pesar de lo frío y poco empático de su comportamiento.

Me encerré en el trabajo, buscando cambios, siendo práctico, viviendo de hechos, evitando pensar en mi sentir, en mis emociones. Dejé a Bony, dejé el tema y dejé de sentirlo hasta que fue imposible hacerlo porque me estaba marchitando de a poco. Me volví frío, me negué el amor de otros, los alejaba si empezaba a sentir y mis relaciones se volvieron más prácticas que profundas mientras me repetía a mi mismo: yo he podido solo y lo seguiré haciendo. 

Y llegó la ira un día. Bony poco a poco me fue ayudando a enunciar eso de lo que me negaba a hablar hasta que descubrí que había vivido bajo el enojo muchos años; esas sesiones fueron de llorar de rabia, yo que no permito llorar me encontraba haciéndolo con los puños cerrados maldiciendo el nombre de Victor sin desearle la muerta sino todo lo contrario, deseaba que estuviera sufriendo de alguna enfermedad dolorosa que día a día le recordara lo miserable que había sido su maldita existencia. -Bony de verdad me pregunto ¿cómo fue posible que se ganara mi confianza para luego romperla todita? ¿porqué lo hizo? ¿porqué le creí? ¿porqué no vi las señales? ¿porqué lo permití? ¿porqué accedí?- y Bony me respondió -Porque eras un niño de 14 años- la realidad me pegó de golpe y no pude soportar su peso. Durante 25 años jugué a negar que había pasado, que todo había sido mi culpa, que no debí de haber ido a ese antro, que lo tenía merecido por ser gay. Dejé de ver a Bony porque era doloroso seguir hablándolo. 

En el 2025 retomé terapia ahora con Ricardo, intentar sentir solo lo práctico me estaba haciendo daño emocionalmente, no tenía ganas, hacía todo de manera automática, sin saber porqué chinigados seguía. Con Ricardo tuve una de las sesiones más pesadas. No sé porque a pesar de que siempre había luz en su espacio, esa sesión la recuerdo como si hubiera estado a oscuras, me faltó el aire y sentía la cabeza a punto de estallar cuando le decía -es que me siento roto, me siento culpable- a lo que el me contestó -Tú tenías 14 años y aunque tú hubieras iniciado con la relación sexual, aún así tú te le hubieras ofrecido, tú tenías 14 años y él más de 37 años. Él sabía lo que hacía, él quería y sabía como convencerte, él abusó primero de tu infancia, de tu confianza y de tu cuerpo con premeditación, para nada fuiste culpable de lo que te sucedió. La responsabilidad de lo que te paso fue de muchas personas, menos tuya, fue de tus papás que voltearon un segundo a otro lado cuando debían cuidarte, fue de él por saber que tenía años de ventaja sobre ti, tú no estás roto- 

Es el año 2026, sigo intentando varias terapias, hablar un poco más del tema. Se lo conté a mi mamá y me sostuvo en amor a pesar del dolor que representaba la noticia. Se lo conté a mi papá como reproche por su ausencia en esa noche donde se suponía nos estaba cuidando. Se los he contado a mis amigos mordiéndome el llanto de la ira. Aún me sigo sintiendo roto pero ahora intento encontrar esos cachitos que dejé tirados hace 26 años en un departamento de la calle Fresas una noche de 1999 donde aún era un niño.     

En una terapía de grupo que tuve hace poco me di cuenta que ya no odio a Victor, que ya estoy entendiendo que no fui el culpable y que lo que me duele al día de hoy son los duelos que nunca lloré, los duelos que nunca conté, tenía que seguir viviendo, no podía llegar a mi casa y decir que era gay y que había abusado de mi un hombre mayor, no hubiera soportado las preguntas para las que no tenía respuesta o las que haría aceptar lo que me era más fácil negarme, vendrían las miradas inquisitorias, la incomodidad... así que preferí callar, negarlo, culparme y sobre eso construir inconscientemente  comportamientos, ideas, emociones, una vida, 26 años y por más que intenté ahogar ese suceso el maldito aprendió a flotar, como diría Frida Kahlo. De pronto ya no pude callarlo, porque callarlo, negarlo y culparme me está apagando y no sé si esto tiene cura, y sí la tiene cómo se cura, no sé sí un día despertaré y me sentiré en paz con todo lo ocurrido, no sé si dolerá toda la vida y si puedo dejar de sentirme roto. 

Este texto nace como necesidad de honrar los duelos que nunca tuve, tal vez con nombrarlos se vayan, tal vez con nombrarlos sanen unos y otros tal vez necesiten más tiempo más sucesos, mayor aceptación o elaboración. Tal vez de sentir estos duelos después de 26 años honren al niño de 14 años que tuvo que callar porque para él lo mejor que pudo haber hecho fue omitir y eso nos salvo de alguna manera, nos trajo hasta aquí y ahora por fin lloro lo nunca me dejé, lo que nunca pude, lo que me negué, lo que me daba vergüenza aceptar y bueno aquí van los duelos. 

Duelo de la inocencia cortada a los 14 años. Duelo por haber alejado o perdido personas valiosas por mi desconfianza. Duelo por no haber abrazado al amor por miedo a ser lastimado. Duelo porque me hubiera gustado gastar mi adolescencia en trivialidades y no en callar la verdad. Duelo de perder años culpándome. Duelo de ese niño de 14 años que solo quería ser querido, cuidado, abrigado, aceptado, porque el mundo ya estaba siendo bastante duro con él y solo quería un poco de paz y en vez de eso aprendió que la negación era la mejor forma de no contar lo que dolía realmente.

A ti:

Perdonarte a ti que me marcaste la existencia, seguir con la vida pensando que todo fue mi culpa, perdonarte a ti que traicionaste mi confianza cuando eso era lo que menos tenía: impensable. 

Pero ya me cansé de pensar en la diferencia de edad, en la ventaja que tenías y en el coraje que sentí muchos años, ya me cansé de cargarte como una negación, sí, fuiste real, tuve la mala suerte de toparme contigo y tú tuviste la suerte de que te dejará entrar y sí, sí te deseo mal, deseo que por cada noche que gasté sintiéndome culpable, tú tengas mil noches intranquilas sin saber porque, deseo que no puedas dormir y si lo haces que solo sea para que en pesadillas te des cuenta del monstro que fuiste conmigo. Deseo que tu inconsciencia se vuelva tu tormento porque yo era un niño de 14 años.    

miércoles, abril 17, 2024

Abrazos perdidos

Canción para leer: Camino para volver - Conchita

Si los hubiera abrazado más pienso que tal vez se hubieran quedado más, no lo sé y no lo sabré jamás, pero con cada pérdida queda un hueco y a veces el dolor me llegó años después... de haber entendido su presencia, su falta sería menos.

Si supieran que cada uno de ellos me formó y me regaló momentos precisos, historias para contar, detalles que no quiero olvidar, sabores que quiero volver a probar y aromas que me hacen falta.


Si lo hubiera abrazado más tal vez no se hubieran ido sin despedirse, si lo hubiera escuchado más tal vez aún estarían aquí celebrando su cumpleaños en los 17 de abriles que me han hecho falta. Si lo hubiera abrazado más tal vez hoy estaríamos comiendo pastel y riendo de las tonterías de la vida o hablando de lo infelices que somos en algún ámbito de la vida, pero de lo agradecidos que somos por tenernos...


A la abuela de Monterrey, si la hubiera abrazado más y llevado a más lugares se hubiera dado cuenta que no todo es enojo y arduo trabajo, que no todo es preocupación... Si la hubiera abrazado tal vez hubiera sido menos dura y menos huraña, tanto la lastimaron que se protegió en exceso y llegar a su corazón era de valientes... Llegué... porque al final por teléfono nos decíamos que nos queríamos mucho y hoy en día sigo pensando en sus salsas y llorando como no lo hice la primera vez que se fue cuando miro al cielo y necesito fuerza.


A la bisabuela mágica, si la hubiera abrazado más, hubiera conocido más de su pasado y de su historia llena de magia y secretos, me forjo y sabía que iría por buen camino a pesar de mi mal comportamiento y lo travieso que era, porque si la hubiera abrazado cada vez que me sirvió té de manzanilla con leche, cada vez que me dio pan con leche o atole de sabores en el pocillo azul de toda mi infancia, tal vez mi pasado tendría más sentido.


Al bisabuelo del ron con poquita Coca Cola, si lo hubiera abrazado, más hubiera sabido de sus mujeres y sus aventuras, de los lugares donde andaba cuando era buscado y también hubiera sabido si sentía paz cuando era encontrado, que era para él Veracruz, que extrañaba más y que agradecía el doble... pero me dio miedo el fin, y me fui alejando de a poco, lo dejé de abrazar, lo dejé de abrazar, lo perdí antes de que se fuera...


A la perrita que era y no parecía schnauzer, si te hubiera abrazado más hubiera entendido tu sufrimiento y te hubiera dejado ir... no tuve el valor y tu último aliento lo diste conmigo...



¡Caramba! sí que soy frío.... Tal vez no todos los días los pienso pero si todo el tiempo me hacen falta, tal vez los cuente mucho y del mismo modo pero lo que cambia son las palabras, mi ánimo o el lugar de mi recuerdo. Casi siempre les pido su apoyo, su fuerza, su guía y simpre siempre voy a pedir por encontrar un abrazo de ustedes.


Si los hubiera abrazado más...

miércoles, marzo 22, 2023

– Dilo, deja que salga – me dijo...

 Puso su mano sobre la boca de mi estómago, la mantuvo ahí y dijo

-habla

- ¿qué quieres que diga?

 – no tú, tu cuerpo, deja que hable.

Y mi cuerpo habló, de pronto un frío recorrió mi piel, pero no de fuera, sino de dentro, un nudo en la garganta, un par de lagrimas salieron de mis ojos sin explicación.

-Dilo, deja que salga – me dijo.

-No me dejes

Mi razón no entendía lo que boca decía… pero al sentir las palabras por segunda vez llegaron a mis todos esos momentos que no entendí en emoción, pero si en razón: todo pasa por algo. Esto es para que aprenda algo. Claro, este me llevará a otro nivel. No llores, no hay tiempo para eso, hay que estar a salvo. Sonríe todo es mejor sonriendo. Fíjate en no molestar, mejor apoya, tienes que ser fuerte para los demás. No sientas, escucha a los otros, acompaña a los otros.

Tanta razón fue guardando ese sentimiento entre los pulmones y el estómago, ese lugar cómodo donde aprendí a que con azúcar se callaba la maldita esa, esa que de pronto dejaba de ponerme de mal humor con un pastel de chocolate, unas galletas oreo de vainilla, una Carlota de limón. Ese que salía con mascará de ira haciéndome odiar al mundo, a la vida, a mi familia, a mi suerte, mi lugar, mi espacio, mis decisiones, me era más fácil odiar que aceptarla.

En ese momento, con la mano de un extraño en la boca de mi estómago, broto esa sensación de derrota, ese cansancio, se me borró la sonrisa y la pude aceptar. La tristeza.

-Di lo que no has dicho, no a mí, sino a ti – me dijo el extraño – ¿a quién le dices que no te deje?

En ese momento muchos momentos en mi vida fueron brotando.

A esa perrita que atropellaron cuándo yo era niño y no pude despedir y en vez de eso, arranqué en ira destruyendo todo, “no me dejes” quería decir, pero ya era tarde y no recuerdo que pasó días después, no recuerdo si me explicaron la muerte, no recuerdo si me abrazaron, solo recuerdo esa ira.

Esas ganas de decirle a mi mamá, “no me dejes” cuando decidió irse por su seguridad y para iniciar de nuevo con nosotros unos días después, yo sentí que fueron meses y que ni siquiera pude decirle eso porque se fue sin explicarme nada.

A mi papá cuando pudo quedarse a mi cumple pero prefirió irse a estrenar una raqueta, “no te vayas, quédate” quería decirle, pero mi razón convertida creció en ese momento, seguro tenía sus miedos y razones, pero me hubiera gustado que se quedara.

A Daniel cuando decidió que era mejor el suicidio que quedarse a jugar un rato más play, a contarnos los pesares de la vida, “no te vayas, quédate, esto vale la pena a pesar del dolor, son más las cosas buenas que malas, juntos se siente menos feo” es lo que me hubiera gustado gritarle al oído, abrazarlo antes de que decidiera cortar su respiración.

A mi abuela María, la mala unos días, la dura otros, la que hacía milagros con la inestabilidad de mi padre, la que estuvo siempre con una salsa, tortilla y frijoles como base de todo alimento. “quédate un poco más, vamos a comer juntos, déjame llevarte” pero no pudo, el carbón de su infancia pasó factura a sus pulmones, eso y el cigarro y pues no sufrió mucho, pero yo sigo buscándola en un buen taco, una salsa tatemada y unos frijoles negros.

El mejor consejo de todos, “no mata el alcohol, lo que mata es la coca” decía mi bisabuelo, “no te vayas todavía, aún tenemos muchas celebraciones por delante” y tanto celebró que hasta se hizo amigo de su cáncer, tanto tanto que no supo que lo tuvo.


Mi mejor amiga, después de 14 años me cumplió el deseo de que si se iba a morir fuera en mis brazos y a pesar de eso y ciego de su sufrimiento le pedí “no te mueras, no me dejes, a quién le voy a contar todas mis locuras, No te mueras y prometo sacarte más a pasear, pero no te mueras” Me miró de forma cansada y yo le pedí perdón por todo y le agradecí por esos 14 años pero aún no quería que se fuera.

La bisabuela del té de manzanilla con leche, la de la panera llena de conchas y gendarmes, a la que le tomaba de su monedero para comprarme tonterías, la de la magia…. No le pude decir nada porque tenía muchas batallas en la mente y no se me ocurrió decirle nada en ese momento. Hoy día, si le pudiera decir algo sería: gracias por no dejarme sin rumbo y hacer lo mejor para mi a pesar de tus años y perdón por toda la lata que di.

A mi abuelo el que prefirió irse lejos, el que no quería incomodar, ponernos en peligro, el deportista incansable, el taquero, el necio que prefería dormir con el control en mano antes de cederlo. Gracias por ser hilo conductor, gracias por ser el padre de mi madre, gracias por hacerla feliz, gracias por mi infancia de galletas, tacos y paseos a lugares asombrosos.

Tantos momentos tristísimos para mí, tanto dolor callado, recuerdo haberme derrumbado a mi manera, pero no recuerdo haber pedido ser abrazado o consolado, hice una constante el “ser fuerte” y luego enojarme porque nadie estaba para mí. Un ciclo donde yo era fuerte para que nadie se me acercara porque si lo hacía me quebraría y saldrían no sé que cosas, para después recriminar que nadie estaba para mi y luego ser más fuerte para mi porque los demás a mi alrededor suponían que yo estaba bien.

No es que al día de hoy ya vaya llorando por la calle o que a la primera perdida o bajón vaya a ser otro, para empezar pido al universo por no tener otra perdida, pero como sé que esas son inevitables, me pido a mi mismo la capacidad para poder vivir las penas a través de todas las emociones respetando a cada una en su proceso, sin estancarme, sin acortarlas, sin alargarlas, sin disfrazarlas… sintiéndolas… fluyendo.

-Dilo, deja que salga – me dijo, y así está siendo.

domingo, septiembre 12, 2021

Regalos para días de tanta lluvia

Los amigos son oportunos como todo en la vida y aún recuerdo las palabras de Fernando diciéndome:

- Si el día está nublado, lluvioso e insoportable no deja de ser un factor externo, ¿hasta cuándo vas a dejar que lo externo siga rigiendo tu vida? - Esa frase me la repito hoy que el día está nublado, lluvioso e insoportable y desde que me la dijo la tomé como un regalo justo para momentos así. 


Estoy caminando en el mercado de San Francisco, aquí en San Cristóbal de las Casas, después de una lluvia torrencial de 10 minutos que dejó lodo por doquier pero la vida sigue, las mujeres siguen atendiendo sus puestitos de verduras, frutas y semillas, ellas siguen sonriendo a quienes les sonríen, siguen dando precios a quien pregunta por el jitomate, habanero o por las habas, 5 pesos dicen unas, otras 10 o 20 depende la cantidad. Las afortunadas… corrijo…  esa palabra viene desde mi comodidad y mi percepción de lo que he vivido, elaboro de nuevo: Ellas siguen vendiendo aún con los ríos de agua en sus pies, unas van descalzas y otras con sandalias y aún así siguen su día. Una lluvia o un río de agua lodosa no va a detener su vida. Los niños siguen jugando en el suelo con sus pies al descubierto y llenos de tierra como si la vida perfecta transcurriera entre lodo y risas y es que así debería de ser. 


Traigo el corazón chiquito porque escucho la voz de mi madre quebrada al teléfono, mi abuelo, su papá tomó una decisión que nos aterra, que pone en riesgo su vida y nuestra esperanza de tenerlo más tiempo aquí pero él no, él quiso vivir su vida a su manera, como siempre lo ha hecho y pues los que tocamos su existencia nos toca respetar y apechugar el coraje, el miedo, el temor, la frustración y la incertidumbre de semejante decisión. 


Ya pasé dos cuadras desde que puse atención a los niños jugando en el lodo, que envidia ser un niño así, sin tener que cuidar la ropa limpia y perfecta de una imagen impuesta por una mamá exigente, por eso me parece inverosímil que la felicidad venga en forma de charco lodoso, sin zapatos, corriendo sobre las piedras y riendo como si no importara nada y es que la verdad, nada debería de importar más que vivir la felicidad como venga. Salgo de mi pensamiento y mis deseos de que los que están lejos de mi, encuentren paz en medio de tanta incertidumbre y otra vez yo en la calle de un mercado que apabulla. Calles estrechas donde convivimos peatones, coches, motos, bicis, puestos ambulantes, lluvia, venta de frutas en carritos y más, incluso siento los coches pasar a centímetros de mi mientras intento no chocar con la señora de rebozo rosa y falda negra que se detiene en seco a ver un suéter e intento no pasar por debajo de los desagues de las azoteas de las casas, pon atención Efraín, no te abrumes, estate aquí y ahora me repito. 


Cuántas veces no he deseado que un extraño, obvio un extraño que ya he imaginado a la perfección alto, de cejas tupidas, tez clara, amable, que no va ensimismado y puede ver cuando alguien necesita de un “¿todo bien?”, llega a mi y me pregunta “¿todo bien?” y con esa pregunta me saca de mi exorcismo de preocupación. Sonrío y agradezco el detalle y de ahí nos vamos caminando rumbo a conocernos… Pero la vida nos pone lo que necesitamos en el camino y el día de hoy me puso a un chico en bicicleta tocando una corneta para que yo no fuera a cruzar, reparo que sigo caminando sin atención al entorno y decido que lo mejor es huir de tanto bullicio y sí, escapo, doy vuelta en una calle que no conozco pero que promete no tener vendedores, ni gente, ni ruido… me meto en ella y pienso en ella… 


Ella que no sé cómo empecé a quererla porque la verdad no hemos convivido mucho, pero es de esas personas que sabes de corazón bueno que con solo darle un abrazo, quedas convencido de que tiene vibra bonita y esperas, no, no espero, corrijo de nuevo, deseo que todo lo bueno le pase a personas así. Pero la vida y sus procesos que van subiendo el nivel de dificultad conforme avanzas, creo y confío con el afán de hacernos mejores, más preparados, más dispuestos a ella, más amorosos, más empáticos, menos cerrados… Pero cómo le digo a ella, con su esperanza en una cajita con nombre que las cosas pasan por algo, con qué cara le puedes decir a alguien: el tiempo lo sana todo o todo es obra de un plan maestro que por más que no veas ahora, lo entenderás después, ¿con que puta cara se atreve uno a decir tanta pendejada cuando el otro tiene corazón, el alma, la razón en el suelo? Yo en mi caso cuando me lo han dicho me dan ganas de decirles “metete todas tus frases baratas por el culo y haz con ellas lo que te de la re chingada gana” pero luego me acuerdo que la gente hace lo mejor que puede con lo que tiene y sabe, al final no lo hacen de mala gana y solo me queda agradecer su entereza por estar ahí. 


Ahora ni un abrazo le puedo dar a ella que ha perdido todas las espectativas que son imposibles. Ni un beso en la frente a mi madre que lidia con la incertidumbre de poder perder a su papá. Ni como intentar convencer, persuadir, manipular, chantajear a mi abuelo el necio, el fuerte, el orgulloso, el independiente a que se deje cuidar, se deje tratar. Ni como abrazar a mi tío el enojado por el orgullo de su padre… Solo me queda dar vuelta en la calle Chipa de Corzo y perderme en ella. 


Ay Fernando, te digo un secreto: gracias por tan bonita frase, gracias por haberme dejado la responsabilidad de ser yo mi propia luz en mitad de tanta lluvia y cielo gris, gracias por haberme hecho entender que por más gris que este la vida, yo decido quedarme conmigo y ver con otros ojos esos regalos que me da el destino. 


¡Dios! otra vez me enfrasque en mis pensamientos, pero al ver el templo del Señor de la Transfiguración, cabe aclarar que busque el nombre del templo en Google y me hizo reír semejante nombre, por un momento pensé con picardía que seguramente dentro estaría lleno de trasexuales pidiendo el milagrito, me reí, Efraín te reíste aún a pesar de traer el corazón chiquito y distraído…  en ese momento me paré en mitad de la plaza e inhale con fuerza y como siempre que paso de un estado emocional a otro de manera consciente cito a mi autora favorita: solo la vida existe, lo demás lo inventamos.


Porque en mitad de tanto lluvia y lodo, también se puede ser feliz.

domingo, agosto 02, 2020

La mejor amiga del mundo

Cuando te conocí, no sabía la aventura que estaba por vivir. Cuando entré a recogerte tú me escogiste, recuerdo que aventaste a tu hermana con tal de ser tú la que cupiera en mis brazos, desde ahí supe que para toda la vida, ya fuera la tuya o la mía, pero seguro estaba de que sería para toda la vida. 
Hoy, a 7 meses de tu partida, me preguntaron que quién eras tú y mi respuesta fue: el amor de mi vida. Fuiste esas caminatas con frío o con calor que me obligaban a cuidar de ti en vez de solo a mi.
Eres y siempre serás esa silla mordida en tus ratos de ansiedad o soledad. 
Eres ese ladrido desesperado cuando nos íbamos alejando de la casa. 
Eres esa mancha en la pared junto a mi puerta que me recuerda que por ahí te hacías espacio cuando la puerta estaba entre abierta. 
Eres esos dos platos rojos, mi color favorito, donde muchas veces te vi empujar tu comida con desagrado cuando otra vez te tocaban croquetas. 
Eres esa culpa por haberte regañado cuando te comiste la portada del libro de Angeles Mastretta que mi amigo Anibal me regaló. 
Eres esos paseo a Chapultepec, cuando ibamos a dar la vuelta solos tú y yo y eres ese salto con ganas de atrapar un pájaro y por imprudente terminaste en mojada en una fuente, tú que tanto odiabas el agua. También estuviste en la Maquesa con toda la familia o Huasca donde no se sabía quien era el más desobediente de todos los niños: tú, Richie, Diego o los tres juntos. O también ese paseo al Nevado de Toluca, ¡como nos divertimos y como te cansaste! Compartimos tú y yo a mis tres perritas favoritas y ahí iba yo con mi manada de perras riendonos, sacandonos fotos contigo en ese viaje... yo ahí sabía que ya empezabas a despedirte y aún así tantos lugares que me hicieron falta contigo, tonto yo que creí que eras eterna. 

Hoy me dijeron que lo que yo traigo es tristeza atorada o mal manejada, alguien más me dijo que la tristeza no se maneja, solo se deja libre, se deja salir y yo te traigo callada desde hace 7 meses. 

Es que solo fuiste un perro, es que ya estás descansando, es que ya estás en paz, es que afortunada tú por habernos tenido como dueños, es que viviste muy bien, es que... es que... ES QUE YA NO ESTÁS, digan lo que digan, y por más que yo quiera creer que estoy bien, porque solo fuiste un perro, la verdad es que no, la verdad es que te extraño mucho. Tú me escogiste, tú me esperabas, tú me buscabas, tú te deshacías en amor cada vez que yo llegaba a casa, tú exigías mi atención rompiendo todo lo que se te pusiera en frente, tú estuviste siempre cuando yo regresaba de quién sabe que locuras y mis intentos fallidos por irme a quien sabe donde, pero por más que fallará en ir y venir, enamorarme y no, tú siempre ahí... con una oreja levantada y otra no, con tu pelo chino y gris, con tu aliento apestoso.

Y que decir con todas esas veces que creía que el amor me dejaba... tú te quedabas conmigo y me daba cuenta que el amor estaba ahí y cuando alguien me dice "el amor no existe", yo tengo la certeza de que sí existe y de que tuve la suerte de que me escogiera, de crecer juntos y ahora honrarlo.

Sí, todo proceso en la vida es nacer, crecer, a veces reproducirse, madurar y morir... y a pesar de que meses atrás notaba tu deterioro, creí que estarías conmigo un poco más, un año más, unos meses más, tal vez unos días más... pero ya estabas muy cansada, 14 años y medio de amor incondicional también tienen que transcender y hasta tus últimos días me hiciste feliz. 

"Bree, cuando te tengas que ir, que sea conmigo y en mis brazos" te decía mientras te abraza todos los días que pude abrazarte desde que te noté más decaída, incluso te dije "o dame una señal de que ya no puedes seguir aquí para que te ayude a partir sin dolor" y oh sí que lo hiciste. El viernes  27 de diciembre del 2019, te desmayaste de la nada, eso era inusual porque solo lo hacias con cualquier tipo de exaltación y ese día de la nada te desvaneciste y a pesar de que despertaste, volteaste a verme y ya no te pudiste parar. Lo supe con verte a los ojos, tú tiempo había llegado... necio yo que te pedía que te levantaras, "por favor Bree, levántate, todavía no te vayas, aún no estoy listo" pero tú ya lo estabas y ya no podías aguantar. Te cargué y perdiste el conocimiento en mis brazos, justo como te lo pedí. Dicen que el llanto de los vivos retiene a los que se van y tú regresaste de lo que pensé era tu partida. Pensé en llevaste al hospital, pero sabía y tú sabías. Te acosté en tu cama, que puse sobre la mía y me quede contigo viéndote sufrir en tus últimos momentos. De nuevo volví a pedir que no te fueras, "tú no, no me dejes, quédate por favor...", hasta que entendí. Minutos después y no sé con qué entendimiento le pedí a María, Vicenta y Daniel, mis muertos, que te vinieran a acompañar, que me ayudaran a que no sufrieras más, pedí y pedí y volví a pedir por que dejarás de sufrir y fue cuando tomaste una última inhalación, como si fueras a tomar impulso para un gran viaje y así fue... no volviste a inhalar y yo me quede con el corazón roto, vacío, en pausa y así me quedé 7 meses después de que te fuiste.

Ninguna otra emoción me permití, vivía agradecido de saber que los días eran iguales unos a otros, el resguardo de la pandemia fue mi guarida para no sentir nada y mi pretexto para no acompañar en el dolor a aquellos que dolor tenían, no tenía y aún no tengo las palabras para consolar a alguien, sino era capaz de ponerle nombre a eso que me tenía inmóvil, menos a acompañar a alguien más.

Sabes... el 4 de julio, llegó de manera abrupta a nuestras vidas una nueva mascota que quise desde que supe que llegaría a mi vida y justo con su llegada mi cuerpo y mi corazón necesitan ponerle nombre a eso que intente dejar dormido, inmóvil, muerto... la tristeza de no tenerte. 

El amor sana y mi nueva integrante vino a sacar ese dolor y tristeza de tu ausencia, a recordarme lo bonito de amar y gracias a todo lo que aprendí de ti, se que puedo hacerlo mejor porque me ayudaste a crecer. 
Sí, para muchos fuiste una perrita, una mascota, un animal... pero para mi fuiste mi mejor amiga. 
Siempre, siempre te voy a llevar conmigo BREE.
Gracias por tanto. 

 

lunes, diciembre 12, 2016

La historia de mis días con él

Soundtrack https://www.youtube.com/watch?v=b7_zS_Shok8

Te voy a contar una historia, ¿por qué? Pues porque ya no puedo ni quiero guardarla, me estoy avinagrando y quema. 

La verdad es que fue pura casualidad como nos encontrarnos ya que éramos dos extraños en una ciudad ajena a la nuestra, que coincidían en una habitación por meras ganas de satisfacer una necesidad. Sí, sí, primero nos cansamos y ya luego platicamos de nuestras vidas de manera breve: nombres, empleos, un poco de nuestra historia y lo que nos llevó a esa ciudad y así comenzamos a estar en contacto para vernos en la que sí era la nuestra, la que fue nuestra ciudad por más tiempo de lo que hubiéramos pensado.
¿Dónde fue nuestra primera cita formal? Según yo fue en el Parqué Lincoln, en Polanco, y es que la casualidad cuando es llevada por el destino se encarga de encajar las piezas aunque estás vayan a permanecer poco tiempo unidas, y es que trabajabamos muy cerca también, con eso tuvimos para vernos frente a Plaza Carso, pasar a recogerlo a su oficina y estar juntos para ir a las luchas, por unas cervezas, ir a pasear entre invernaderos, que me contara de las plantas de su mamá y el gusto de su papá por los cuelga llaves, así empezamos a pasar la noche en su casa y a acomodar un suceso tras otro, lo que me colocó el corazón al rojo vivo, expuesto por todo lo compartido y es que con él viaje en auto, en metro, en avión, en combi, en tranvía, en taxi, en autobús y fuimos a tantos lugares. 

En mi cumpleaños fuimos a Puebla con un frío de perros, pero que juntos en cama ni se sentía; estuvimos en el centro con todos mis amigos y todos visitamos Cholula para verla desde arriba y a pesar de que no éramos perfectos el uno para el otro, estar juntos era un riesgo que valía la pena correr. Después de Puebla y Cholula, sentimos frío en San Cristóbal de las Casas, Chiapas, pero caminando uno al lado del otro tampoco se sentía. En Chiapas, nadamos en las Cascadas de Agua Azul, el se adentró en la cueva detrás de la cascada Misol-Ha mientras yo de nuevo nadaba ahora a donde iba a parar el chorro de agua y me sentía pleno porque sabía que alguien iba a buscarme y era bueno saber que no teníamos que estar pegados, era suficiente con sabernos cerca; después subimos pirámides en Palenque, nos asombramos con la vista y la majestuosidad de una civilización que dejó su lengua bien arraigada en los pobladores, vimos una iglesia encantandora y aterradora a la vez en San Juan Chamula y nos encantó el color del pueblo vecino donde los hombres iban con huipiles morados con flores a juego con el de las mujeres, todos bordados en telar a la cadera. Algo que no se me olvida para nada es Morelia, a él le encantaba y yo desde que tenía 16 años quedé prendido de ella, el viaje fue una sorpresa, no sabía que iríamos ahí, incluso pensé que iríamos a la simple Toluca, pero iba no por el lugar sino porque me quería sorprender y yo sabía que con él todo era una aventura aunque el lugar fuera poco de mi agrado. Pero no, no fue Toluca y sí Morelia. Cuando llegamos sentí tanto amor, amor por él, por la ciudad, por nosotros; ver la ciudad con él fue un regalo que no me podía creer, hacer el amor en ese hotel antiguo de techos grandes y ventanales que dejaban pasar la luz de las 3 de la tarde con su piel sobre la mía fue tener el mundo ahí, fue no necesitar nada más, mientras las calles de esa ciudad fueron lo que terminaron de vestir de encanto nuestro paso por Morelia, sus calles mágicas, ver la fuente de las Tarascas, ir al restaurante Cubano, visitar sus iglesias, sentir la tarde sabiendo que era la hora en que le encantaba tomar fotos, porque según él era lo hora donde mejor salían y era cierto; y que decir del pan recién salido del horno de una panadería de paso rumbo a otra plaza, más fuentes, él y yo riendo, callados, hablando de todo y nada, contándonos nuestras vidas y no me cabía en la cabeza una vida sin él, de hecho no lo veía como el hombre de mi vida, pero si el hombre sin el cual yo no sería igual, ya no había vuelta atrás, regresar a lo que fui antes... impensable. Luego Puerto Vallarta en su auto con mi necedad de irnos para allá cuando él no quería ir de esa manera, pero yo necio y él dejándose llevar, ya ahí, fue ponernos al sol y sentir la arena y comer y caminar y sentir el aire cálido y amarlo más contándole mis pérdidas y como hallé su debido consuelo... la carretera él y yo...

Sí, también visitamos muchos bares, le encantaba aunque le diera sueño temprano, el punto era ir y probar los que vendían mezcal, ir a los brasileños, los oaxaqueños, los de pulque, los de arrabal y los trendy, era comer en los árabes, los de buffet, rogarle para ir a los puestos de las esquinas en los que no comía mientras me miraba hacerlo con desconfianza; uy, todo lo que no comimos: las pizzas, los tacos, las hamburguesas donde pensaba pedirme matrimonio, e incluso a los que nunca fuimos por falta de tiempo, por desidiosos o porque había días en los que solo se me antojaba quedarme en cama viendo TV y él con sus ganas de recorrer la ciudad, sus museos, parques, plazas, conciertos y teatros, como le gustaba el teatro, aunque fuimos pocas veces ya que yo prefería el cine, pero mediábamos bien las cosas, a pesar de que era yo era meloso y él poco afectuoso íbamos bien, a veces me daban celos porque solo nos veíamos fines de semana, pero con el tiempo y con su abrazo todo quedaba en el pasado. 

Pero algo pasó, se cansó, se aburrió, se le acabo el amor, no fui lo suficientemente creativo o tal vez no fui divertido, a veces hasta pienso que pude dejar de ser atractivo porque un día sin mucho preámbulo decidió que ya no quería seguir conmigo y me terminó en un Karaoke entre dos cervezas, la primera fue para darse valor y la segunda para amortiguar el cambio, ¿qué podía hacer? Ya había tomado su decisión y yo soy de los que no cree en el tiempo, cuando alguien no tiene el valor suficiente para seguir contigo no vale la pena luchar porque por más que hiciera, la decisión ya había sido tomada y como duele querer a alguien que creemos nuestro presente perfecto y para ellos no somos más que un suceso más o uno menos. Esa noche pasé a su casa por mis cosas, las básicas, algunas las dejé porque no tenía ganas de ponerme a hacer inventario de pertenencias y mucho menos de emociones ya que me encontraba más que vacío, estaba perplejo, no lo podía creer.

Bastó despertar al siguiente día en mi casa, en mi habitación, en mi cama y ver la luz desde mi ventana y no desde la suya, para saber que ya no volvería a despertar con él; sentí el abatimiento en todo el cuerpo, el alma y la mente; el cuerpo me decía no te muevas, el alma la sentía fría en los pies y la mente como bálsamo solo me repetía que ya pasaría, tarea de titanes hacer coordinar las tres.

Desde ahí la vida ha sido avanzar, sanar, hacerme pequeño, recapacitar, ausentarme, enojarme, no entender, odiarlo unos días, justificarlo otros, maldecirlo la mayoría de ellos.

Una vez nos vimos, ¿para qué? pues según él para explicarme los motivos, pero como diría Joaquín Sabina, “…para decirnos adiós, nos sobran los motivos” pero quería verlo, abrazarlo y decirle lo mucho que me hacía falta, que cambiaría todo lo que quisiera, que no le pediría que fuera menos frío, que iría a todos lados, que no habría más cine si no solo teatro, que se quedará, que aún podíamos despertar juntos, que no soportaba mis sabanas en domingo y que era su cuerpo lo que quería. No le dije nada de eso, si no que lo resumí con dos lágrimas que amenzaban con dejar salir un océano pero que logre contener mientras le decía “te quiero tanto que si quieres regresar te espero pero házmelo saber pronto”... él desapareció.

Hubo días que deseaba encontrármelo con alguien más para que me doliera de manera fatal y poder matar para siempre lo que sentía por él; otros días solo quería toparmelo para ver sus ojos y ver si mi extrañaban mientras los míos decían lo mismo; pero otros dias cuando más dolido estaba solo quería encontrarlo para decirle de groserías.

Un día en un karaoke con un par de bebidas encima, bueno varios pares, canté no sin antes decirle a mi precario público que si veían a un fulano con tal nombre lo mandaran a chingar a su madre y les pedí, les rogué y les canté que si lo veían no lo mataran pero le hicieran tanto dolor como el que sentía un corazón roto. Que vergüenza en ese momento, pero que divertido es contarlo ahora.

¿Cómo estoy ahora? Evidentemente no como quisiera, ya que persona que veo, persona a la que le cuento sobre mi fallida relación y mi fracaso al intentar superarla día tras día, meses después supe que se iba a su país, luego que no se fue, sino que se quedó y segun me dejó porque se iba y todo lo tomó como simples pretextos para dejar al complejo de mi, luego vi que era feliz, que tenía planes, algunas fueron suposiciones mías, otras hechos. Mientras yo, he buscado otros cuerpos para quitar su huella y no ha funcionado, aún pesa y no sólo he hecho eso sino que he intentado con terapia de ángeles, cromoterapia, reiki, sanación guiada, he hecho de todo y nada parece funcionar al cien, todo por partes y cuando parece que estoy ya en excelente condiciones aparece algún recuerdo: la calle en que nos dijimos, por donde pasamos para ir a, la foto que tomamos, lo que planeamos y así termino por regresar a ese dolor aunque de tanto sentirlo ya no me falta el aire como al principio y hasta creo que las gracias le doy por haberse ido cuando se fue ya que después de su partida pasé muchas pruebas, ¿te imaginas que se hubiera ido cuando a mi madre le diagnosticaron cáncer? No habría soportado que se hubiera quedado por solidaridad mas que por amor, las cosas pasan cuando deben de pasar, no hubiera querido tener a mi lado a alguien por lastima aunque muchas veces pensé en llamarlo y decirle que me hacía falta, que necesita apoyo, su apoyo, pero el orgullo pudo más, ya había perdido una vez la dignidad por amor, ahora no pensaba hacerlo por necesidad.


Había días en los que deseaba se encontrará con alguien a quien amara tanto, que crearan tantos recuerdos y que le rompiera el corazón para que supiera lo que es vivir con ellos todos los días como desayuno y todas las noches como la peor de las cenas sin dejar de mascarlos todas las tardes; había días en que sólo deseaba como dice Ángeles Mastretta,  "que no le pasara nada, que no le pasara nada ni nadie", que fuera sin sentir nada en la vida; había otros que solo quería que lo atormentara mi recuerdo para que le dieran ganas de volver corriendo, que me llamara para tomar un café y me dijera el equivoco que había hecho y yo lo abrazaría como si nada, como antes e incluso había días que me soñaba con esa cita pero donde yo le reclamaba cada uno de los momentos, entregándoselos  todos...¿hoy ya para qué? 

Tanto me cambio su paso por mi vida, tanto me quebró, tanto me dio, tanto disfruté a manos llenas, tanto me deje ser y tanto lo deje pasar, que le agradezco de corazón su presencia y también su ausencia, cada una en su debido tiempo me definieron que soy capaz de amar, y eso es lo que quiero, quiero gastar mis horas con alguien que tome la decisión de querer estar a mi lado y en lo que llega o el destino hace lo suyo, yo me divierto, uso mi cuerpo, lo nutro, aumento mi campo de visión y de emoción, me sigo sorprendiendo con las pequeñas cosas y siento y siento de todo, desde el vacío que dejó hasta la emoción de la simple posibilidad.

Ya solo me dan ganas de volver amar así, dejarme ser y ser amado amando a desmedida, entregando y con ganas de que pasen cosas y personas con más mañanas juntos que ausencias. 

Tanto vive uno en un año que no da la vida para contar tanta cosa, pero la cosa es seguir vivo para desearlas, anhelar y seguir aquí, sigo aquí, aquí conmigo... y así es y así fue la historia de mis días con él.


Odiando odiar..

Que ganas de no saber de las emociones, de no haberlas trabajo nunca y seguir viviendo en plena ignorancia culpando a todo el universo de mi...