domingo, diciembre 04, 2022

Tanto tiempo en tan pocos años (38)

Tantas historias pendientes en todos estos años, tantos cuentos inconclusos. A veces pareciera tanto tiempo en tan pocos años y otras veces muchos sucesos para tan poco tiempo. Desde hace más de un año al salir de casa rumbo al trabajo veo el cielo como la misma vida, esto según mi percepción, unos días claros que dan ganas de amar hasta lo que no he conocido y otros días grises, humedos, con neblina que dan ganas de regresar a mi cama y maldecir todo lo que me ha traído hasta aquí, pero a pesar de esas ganas, continuo.


Tanto en mi cabeza, tantas preguntas: ¿traigo mis llaves? sería una calamidad haberlas dejado y tener que hablarle a la casera... ¿programé junta, a qué hora? ¿lo estoy haciendo bien? ¿todo esto que estoy haciendo vale la pena? ¿Mi equipo está bien?. Paso de las preguntas del día día a las existenciales: ¿Esto es la vida? ¿Así se debe de vivir de la vida? ¿Esto es lo que quiero? ¿Estoy llegando a algún lugar?. Me relajo. Luego vienen las preguntas que realmente importan: ¿mi madre sigue mejor? y luego los pensamientos que calman: ¡como extraño a Billie!, bendita mi abuela y mi abuelo que siguen vivos, ¡que afortunado yo que tuve abuelos de más y hasta bisabuelos que me dejaron alguna manía o consejo. Regresan los pensamientos mundanos: ¿cómo le hacen los demás para tener una vida más en órden? ¿cómo le hacen para mantener el ritmo mientras yo ando queriendo irme a todos lados menos aquí?. “Tranquilo” me digo y recuerdo la promesa que hice al llegar acá: el día que deje de sorprenderme de los cielos de esta ciudad y deje de querer alcanzar la cima de las montañas que veo, ese día me voy de San Cristóbal.


Curiosa la vida que en el 2009 me trajo para llorar a mi abuela paterna y ahora en 2022 cada vez que veo San Cristobalito hablo con ella: ay María, ¿a poco no es bonito?, y juego a que me contestas y sigo la conversación, sí, sí vale el estrés y el miedo estar acá, al fin que la vida se nos va resolviendo poco a poco, y sí María, me voy a quedar por curiosidad a ver hasta donde da esta vaina. 


Y así los días en su rutina constante: llego tarde unos días, otros más, me estreso, me río, como, planeo, agradezco al equipo que tengo unos días y otros los maldigo a todos no al mismo tiempo pero sí por partes, salgo tarde, hablo con mi madre; como me gusta oír su voz, escucharla bien, dispuesta a trabajar por su bienestar aunque le tema a la tristeza. Ay ma… creo que eso viene de familia, si vieras cuánto me costó reconocerla, abrazarla y al día de hoy me cuesta, no es fácil aceptarnos tristes cuando nos han enseñado a ti y a mi a sonreír aunque nos duela el corazón, como la canción de Chaplin, pero es cierto que eso nos ayudó, fue nuestro escudo ante las cosas que no entendíamos y es cierto, hemos hecho lo que hemos podido con lo que tenemos y bendito el destino, la vida, el universo, dios… hoy es mucho. 


Regreso a lo que me trae a mi blog hoy, a los 38 años y como llego a ellos: llego sin esa historia épica de amor que me hubiera puesto el estómago al revés de pura emoción, sin el sueldo para la casa de jardín grande, sin ese trabajo que me haga decir es aquí, sin mi familia cerca, sin esos amigos de la vida para brindar… Sí, sí, sí… ya sé que estoy contando lo que no tengo, pero a eso voy… todas esas cosas o personas que al día de hoy no tengo me han dado mucho más de lo que a veces creo. Este año la vida me ha dado un espacio para mi donde puedo repetir los TOCS que tanto odiaba de mi mamá pero que me hacen sentirla cerca, me hacen agradecer los fierros que me han dados las abuelas y los abuelos, me han dado nuevos amigos con los cuales conocer nuevos lugares, vivir nuevas situaciones para crear nuevos recuerdos. Me han hecho aprender a escuchar más, a ser más consciente de mis acciones, a leerme mejor en momentos que no entiendo, a ser honesto conmigo y sobre todo a respirar. También recalco que a pesar de lo zen que me oigo la verdad he aprendido a querer ese lado agrio y amarguito que tengo, mucho tiempo intenté ser “mejor persona”, pero cambié eso por ser más honesto con mis emociones,viviendolas intentando no lastimar a los demás y digo intentando porque sigo llevándome gente entre la mala leche de mis estados ánimo, pero también he aprendido a decir “me equivoqué”, en fin… Yo creía que los 38 iba a tener la vida resuelta y resulta que sigo con las mismas dudas de los veintes, los mismos malos hábitos de los 18 y sí, sí suena muy jodido (río de manera irónica mientras escribo esto) pero a mi beneficio tengo una certeza que nunca había tenido antes: estar vivo vale la pena porque tengo la curiosidad, las ganas de ver qué sigue, qué errores voy a cometer. Quiero saber si el amor de todos los años sobrantes está a la vuelta de la esquina como dicen. Quiero tocar el mar muchas veces más, tomar el sol y sentir la arena. Quiero asombrarme con los atardeceres siempre. Quiero abrazar a mi perro. Quiero cantar muchos años más las mañanitas a la gente que amo. Quiero reír como adolescente al jugar bajo la lluvia, llorar con un el final de un buen libro. Quiero conocer a Ángeles Mastretta, probar el pastel más rico, conocer Austría de la mano de un buen amor, visitar a los amigos de otros países, seguir conservando a los que ya tengo y hacer nuevos. Quiero tener muchos orgasmos, usar mi cuerpo, que valga la pena tenerlo y agradecerle cuando ya esté viejo por todas las dolencias causadas por el buen uso. Quiero afrontar las tristezas llorando, sabiendo que quien ha merecido la dicha puede soportar la desgracia. Quiero que la paciencia, mi menor y casi nula virtud, me acompañe en todos mis procesos, en todos inicios, mis pausas y mis finales. Quiero sentarme en mi ventana como estoy ahora, ver hacía afuera y sentirme en paz conmigo, sentirme en casa en donde quiera que esté, sabiendo que los míos están en mi corazón, que habitan en él a pesar de la distancia o su ausencia, el daño o la lección… 

Bienvenidos los 38 y de corazón deseo caminarlos una buena temporada con los pies en la arena con la única intención de contemplar y disfrutar el mar porque así la vida: fiera, calma, arrebata, tranquila pero nunca quieta ¡Feliz cumple Efraín!

sábado, mayo 07, 2022

Los miedos de Ana

Una noche al calor de una copa y con Sabina como música de fondo, Ana estaba con la ansiedad en el estómago al escuchar hablar a su amiga Cris, una mujer que cuando la conoció vivía en un mundo tan grande como la habitación de un Koreano clase baja y ahora después de 15 años su panorama parecía no conocer límites. Cris había desaprendido y vuelto a aprender, había soltado a su familia, confiando en su capacidad para arreglarse la vida sin ella y ella aprendió a vivir sin dejarlo todo por ellos. Le contaba a Ana del amor de sus días y como este hombre que parecía que habría de irse, decidió quedarse y Cris quiso quererlo con todo y todo. Ella orgullosa por haber llegado a dónde no lo había pensado ni soñado, tenía a Ana puesta vuelta loca de ansiedad y es que tanto había pasado por sus vidas que a ella no le cabía en la razón cómo alguien como Cris pudiera cambiar tanto, era otra, era más segura, más plena, más decida, más audaz y hasta más guapa. Ana sabía que no eran celos ni envidia, esa ansiedad que parecía inexplicable poco a poco fue se explicando y desenredando conforme ella le fue contando su vida a Cris.



En esos 15 años de vida, Ana tuvo muchos amores, algunos pasajeros, unos memorables y otros mera terquedad. Ana ya venía sospechando de su incapacidad para derribar sus murallas porque a pesar de tanto desatino fue con dos amores qué logró ser más real, más ella, explotó las emociones, se dejó llevar, ir y venir, dar y sentirse vacía y al mismo tiempo llena de amor, pero desde hace dos años de estar soltera y trabajando en si misma Ana juraba qué estaba dispuesta al amor, ese hombre que le diera paz, que le calmara las guerras del diario en una batalla de besos, caricias y ternura, pero de eso nada. Ana le contaba a Cris sus miles de citas con diferentes hombres, el alto muy alto, el bajo muy bajo, el rico muy pobre, el pobre muy sabroso, el caprichoso, el machista, el dependiente, el meloso, en necio y terco, el guapo insoportable, el indefinido, el qué jugaba a quererla solo de noche y por unas horas... Ana sabía desde hacía tiempo que no era el destino empeñado en negarle su sueño de verse casada y viviendo en paz después de tanta guerra, sabía que no era Dios el remitente de tanto hombre raro. Ana bien sabía que era ella misma la qué ponía las trabas, los peros, las justificaciones para no ser feliz con ninguno y es que oyendo hablar a Cris se dio cuenta de que su amiga se dejo ser, se entregó a sus deseos y sus antojos mientras qué Ana se encerró en su paz huyendo de volver a sentir, a salir de si misma. Ya había amado dos veces y las cosas salieron cómo nunca imagino que le podrían salir las cosas: mal. 
Uno tuvo a mal dejarla sin más explicaciones y no hubo entendimiento ni aire qué no le faltara a Ana, le hizo falta el norte por mucho tiempo y el tiempo se le hacía interminable. El otro amor tuvo a bien engañarla y echarle la culpa de sus amores de gimnasio que porque a él no le era suficiente nada, ni el tiempo, ni el sexo, ni la dedicación y ni el amor de Ana, así que cuando terminaron ella quedo agradecida por dejar esa relación donde intentaba e intentaba y nada más no llegaba a ningún lado, así que por su propio bien cerró de manera inconsciente su corazón a pesar de que su consciente deseaba ese amor de película. 

Cris seguía contando su vida y Ana más ensimismida y aterrorizada de como su deseo de paz era solo la careta del miedo a dejarse ser otra vez, era miedo a volver a sentirse expuesta, vulnerable a dejarse sentir embriagada otra vez por la piel de un hombre que prometiera por siempres sabiendo que se iría a la mañana siguiente. Miedo, era eso... solo miedo a dejar libre a esa Ana desbocada que ama a manos llenas y canta por mero gusto usando la chispa del amor. Oh no, nunca más ese intento, esa Ana estaba muerta para ella misma, esa Ana la había enterrado meses atrás y la imprecisa vida de su amiga la precisa le hizo darse cuenta de su propio engaño. 
La plática terminó, la velada acabó en un abrazo y un beso en la mejilla, Cris se fue cantando la vida y Ana rumiando sus miedos e intentándole dar sentido a sus pasos. 
Con el transcribir de las horas, mas preguntas fueron apareciendo, porque terca era, no era como descubrir sus huecos e ignorarlos pero ya era de noche y antes de cerrar los ojos leyó  la única certeza en medio de tanta cruda verdad: la hoja no piensa si cae o si vuela, solo se suelta.
Cerró los ojos y decidió y se dijo así misma: que el miedo no dicte mis victorias. Ana por fin durmió en una recamara más amplia. 

domingo, mayo 01, 2022

De sueños, patines y recuerdos

¿Alguna vez han soñado con alguno de sus muertos y no quieren despertar? Pues eso me paso ayer... Soñe con uno de los míos y regresaba y no lo creía y el me decía que estaba aquí, que no se iría, y yo sabía que era un sueño y por lo mismo no quería despertar. Mala suerte la mía, desperté y él no estaba, solo en sueños se puede tener todo y después perder el infinito con solo abrir los ojos. 

Al día siguiente soñé que lavaba mi baño a conciencia, estaba preocupado por dejarlo más que limpio y como la vida y el universo no se han digando a cumplirme mis sueños, pues me lo tuve que cumplir yo y a lavar se ha dicho, compré mis guantes de plástico y cloro y pues a hacer realidad los que están en mis manos, esperando que al divina providencia, el universo, la vida me los cumpla todos y me deje a mis muertos aquí para platicarles mis días, me cumpla el beso más bonito que me han dado y me deje toda la vida en Holbox o pasear por Inglaterra donde seguro será mi boda... aunque sea en sueños. 

Sé bien que los sueños, sueños son, que mi tarea es vivir la vida y perderme en nuevos lugares, tomar decisiones, buenas o malas, quedarme en cama o ir a patinar, vivir aquí o allá, trabajar de esto o de aquello... pero vivir, estar aquí. Para mi no hay momento más en este mundo que cuando tengo ruedas en los pies y juego a patinar el mundo. La sensación del aire en la cara, el trabajo en cada zancada, sentir el solo en la piel, ver la gente pasar, sentir los arboles cerca, para mi eso es vivir la vida, conectar y estar más presente en el aquí y ahora, en parte para no caerme y como dice mi buen amigo Emma, teniendo una visión panorámica para ver la foto completa. Caray amigo Emma, ese consejo que a lo mejor no fue consejo y solo fue un comentario al aire como lo traigo en el corazón cada vez que mi mundo se cierra y se me apaga el ánimo... ¡Ve el panorama completo! me grito y es cuando empiezo a vivir de nuevo de manera decente. 

En las zancadas de hoy andaba cuando vi de pronto un campo de baisball, oyendo la emoción de cuando un jugador gabana una base y luego otra, las pequeñas gradas emocionadas y justo ahí me vino la cara de una mujer que ha ganado muchas carreras, que disfruta ese deporte y lo hace tradición en su pequeña. Ella que recorre el camino también con carreras perdidas, de esas que hacen que uno vaya con el corazón mordido, incompleto... ¿cómo florecer uno después de haber perdido lo que uno esperaba con tanto anhelo? 

Sigo patiando y de pronto la canción que mi madre cantaba la última vez que la vi, y la respuesta a pregunta llega sola: uno florece con amor, uno florece después de haber pasado por las cuatro estaciones, uno florece con la mano de los que ama en el hombre y el corazón. Mi madre que ha perdido tanto y que le han roto los sueños varias veces sigue sonriendo, sigue cantando, sigue dejandome oir su voy y saberla viva me es florecer después de un día pesado. 


Estoy sudando como loco, siento el cansancio en las piernas, el sol me ha dejado exhausto y solo quiero descansar... y es cuando de pronto llego a un árbol enorme que no había visto, no sé ni como se llama pero me atrapa, me enamora como si en mis sueños lo hubiera esperado toda la vida, me acuesto debajo de él, le hablo de mi familia, de mi pesares y juego a que me escucha y me siento menos solo y más en compañia. A él le pido que a través de la tierra le cuente a mi familia que estoy bien, que sigo soñando, sigo patinando, sigo estando aquí, con un panoroma amplio, floreciendo con desfalcos y contratiempos, conectado de alguna manera con los que amo. 

Y así mis días entre sueños, patines y recuerdos. 

domingo, abril 17, 2022

Pequeña celebración hoy en tu cumpleaños

 Inicié mi día pensando con el recordatario de tu cumpleaños, te soy sincero, llegué a una edad en la que mi calendario dicta mis horas, mis descansos, mis actividades y le he confiado hasta mis celebraciones. Gran acierto el mío porque me recordó que hoy es 17 de abril, día de contrastes que me detona todas las emociones. Pero ya te iré contando. 

Después de levantarme me alisté para ir a caminar con rumbo a la montaña. Normalmente tomo taxi para llegar a la entrada de dicho lugar, pero esta vez no, esta vez quise caminar, ver las calles con su gente, sentir el sol, abrazar mis pasos en la tierra y jugar en el filo de las aceras, aún hago eso de intentar no caerme al caminar a la orilla de la banqueta como cuando era niño, me río de mi mismo y mis 37 años que en esos momentos se siente como si solo fueran 7. Estoy absorto en mis pensamientos, presto poca atención a la calle pero a pesar de eso me siento bien, me siento aquí, como su viviera aquí de años pero con esa mirada de turiste que le ponga a los lugares conocidos así a veces descubro lugares o detalles nuevos. 

Caray, hace calor, pero sigo el camino, paso un río, una iglesía blanca con azul, una casona abandonada, un mini super que vende hasta pan, una gas, un restaurante de barbarcoa y gorditas que seguro amarías, un mercado, gente pobre de cara honesta, gente bien vestida con cara de pocos amigos, me cruzo con gente amable y otra arisca, paso por lugares que venden hierbas y cosas misticas, con estatuas de santos y de la santa muerte, paso otro río, otra iglesía, el cielo azul con su sol que no da tregua me hace pensar si fue una buena decisión haber emprendido ese paseo. Ahora una panadería y luego otra, una farmacia que promete ser la más económica y luego una tienda, un borracho tirado a pleno rayo del sol usando su vida a su antojo y el sol igual de inclemente con él, pobre borracho, gastar la vida en botellas y resacas sin que la vida fuera eso... ¿y sí la vida pudiera solo eso? me pregunto... y de inmediato me respondo: que bueno que no me gusta el sabor del alcohól. Llego a la falda de la montaña, compro agua y de pronto un viento que lleva tierra, cierro los ojos y pienso en ti, cierro la boca y me gusta ese momento porque soy conciente de cada cosa que está pasando por mi día. Tengo tierra en la cara y en la boca a pesar de haberla cerrado, tomo agua para enjuagar la tierra y escupo. Sigo mi paso, cambio el playlist de Deezer y de Alex Ferreira paso a mi playlist de Melodías entre clasicas y música de camara con toques electronicos, de esas que son como de soundtrack de película y que tanto me calman y me hace abrir más los ojos al cielo, a los árboles, a la calle que dejó de ser de cemento y se convierto en tierra y piedras, los perros callejeros amigables, las flores de colores en mitad de la tierra y el desorden dan fe de que la belleza se abre camino ante todo. 


Subo en la montaña y no hay gente como otra veces, me da miedo tanta tranquilidad, no suele ser así esa montaña, siempre gente diciendo "buenos días" en español otras en español forzado pero esta vez solo yo y mi música, yo y mi celebración, yo mis pasos. 

Llego a la cima, las primeras personas en la motaña una familia que se ya se va y otra vez me quedo solo, estoy en la cima solo, tanta inmensidad y yo ahí... hablando contigo, con el cielo, sintiendo el viento, ni una nube pero si mucho aire... refresca, me mueve, me espanta.

Me voy a un lugar con menos viento y de igual manera solo, me pongo a cantar, sí, canté a la nada en voz alta, sin pena, ¿sabes, me da pena cantar y que otros me puedan escuchar? pero estoy solo, soy yo y los árboles, me salen las palabras y canto alto, como si nadie escuchara y es verdad, nadie escucha y deje salir las canciones que más siento, las que hablan de desamor, las que hablan de esas ganas de amor, las de agradecimiento, las irónicas. Canté por más de una hora a pleno pulmón y yo feliz de haber hecho algo que me daba pena, pero todo sea por celebrar perder más la cordura a lo que pensaran los demás y hacer algo por mí. 

En el descenso toqué varios árboles, ya sabes que creo que todo está unido a través de sus raíces visibles e invisibles, mietras los tocaba estaba seguro que conectaba con la gente que traigo en el corazón, pensé en muchas personas y a todas les deseé paz, sanación, amor por la vida, fuerza para sus batallas y mucho amor de la tierra para sus días. Ya casi al final de la bajada hay un lugar que vende cosas orgánicas, compré kombucha de limón y un paquete de galletas, bien sabes que solo puedo comer galletas o pasteles en fechas especiales y pues hoy es especial. El paquete traía diez galletas chiquitas de maíz y dediqué cada una a mis raíces, una a ti, otras a mis abuelos, otra a mi madre, otra a mi padre, otra a mi hermano y una a todos los que habitan en mi corazón... infinidad de personas a las que les dedique esa galleta.

Tomé un colectivo si tituvear, compré una entrada al cine, vi una película de vikingos, bastante rara a mi gusto pero salía Nicole Kidman así que me dejé llevar. Tal vez te hubiera gustado verla, tal vez no, quién sabe. 

Salí con intención de seguir celebrando con un brownie de chocolate en Kinoki, un restaurente con una terraza con excelente vista pero con un servicio de meseros más raro y disperso que yo. Una vez ahí, me senté en una mesa para cuatro personas, pedí sin pedir la carta el dichoso postre, que venía recomendado y un chocolate artesanal, bien lo merecía. Estaba dispuesto a pedir un deseo en nombre del festejado cuando tres chicas y un chico llegaron sin mesa disponible y me preguntaron si se podían sentar conmigo, carajo... ¿y mi plan de celebración, mi momento contigo y conmigo? y en ese momento a manera de respuesta pensé: qué carajo, tú eras amiguero y risueño seguro hubieras hecho una locura así. Les dije que sí, los cuatro rondaban entre los 28 y 30 años, su vida se resumia en vacacinoes, borrachera, disfrute... el resumen de una juventud bien vivida. Una chica me contó de sus penas de amores y sus dos aciertos más inicertos, otra me contó de su elección de carrera y su felicidad, otro me contaba de sus negocios y su soltura. Que dicha conocerlos, no sé porque al oir sus locuras te escuchaba a ti, me puse a imaginar las locuras que tu hubieras hecho y la diversión que sería tu vida. 


Hoy 17 de abril, en tu celebración celebré tu vida, mi vida, tu ausencia y mi presencia, abracé tus decisiones y solté las mías. Hoy en tu celebración sentí tu vació, sentí tu vida, vi tu risa, me imagine tu vida, recordé tu partida, reviví nuestra infancia y vislumbre mi vida sin ti pero conmigo. 

Dano, no fue una celebración triste, tal vez un poco melancólica, pero no triste, fue una celebración como a mí me hubiera gustado celebrarte, te llevé de paseo, te canté, te mostré el infito, compartimos a mordidas con los que amamos, comimos pastel, hicimos amigos, nos reímos... como nos reímos pero sobre todo como hemos vivido, caray... como hemos vivido. 

En mi corazón todos los días, muy pero muy feliz cumpleaños. 


miércoles, febrero 02, 2022

El cajón siempre abierto...

Y ya no escribo tanto como antes y ahora el pecho lo siento como una cajón lleno de cosas guardadas a punto de desbordarse; solo que esta vez no son cosas, sino emociones las que tengo amontonadas, son emociones las que no dejo salir, las que estoy evitando que salgan y no por miedo a los nombres de las emociones en sí, es el miedo a la cantidad, no es el miedo a la tristeza, es el miedo a que pueda ser mucha. No es el miedo al enojo, es el miedo a que todo abrace a mi alrededor, como antes lo hacía, no es el miedo al amor, es el miedo a que se me vaya todo y luego no sepa qué hacer sin él… Pero el día de hoy me duelen los brazos, el pecho, el cuerpo completo tratando de usar toda mi fuerza al evitar que ese cajón se abra, es más cansado mantener una actitud serena y segura que dejar que ese cajón reviente. Al día de hoy sería un alivio soltar los brazos, con todo mi peso sobre ellos, evitando sentir demasiado.

Sí, tomé una maestría con un montón de materias sobre manejo de emociones, pero aprender a ponerle nombre y a descubrir que hay una gama amplia de ellas, no me hace experto en su manejo. Gracias a esa maestría descubrí que existe la ternura, la tristeza, el amor propio de manera sana; descubrí que se pueden evocar las emociones de muchas maneras, bailando, viendo el cielo, confiando en la vida, apostando a ganar. En verdad, fue como si hubiera entrado a la tienda de galletas y pasteles más grande del mundo y yo como niño asombrado y probando todas y cada una de ellas. Reconocí los sucesos de mi vida y por fin les puse el nombre de una emoción y no la pobre gama que venía manejando: felicidad y todas las parientes del enojo, como la ira, envidia, soberbia… todas esas emociones que me alejaban incluso de la felicidad. Lo digo no como si fuera un monstro ya que siempre he tratado de moverme por la emoción de la felicidad o alegría, pero con el paso de los años y los procesos de la vida, la felicidad no me alcanzaba para entender los sucesos ajenos a mí, el divorcio de mis padres, su paternidad intermitente, mi enfermedad a los 14 años, el abuso, la ausencia, la incertidumbre, la soledad, el suicidio, la muerte. Todos esos sucesos y yo tratando de vivirlos con felicidad, porque era lo único positivo que tenía en mi vida; era eso o agarrarme del odio y la ira hacia la vida, hacia los otros, hacia los sucesos, hacia mi mismo por poder llegar a ser tan mezquino conmigo y con los demás, pero ¿qué hacía con un abanico de emociones tan pobre? En mi casa la frase que escuche mucho de pequeño fue: sonríe, todo estará bien y sí lo estuvo por unos años, por momentos, de a ratos y esos ratos, momentos y esos años los agradezco como agua de mayo porque fue lo que hizo dar con la gente adecuada en ese momento, pero aún así me hacía falta conocer emociones y lo peor es de que era más mi miedo a conocer lo desconocido que entregarme a ellas, me era más fácil alejar a quién me trajera una nueva manera de sentir, mis frases favoritas en mi cabeza eran: eso no puede ser verdad, no le creo, seguro tiene algo entre manos, no soy lo que está buscando, no está a mi nivel o no estoy a su nivel, obvio es algo pasajero… y así pasé muchos años alejando a las personas, a unas las alejaba y otras hacía que me alejaran, todo antes de que me hicieran sentir cosas nuevas, todo antes que ser vulnerable y dejar salir todo lo que habitaba en mi corazón…

Hoy, me encuentro en una situación similar donde me cuento frases nuevas como: enfócate en tu carrera, ya estás muy grande para…, no pierdas el tiempo en tonterías, pon tierra de por medio, estoy tan cansado que prefiero irme a dormir que a salir… mismo cuento, nuevas frases, pero al menos al día de hoy estoy documentado con las bases, que no las quiera ver es diferente, pero como le he dicho desde hace mucho, lo que no se dice avinagra, en mi caso esta vez lo que no digo se desborda de mi pecho y ya no tengo fuerza para mantener el cajón cerrado, por eso traigo mi zozobra a esta hoja llevada por mis dedos. Que fluyan las que tenga que fluir, que corran las que tengan que llegar algún lado, que huyan las que no pertenecen a mí, que vengan las que tienen que llegar, que se queden las que son fieles a mi y algo aún tienen que enseñarme, que me perdonen esas que asfixie por vergüenza o temor, que se sientan acompañas aquellas que deje solas por mucho tiempo y que se acomoden las que se quieran quedar en mi viaje por si las ocupo en algún momento.

Sí, me dolió tener vivir violencia en casa.

Sí, fue triste tener que ser fuerte tan pequeño cuando lo único que quería era ser niño.

Sí, me hubiera gustado tener una familia que siguiera el mismo camino en respeto y amor.

Ojalá hubiera tenido el valor de elegir estudiar lo que me apasionaba en vez de enfocarme en lo que me dejaría dinero.

Si, es triste haber vivido violencia en mi núcleo primario.

Sería bonito recordar a Daniel sin sentir ese dejo de duda por sus acciones.

Me hubiera gustado no haber tenido miedo a probar una felicidad diferente con aquél que me preguntó si quería ser su novio.

Con tanto llanto me quede dentro el día en que se fue mi abuela María y lo callé con silencio.

Todas aquellas veces que alejé los abrazos fingiendo estar bien, porque sabía que si me abrazaban me iba a caer y tenía miedo a romperme y luego ya no saber como levantarme. Lo hice y lo sigo haciendo, tanto así que ya no es necesario preguntarme como estoy porque es común que esté bien cuando en realidad solo quiero que me digan por donde ir.

¿De cuántas cosas me he perdido viendo el mundo bajo la mirada de la felicidad, el enojo y la falsa felicidad?, corrijo, no es pregunta, es afirmación… de cuantas cosas me he perdido.

Sí, aún estoy triste porque hace dos años se fue mi mejor amiga en mis brazos, pero estoy feliz porque me permití volver a amar y ahora esa nueva amiga acompaña a mi mamá, aunque las extraño a las dos todos los días.

Me duele haber descubierto que mi amor propio era solo temor a ser herido, pero me alegra haberme dado cuenta porque sé que pase lo que pase me tengo a mi mismo y yo confío en el universo, en la vida; bueno hay cosas que me aterran como perder a los que amo, pero todos los días me hablo sobre la naturaleza de los procesos de la vida y su inevitable ir y venir, conocer y ver partir, acompañar y despedirse, su inicio y si final… aún estoy aprendiendo a disfrutar el proceso.

Tengo miedo de no dar el ancho en muchas cosas, tengo miedo a fracasar, pero heme aquí intentándolo todos los días, rompiendo miedos aunque haya días que no de el valor ni para sacar la cabeza de las sabanas y justo en ese momento cuando decido renunciar a todo me acuerdo de todas aquellas personas que han tocado mi vida y no se dieron por vencidas a pesar de lo inaudito de la vida.

Y sí, unos días tengo miedo y mucho, otros la tristeza de no estar con los que me dan calma me lleva a la melancolía, algunos más me da coraje no haber hecho más por los que ya no están y unos otros me enoja no haber sido muchas cosas o haber tomado ciertas decisiones… pero me repito: ya me cansé de tener guardado tanto, tanto que no sé si tengo espacio para lo nuevo y sé que quiero que lleguen emociones nuevas.

Estoy rompiendo viejos hábitos que me ayudaron a sobrevivir las cosas que no entendía, incluso les agradezco haber sido esa acción repetitiva de no sentir, de no querer ver, de negarme muchas cosas… porque eso me trajo a este remanso, esta mi orilla de mundo para decirme que no tiene que doler estar triste, que gritar el dolor no empequeñece, que pedir ayuda es algo digno, que decir no puedo más no es sinónimo de rendirme sino que me recuerde tomar un descanso y recalcular mis pasos, que todo decisión es un volado y que el resultado puede llevarme a nuevos lugares, conocer nuevas personas, unas sumaran, otras estarán solo ahí y otras me caerán mal, no soy Dalai Lama. También confieso que hay gente que no me cae bien, sí, tengo juicios y sé que puedo perder grandes oportunidades por esos juicios, pero una cosa a la vez, hoy estoy hablando de abrir ese cajón de emociones, ya luego hablaré de porque la gente que hace reír a todos todo el tiempo no me da confianza y hasta me cae mal, pero bueno también eso hay en mi cajón, un poco de mordacidad y desconfianza.

Así mi vida y mi cajón de emociones, por hoy es suficiente… que el paso de los días me haga más fuerte no para cerrar el cajón, sino más fuerte para dejarlo sin llave puesta, abierto para que entre lo que tenga que entrar y se vaya lo que no requiere guardarse.

domingo, septiembre 12, 2021

Regalos para días de tanta lluvia

Los amigos son oportunos como todo en la vida y aún recuerdo las palabras de Fernando diciéndome:

- Si el día está nublado, lluvioso e insoportable no deja de ser un factor externo, ¿hasta cuándo vas a dejar que lo externo siga rigiendo tu vida? - Esa frase me la repito hoy que el día está nublado, lluvioso e insoportable y desde que me la dijo la tomé como un regalo justo para momentos así. 


Estoy caminando en el mercado de San Francisco, aquí en San Cristóbal de las Casas, después de una lluvia torrencial de 10 minutos que dejó lodo por doquier pero la vida sigue, las mujeres siguen atendiendo sus puestitos de verduras, frutas y semillas, ellas siguen sonriendo a quienes les sonríen, siguen dando precios a quien pregunta por el jitomate, habanero o por las habas, 5 pesos dicen unas, otras 10 o 20 depende la cantidad. Las afortunadas… corrijo…  esa palabra viene desde mi comodidad y mi percepción de lo que he vivido, elaboro de nuevo: Ellas siguen vendiendo aún con los ríos de agua en sus pies, unas van descalzas y otras con sandalias y aún así siguen su día. Una lluvia o un río de agua lodosa no va a detener su vida. Los niños siguen jugando en el suelo con sus pies al descubierto y llenos de tierra como si la vida perfecta transcurriera entre lodo y risas y es que así debería de ser. 


Traigo el corazón chiquito porque escucho la voz de mi madre quebrada al teléfono, mi abuelo, su papá tomó una decisión que nos aterra, que pone en riesgo su vida y nuestra esperanza de tenerlo más tiempo aquí pero él no, él quiso vivir su vida a su manera, como siempre lo ha hecho y pues los que tocamos su existencia nos toca respetar y apechugar el coraje, el miedo, el temor, la frustración y la incertidumbre de semejante decisión. 


Ya pasé dos cuadras desde que puse atención a los niños jugando en el lodo, que envidia ser un niño así, sin tener que cuidar la ropa limpia y perfecta de una imagen impuesta por una mamá exigente, por eso me parece inverosímil que la felicidad venga en forma de charco lodoso, sin zapatos, corriendo sobre las piedras y riendo como si no importara nada y es que la verdad, nada debería de importar más que vivir la felicidad como venga. Salgo de mi pensamiento y mis deseos de que los que están lejos de mi, encuentren paz en medio de tanta incertidumbre y otra vez yo en la calle de un mercado que apabulla. Calles estrechas donde convivimos peatones, coches, motos, bicis, puestos ambulantes, lluvia, venta de frutas en carritos y más, incluso siento los coches pasar a centímetros de mi mientras intento no chocar con la señora de rebozo rosa y falda negra que se detiene en seco a ver un suéter e intento no pasar por debajo de los desagues de las azoteas de las casas, pon atención Efraín, no te abrumes, estate aquí y ahora me repito. 


Cuántas veces no he deseado que un extraño, obvio un extraño que ya he imaginado a la perfección alto, de cejas tupidas, tez clara, amable, que no va ensimismado y puede ver cuando alguien necesita de un “¿todo bien?”, llega a mi y me pregunta “¿todo bien?” y con esa pregunta me saca de mi exorcismo de preocupación. Sonrío y agradezco el detalle y de ahí nos vamos caminando rumbo a conocernos… Pero la vida nos pone lo que necesitamos en el camino y el día de hoy me puso a un chico en bicicleta tocando una corneta para que yo no fuera a cruzar, reparo que sigo caminando sin atención al entorno y decido que lo mejor es huir de tanto bullicio y sí, escapo, doy vuelta en una calle que no conozco pero que promete no tener vendedores, ni gente, ni ruido… me meto en ella y pienso en ella… 


Ella que no sé cómo empecé a quererla porque la verdad no hemos convivido mucho, pero es de esas personas que sabes de corazón bueno que con solo darle un abrazo, quedas convencido de que tiene vibra bonita y esperas, no, no espero, corrijo de nuevo, deseo que todo lo bueno le pase a personas así. Pero la vida y sus procesos que van subiendo el nivel de dificultad conforme avanzas, creo y confío con el afán de hacernos mejores, más preparados, más dispuestos a ella, más amorosos, más empáticos, menos cerrados… Pero cómo le digo a ella, con su esperanza en una cajita con nombre que las cosas pasan por algo, con qué cara le puedes decir a alguien: el tiempo lo sana todo o todo es obra de un plan maestro que por más que no veas ahora, lo entenderás después, ¿con que puta cara se atreve uno a decir tanta pendejada cuando el otro tiene corazón, el alma, la razón en el suelo? Yo en mi caso cuando me lo han dicho me dan ganas de decirles “metete todas tus frases baratas por el culo y haz con ellas lo que te de la re chingada gana” pero luego me acuerdo que la gente hace lo mejor que puede con lo que tiene y sabe, al final no lo hacen de mala gana y solo me queda agradecer su entereza por estar ahí. 


Ahora ni un abrazo le puedo dar a ella que ha perdido todas las espectativas que son imposibles. Ni un beso en la frente a mi madre que lidia con la incertidumbre de poder perder a su papá. Ni como intentar convencer, persuadir, manipular, chantajear a mi abuelo el necio, el fuerte, el orgulloso, el independiente a que se deje cuidar, se deje tratar. Ni como abrazar a mi tío el enojado por el orgullo de su padre… Solo me queda dar vuelta en la calle Chipa de Corzo y perderme en ella. 


Ay Fernando, te digo un secreto: gracias por tan bonita frase, gracias por haberme dejado la responsabilidad de ser yo mi propia luz en mitad de tanta lluvia y cielo gris, gracias por haberme hecho entender que por más gris que este la vida, yo decido quedarme conmigo y ver con otros ojos esos regalos que me da el destino. 


¡Dios! otra vez me enfrasque en mis pensamientos, pero al ver el templo del Señor de la Transfiguración, cabe aclarar que busque el nombre del templo en Google y me hizo reír semejante nombre, por un momento pensé con picardía que seguramente dentro estaría lleno de trasexuales pidiendo el milagrito, me reí, Efraín te reíste aún a pesar de traer el corazón chiquito y distraído…  en ese momento me paré en mitad de la plaza e inhale con fuerza y como siempre que paso de un estado emocional a otro de manera consciente cito a mi autora favorita: solo la vida existe, lo demás lo inventamos.


Porque en mitad de tanto lluvia y lodo, también se puede ser feliz.

jueves, abril 22, 2021

Las estrellas más bonitas...

En medio de esos días con amaneceres perfectos y horas tranquilas, estaba más receptivo, con mucho más amor propio, con ganas de una historia de amor bonito y lancé la pregunta al universo: ¿tendría alguna pronto, alguna historia más duradera y sana? 
Ese fue el pensamiento de los últimos días y como bien me conozco, empecé a presionar las cosas con apps innecesarias y también a presionarme a mi mismo: ¿qué me falta, qué no tengo, porque los otros no ven lo que yo ven en mi?.

Justo en uno de esos días recordé la palabra precisa que me regalo mi maestra de yoga: rendirse. Cuando las cosas no tienen sentido o explicación, cuándo nos presionamos "ríndete y fluye"

Dejé ese tema en manos del universo, sin presión y dejando la implacable búsqueda y el universo respondió. 
 

Había un viajero en el hostal que me dio buena espina, de semblante ameno, cordial diría yo. Nos cruzamos un par de veces y nos saludamos como hacen las personas afables. Yo corriendo, incluso, en mis vacaciones y él amable al verme pasar. 

Como casi todas las noches me tocaba cenar solo y no estaba mal, es algo que disfruto, no me preocupo por el lugar, que si el servicio, que si hay que caminar mucho... solo me dejo llevar, escojo y listo, me pongo a leer, a ver mis redes sociales, a planear el siguiente destino, en fin, cosas que uno hace cuando viaja consigo mismo. Esa noche se me hizo fácil decirle al muchacho de cabello chino y tez blanca que si no tenía plan para cenar podíamos ir juntos y acepto con facilidad. La invitación la hice por el mero gusto de compañía y no con la intención de coquetear o algo por el estilo. 

Nos fuimos caminando por la playa, ya que el hostal estaba en el extremo norte de la playa, en la cima del acantilado. La platicaba iba en temas triviales, lugar de procedencia, ocupación, historia familiar, días de estancia, motivo del viaje: yo para agradecer y reconectar y él porque se dio la oportunidad. El volteó al cielo e hizo la observación de que en pocos lugares se podían ver tantas estrellas o tal vez desde donde él las veía se veían diferentes. Yo al verlas maldije semejante escena: las estrellas más intensas, el sonido del mar, las velas de los restaurantes a pie de playa por un apagón... y yo con un heterosexual o al menos eso creía. 

Buscamos un lugar de pizzas que jamás encontramos y terminamos en un lugar para gente local en plena calle y con un servicio bastante deficiente pero que nos hizo reír con sus fallas. De pronto él tocó mi brazo y terminamos compartiendo los platillos y hablando de mis fallos en el amor y sueños, digo, yo creía que era heterosexual así que no tenía nada que perder ni a nadie que impresionar así que fui yo, lo que lo hizo ser él y me confesó que su última relación había sido también con un hombre. Yo me sorprendí poco ya que después de que me tocó varias veces el brazo, sabía que había algo... 

Después de la cena y para no irnos a dormir de inmediato con el estomago lleno, acordamos ir a caminar y de nuevo terminamos en la playa, donde las estrellas seguían esperando y el mar iba y regresaba con su rugir de olas fiero y amenazante. Dimos unos pasos en la arena y yo pensé en pedirle permiso para darle un beso, ¿permiso? ¿qué acaso estamos en 1800?, así que solo tomé su mano, el apretó la mía y lo jalé para besarlo. Su boca era pequeña y sin embargo el beso fue perfecto, su mano en la mía, su otra mano en mi espalda, la mía en su nuca y la arena acariciándonos los pies y como si el mar estuviera celoso lanzó una ola tan fuerte que nos alcanzó a pesar de estar lejos de él, acabé con los pantalones mojados y ni así nos separamos. ¿Cuánto había esperado para que alguien me besara así? alguien que a pesar de todo no me soltara y me hiciera oír el mar y sentir las estrellas, y ese día justo después de no esperar nada y ver el mundo sin necesidad de alguien... él apareció. 

Nos besamos por horas en la playa y cuando nos apartábamos era para reírnos, dar un par de pasos y volvernos a besar. Llegamos al hostal y nos despedimos con más besos y con canciones que cada uno nos dedicamos: "Soledad y el mar" y "Make out in my car" y con la única promesa de vernos al día siguiente, cosa que sí cumplimos.

A la mañana siguiente nos fuimos a otra playa y de manera indiferente nos tomábamos de la mano sin importar nada, hablábamos de todo y nada para luego quedarnos en silencio, disfrutándolo, ya luego la plática resurgía y así el resto del día. Subimos un risco para ver el atardecer y recorrer el acantilado que solo con pensar en cruzarlo se me crispaban los cabellos, pero en compañía el miedo se difumina y así llegamos hasta la punta del risco, justo donde las olas pegaban y podíamos sentir la brisa sin presión, sin sentir que el tiempo se nos acababa y que en un par de horas no nos volveríamos a ver. Y así fue, nos dejamos en la parada del transporte sin algún compromiso o alguna fecha a cumplir. 

Yo me caminé en sentido contrario con un hueco en el estomago y con ganas de haber tenido su mano entre la mía más tiempo, pero el universo va cumpliendo a su antojo los deseos que se le piden, él muy ingrato no da fecha de caducidad de sus artimañas, puede que duren toda la vida o solo unos meses y en mi caso poco menos de 24 horas... lo suficiente para haber visto las estrellas más bonitas.

Bienaventurados los que se rinden ante los sucesos de la vida para hilar historias.  


lunes, diciembre 28, 2020

Prendo una luz...

Te prendo una luz para pedir por tu reposo. 

Te prendo una luz para desear que donde quiera que estes estés bien. 

Te prendo una luz para agradecer tu existencia.

Te prendo una luz porque me niego a olvidar tu paso por mi vida. 

Te prendo una luz porque te extraño tanto, todos los días. 

Te prendo una luz porque hablar contigo en plegarias, conversaciones de medio día, al decirte buenas noches no me es suficiente. 

Todo lo que me pasa me lleva a algo mejor, nada es igual, nada es repetitivo. Tomo el aprendizaje que me dejas tú, los momentos que compartimos, mis errores y los convierto en crecimiento, en amor.

Gracias a ti aprendí como cuidar mejor a un amigo perruno, gracias a ti aprendí que el amor no solo es tosco, también es tierno. Gracias a ti supe que el amor no basta sino viene con responsabilidad.

Hoy hay una pequeña nueva integrante en mi familia y en mi corazón, le cuento de ti. Bien debes de saber de ella porque te la he encargado mucho, que la guíes, que la cuides. Gracias a ti el amor se ha hecho más pleno y más consciente, pero no te creas, muchos días deseo regresar el tiempo y haber sido mejor contigo, haberte paseado más, cuidado más, haberte llevado a más lugares... pero así las cosas, tú ya no estás, yo estoy con un huequito en el corazón que duele menos y que intento llenar con agradecimiento. 

Te prendo una luz hoy en agradecimiento a toda la vida que trajiste a la mía. 

Te prendo una luz por haber traído amor a mi familia. 

Para quién dice que un perro solo es un perro, no ha tenido la fortuna de haber sido amado por uno de manera incondicional.

Gracias siempre, gracias todos los días, gracias a ti Bree. 

 

domingo, agosto 02, 2020

La mejor amiga del mundo

Cuando te conocí, no sabía la aventura que estaba por vivir. Cuando entré a recogerte tú me escogiste, recuerdo que aventaste a tu hermana con tal de ser tú la que cupiera en mis brazos, desde ahí supe que para toda la vida, ya fuera la tuya o la mía, pero seguro estaba de que sería para toda la vida. 
Hoy, a 7 meses de tu partida, me preguntaron que quién eras tú y mi respuesta fue: el amor de mi vida. Fuiste esas caminatas con frío o con calor que me obligaban a cuidar de ti en vez de solo a mi.
Eres y siempre serás esa silla mordida en tus ratos de ansiedad o soledad. 
Eres ese ladrido desesperado cuando nos íbamos alejando de la casa. 
Eres esa mancha en la pared junto a mi puerta que me recuerda que por ahí te hacías espacio cuando la puerta estaba entre abierta. 
Eres esos dos platos rojos, mi color favorito, donde muchas veces te vi empujar tu comida con desagrado cuando otra vez te tocaban croquetas. 
Eres esa culpa por haberte regañado cuando te comiste la portada del libro de Angeles Mastretta que mi amigo Anibal me regaló. 
Eres esos paseo a Chapultepec, cuando ibamos a dar la vuelta solos tú y yo y eres ese salto con ganas de atrapar un pájaro y por imprudente terminaste en mojada en una fuente, tú que tanto odiabas el agua. También estuviste en la Maquesa con toda la familia o Huasca donde no se sabía quien era el más desobediente de todos los niños: tú, Richie, Diego o los tres juntos. O también ese paseo al Nevado de Toluca, ¡como nos divertimos y como te cansaste! Compartimos tú y yo a mis tres perritas favoritas y ahí iba yo con mi manada de perras riendonos, sacandonos fotos contigo en ese viaje... yo ahí sabía que ya empezabas a despedirte y aún así tantos lugares que me hicieron falta contigo, tonto yo que creí que eras eterna. 

Hoy me dijeron que lo que yo traigo es tristeza atorada o mal manejada, alguien más me dijo que la tristeza no se maneja, solo se deja libre, se deja salir y yo te traigo callada desde hace 7 meses. 

Es que solo fuiste un perro, es que ya estás descansando, es que ya estás en paz, es que afortunada tú por habernos tenido como dueños, es que viviste muy bien, es que... es que... ES QUE YA NO ESTÁS, digan lo que digan, y por más que yo quiera creer que estoy bien, porque solo fuiste un perro, la verdad es que no, la verdad es que te extraño mucho. Tú me escogiste, tú me esperabas, tú me buscabas, tú te deshacías en amor cada vez que yo llegaba a casa, tú exigías mi atención rompiendo todo lo que se te pusiera en frente, tú estuviste siempre cuando yo regresaba de quién sabe que locuras y mis intentos fallidos por irme a quien sabe donde, pero por más que fallará en ir y venir, enamorarme y no, tú siempre ahí... con una oreja levantada y otra no, con tu pelo chino y gris, con tu aliento apestoso.

Y que decir con todas esas veces que creía que el amor me dejaba... tú te quedabas conmigo y me daba cuenta que el amor estaba ahí y cuando alguien me dice "el amor no existe", yo tengo la certeza de que sí existe y de que tuve la suerte de que me escogiera, de crecer juntos y ahora honrarlo.

Sí, todo proceso en la vida es nacer, crecer, a veces reproducirse, madurar y morir... y a pesar de que meses atrás notaba tu deterioro, creí que estarías conmigo un poco más, un año más, unos meses más, tal vez unos días más... pero ya estabas muy cansada, 14 años y medio de amor incondicional también tienen que transcender y hasta tus últimos días me hiciste feliz. 

"Bree, cuando te tengas que ir, que sea conmigo y en mis brazos" te decía mientras te abraza todos los días que pude abrazarte desde que te noté más decaída, incluso te dije "o dame una señal de que ya no puedes seguir aquí para que te ayude a partir sin dolor" y oh sí que lo hiciste. El viernes  27 de diciembre del 2019, te desmayaste de la nada, eso era inusual porque solo lo hacias con cualquier tipo de exaltación y ese día de la nada te desvaneciste y a pesar de que despertaste, volteaste a verme y ya no te pudiste parar. Lo supe con verte a los ojos, tú tiempo había llegado... necio yo que te pedía que te levantaras, "por favor Bree, levántate, todavía no te vayas, aún no estoy listo" pero tú ya lo estabas y ya no podías aguantar. Te cargué y perdiste el conocimiento en mis brazos, justo como te lo pedí. Dicen que el llanto de los vivos retiene a los que se van y tú regresaste de lo que pensé era tu partida. Pensé en llevaste al hospital, pero sabía y tú sabías. Te acosté en tu cama, que puse sobre la mía y me quede contigo viéndote sufrir en tus últimos momentos. De nuevo volví a pedir que no te fueras, "tú no, no me dejes, quédate por favor...", hasta que entendí. Minutos después y no sé con qué entendimiento le pedí a María, Vicenta y Daniel, mis muertos, que te vinieran a acompañar, que me ayudaran a que no sufrieras más, pedí y pedí y volví a pedir por que dejarás de sufrir y fue cuando tomaste una última inhalación, como si fueras a tomar impulso para un gran viaje y así fue... no volviste a inhalar y yo me quede con el corazón roto, vacío, en pausa y así me quedé 7 meses después de que te fuiste.

Ninguna otra emoción me permití, vivía agradecido de saber que los días eran iguales unos a otros, el resguardo de la pandemia fue mi guarida para no sentir nada y mi pretexto para no acompañar en el dolor a aquellos que dolor tenían, no tenía y aún no tengo las palabras para consolar a alguien, sino era capaz de ponerle nombre a eso que me tenía inmóvil, menos a acompañar a alguien más.

Sabes... el 4 de julio, llegó de manera abrupta a nuestras vidas una nueva mascota que quise desde que supe que llegaría a mi vida y justo con su llegada mi cuerpo y mi corazón necesitan ponerle nombre a eso que intente dejar dormido, inmóvil, muerto... la tristeza de no tenerte. 

El amor sana y mi nueva integrante vino a sacar ese dolor y tristeza de tu ausencia, a recordarme lo bonito de amar y gracias a todo lo que aprendí de ti, se que puedo hacerlo mejor porque me ayudaste a crecer. 
Sí, para muchos fuiste una perrita, una mascota, un animal... pero para mi fuiste mi mejor amiga. 
Siempre, siempre te voy a llevar conmigo BREE.
Gracias por tanto. 

 

domingo, marzo 08, 2020

No quiero ser como él...

Sé que debería empezar esta historia hace 35 años, pero para mí esta historia nace cuando cumplí 18 años.

Estábamos él, su amiga y yo en un restaurante celebrando mi cumpleaños 18. Muy consideradamente él lo escogió para mí, lo gracioso es que a mi no me llaman la atención los centros botaneros porque casi no bebo y menos en esos años, pero él sí, así que me llevo a celebrar a uno de sus lugares donde él podría beber y yo comer.

La platica con él ha sido en general muy fría
- ¿Cómo estás?
- Bien ¿y tú?
- También bien – y seguíamos la plática igual con las preguntas faltantes de
- ¿Y la escuela?
- Bien
- ¿Y el trabajo?... – mismo dialogo hasta la fecha.
Esa noche me quería regalar a mi mismo la versión de su historia, tenía la curiosidad a tope desde años atrás. Quería saber qué pasaba por su mente y sus recuerdos, quería saber cómo podía vivir con la conciencia tranquila así que le pregunté
- ¿Por qué le pegabas a mi mamá cuando era niño?-
Esa pregunta me la hice desde los 9 años, la primera vez que llegue a casa y encontré los vidrios rotos de la ventana que estaba junto a la puerta, el teléfono estaba roto y había sangre en el piso. Yo caminé despacio, con miedo, no sabía si alguien se había metido, pero al ver pasar a mi papá adelante de mi con la mano llena de sangre las conjeturas empezaron a hilar los sucesos. A tan corta edad y ya me daba por hilvanar sucesos, él rompió el vidrio con la mano y todavía estaba enojado. Busqué a mi mamá y la encontré al fondo de la sala, con la boca sangrada, desecha por dentro y tratando de ocultar lo que era obvio, era un niño mas no idiota, no me quiso enunciar lo evidente y le pregunté si él le había pegado, no me quiso responder, pero seguía con las conjeturas. Algo dije en voz alta, para que él oyera, seguro desde esa noche él supo de que lado estaba yo. No puedo decir a la perfección la realidad de los sucesos, la memoria me traiciona, pero lo que sí recuerdo es mi miedo, la sangre, el enojo de mi padre, el temor mezclado con tristeza de mi madre y mi odio, esas cosas jamás se olvidan.

Ante semejante pregunta él pareció sorprendido, como si hubiera hecho la acusación más ruin, como si lo hubiera llamado lo peor.
- ¿yo? Yo jamás le pegué a tu mamá, sería incapaz de golpear a una mujer - 
De pronto todos mis recuerdos y las anécdotas de mi madre en mi mente como un torbellino, esa noche de sangre y vidrios rotos, el miedo
– Papá, pero si yo me acuerdo de una noche en que estaba la ventana rota, tu lavándote la mano llena de sangre, mi mamá con la boca desecha –
Mi recuerdo infantil, mi vivencia quedó reducida a un
– Seguro lo soñaste, yo no le pegue jamás a tu mamá, no suelo ser violento.

Cerré la conversación, la cambié. Estaba tan indignado, un calor en mi estomago me tomó, fue tanto odio hacía él y su poca hombría. Yo estaba esperando un argumento, una explicación coherente más no una negación de lo que yo fui testigo. Esa noche algo se me rompió una vez más, ese ultimo pedazo grande que me quedada de una imagen paterna se me volvió pequeña, ya no había admiración, solo desconfianza.  Decidí agradecerle la vida que uso, el amor por los muesos, el hambre de música y parques, mi adicción al cine; también esa noche juré que jamás sería como él. Solo gratitud por lo bueno y también gratitud por su ausencia y decisiones erradas, esas mismas me hicieron ver la vida de otra manera, sin embargo con el paso de los años me seguí repitiendo  casi a diario: No seas como él.

Hoy a mis 35 años sin ser mi cumpleaños, en un desayuno con mi madre, ella me contó la historia de cómo mi padre fue su primer amor, su todo. Me habló de su trajín de una casa a otra a los 16, 17, 18 años conmigo en brazos y mi padre con su falta de visión pero su arduo trabajo. Me habló de su iniciativa para iniciar un negocio propio, de cómo consiguió clientes mientras mi padre la acusaba de enfermar a su mamá, mi abuela, que de tanto fumar y de tanto coraje se fue a enfermar ella sola; pero para mi padre era más fácil culpar a quien le deba todo el amor, porque de manera torcida lastimamos a quién más nos ama, porque bien sabemos que siempre nos perdonará… pero todo tiene un limite.

Solo bastó que mi madre me recordara como una amiga suya, una tal Beatriz, me hizo tocarle la panza para despertar mi memoria. Recuerdo como una mujer me hizo tocarle la panza, ella traía un suéter azul, algo me dijo, no sé qué fue, mi madre puso la voz a ese hoyo negro: saluda a tu hermanito. Después de eso mi mamá encontró a mi papá en la cama esa mal llamada amiga. Le reclamó, se enojó, perdió su autoestima. Ese hombre que le significaba tanto la hirió esta vez no solo a golpes, la hirió por dentro, le tomo tres años recuperar el camino y creer en ella de nuevo. Cuando mi mamá le dijo a su suegra que su hijo la había engañado, ella le respondió: es tu culpa, los hombre son hombres y así son… respuesta inverosímil en pleno siglo XXI, pero para una mujer que nació en un rancho de Nuevo León en 1929, no había otra certeza que no fuera esa.

No bastó de la infidelidad, mi padre intentó castigarla a mi mamá sin darle un peso. Ella un día se levantó se arregló y se fue a las 11:00 a buscar trabajo, mi madre se acuerda con una presión de la hora porque mi padre le preguntó
-  ¿a dónde vas?
-  A buscar trabajo.
- ¿A las 11:00am? ¡Por favor! si no sabes hacer nada, bueno hay me dices qué encuentras.
Ella se acordó que vio un trabajo de recepcionista, fue y ese mismo día se entrevistó con el que sería su jefe y le dijo que al día siguiente se presentará a trabajar. Al regresar a casa mi papá le pregunto con ironía
- ¿Ya tienes trabajo?
- Ya, mañana empiezo
- Ah muy bien, pero no te llevas el coche
- No te preocupes, me puedo ir en camión

Mi mamá un día se fue a buscar otra vida con nosotros, mi papá perdió la casa, el negocio, todo. Lo único que le dejó a mi mamá fueron las deudas porque ella como buena emprendedora, todo estaba a su nombre.

Dinero no recuerdo haber recibido de él, tal vez en los cumpleaños sí, y cada tres meses unos 500 pesos para mi hermano y para mi. Mi mamá estresada, nos sacó adelante con ayuda de su papá y su abuela y que decir de sus tres hermanos que para bien o para mal pero le ayudaron a ella a mi hermano y a mí.

En los primeros años de separación mi papá nos llevaba al cine o a los museos. Con el tiempo cada vez lo hizo menos y fue perdiéndose más. Él sabía que estaba del lado de mi madre siempre, mientras que mi hermano por su corta edad no tomó partido hecho por el cual mi padre tenía cierta inclinación hacía él, ojala hubiera sido mera casualidad pero mi certeza llego una noche que nos quedamos a dormir en casa de un amigo de él. Estábamos mi hermano y yo en una cama, sin novedad alguna él llego borracho, me despertó jalándome de la cama, me llevó a fuerza a la sala mientras yo le decía entre gritos que qué le pasaba, le grité que era un poco hombre y él fue de las primeras personas en llamarme puto, le contesté que qué pocos huevos tenía, que solo con alcohol se daba valor. Sus amigos no hicieron nada cuando se paró frente a mí levantándome la mano. Yo me paré, era más mi odio que mi miedo, estaba ya resignado a recibir el golpe, de pronto la voz de la dueña de la casa: si usted le pone una mano encima a ese niño se las verá conmigo. De no haber sido por esa mujer que se despertó por el alboroto, el lazo se hubiera hecho más fuerte en odio y rencor. Los tiempos son perfectos y yo seguido le mando una oración a ella en donde quiera que esté.

Cuando cumplí 15 años, llegó, me dio un abrazo diciendo que se compró una raqueta nueva y que no se podía quedar porque tenía que ir a jugar. Ese día deje de esperar su presencia. Si iba a su casa era para ver a mi abuela, que con el paso del tiempo dejó poco a poco los enojos y un día sin esperarlo, me dijo “te quiero” por teléfono. Años me tomó llegar a eso, cada vez que le hablaba le decía “te quiero” y nunca me respondía, solo recordar ese momento la piel se me eriza. Bendita ella y sus guisos, bendita ella y el amor que siempre me dio.

Suceso a suceso fui perdiendo la fe en mi padre, fui esperando menos de él, hasta el día en que me negó el pasado. Ese día algo se me murió por dentro, al inicio no hubo dolor sino odio, la imagen de una familia completa me hizo mucha falta muchos años, estuve tan enojado con él y también con mi mamá por otras cosas, pero la diferencia entre ella y él, es que ella a pesar de toda su historia ella se quedó y sigue conmigo. Solo con el tiempo aprendí a ver amor en lo bueno que él dejó en mí, pero aún así yo seguía repitiéndome que nunca sería como él.

Hay algo que siempre le he admirado a mi madre con todo y sus locuras: a pesar de todo el daño que mi padre le hizo, ella me insiste en que hablé con él, solo para saludarlo, para ver cómo está. Quiero a mi padre, pero aún tengo temas que trabajar conmigo sobre él, le agradezco su cariño sincero hacía mí y la aceptación sin cuestionamientos de mi vida. Hizo lo que pudo como esposo y como padre, no lo juzgo por ninguna de las dos, ya que como esposo no me corresponde verlo y como hijo, trato de entender que ha hecho lo que ha podido con la historia que trae por vida.

Hoy, gracias a la gran mujer que es mi mamá, he logrado resignificar el paso de mi padre por mi vida, ya no quiero no ser como él, voy a ser mejor, mucho mejor que él.
Y hoy sigo aprendiendo.

Gracias a la mujer que me tocó por madre.  

domingo, febrero 23, 2020

La historia más bonita que he vivido

¿Qué cuál es la historia de amor más bonita que he vivido?

Uy que pregunta tan interesante que me hace intentar acomodar los sucesos más bonitos de mis días y afortunadamente han sido más los buenos, creo que el Universo me ha dado muchos de esos para tomar fuerza cuando han llegado los duros y amargos. Pero no me dejes divagar, me distraigo fácilmente y pierdo el  hilo de la conversación.

Fíjate, una vez conocí a un hombre amante de las operas y Maria Callas en la fila para el pasaporte. Tuvo la valentía o atrevimiento de hablarme por mi nombre y darme su número telefónico. Salimos a cenar y resultó que íbamos para el mismo destino, mismo día y mismo vuelo. Sin lugar a dudas fue una historia bonita donde Barcelona y él nunca dejarán ser parte de mi.

O tal vez el chico que conocí mientras leía a mi autora favorita Ángeles Mastretta, en el Ángel de la Independencia, era tanto mi miedo a ser herido que apenas y recuerdo su cara, lo que si recuerdo con precisión fue su gesto galante y su seguridad al preguntarme por mi lectura, bendito el tiempo que me regalo semejante detalle y tonto yo que abrevié su paso por mi vida.

También podría contarte de aquel chico de Chihuahua, que a donde quiera que fuéramos nos paraban para decirnos que hacíamos muy bonita pareja. A él había visto en un tugurio insufrible de tanta gente, lo vi tan guapo y muy inalcanzable, pero no por mi su guapura sino porque había mucha gente y con tanta gente mis amigos y yo decidimos salir de ahí e irnos a un lugar mezcla de salón de XV años y tugurio para camioneros, eso sí, con más luz y menos gente. Para mi sorpresa él estaba ahí y ahora yo me arriesgue a hablarle; porque también hay veces en que yo he tomado la iniciativa, si las princesas de Disney cambian, por su puesto que yo también. Así que bastó darle un abrazo para iniciar una breve pero muy bonita historia.

Pero tienes razón, no te he dicho cuál ha sido la historia más bonita que he vivido y es que la verdad han sido varias las historias, tal vez un día con más tiempo haga un libro de todas aquellas veces en que el corazón se me paró en mitad de una escalera, al inicio de una vuelta de baile, con una sonrisa, en una borrachera... tantas historias inolvidables, pero también que pena, no he abreviado los amores y así te voy a espantar. Pues mira, pena sería decir que tengo 35 y una vida aburrida, así que tu sabes si quieres seguir escuchando.

¿Seguro? pues venga, ahí te va.

La historia más bonita no es la que parece sacada de una película o de la imaginación romántica de un soñador empedernido. La historia más bonita la viví en los días junto a él. Él que tuvo a bien dejarme la primera vez y yo a mal decepcionarle la segunda. Sí, estoy seguro, esa ha sido mi historia más bonita y no es por demeritar las historias anteriores, en sus momentos me hizo falta madurez y me sobraba miedo. Pero con él fue diferente, su manera osca de inicio me hizo querer averiguar más y más hasta que un día decidió dar su tiempo a otros quehaceres.
Pasó el tiempo, los amores, las decepciones, los problemas, los logros, los viajes hasta que una noche con una canción de Sam Smith su recuerdo revivió de pronto, esos meses a su lado regresaron uno a uno y lo contacté, él respondió y con un libro de Ángeles Mastretta como pretexto, nos volvimos a ver. Al abrazarlo y oler su cuello supe que aún había algo inconcluso, cuando uno abraza y el tiempo no corre hay un misterio que vale la pena averiguar.


¿Qué por qué fue la historia más bonita?
Por muchas cosas, porque como te decía, con él hubo menos miedo y más ganas de crecer. Fue mostrarme tal cual soy, fue mediar, aceptar sus fallas y que él entendiera las mías, fue conocer a su familia y que él abrazara a la mía, fue cocinar juntos, inventar recetas, viajar, ver otros cielos, pisar muchas arenas como la negra de Costa Rica, la blanca de Bacalar y la poca pero bonita de Calderitas, fue cambiar hábitos, pedir disculpas, aguantar sus desplantes y él mis abruptas conclusiones, fue gritarnos, enojarnos y abrazarnos en las noches, fue reclamarnos y empezar todo otra vez. Con él, el tiempo no importaba, bueno, sí importaba cuando llegaba el momento de despedirnos porque sabía que tendría que esperar a verlo 5 días donde haría lo que fuera por verlo, aunque fuera unos minutos y sabiendo que algo le molestaría lo que fuera, que si el cine, que si llegaba tarde, que si no le había avisado... pero estando juntos todo tenía sentido: la noche y mis sabanas, la noche y nuestras mascotas, la noche y los tacos, la noche y su abrazo. La mañana y el desayuno, la mañana y los guisos, la mañana y El Sarape. La tarde y el cine, la tarde de caminatas o la tarde de Netflix.

¿Por qué se termino?
Entre su memoria perfecta para bien y para mal, mis celos, mis arrebatos, su inseguridad y una mentira de mi parte dieron la mezcla perfecta para terminar. Yo abrí la puerta al mal y este nos mostró lo peor de nosotros y ahora estoy con la verdad ante mi, de mis fallas y carencias, no con él, sino conmigo. ¿sabes? no pude tener mejor maestro y compañero para pisar los lugares que pise y que cómo sé que fue la historia más bonita, pues resulta que un día íbamos caminando en el centro y nos tomamos la mano, desde ahí hasta llegar a la Diana Cazadora, jamás había estado tan feliz, tranquilo, orgulloso de tomar la mano de otro hombre sin importarme un carajo la sociedad, solo me importaba sentir su mano y reír con él, ah porque como reíamos. Cuando terminamos la relación él me dijo que la historia más bonita la había vivido conmigo y yo estuve de acuerdo, no pude tener mejor historia que la de nuestros días juntos. Pero estoy seguro de que el cariño no se gasta, ese crece con la suma del amor que se da y se recibe y quién sabe...

Porque él no se merece menos que toda la felicidad y el amor del mundo y yo no merezco menos que crecer en amor trabajando la felicidad diaria.

Bendito yo que pude conocer el amor con él.

1999 y las cosas que nunca me dije

  Y un día de 2024 sin querer me encontré en el mismo lugar de hace 26 años. Llegué al frente del edificio que ya se me hacía familiar, cruc...