sábado, noviembre 30, 2013

Sin Música de Fondo

Cruzó la puerta de la entrada con una chamarra gruesa y guantes, era tiempo de frío y sentía que alguien lo estaba esperando dentro, no sabía qué diría ni como se comportaría, no estaba de humor para formalidades, no quería responder ningún cuestionamiento, solo tenía ganas de silencio, estallar, escupir lo que traía atorado y para ser las 4 de la tarde para él eran las 12 de la noche.

          -  Te estaba esperando desde hace rato, alguien dejó la puerta abierta por eso pasé ¿estás bien? -
          - Todo bien, no digas nada –

Alan se sentó a los pies de quien estaba ahí, no le interesaba nada sobre su vida, ni quién le abrió, ni cómo llegó, no le importaba; le parecía menos triste el día con una persona ahí, lo mismo le hubiera dado que fuera el repartidor de pizza, su abuela, su vecino, la de las tortillas, en este punto la presencia era lo importante.

Al estar en el suelo puso su cabeza sobre las piernas de su invitada, miraba en silencio la ventana de cortinas abiertas que dejaba ver un día frío y nublado, la dueña de esas piernas acariciaba el pelo del postrado dando por un hecho que algo estaba pasando pero solo podía ser espectadora en silencio del sufrir ajeno, ella pedía las palabras que la dejaran ver lo que ocurría, palabras que le dieran armas para poder decir algo atinado, un “no te preocupes, todo estará bien” o “ya pasará, tranquilo” cosas que uno dice cuando alguien se quiebra ante nuestra mirada y queremos ser algo más que solo testigos; cada vez que ella quería enunciar algo, Alan la callaba con un “shhh” como si estuviera durmiendo a un bebé, ella no sabía qué hacer, no estaba la TV prendida ni el radio, parecía que no estaban los vecinos… el silencio irónicamente la estaba matando, de pronto Alan empezó a hablar.

¿No sé qué sentir?, creo que me estoy muriendo o al menos eso quisiera, no entiendo esto de estar vivo, me parece insoportable, pero no te preocupes, no voy a suicidarme ni nada por el estilo, ¿sabes? al levantarme me quedo en la cama queriendo estar en otra cama, otra ciudad, en otro lugar, quisiera estar lejos de mi casa, de la gente que me conoce, que no haya nadie, tal vez una playa con arena blanca, no importa el color del mar, puede que sea verde, azul claro u obscuro, eso es lo de menos, lo que sí importa es que no halla nadie que me juzgue, solo yo y el ruido del mar, ahí solo tendría que escuchar las olas pegando en la arena y no a mis pensamientos, ahí podría acostarme y llorar sin encontrar consuelo, solo desahogarme, llorar como niño chiquito sin que alguien tenga que calmarme o decirme estupideces obvias, como que todo estará bien o que ya pasará, esas frases me dan tanta rabia, como si las personas que las dicen nunca hubieran perdido el camino y se sintieran en control con solo mencionarlas ¿qué nunca se han sentido derrotados? ¿nunca se les han roto los sueños? ¿siempre han tenido las respuestas a todo? creen que con esas frases uno saldrá y se le aclararan las dudas, como si alejándonos de las dudas y el dolor todo se fuera a resolver. En esa playa no hay palabras, sería mi lugar para soltar a gusto y a mis anchas, no sabes que culpable me siento por llorar, me siento débil, juzgado, tonto, pero en la arena blanca de mis sueños no hay nada de eso, solo yo.

Alan se quedó callado otro tanto y de nuevo su lengua cobró vida.

¿Cómo le hace la gente para seguir a flote?, las veo en la calle, en sus coches o en el transporte y sus caras no tienen expresión como si estuvieran muertos pero siguen vivos, peleando, a mí me parece insoportable el olor de la ciudad, el sol que antes me daba respuestas ahora me hace sentir culpable porque su belleza me es indiferente, ya no me dice nada; camino a casa y no encuentro un detalle que cambie mi día, algo que diga que este mundo vale la pena sufrirlo, me estoy ahogando…

¿De dónde saca uno las fuerzas? ¿en dónde encuentra uno la motivación? De ahí que me parezcan sorprendentes aquellos que se paran día a día con la clara idea de lo que quieren en la vida, luchar por los hijos, ganar más dinero, subir de puesto, esa gente que ambiciona me parece admirable, yo lo que más pido al anochecer es que no llegue la mañana y a la mañana le pido que las horas sean pocas y rápidas para meterme a la cama.

Estar deprimido está castigado por la moral y las buenas costumbres ¿sabías eso? porque no te bajan de mal agradecido, porque no valoras lo que tienes, porque el discapacitado quisiera no serlo, el ciego quisiera ver, el pobre cubrirse del frío… una infinidad de gente quisiera ser yo en este momento y yo quisiera todo menos tener que escuchar esos argumentos que te presionan para estar bien, es un deber estarlo, se lo debes a tus padres, a los amigos, a los niños del  mañana; solo se me ocurre mandarlos al carajo, a final de cuentas quién dijo que quería estar aquí, si estoy aquí es porque algo me ha ido trayendo sorteando los años con diversas distracciones, la escuela, el francés, la universidad, los deberes, el trabajo, el ejercicio, los paseos, los amigos, los amores y hasta el mero placer del sexo. Todo había funcionado hasta ahora, incluso la confusión de creer que era amor lo que fue sexo y sexo lo que pudo ser amor, maté a todas las malditas mariposas en esos malentendidos y ahora no me queda nada.

No me quiero sentir culpable por sentirme mal, como si nunca les hubiera pasado a ustedes, pero por cobardes se callan ese malestar, seguramente porque es grosero compartir una pena y no una alegría, solo hablar de las cosas buenas y bellas como obligación de los vivos, pero de donde saca uno la belleza cuando basta prender el noticiero para que digan que todo se está yendo a la mierda.

Ella estaba muda porque se estaba ahogando con sus palabras, hasta ese punto solo había escuchado sin hacer otra cosa más que acariciar el cabello del hombre que le parecía un bello desastre, ahora era ella quien le decía al oído “shhh”. Lo sentó a su lado quedándose en silencio, consolando la locura de este cuerdo que aún tenía bastante que aprender y caminos que recorrer.



Cuando por fin Alan se durmió ella se fue sin hacer ruido a visitar a otros muertos de a deveras, la muerte no se equivoca y esta vez solo le toco consolar a un simple despistado que para su pesar le quedaban años de vida por delante. 

#depresión #tristeza #esperanza #yapasara #perdidas #consuelos

miércoles, octubre 23, 2013

El Consuelo de una Mirada

Alfonsito estaba afuera de un OXXO vendiendo elotes, era un lunes 27 de abril del 2009 y ¿por qué es importe el día? Porque Alfonsito tenía 13 años y celebraba su cumpleaños en mitad de una calle vacía, con un triciclo por toda compañía en donde llevaba y traía un tanque de gas, una olla metálica llena de elotes y los demás instrumentos para la venta, como palitos de madera, chili piquín, mayonesa, limones y servilletas; mientras toda la gente estaba en casa con miedo a contagiarse de gripe A (H1N1), en esos días llamada influenza porcina.

Alfonsito es el más grande de 4 hermanos y con edad suficiente para trabajar y ayudarle a su mamá que se quedó en espera del hombre que cruzó la frontera, no sabe si está vivo o muerto, desde hace 4 años que se fue no ha sabido ni para bien y ni para mal de él, por lo tanto Alfonsito desde los 9 años estudia en las mañanas y trabaja en las tardes, a él le gustaría que sus hermanos no tuvieran el mismo destino, así que el aceptó su destino sin hacer preguntas.

Cuando empezó a trabajar limpiaba zapatos en el metro, era de esos niñitos descalzos con los pies llenos de mugre, los pantalones sucios como trapeador por andar arrastrándose todo el tiempo. Al principio volteaba a ver a los señores a la cara para ver si le daban una moneda por haberles frotado con su franelita vieja los zapatos, a las señoritas sus tacones, pero dejo de mirar hacía arriba porque a veces lo miraban muy feo, como con asco, pero lo que le molestaba más a Alfonsito era que lo vieran con lástima, así que dejo de mirarlos a la cara y de 4 de la tarde a las 9 o diez de la noche, se la pasaba con la cara gacha extendiendo la mano, sin ver a la gente, se la paso así un seis meses hasta que logro juntar de lo que le sobraba, para una caja de chicles y luego para dos. La palabra “sobrar” en su vocabulario y en su vida no tenía cabida, no le sobró jamás nada, los besos de su madre eran justos y repartidos entre los cuatro hermanos, la comida era poca así que nunca sobraba  y algunos días su madre se tomaba solo un té para mitigar el hambre para que comieran ellos, la ropa que le regalaban los patrones de su mamá, la usaba él, luego su hermano,  después la hermana y seguramente los trapitos zurcidos, serían del hermano menor llegado su tiempo.

Con el negocio de los chicles le fue mejor y ya los vendía en los camiones cerca de su casa así que ya no tenía que aguantar los abusos de los vendedores ambulantes del metro, que le pedían una cuota  diaria para poder seguir ahí. Ahora en los camiones solo tenía que gritar chicles y el sonreía cada vez que alguien le compraba.

Alfonsito era afortunado, bueno, al menos eso decía, él estaba agradecido con su mamá porque siempre le dijo que no se fuera con extraños ni aunque le ofrecieran mucho dinero, dulces o cosas bonitas, - lo que quieren esos cochinos es robarte la inocencia – y para su corta edad y lo deficiente de la educación en su escuela, no sabía el significado de la palabra inocencia, pero si el de la palabra robar y a él no le iban a robar nada, con tanto esfuerzo lograba juntar para sus cajas de chicles como para que alguien le venga a robar su inoc… ¿quién sabe qué?. A él le tocó ver en el metro, como unos señores le pedían dinero a la fuerza a unos niños más chicos, los jalaban muy feo y le quisieron quitar su dinero a él también, pero como Dios es grande y siempre ha tenido a un ángel en su espalda como decía su abuela, un policía lo ayudo y le quitó a esos encajosos de encima, así, de la nada salió en el momento justo para salir bien librado. 

Más de una vez dijo que daba gracias a Dios por no estar en África y ser de esos niños negritos que están en los huesos o tener una mamá como la de su amigo Raúl, a ese pobre le pegaban para sacar el coraje de cualquier cosa, bueno hasta daba las gracias porque se enteró que acabó Raúl en el DIF y ahora sería huérfano y Alfonsito no quería estar lejos de su madre.

Todos los días, Alfonsito se guardaba unos cinco pesos o diez, dependiendo como le fuera en el día, no sabía para qué, pero algo le decía en su interior - esconde ese dinero bien, pero muy bien, quien sabe qué pueda pasar – al cabo de unos años su vecina murió y los hijos vendieron lo que a la vieja le quedaba y fue ahí cuando supo el fin de sus ahorros. La vieja tenía un triciclo donde vendía elotes, la mamá de Alfonsito pensó en comprarlos pero ni trabajando 24 horas diarias lograría tener un dinero ahorrado, ganaba 200 al día, menos pasajes, menos comida de los niños, renta, escuela, el gas, el agua, la luz que ahora tenía que pagar porque por un diablito que pusieron en su vecindad perdieron el refrigerador y hasta la tv a blanco y negro, en fin… no tenía como pagar $1,500.00 de contado ni loca, Alfonsito le pregunto a su madre -ma, ¿sabes hacer elotes? Porque si sabes hay que comprar el carrito ese -  la mamá no quería contestar lo que a su hijo le iba a doler – si sé peor no tenemos dinero – era lo que se le vino a la mente, pero su hijo ya tenía suficiente con ser el patriarca de la familia a sus 12 años de ese entonces, así que solo le dijo – si mi vida, pero por ahora con el trabajo no me daría tiempo – sabiendo bien que ese triciclo les podría dar un poco más que las cajas de chicles que vendían él y ahora su hermano.

Alfonsito fue por su bolsa de dinero que tenía en un agujero en el suelo debajo de su cama, se paso casi toda la noche contando su morralla, al día siguiente fue con sus vecinos que estaban con los preparativos del funeral y les dijo que quería el triciclo que les daba $1,195.00 ahorita y que en un mes el resto y como estaban igual de pobres los vecinos juntando dinero para el velorio y esas cosas que aceptaron el trato confiando en el niño que tenía fama de bueno.

Así las cosas, una semana después de comprar el triciclo, Alfonsito ya vendía elotes con una facilidad que parecían años de practica.

Para cuando terminó de venderme mi elote, me dijo que lo que más le gustaba de vender elotes era que ya podía ver a la gente a la cara sin sentirse menos.

Le pagué el costo de mi elote y le dije 
– Feliz cumpleaños Alfonso – y me fui mordiéndome el labio intentando no soltar lágrima… creo que de alguna manera todos somos afortunados en esta vida.

martes, mayo 21, 2013

Jueves...

Jueves en la ducha pienso si afeitarme sería bueno porque el sábado al salir quiero dar una imagen como si nada me importara, y caigo en esa mentira... Elijo usar azul con gris, esa camisa tiene mucho que no me la pongo, esos boxers se me ven muy bien. Pienso en mi comida, pollo con lechuga y uvas, siempre me ha gustado mezclar lo dulce con lo salado, no siempre la vida es dulce y tampoco saldada, mejor lo juntamos; también pongo un poco de caldo de pollo, dicen que endulza el corazón y aleja el resfriado. Reparo en la noticia del día de hoy para clase, no sé si dar la nota de George Bush comparando el fracaso Vietnam con Irak, o mejor hablar de la FED y su inyección de millones de dólares para evitar la quiebra de tantas cosas en ese país. Al ir leyendo ese diario, me doy cuenta de que nada va bien, que no hay algo alentador que nos diga que México dejara de ser pobre, que ya no habrá niños vendiendo su infancia en los vagones del metro… Aún no sé que relatar, no me decido, pasa mi día.

Es la una cuarenta y mi madre me llama, es mi mamá la que hace preguntas raras, la dueña de tristezas, de presiones, de recuerdos, de culpas, pero al fin y al cabo es mi madre la que me abraza, la que no se cansa de decirme te amo, la que no cocina y no se va a dormir sin darme la bendición de lo maravilloso de la vida y de su amor, es mi madre a la que oigo con su voz y el típico tono de que algo no anda bien en sus adentros, pero siempre caigo en la cuenta de que le ha gustado dramatizar, le gusta hacer todo más grande y llorar lo que no logrado llorar con su trajín de todos los días, y no, no acudo a su llamado de desesperación sabiendo que todo será solo una falsa alarma. Mi mamá sale de la oficina rumbo a lo que para mí será un error en el día, algo que sólo se arregla respirando fuerte o con una visita al médico, Daniel, comenta no está bien.

Para dormir mis temores llamo a esa abuela que no pierde la sonrisa, esa abuela que tiene un – te amo vida – al colgar el teléfono. Esta vez es diferente, me topo con algo que no me suaviza los miedos el auricular suena una, dos, tres veces y me contesta Nora, la tía que siempre es fuerte, la que es razón ante todo y algunas veces el soporte cuando todos perdieron la calma, la tía de las bromas pesadas, de brusquedades al hablar, la que me acompañó todo segundo de primaria a la escuela hoy suena diferente, no hay calma, no hay seguridad en sus palabras, no oigo la entereza de Nora, solo oigo llanto, oigo a mi madre en mi mente diciendo, - las madres tenemos razón -.

Algo no anda bien, lo único que se me ocurre decirle es – respira, tienes que ser fuerte para mi abuela, mi mamá ya va para allá – caigo en el arrepentimiento de no haber ido con mamá.

Recuerdo que al entrar a trabajar a Prudencial Financial, una de las pruebas que uno hace para el departamento de Recursos Humanos, decía – Poco apto para trabajar bajo presión - que absurdo se oye eso cuando se llega a los 19 con una vida como la mía, que van a saber ellos.

Ya son casi las 2pm y no sé qué hacer, cómo actuar, ¿qué se hace cuando se te descompone la cara de la preocupación? en ese momento mi madre que siempre me saca de las más terribles dudas, me telefonea y me dice – ve a casa de tu abuela – Hasta ahora no pregunto que tiene Daniel, prefiero hacer uso de la esperanza, en vez de oír lo uno se niega.

Salgo de la oficina con 20 pesos que alguien me prestó, tal vez Liliana, la chica que no puede vivir con el silencio a lado y que como toda madre protegió a su hija hace unos días del susto que ningún niño merece, o a lo mejor fue Ingrid la que está siempre de buenas y cuando no lo está es por la migraña que nubla su mirada y opaca su humor… no sé quien fue pero se lo agradezco como si me hubieran llevado de la mano. Cargo también mi ensalada que preparé en la mañana y unos frijoles, porque cuando la situación negativa se ha ido, alguien olvido comprar comida y eso me deja con un mal sabor de boca y el estómago vació.

El sonido es bajo y oigo muy bien mis pensamientos, cosa rara en esta ciudad que siempre me regala más ruido del necesario, pero me oigo, tengo miedo, la esperanza se tambalea pero no me abandona.

Llego al metro Rosario, hay gente, miradas, un trovador que desperdicia talento en ese vagón, su voz me despega los pensamientos, de mis pensamientos…
Siento una punzada en el corazón, dos, tres, cinco veces, el miedo se acrecienta y mi celular suena, hay una voz calmada que pregunta por mi ubicación, es mi madre, ella nunca esta calmada… algo malo está pasando, pero en realidad sé que algo malo pasó.

Más silencio en la calle, a veces solo capto algún claxon cercano, el silencio me aterra, no me deja… quiero ruido, mucho ruido.

Cruzo eje central y como si fuera película, pequeñas flores blancas caen, al mirar hacia arriba veo un árbol que tiene el sol detrás de la manera más serena que pueda regalar un día, no hay ruido, no hay gente solo ese momento de segundos que me aterra, - No aún Daniel, no aún, no te despidas puta madre-

Llego a donde vive mi abuela, es una buena colonia, tranquila y siempre con alguien en los pasillos, me imagino que Daniel sólo se estaba asfixiando y que ya está bien, recostado en cama, pero hay policías alrededor y Jhony, el tercer hermano de cinco, uno más chico que mi mamá, se ve delgado por el ejercicio, él siempre ha tenido el andar de mi abuela, despreocupado y ligero, siempre sencillo, al hablar tiene la solución de sus problemas a la mano, siempre con un plan a futuro, tal vez tiene tantos que cumple uno a la vez, siempre con alguna promesa, un vamos, un haremos, un te compro… siempre pensando en los demás, prometiéndole a los demás. Lo abrazo y me dice – Yo lo mate -  No creo lo que mis oídos han cambiado por el silencio, no le creo, solo lo abrazo, lo apoyo y le quiero como se quiere a alguien que ha perdido la vida misma. Vamos camino a la tiendita a Comprar cigarros, no trae cambio, solo billetes grandes… recurro a mi morral sucio que me ha acompañado por toda mi cuidad, por mis viajes, por mis sueños y por la vida que me traje de Europa, le meto mano y saco veinte pesos insuficientes para los veintidós que pide el impuesto; la tendera nos presta los dos pesos que faltan mientras pienso que ese camino a la tiendita, es el camino que alguien dejará de recorrer, alguien ya no comprará allí.

Hay policías que pregunta que si yo soy Javier, respuesta obvia NO, para esos momentos de incertidumbre prefiero ser todo menos Javier.

Javier de pequeño me llevaba con mi abuela a todos lados y recuerdo haber sujetado su mano junto a unas enormes piedras negras, que se hacen llamar Los Gigantes de Tula, pero para mi par de años eran solo piedras imponentes. También recuerdo a mi abuelo un día de mucho sol soplando mi cara en una piscina en forma de dona, acto seguido me sumergía en el agua, ese es Javier, mi abuelo fuerte, que cuando está serio da el más terrible de los miedos, pero al sonreír todo se aligera, ese el abuelo de los chocomilks más ricos.

La esperanza se aferra, el miedo me ha tomado y no se cual me dejará primero, quiero que sea el miedo.

Subo escalón a escalón al departamento de la abuela, la puerta está abierta, mi madre está ahí, sentada con su suéter negro, sus zapatillas negras con brazalete negro al tobillo, ha dejado de llorar, pido fuerza a Dios, mi Dios, para que todo sea un error y a la vez pueda afrontar lo que hay en ese cuarto al fondo del que todo mundo sale y entra, ese cuarto del que todos tiene lagrimas para derramar, el cuarto de Daniel.

Madre no te me desmorones, no aún, siempre haces las cosas grandes y ya vez seguimos juntos y felices, no me espantes, dime algo, cualquier cosa que no sea la verdad. Todos lloran, abrazo uno a uno sin soltar lágrima, porque si la suelto estaré afirmando lo que ellos dicen y me esperanza niega, Olga y Nora lloran, Javier se ausenta del mundo y pide que se apaguen las veladoras, pide que se apague todo.

Al abrazar a mi abuela la que se cae en cachitos, paso por unos segundos la mirada por el cuarto y veo solo a alguien tirado con policías en vez de médicos, esos médicos que estarían para salvar a quien se tenga que salvar, pero no son doctores, son policías y están con Daniel.

Todo está bien no hay nada que temer, solo estamos revisando el ¿por qué? de sus heridas, para estar seguros de que no fue un asalto, sólo una caída de la cama, esas que nos pasan al ser niños y con la mejor de las suertes y con el cansancio no las sentimos y si llegamos a sentirlas, están las mamás, las tías, las abuelas para levantarnos, pero no a Daniel, él tiene policías.

Abrazo a mi mamá que siempre me ha necesitado, como yo a ella, le repito
-estamos juntos- y Marco, su novio el que la apoya, la ayuda, la ama, el que también la cela en exceso, el que no deja que tenga privacidad, comenta –¿traes tus tarjetas?, tenemos que ver qué va a pasar con el cuerpo- ¿Qué cuerpo? ¿De qué está hablando? Eso no pasa en mi familia, no hablamos de los cuerpos, hablamos de a quién amamos y a la vez criticamos, pero no hablamos de los cuerpos, ni que mi familia me fuera a dejar hoy Jueves que vengo de azul, gris y negro, no hoy tengo clase con Benedicto, el maestro de INAE, no hoy porque no pensé en que perdería a alguien, alguien a quien no le dije te amo.

Puedo seguir con los detalles, con las voces, con las lágrimas, con los desgarradores lamentos de mi abuela, que no perdió la razón con un padre ausente, con una infancia comiendo pichones, con una madre que le lavaba los ojos con limón y aparte lavaba ajeno, con cinco hijos diferentes como frutas de colores y olores, con infidelidades y golpes, con la vida que uno no ha llevado y está lejos de imaginar que existe, esa abuela que no pierde la razón, porque la razón en ella es de estirpe.
 
Sigo en blanco, se han ido casi todos, estamos Olga, la tía de emociones calladas, de ternura en el rostro y fuerza escondida, esa fuerza para espantar cualquier problema, que me cuido de niño como a un hijo y que como a una madre amo. No llora por que su hijo está presente y como Liliana, protegen a sus hijos de cualquier emoción que no sea la felicidad de la niñez, esa felicidad que se cuida hasta las doce, trece, dieciséis o más allá, porque para ellas como para mi madre lo soy yo, siempre seremos sus niños. Olga contesta el teléfono, una voz dice –prepara unas cosas para Daniel- ¿Qué cosas? ¿Se va de viaje? ¿Una mochila, sus cd´s para el camino, comida? No, nada de eso, la tía Olga me deja buscar, las cosas de Daniel.

Daniel se fue, no de viaje, no para volver, se fue dejando dolor mezclado con buenos recuerdos, pero el dolor es por no saber a dónde va sin avisar que se iba, sólo se fue.
El tío Daniel, el más joven de los cinco, con solo 19 años y la vida por delante, con sus bromas y sus frases, el tío al que le daba igual tomar el sol a las 10 de la mañana como a las nueve de la noche, el que hacia rabiar con sus correcciones a la abuela, el tío de las ocurrencias, el del rock raro, el tío que me quedó a deber un video juego, fue mi hermano de juegos, de maldades, de enojos, alegrías, de Resident Evil, se fue.

Me dejó con el corazón con ruidos y los oídos sordos, me dejó en su cuarto eligiendo que le pondré para su viaje, le gustará el blanco o prefiere el azul, donde dejas tus pantalones limpios, ¿qué te gusta más? ¿el rojo o el blanco? ¿qué boxer es el indicado? y los tenis… ¿te conozco bien? ¿Sabías que te amaba y que eras mi otro hermano? ¿Sabías que algunas veces te envidie?

Estoy en tu cuarto y no sé qué pude decirte para que te quedaras, qué te hubiera gustado escuchar para que lucharas contra lo que te guiaba a no sé qué camino, lejos de aquí. Sería suficiente con abrazarte y prometerte que todo estará bien, que solo fue un golpe que te dejó sin aire y que con respiración de boca a boca se vuelve a la vida.

Hubieras ido a mi tardía fiesta de graduación, te hubiera visto llorar al creer que esa chica era el amor de tu vida y yo te diría que el amor de tu vida es quien se queda contigo con tus aciertos y tus errores, nos faltó otra partida de Risk para que Ismael nos ganara mientras tú y yo nos aniquilamos soldados, nos faltó jugar Monopolio para que en nuestra locura por cobrar en miles poniendo hoteles, Ismael nos ganara de nuevo. Hubiera comido más Cerelac con leche, te hubiera enseñado Resident Evil 5 en mi Play 3, Hubiéramos ido al cine a ver Resident Evil Extincion.

Te hubiera prometido que la receta a los problemas son los amigos, un buen postre y una familia que al final de todo termina por abrazarnos y no por obligación, sino porque nos ama con todo y errores.

Siempre se me hace tarde para todo y yo temo haber llegado tarde ese Jueves.

lunes, febrero 04, 2013

De momentos está hecha la vida…



La tarde tenía el cielo despejado, ni una nube, no hacía frío a pesar de que era febrero y el calor se sentía como si fuera abril o mayo.

Estaban patinando en un parque que antes fue refinería y que ahora el gobierno decidió ponerle arboles y estanques, cactos y auditorios. Había dos visitantes en él, uno no lo conocía y el otro lo medio conocía, eras unos enamorados sin mayor título que el de enamorados que se están conociendo y a pesar de no ser nada aun sus conocidos coincidían en que se veían bien juntos.


Esa tarde uno le enseñaba a patinar al otro
- Dobla las rodillas, saca el trasero e inclina el pecho hacía adelante, eso te da el equilibrio-
- Ya lo medio domino, mira, ahora puedo con un solo pie – decía esto cuando se cayó, no fue una caída aparatosa, pero sí de esas que te rompen el pantalón, y te raspan las rodillas.

El que la hacía de maestro no tardo en llegar, reviso la rodilla, nada grave; le puso su pie como freno al abatido, le dio la mano y lo jaló para levantarlo y darle un beso corto, sencillo, discreto…



En ese beso de tres segundos intentó explicarle el mundo entero, intentó decirle que no se preocupara, que estaba a salvo y que si él estaba cerca lo ayudaría a levantarse cuantas veces fuera necesario, que las cosas malas pasan a pesar de las tardes inertes pero que juntos es más fácil, pero para callar tanta cursilería sólo se le ocurrió besarlo y ya, besarlo y no soltarlo, besarlo y guardar ese momento para toda la vida, porque de momentos estaba hecha su vida y su vida quería muchos con él…

domingo, septiembre 09, 2012

Corto y preciso como estos tres meses.


¿Cómo te voy a odiar? Si lo único que hiciste fue hacerme feliz tal vez sin querer y eso fue lo mejor, me enamoraste siendo tú, la persona con problemas, con locuras y miedos, la que nunca dio de menos ni dijo demás. Fuiste tú quien dijo que tuviera cuidado con tu manera de ser, que al pendiente no estarías y que la sequedad era tu estilo. Yo me arriesgué pensando que el amor dobla las barreras y así decidí ir quitando una a una las mías como si peligro no corriera porque todos los peligros los quería correr, quería ver diciembre contigo y regalarte la promesa de un nuevo año junto a ti, quería regalarte en tu cumpleaños el mejor los días, porque quien es capaz de hacerme sentir pleno es alguien que se merece todo de todo lo bueno y lo mejor de mí. Pero hay cosas pasajeras y hasta el amor que creímos más duradero termina y no es culpa de nadie y ni de las circunstancias… sólo son cosas que pasan.
Y es inevitable no sentirte vacio, pero sólo por un tiempo.
Desde los Tejados de Teherán
Pietro Masturzo

viernes, agosto 03, 2012

Para Cuando Despiertes...


Se paró de la cama, abrió la ventana, todo parecía en silencio, no tenía noción del sol o la luna, se vistió con lo que traía puesto un día anterior y estaba listo para abandonarla, bueno, sino listo por lo menos decidido a dejarla ahí dormida, sin ganas de pronunciar palabra, porque si hablaba intentaría no llorar, así que todo lo que tenía que decir se lo escribió con las comas más precisas y la letra más limpia según él.
Manuel Álvarez Bravo

La carta tenía tres dobleces, en el primero estaba escrito con letra firme “Para cuando despiertes…” y la carta decía lo siguiente:

Me gustaría decir que la culpa fue tuya, me gustaría cambiar cada una de las palabras que te dije por groserías y me hubiera gustado tener un pretexto de amor intenso para dejarte, tal vez una infidelidad, una mentira, un escándalo, un error; pero lamentablemente no es así, solo sé que me quedé en el intento de despertar en ti algo más que pasión, algo más que ternura, algo más que la certeza de que soy un buen tipo; en realidad soy un buen tipo, con mucha pasión y más que tierno, soy intenso y cada vez que te tocaba sentía el cielo, cada vez que te hablaba lo hacía desde adentro, cada vez que te decía te quiero lo hacía sin la más mínima intención de esperar que tú me respondieras; pero el amor de uno no basta para los dos y yo necesito ser querido de alguna manera, tal vez no con tus palabras, pero si con tus ganas, con tu intención de verme... con una sola y maldita intensión, pero pareciera que estás muerta, que alguien mato lo que tenías dentro o me temo lo peor, que naciste sin esos 21 gramos que dicen ser el alma, o sea que tú eres más ligera que el común de los normales y te lo escribe mi orgullo herido. 

Uno de tanto dar corre el peligro de quedarse vacío y peor aún, corre el riesgo de no ser querido igual o por lo menos de manera similar, sé que me quisiste a tú manera y por eso no es tú culpa y repito, la culpa fue mía por que desde un principio noté tus manos frías, tus modos distantes y que tú sí podías vivir sin mí y lo noté cuando sabía que yo ya no podía vivir igual sin ti.
Hotel "La Sirena"
Yolanda Andrade

Tu manera de querer no se adapta a mis necesidades y si hoy me voy no te dejó a ti, abandono mis ganas y mis sueños de que esto funcionara, dejo a alguien que ni yo me conocía y de nuevo no eres tú, me dejo a mí que por primera vez, después de mucho tiempo sabe lo que es disfrutar de cada minuto de la presencia ajena. 

Temía a los momentos en que nos quedábamos en silencio porque me aterraba poder perder tu atención y me tomaras por un tonto, pero perdedor hoy que dejo una buena parte de mí junto a ti, junto a la ilusión de que podría funcionar y que en algún momento podrías mostrar un poco cariño; eso sí, jamás te pedí que cambiaras, jamás te pedí nada.

Para cuando leas esto me gustaría que te doliera un poco, que lloraras una solitaria lagrima, aunque sea de cocodrilo, que te duela pensarte sola, no por la falta de mi compañía, sino por saberte con tiempo de sobra.

Te lo repito una vez más: te quiero porque eres diferente y porque me hiciste sacar lo mejor de mí.

Nos vemos si la vida quiere que nos volvamos a topar.

Ahí terminaba la carta.

Ella al despertar se estiró, pensó en los pendientes de la semana próxima, pensó en que tenía ganas de hacer del baño y en el frío que hacía, pensó en su familia que la esperaba  para la comida y de pronto recordó que no había llegado sola, que supuestamente había alguien ahí con ella. Palpó la cama y no había nadie, la luz del baño estaba apagada y las cosas de él no estaban. Estaba sola y para cuando encontró la carta, ya se había acomodado en la mesa junto a la ventaba que daba a la calle. Leyó la carta mientras se oían los autos afuera, los pájaros y la vida de los demás y para cuando termino de leer, dobló la carta, la metió en su bolso, fue al baño, comió con la familia, cumplió con los pendientes de la semana y siguió con su vida con el único dolor de saberse incapaz de detener lo que ya se había ido.
 Cereso
2003 Michoacan
Patricia Aridjis

domingo, junio 03, 2012

Consuelo de la VOCES UNIDAS


Consuelo de las VOCES UNIDAS



Empiezo estas líneas movido en éste momento por una tristeza mezclada con decepción, escribo estas líneas con ganas de que algo pase, de que algo se mueva en la gente, que algo despierte, e inicio así…

Cómo casi todos los domingos mi amiga de la vida y del alma, nos reunimos en la Diana Cazadora sobre avenida Paseo de la Reforma a la una de la tarde. Como todos los domingos vemos gente en patines, en bicicleta, vendedores de todo tipo de cosas, helados, jicaletas, aguas, papas y demás antojos que siempre vemos en esta ciudad.

Esta amiga en cuestión es una mujer en toda la extensión de la palabra porque no le teme a nada y conoce de todo, lo  mismo puede ir al antro de moda que lo mismo le da ir a la calle Moneda a bobear con cuanta cosa venden ahí; es una niña sencilla, guapa y que tiene siempre las palabras adecuadas para mi confusa cabeza.

En fin, estábamos sobre la calle Francisco I. Madero a la altura del restaurante MUMEDI, hablando de todo y nada a la vez, cuando un indigente con arrugas en la cara, no sé si por la edad por el alcohol, toca a mi amiga de la manera en que un hombre sin hermana y sin madre, podría tocar a una mujer, faltándole al respeto, humillándola, haciéndola sentir sólo objeto y no persona, este tipo de denigración no la pasé por alto y en ese momento no me importó estar rodeado de gente de todos lados, me importó defender a mi amiga, defender a la mujer que no está sola en ningún momento. 

Le grité al indigente con la voz más desafiante no por demostrar hombría sino porque mi cuerpo necesitaba expresar la indignación, el asco, el coraje... a cinco pasos de nosotros había dos policías que vieron todo y todo ignoraron, dos policías que escucharon mi voz exigiendo y defendiendo lo que qué para mí resultaba defendible… ellos lo pasaron por alto. 
Pedimos su ayuda y respondieron

– Es un borrachito, ¿qué quieres qué haga?-

- ¿No tienes hermanas, o madre?, le faltaron al respeto a una mujer y tú no haces nada- les grite y la gente si iba acumulando, mi amiga estaba estupefacta.

-¡Uy joven! Le doy chance de que le haga lo que quiera- sólo subió los hombros y se volteó

-¿Cómo que le haga lo que quiera?, este cabrón anda tocando a las viejas y tú ¿crees que va a entender con unos madrazos?

-¿Pues qué quiere qué haga? En la delegación los sueltan, ahí no los quieren-

-Este cabrón tocó a mi amiga- le decía a la vez que aventaba al indigente que no hacía el más mínimo esfuerzo por defenderse porque estaba totalmente borracho, lo empuje una y otra vez, cada vez más fuerte y cada vez tenía que seguirlo más lejos, pero él seguía sin defenderse y el policía sin hacer nada.

No me di cuenta de que a nuestro alrededor la gente se empezó a reunir eran más de cincuenta personas aproximadamente y cuando estaba a punto de darme por vencido, a punto de que la derrota me pegara en la cara, la gente empezó a gritar, ¿para esto te pagamos?, ¡hagan algo!, si te pidieron apoyo ¡ayúdalos!, ¡es tu deber!, ¡trabaja!

De pronto vi celulares levantados, pedí los nombres de los policías, el menos cobarde lo tenía a la vista, el otro se fue… la gente les silbó, los abucheó, los cuestionó y la ayuda jamás llegó.

El policía que se quedó simuló una llamada diciendo que sus jefes ya estaban al tanto, nadie le creyó, el indigente se fue mientras yo y mi amiga nos quedamos sin el apoyo de quien se supone debería de ayudar.

Abracé a mi amiga intentando espantarle el asco, el espanto, la indignación y la tristeza, pero para ese momento la tristeza ya me tenía tomado a mí también, más que tristes estábamos decepcionados de los policías, ¿son ellos quienes nos defienden? ¿A ellos podemos recurrir cuando algo malo pasa? ¿Los borrachos que roban, toquetean, ofenden deben de estar en la calle porque son borrachos y las autoridades no saben qué hacer con ellos? La excusa –es un borrachito- ¿nos limpia?

Me siento impotente porque quería golpear al borracho pero mi amiga me freno y decidió, como cualquiera de nosotros hubiera creído “correcto” que llamar a la policía era lo mejor. El borracho se fue, el policía que me dio permiso para pegarle se fue, mi amiga con la dignidad en el suelo y yo con la ira en los puños nos abrazamos y nos fuimos.

El consuelo de esta historia radica en que la gente se unió por una causa buena, no hicieron marcha, le gritaron en la cara a la “justicia” su hambre de que se haga lo correcto, le interrogaron, le pidieron, se indignaron con nosotros, fueron la voz que nos hizo falta a mí y a mi amiga, fueron el grito que no pudimos sacar, fuimos gente enojada de los mismos abusos que necesita un cambio.

-amiga… ¿y a quién odiamos ahora?- le decía a mi amiga con los puños cerrados simulando tranquilidad y coherencia

-¡ay amigo! La violencia genera más violencia, estoy tan harta de tanta fealdad en esta ciudad que ya ni ganas tengo de odiar-

Agradezco las voces que fueron apoyo y cobijo.
Voces que se unieron mientras a unos 300 metros se veían banderas azules y rosas, ondeando y cantando el lema “Unidos por la paz”

El Cobijo de las VOCES UNIDAS...
Porque callados no logramos nada.

domingo, mayo 13, 2012

Un amor para siempre


Inicio con esta línea hablando de un amor intenso, continuo, algunas veces dañino y con muchas equivocaciones, ¿qué amor no es así?

Me contó más de una vez que ella escribía mucho mientras me cargaba en su vientre, una carta para contarme su día, otra para contarme sus ideales, una más para contarme sus penas y muchas más para decirme que ya me esperaba, que ya me amaba desde antes de conocerme y que si algo sabía, era que yo le hacía feliz.
Fotógrafo Latinoamericano
Desconocido

No pude leer esas cartas porque se las robaron con su cartera pero tal vez fue el mejor regalo que me pudo enseñar, escribir… escribir cuando duele, cuando se extraña, cuando algo se espera, escribir para reafirmar la esperanza y escribir para decir lo que no hablamos y lo que la voz no puede pronunciar.

Es por eso que te escribo ahora a ti, te escribo para darte las gracias por tus muchos aciertos y tus muchos errores, te escribo para decirte que si bien no soy un excelente ser humano por lo menos lejos me mantengo de lo que malo consideramos.

“No juzgues a tus padres jamás” suele decir la gente, la familia y la gente que teme ser juzgada porque sabe que algo hizo mal y teme que la enfrenten con sus errores. La realidad es que poco debemos juzgar a todos en general, nadie nace sabiendo cómo ser lo que el destino nos pone en el camino, hay quienes desde que son niños saben lo que quieren sin titubear, a otros les toma años saber quienes son y otros jamás lo averiguan.
Sebastian Salgado

A mí me tomó y me sigue tomando tiempo no juzgarla porque su vida, sus acciones, palabras, caricias y abrazos van ligados a mi vida desde antes de respirar en este mundo; cada beso, cada golpe, cada sorpresa, cada arranque, me ha formado y ahora después de mucho tiempo entiendo que todos tenemos una historia un ciclo que romper o repetir.

En más de una vez me ha pedido perdón por si alguna vez me hizo mal y la verdad es que no tengo nada que perdonar y no porque perfecta sea, sino porque he aprendido que las acciones ajenas que repercuten directamente en nuestras vidas, son elecciones que debemos tomar; mientras esa persona que lanza la prueba debe ser responsable de sus actos y si siente que hizo algo mal, debe afrontar y en vez de buscar el perdón, debe perdonarse a si mismo y saber que no hay marcha atrás. Esto sirve para soltar a quienes nos hicieron daño, porque esa acción que nos lastimo nos hizo decidir y sirve para perdonarnos por el daño que hemos hecho.

Así que por primera vez puedo decir que mi madre no es perfecta y lejos está de serlo a la vez que yo no soy el hijo perfecto y lejos estoy de serlo, y hoy le escribo...

Mamá:
Eres humana, hay historia, hay amor, hay odio, confusión y culpa como la sintió tu mamá, como la sienten tus hermanos y como la siente todo el mundo, en mayor o menor nivel y esto te hace imperfecta, así que cada regaño, cada vez que me pasabas algo por alto, cada vez que exigías de más o de menos, cada vez que te entrometías o te ausentabas, cada abandono y cada insistencia, cada presión o anhelo que ponías en mi vida me sirvió para averiguar quien soy y eso es el mejor regalo que alguien me ha hecho.
Soy un humano que quiere ser mejor, que quiere llevar su barco al mejor puerto y conocer y saber y aprender y sentir, olvidar, descubrir, equivocarse, caerse y volverse a levantar, maldecir, darse por vencido y volver a creer,  sólo llegar... y en todo lo que haga estarás tú ya sea cerca o lejos, pero sabes que cada historia inicia en algún punto y la mía inicia con la primera carta que me escribiste.
Desconocido

Mi mamá no es la mejor del mundo porque aprendí que ella también es humana, y con eso ella tiene el derecho y equivocarse y seguir siendo mi faro al que acudo por un consejo cada vez que pierdo la ruta.

Y las palabras “TE AMO” se quedan chicas al querer expresar todo lo que significas para mí.

domingo, abril 22, 2012

Abril y sus lluvias


Mi mamá se aferra a la idea que en abril no llueve, de ser  así no te llevaría con cada gota que cae en ese mes y hoy que escucho la suave llovizna te quiero contar…

Helena Segura Torrella - Descubrimiento
España

-Desde que te conocí me gustaste- dijiste
-Desde que te conocí pensé que eres muy payasa- te respondí mientras te besaba el cuello y tocaba tú cintura, tus piernas y todo lo que mis manos deseaban recorrer
Iniciamos la noche entre copas y juegos para terminarla juntos, los detalles no te los recuerdo porque esos quiero guardarlos para mí, solo sé que te sentí, te viví, te probé y me enamoré de ti completa, con la incertidumbre del amanecer preguntando si te ibas a quedar. Cambiamos correos electrónicos y nos despedimos como si no nos hubiéramos sucedido esa noche. Me sentí vacío de haber creído en tus palabras y no saber qué tan ciertas resultarían.

Te busqué en el correo electrónico el lunes, el martes, el miércoles y cuando había decidido saberme un chico de un noche en tu vida y borrar mis ganas de verte decidí revisar la parte de correo no deseado y ahí estabas tú, con tus letras, con tu propuesta para vernos, con tu número telefónico.

Te hablé para ponerle fecha a la cita y escuché cuanto habías pedido por mi llamada y hasta habías creído que en mi vida fuiste una sola noche, calme tus miedos a la vez que calmaste los míos.

Nos vimos en Miguel Ángel de Quevedo.

-¿Qué quieres hacer?- te dije -¿Quieres ir al cine, o vamos a CU?... el Centro Histórico tiene muchas cosas, nos queda cerca Coyoacán- no dejaba de hacerte propuestas, todo lo  quería de una vez, quería ver el cielo contigo, quería ver salir las estrellas, quería sentir frío contigo y ver el amanecer, quería leer contigo, crecer contigo, contarte mis confusos pasos y yo alentar los tuyos, quería probar lo dulce, lo amargo, lo picoso, llevarte a donde nunca habías estado; pensé sólo en darte mi mundo y no pedirte nada a cambio, era como si presintiera que poco tiempo teníamos.

-No te preocupes, podemos hacer todo eso poco a poco, tenemos mucho tiempo juntos- Esas palabras calmaron mis ansías, abrazaron más mi corazón y no me importo que me dijeran que eras una chica con la cuidado debía de tener, no me importo mi poca experiencia al querer a alguien que no fuera yo, pero todos los riesgos los quise correr contigo, por ti, juntos.

Caminamos muchos lugares, te mostré mi mundo como lo había planeado, te abrace en todos lados y si algo recuerdo muy bien es que el tiempo no me importaba porque estábamos juntos, no me importaba si llovía y no teníamos paraguas, no me importaba besarte en mis lugares secretos.

Agustín Jiménez
México
Te confesé que te amaba en un cruce sobre un puente peatonal muy grande y redondo que pasa sobre Avenida Universidad, División del Norte y algún Eje.

-Te amo… así de sencillo, ¿sabes? La vida no me parece igual cuando no estás conmigo, las luces no tienen color… pero cuando estamos juntos, las luces rojas traseras de los coches, tienen sentido, el ir y venir de las cosas me parecen justas- no recuerdo si me dijiste “te amo”, no lo recuerdo porque con mi amor bastaba para los dos y la lluvia ni la sentimos.

Te escribí una carta que leímos en un edificio muy alto y llovió y otra vez las luces rojas de los coches estaban ahí, distorsionadas por las gotas en las ventas, estabas ahí, conmigo y te volví a decir te amo.

Nos besamos mientras llovía debajo de un puente lleno de plantas y en secretos me decías cosas que creí para siempre y para siempre lo seguirán siendo… porque eras la primera persona a la que amaba más que a mí, eras la primera persona por la cual sabía que valía la pena ser mejor, por ti quise tocar cada una de las mañanas en que sabía despertabas pensando en mi, por ti esperaba la llamada casi diaria de las 21:30hrs.

Pero a veces el amor se quema muy pronto y el tuyo se extinguió antes que el mío y yo sin saberlo, pero quien ama mucho sabe que algo no anda bien, no te pedí explicación porque no quería escuchar la respuesta, mi madre siempre me dijo que el que busca encuentra y si no estás preparado para lo que veras no busques, así lo hice hasta que una mañana me citaste en un lugar público con mucha gente.

-Vamos con mis amigos- dijiste.

-Para qué quieres que ponga cara de tonto frente a tus amigos, lo que tengas que decir dímelo aquí- dije, pedí,  exigí.

Tu respuesta fue que tus problemas podían más que lo nuestro, justificaciones me diste, aunque con el paso del tiempo entendí que el amor no se puede conservar para siempre y algunas veces se acaba y por mucho que uno ame hasta con los dientes no basta para los dos.

-¿Dime qué hice mal, qué no te di, qué no fue suficiente, qué te molesto?- eran las preguntas que le hacía con el pensamiento mientras que mi boca decía – ¿Hay algo en lo qué te pueda ayudar?, sabes que cuentas conmigo- pensé en rogarte para que te quedaras, que todo era mejor si estábamos juntos, que podíamos arreglar todo si permanecíamos juntos, que no te fueras. Pero yo me fui, no lloré, no te rogué, no grité, no me tire al piso, no, sólo me fui y pensé que la vida continua, que todo lo que vivimos fue maravilloso pero que ninguna pérdida valía un minuto de mi dolor.
Marco Antonio Cruz
Puebla - México

Pasaron tres días y en esos tres días algo me faltaba justamente a las 21:30hrs, y fue en el cuarto día que supe que no llamarías jamás, que en verdad ya no estabas que las lluvias de abril fueron solo lluvias, que el calor de mayo fue sólo calor, que las estrellas de junio fueron sólo estrellas y que tu y yo para julio ya no existíamos.

Tuve un sueño en el que te buscaba por todos los lugares que estuvimos juntos, soñé que te esperaba y corría al siguiente lugar para ver si llegabas, me cansé en el sueño hasta que un buen amigo oportuno me decía – No la esperes más, no va a llegar- con esas palabras tuve para levantarme con el ánimo menos triste y más resignado para escribirte un único verso, lleno de faltas de ortografía.

De saber que no te quedarías no me hubiera aferrado a ti desde el principio.
Si hubiera sabido que el tiempo que teníamos en realidad no era mucho te hubiera dado todo lo que no te di.
Si hubiera contado los segundos que te tuve me sobra vida y me faltas tú.
De poder matar un recuerdo tuyo tendría que empezar de nuevo desde el día que me ate a ti.
De saber que tu cuerpo se me quedaría no solo en la piel sino en la vida hubiera tocado todo tu cuerpo con el mío, para que 3 vidas no bastaran con tu calor. 
De haber sabido que tendría que llorarte en silencio haría que el silencio fuera tu noche, tu sueño... para que escuches solo a ratitos como te llama mi todo.
De saber que terminaríamos, no te hubiera amado nunca...
Pero lo que si se es que en esos momentos el futuro era solo el segundo siguiente a tu lado, era el momento en que te volvería a ver y no el fin de mis sueños a tu lado.
Gracias a dios no soy adivino... si no nunca te hubiera dado un cachito de mi corazón. 
Qué bueno que no veo el futuro; así me doy el placer de escoger sin miedo a perder.
Marco Antonio Cruz
Puebla - México

Así, al día de hoy, le puedo decir a mi mamá con toda las fuerzas de mis palabras que en abril si llueve porque esa lluvia me supo a inicio a final a para siempre con fecha de caducidad.

Eres Lo Máximo.
Bueno...lo fuiste.

1999 y las cosas que nunca me dije

  Y un día de 2024 sin querer me encontré en el mismo lugar de hace 26 años. Llegué al frente del edificio que ya se me hacía familiar, cruc...