sábado, octubre 11, 2014

No contigo ni sin ti...

Una noche Cinthia le escribió:

No sé qué hacer: perdonarte, buscarte, gritarte, aparecerme, escribirte por whatsapp, reclamarte... solo quiero decirte que estoy aquí, que te extraño, que me haces falta, que no sé como hacer sin ti, que cada vez que te creo olvidado hay algo que me hace recordarte de nuevo, que cada vez que te entierro apareces de alguna manera y me pones mal, ya no digo tu nombre ni cuando estoy a solas, si platico de ti no pronuncio las silabas que lo forman, cuento nuestra historia pero contigo como pronombre porque duele, duele saber que nos dejamos cada quien a su manera, que nos herimos.

Contigo me sentía segura, me sentía hermosa, deseada; verte al despertar era lo mejor que me podía pasar y pensar en nuestros fines de semana era lo que me movía, jugar a cocinar para ti, a ser dueña de tus platicas y tu dueño de mi futuro era lo único que necesitaba, ver la noche y no sentir frío, no sentir miedo, era estar segura, soñar con casarme contigo. TE ODIO porque no me he visto así con nadie, te llevaste algo de mi que no puedo recuperar, te pido que me lo devuelvas, le pido a la vida que me lo regrese, que me deje avanzar, que me ayude a dejarte atrás, que cada vez que me pregunten por mi soltería no piense en ti; juré dejarte atrás, pero no puedo... que alguien me diga qué hacer, no sé, te tengo en la garganta y no te puedo sacar. 

Regresa por favor, no he encontrado la paz que me invento todos los días celebrando el amor ajeno, disculpando mi soledad porque no ha aparecido el indicado que no sé si exista. 

¿Eres feliz? ¿ estás con alguien? ¿amaste de nuevo? ¿entregaste todo? ¿el mundo te renovó el corazón? 

Yo no, a mi no..

He caminado otros lugares, he visto otros cielos, he conocido otras manos y otras pieles y siempre regreso a ti, me estoy aferrando tal vez por culpa, tal vez porque fuiste demasiado bueno y todo lo invente yo, me gusta el drama, me gusta hacer todo más grande y creerme protagonista de cosas maravillosas... soy solo una simple idiota.

Regresa, perdóname, abrázame, dime que estás aquí, aparécete, dame señales de tu presencia, que soy alguien para ti, sin ti siento que no soy nada, te tengo atravesado en las lágrimas que escribo ahora.... 

Si te digo que me sentía insegura de merecer tanto y que buscaba un pretexto para dejarte antes de que tú lo hicieras, temía aburrirte y que te encontraras a alguien más divertida, eras más de lo que creía merecer... ¡eras todo!.

Buscaba un error, un simple detalle, un pretexto para dejarte, para no sentir esa necesidad de ti, esas ganas de sentir tu cuerpo, de besar tus lunares, Eras todo.

Regresa, prometo no exigirte nada, te prometo no cuestionarte nada, prometo dártelo todo, no tener miedo, prometo hacer lo que quieras con tal de que perdones mi inflexibilidad, regresa, solo eso, habla conmigo. 

Quiero ser feliz contigo o bien dejándote atrás pero no puedo ninguna de las dos.

Y él nunca lo leyó...

sábado, septiembre 13, 2014

Un regalo pendiente para la memoria del corazón

Ella hablaba con el cielo y lo obedecía en todo lo que él pedía, siempre fiel y siempre suya en todo momento.


La primera vez la vi fue por accidente, no era el tiempo ni el lugar pero dicen que un enamorado percibe hasta lo imperceptible y como dicen que yo siempre parezco enamorado supongo que así fue como la pude ver, detrás del telón de un teatro viejo y polvoso que poco a poco iba perdiendo la majestuosidad que una vez tuvo. Me basto desviar la mirada un segundo del pasillo lleno de maderas y escenografías viejas para saber que no estaba solo así que volteé y ahí estaba, hermosa con ese par de ojos que hablaban con solo pestañear y una boca que incitaba a ser escuchada, a ser recorrida con la lengua, toda ella estaba vestida para enamorar, su coquetería era hacerse el pelo para atrás y jugar con su sombrilla, se acercó a mí y me dijo que no era nuestro tiempo, pero que sería un placer aguardar hasta sentir mis manos, un escalofrío de muerte me recorrió la nuca.


La segunda vez que la encontré fue un día de muertos; estaba exquisita con sus mejores ropas y hablándole a todo el mundo, les contaba secretos y secretos quería a cambio, era el alma de la fiesta. Pude notar que había a su lado una mujer que no se le despegaba, celebraban la vida como si se fuera a acabar pronto, como si la media noche rigiera la hora de su partida. La mujer que la seguía se notaba débil, enferma, era evidente su esfuerzo por seguirle el paso a pesar de que esa noche era imposible seguirla, estaba impasible y no daba tregua a la felicidad de estar viva. Cada vez que podía besaba a su fiel seguidora, la abrazaba, la cargaba y le daba vueltas, tendrían que haberlas visto, tanta felicidad ofendía, daban celos verlas juntas, pero juntas eran una ironía, una jovial y bella, la otra remendada y cansada, pero por ese día siempre juntas. Se acercó a mí y el secreto que me contó al oído fue: aún no es tu tiempo, se paciente, llegará; acto seguido se fue a seguir viviendo como si le quedaran solamente valiosos minutos.


La última vez que la vi fue en un jardín con gente que algo celebraba  trayendo macetas con plantas y flores, no sé cómo llegué ahí pero en el aire se respiraba una tranquilidad incomoda, un duelo disfrazado de buenas intenciones de quien deja ir algo con las manos abiertas esperando que algo le sea devuelto a cambio: la paz. Me dio mucho miedo estar ahí, no podía consolar a nadie, no los conocía, puras caras ajenas a mi mundo con la única similitud de haber perdido algo. De pronto entre todos ellos ahí estaba ella, paseándose como si fuera una niña desconectada del mundo, sujetando su vestido por los lados y moviéndolo al ritmo de una canción que escuchaba en sus adentros, sonreía de manera fría, como si algo le hubieran robado, ya no estaba para enamorar y tampoco para contar secretos, solo vagaba entre los pilares. Para cuando me vio se acercó a tomar mi mano, yo tuve mucho miedo, pero la dejé hacer y es que me mostró una sonrisa que gritaba por todos lados tristeza, no pude negarme, ya para esos momentos el miedo me tenía congelado, acercó sus labios a mis oídos otra vez y me empezó a contar una historia, la suya.


Sé que piensas que esta es la tercera vez que nos vemos, pero te equivocas, yo ya te escuché una vez, ahora te toca a ti poner atención.
Yo la amaba como nada en esta vida, ella se quedó con mi mamá cuando me tocó la suerte de vestir de negro y nunca envejecer, yo tenía 31 años cuando empecé con esto, solo me dijeron que la única regla era no juzgar a nadie por ningún motivo ya que yo solo era transporte y no juez. Al principio me daba miedo, no sabía qué hacer o qué decir, si tenía que consolar como me hubiera gustado que lo hicieran conmigo o solo era llegar y arrastrar a la gente; era encoger los hombros antes todas las preguntas que estos me lanzaban, desde las fáciles hasta las más extrañas: ¿existe el cielo? ¿me llevas para allá? ¿duele? ¿que se siente? ¿me van a extrañar? ¿tuve una buena vida? ¿hice lo suficiente? ¿eres judía? ¿tú qué haces aquí si yo soy ateo?.


Con el tiempo entendí cuál era mi trabajo y lo hacía sin dudar, fui dura porque las lágrimas amenazaban con brotar, pero ya no pude con eso cuando tuve que llevar de la mano al primer niño que aparecía en la lista, tenía 4 años y su madre lo golpeó hasta el cansancio, estaba ebria, ni siquiera se dio cuenta de que ya estaba muerto cuando ella lo seguía pateando reclamándole la felicidad que le habían robado, yo estaba ahí apretando los dientes siendo testigo de esa masacre, no podía juzgar a la madre que ya le tocaría aprender en el mismo infierno que ella se estaba diseñando; yo me enfoqué en tomar la mano del niño aquel, te diría el nombre pero no lo pregunto porque una se encariña, lo levanté del suelo lo cargué para evitar que viera esa imagen de un cuerpo tirado en el suelo lleno de sangre, me lo llevé a un jardín, lo bajé, le limpié las lágrimas y los mocos tragándome las mías, me dijo que extrañaba a su mamá que dónde estaba, durmiendo, le contesté pero no me creyó, los niños de ahora no se creen nada, me dijo que sabía quien era yo, que para entonces ni yo misma lo sabía, pero el muy iluminado ya me había puesto nombre así de fácil, tú eres el ángel de la guarda y nos vas a quitar el dolor a mí y a mi mamí ¿verdad? más lágrimas en la garganta que tuve que volver a tragar para responderle que a partir de ahora todo sería luz y juego, que ya nadie ni nada lo iba a lastimar y que era hora de irnos porque nos esperaba alguien muy especial, besé sus mejillas y lo abrace antes de dejarlo con quien lo estaba esperando, el niño me dijo que se sentía feliz estando conmigo, a solas tuve que limpiarme su sangre, la limpié con mis lágrimas.


Así supe quien era yo, a través de los que llevaba con quien me los pedía, también así supe que cada fé tiene un espacio en el cielo y que el cielo lo administran todos los dioses que se nombran en la tierra; no creas que soy la única que hace esto, no me daría abasto, yo me encargo de una zona en particular así que me toca vestir de negro de a estilo afrancesado, no escogí yo este look tan elegante sino que es la manera en que la gente siente más confianza, menos miedo.


Pero no te espantes, aún no es tu turno; no sabes lo duro que es recoger a gente que ha luchado toda su vida y de pronto tener que decirles que esa batalla la han perdido y que me tienen que acompañar, lo duro que es decirles que tienen que soltar que no se pueden quedar y que si lo hacen serán seres que se irán perdiendo entre las sombras y que solo el hambre de luz los mantendrá vivos y lo que en un principio los motivó a quedarse se les olvidará con el tiempo. Mi hermana se está despidiendo ahora, le estoy dando ese lujo ya que fue ella la que se quedó con mi madre, la que la cuidó cuando yo ya no estuve, la que la consoló y la que fue su compañía, fue ella la que pidió las plantas y flores vivas en macetas, detestaba que las cortaran por mera vanidad, decía que una flor cortada tenía los días contados, creo que ella se sentía así, con los días justos por eso supo que pedir como despedida; no sabes lo duro que es tener que llevarte a tu hermana porque la venció el cáncer, juro que no fui yo sino el maldito cáncer, el consuelo que me queda es que ella ya cumlplió su objetivo en esta vida, la tarea es para los que se quedan y que tienen que apurarse porque cada segundo que pasa se acercan más a mí.


Bueno al parecer ya está lista, me tengo que ir…
La dama de negro tomó la mano de su hermana mientras que ésta puso su cabeza en su hombro altivo, se fueron platicando de no sé que cosas pero se iban juntas, se iban en paz, ya nada se debían.


Entregando los regalos pendientes para una Catrina muy singular y en memoria de alguien muy entrañable para ella.
D.E.P. Rosario Rosales Ayala.  

lunes, septiembre 01, 2014

Estoy Vivo

Hoy en día todo se enumera, en las encuestas nos piden que digamos que marcas valen más que otras, en la tv nos dicen cuales son las diez canciones más populares, en las librerías y las tiendas de discos nos dicen el ranking de lo más vendido, en la empresa donde trabajo me dicen que producto se vende más y cuál no, mis amigos han enumerado las mejores caricias y hasta algún chiflado me ha pedido que enumere lo que más quiero en la vida…


Andando en el tema de hacer un “top” me di a la tarea de hacer uno de mis mejores momentos en la vida, tal vez lo haga por querer enumerar mis triunfos personales para llegar a los treinta años más tranquilo, más en paz y con menos pendientes, tal vez es mi manera de decirle a los pocos que les puedan interesar que fui un ciudadano del mundo como se presume Eugenia León, que recorrí lugares, que me asombré con los paisajes y que si lo escribo es por miedo a olvidarlo.


Voy a nombrar esos momentos como vayan apareciendo en la poco fiable memoria de la cabeza y en la dañada memoria del corazón.


LA DAMA DE HIERRO.
La primera vez que la vi, estaba de muy mal humor en un lugar que no hablaban ningún idioma de los dos que digo conocer, iba cansado de un viaje en tren de 13 horas, exhausto de buscar una dirección en un país tan ajeno a mí como el francés y con un estrés de saberme solo con tres maletas que pesaban cada una 15 kilos y si por si fuera poco traía un herpes labial, a esas alturas de mi viaje deseaba estar más en Cancún que en la llamada ciudad del amor. Al salir de la estación Trocadero y caminar a la plaza que está entre el palacio y el teatro de Chaillot, me basto con quitar la mirada del mármol color arena y ver al fondo para descubrirla y darme cuenta de que estaba a nueve mil kilómetros de mi casa, que cada maldición valió la pena con tal de verla, el cielo era azul y el aire frío, había unas cuantas nubes pero nada para espantarse, fue respirar hondo y sentirme vivo, saber que estaba ahí para suspirar cuantas veces fuera posible, el chip de la vida se me recargó con saberme a los pies de la Torre Eiffel y su magia para todos los visitantes.


EN CHIAPAS LAS MONTAÑAS NO SON LO QUE PARECEN
Para llegar ahí tuve que tomar un camión a Ocosingo desde San Cristobal de las Casas y después tomar una combi que pasaba por una carretera que dividía la zona federal de la zapatista, en el aire se respiraba tensión, conmigo viajaban mujeres cargadas de flores, con niños que traían mapas de mugre y que no tenían idea de que estaban a la mitad de un conflicto,  hombres con sombreros estilo vaquero y la verdad a ese lugar iba por pura necedad ya que nadie tenía tours para llegar ahí e incluso muchos me recomendaron no ir, pero cuando mi dedo ya seleccionó un destino no hay vuelta atrás y ahí estaba viendo la pobreza, viviendo la austeridad y oliendo el miedo. Los alrededores se veían despejados a excepción de un par de montañas imponentes y que al parecer ahí se encontraba mi destino. Bastó con dar la vuelta a una de esas montañas para descubrirla, aún era incrédulo de lo que me esperaba, habíamos pocos visitantes y al decir pocos me refiero a que conté quince personas desde que llegué y hasta que me fui; empecé a subir la montaña que antes fue una pirámide de siete plataformas que albergo historia maya y sus tradiciones de dioses dormidos, inframundos latentes, astros que cuidan y otros que devastan. Al llegar a la cima de Toniná vi un cielo lleno de nubes blancas y grises, pude sentir la inmensidad, juro que sentí que el viento me decía que todo iba a estar bien, fui parte del paisaje y lo disfrute porque era mi lugar estar ahí, debía de estar ahí parado viendo lo que tenía que ver, fue dejar el vacío en el pecho y llenarlo con la certeza de que en el cielo siempre hay una respuesta, fue ver la cara de mi otro México, fue ver la desigualdad y la pobreza, fue saber la realidad.


EL RUIDO DE LA MEJOR MÚSICA
El siguiente momento es muy simple, fue en el centro del pueblo de Palenque Chiapas, fue su plaza principal con mucha gente disfrutando de la tarde, había sido un día muy caluroso y para las siete de la tarde había niños corriendo, gente vendiendo papas con chile, fruta y helados, había parejas en las bancas contándose secretos mientras que para mí bastaba la tranquilidad de saberme visitante en la cotidianidad de la vida de los que habitan ahí. Me senté en una banca debajo de un árbol muy frondoso y de pronto un ruido de pájaros anunció que estaban por hacer música, lo que no me esperaba ese juego alimentaría a toda la plaza, eran como los pájaros que se escuchan en cualquier lado al amanecer pero multiplicado por cien, no pude evitar sonreír dando las gracias por estar en ese preciso momento ahí, con la disposición para sentir hasta el más mínimo detalle, incluso al día de hoy con solo escuchar el ruido de algunos pájaros cierro los ojos y puedo verme sentado debajo de ese árbol en mitad de la plaza de un pueblo perdido en la selva.


LA CERTEZA DE SABERSE AQUÍ
Una vez tuve un choque en la carretera a Puebla, recuerdo que al primer impacto cerré los ojos y en mi breve diálogo con Dios le dije que si era mi momento me iba sin reproche pero que si no lo era que me dejara sano; evidentemente al escribir esto, Dios, el destino, la vida decidió que aún tenía pendientes por vivir y por contar, por eso después de cinco horas de salir ileso de la pérdida total que fue el coche de un imprudente conductor, celebré en un pueblo llamado Xochitlan en mitad de la sierra a 1200 metros sobre el nivel del mar, donde desde la iglesia de la Virgen de Guadalupe se podía ver la inmensidad del paisaje y justo ahí entendí por qué salí vivo del accidente, fue para no perderme ese momento, esa sensación de ser grande pero sobre todo de confirmar que estaba vivo.


¿CUÁNDO FUE LA ÚLTIMA VEZ QUE DIJISTE “ESTOY VIVO”?
Cuando uno enuncia esas palabras es porque sabe que cosas buenas están pasando, y es que esa vez las dije con todo el aliento que tenía y con todo mi cuerpo. Estaba bajando en patines hacía el sur por la calle Parlament en Toronto, Canadá, me dirigía al lago a las siete de la mañana, el sol estaba saliendo e iluminando las calles con esa luz que torna todo dorado, la vida estaba despertando junto con él, la gente salía a hacer ejercicio o regando las flores, las cafeterías olían a promesas por cumplir, el arte urbano le daba personalidad a la calle, el sonido del tranvía, los murmullos… terminé en el lago sentado en la arena rodeado de gaviotas, viendo el lago y como la hierba roja crecía al ritmo de la primavera, era el sonido del agua golpeando en orilla, el aire acariciando a los árboles aún vacíos de hojas, eran las gaviotas las que me recordaban que estaba ahí y que no era un sueño, que me había ganado mi derecho de ser feliz y de pronto enuncié las palabras uno debería de decir como dice hola o buenos días, por primera vez en mucho tiempo no dije sino grite en español para sorpresa de los que limpiaban la playa, ESTOY VIVO… lo repetí hasta el cansancio, como si estuviera cantando una canción que supiera desde niño y que había olvidado, estaba ahí y simplemente vivo escuchándome a mí mismo repetir lo que mi cuerpo gritaba



LA IMPOSBILE ENUMARCIÓN DE MOMENTOS
Una ocasión llovieron flores en mi jardín, otra mi madre y hermano llegaron a verme a Florida, unas veces mi familia, otras mis amigos y unas más mis amores, momentos y felicidad como pan y vino, pero uno de los momentos que más he sentido en el alma fue ver a mi abuela en el aeropuerto esperándome con su cabeza rapada y su pashmina cubriendole la ausencia de cabello, yo llegaba de un sueño que parecía roto por la noticia de que ella estaba enferma de cáncer y con los peores pronósticos, ya se hablaba de una quimioterapia muy fuerte de color rojo y de que no aguantaría. Cuando me enteré en Canadá que estaba enferma, me enoje mucho, ¿qué más tenía que sucederle a esa mujer que a lo largo de su vida ganaba para perder y volver a comenzar? le dije a Dios ¿qué qué más quería de ella? ¿qué otra lección tenía que aprender?... En fin, regresé con el ánimo y los sueños por los suelos cuando al ver esa cabeza cubierta y esa jovialidad supe que hasta en las peores esa mujer no se despegaba para nada las ganas de seguir entre los vivos, entre los que la amamos.


Casualmente empecé este escrito hace una semana sin saber qué fin tendría esta historia, hoy lunes 1ro de septiembre me dicen que la mujer que casi un año atrás me recibió en el aeropuerto ¡Está sana! su lucha tuvo un sentido y un fin, tuvo oraciones y buena vibra, tuvo dolor y a la vez fe, amor y más oraciones, creo que esas nunca fueron suficientes.    
El saber que la gente que me rodea tiene las ganas y la disposición para seguir tocando mi vida es lo mejor que puede pasar..

Hoy vuelvo a repetir ¡ESTOY VIVO!

#nomascancer #NoAlCancerDeMama #luchadora #mujerestrabajando #mujeres

viernes, agosto 22, 2014

Una Lucha sin Descanso

Para Irene Pizarro Moreno.

No te duermas, no te duermas, ¡no te duermas! Se decía, se pedía, se exigía y hasta se gritaba Inés para permanecer despierta y no cerrar los ojos; repasaba los pendientes del día siguiente y del siguiente, de la semana próxima y de lo que le gustaría hacer dentro de un año. Se acordaba del ajo que no tenía en la cocina y hasta planeaba el viaje a Moscu y su Plaza Roja, San Petersburgo y el Museo del Hermitage.

En el día Inés era la más solícita en casa, aun dirigía algunos pendientes del trabajo desde la alcoba y era casi tan eficiente como cuando dirigía el departamento de Recursos de Humanos en su oficina; aún tenía a su cargo a ocho empleados en la oficina y a quince sucursales mandándole correos, mientras la señora Hilda le preguntaba que qué harían de comer para ellas y para dos nietos a los que medio cuidaba porque también la señora Hilda le ayuda con esto, Ines no estaba en condiciones para mandar al mundo desde su cuarto y mucho menos cuando tenía una quimioterapia cada quince días. 

Lo peor que le podía pasar a Inés era que llegara la noche, exactamente la hora de dormir, esa hora en que los ojos peleaban con desesperación por no cerrarse, se negaba y no era para menos.

Cuando su doctora le dijo que tenía cáncer le pidió que arreglara todo lo arreglable, ella pensó en lo peor, pero lo peor supero su pensamiento y aparte de la noticia del cáncer le dijo que a lo mucho le quedaban dos meses de vida, - Inés, no hay nada que hacer, los estudios no dan para más – Inés convirtió en 61 días la sentencia de la doctora y reparó que en ese tiempo tenía que hacer la repartición de sus precarios bienes, los seguros de vida, sus hijas, sus nietos y la película 
que tanto querían ver y que se estrenaría en tres meses, tres meses que no le cabían en sus 61 días...

Inés contra todo pronóstico decidió tomar el tratamiento y no el paliativo que le recomendó su doctora, sino el que la dejaría más cansada, el tratamiento que le acabaría el cuerpo pero no el ánimo y mucho menos la decisión de salir adelante. 

Cambio a la doctora por uno que creyera en que era cosa de voluntad y no solo de resultados de laboratorio. Al día siguiente de la noticia tomó la primera quimioterapia, a los quince días la segunda; el cuerpo le dolía, el asco por la comida era mucho, las ganas de quedarse en cama eran todo lo que quería, el morir le parecía lo más probable pero no lo que se permitiría. – Verduras, y si las vomito más verduras – no dejó de hacer ejercicio, pero en vez de correr los cuarenta minutos diarios, pasó a hacer sólo tres en la caminadora como todo un reto y un logro de campeones, decidió abrazar lo que se puede abrazar el triple de veces, abrazar hasta cansarse fue su deber, abrazaba sin permiso y sin aviso a los nietos, a las hijas, a los yernos y quien se dejara.

Antes de la tercera quimio empezó a probar todos los tratamientos alternativos habidos y por haber: hierbas, vitaminas, gorgojos, reiki, meditación, medicina china tradicional, acupuntura, hipnosis y hasta la musicoterapia, ¿qué no hizo ella con tal de seguir caminando entre sus vivos? De todo, excepto irse a Cuba o más lejos, pensaba – si me he de curar que sea aquí con las manos de los que quiero cerca de mi corazón, donde pueda tocarlos en caso de que no sea remediable esto que dicen que es irremediable – 

En la cuarta quimio no pudo levantarse, por primera vez desde que le dijeron que solo tenía dos meses de vida, sintió miedo y no por que las piernas no le respondían, sino miedo porque olía a la muerte cerca, a tres días de llegar a los sesenta y uno que ella estableció como meta a superar, sintió a la muerte susurrarle al oído y al cerrar los ojos para tomar fuerzas creyó haberla visto. Pidió que la llevaran a casa porque estaba segura de que lo que le fuera a pasar, le pasaría en su terreno, en lo que conocía y en lo que amaba. La llevaron a su cama y ahí sintió como se desprendía de a poco de su cuerpo, el miedo le hizo abrir los ojos, gritó con desgana y disimulando el pánico pidió que la llevaran al baño, se duchó como pudo y al regresar a la cama se dijo, se exigió y se gritó - No te duermas, no te duermas, ¡no te duermas! - Permanecer despierta era su tarea, porque sabía que si los cerraba se le irían los recuerdos y las fuerzas para abrirlos de nuevo.

Inés no se durmió, llegó al día sesenta y dos viva, llego a su meta como si hubiera corrido un maratón donde el premió era saberse con vida, ¡llegó! lo logró, esa noche durmió como nunca antes lo había hecho, durmió segura de que todavía le quedan batallas por pelear.

385 días después de que le dijeron que solo le quedaban dos meses de vida, Inés sigue sin saber cuanto tiempo extra tendrá su guerra personal, lo que si sabe es que no podrá dormir los días en que tenga un pendiente en la cocina, un viaje que programar y personas por abrazar, más no por la preocupación de seguir viva.

Si la haraganería no es cosa del cáncer, ¡de ella tampoco!.

domingo, julio 27, 2014

Para Olga


Estaba sentada en medio de la sala, con una camisola roja a juego con los zapatos, pensando en la vida, en como habían iniciado las cosas, su primera travesura, su primer regaño su primer beso y la primera vez que se estremeció; se miró las manos y ya no se acordaba en como fueron a sus cinco años, pero podía jurar que habían sido hermosas.


Le dio por recordar las carencias de su infancia, sus anhelos, en como soñó con un padre menos ausente y en cómo aprendió a amar lo que la vida le iba poniendo. Se acordó de una tía con mucho dinero y su viudo corazón, ella le había enseñado a encerar y pulir al igual que tallar y tender. Le tocó ver un DF sin pavimento y con el río Churubusco vivo sin ser tapado, se subió en los tranvías, vivió lo mismo en Nativitas que en Portales, también vivió en la colonia Condesa en su plena majestuosidad sin tanto comercio y con menos alboroto.


Volvió a extrañar a su madre y se apenó por como la hizo repelar con sus escapadas y sus contestaciones y es que ella no había nacido para que la mandaran, suficiente con obedecer a la suerte y desafiarla de nuevo para construir destino, su destino; si su madre le cerraba la puerta, ella brincaba una barda, si le decían una hora llegaba a otra y mientras le daban sus nalgadas ya estaba pensando en como escaparse al otro día para evitar el castigo del encierro.


Cuando tuvo a sus hijos entendió el esfuerzo y el trabajo que cuesta criarlos, dejó de reprocharle a su madre que a pesar de que estaba sola y no tenía los suficientes ingresos, siempre permitió que su esposo llegará y le hiciera cariños que siempre terminaban en otro hijo hasta que llegó a ocho, hubo un punto que a la quinta hija tuvieron que ser separados para que alguien se pudiera hacer cargo de ellos, unos tantos con una tía y otros con otro tío esa vez fue dejarse llevar por el destino y pedir que la suerte estuviera de su lado.


Esas fueron las constantes de su vida y hasta en su primera boda se acordó de la mala suerte que tuvo al no ver las manías del hombre raro al  que escogió pero que de todas maneras le agradeció al destino haberlo conocido porque le dio cuatro hijos como si fueran el mejor de los regalos.


Pensó en lo afortunada que fue a pesar de los múltiples errores de unos, el pésimo carácter de otros y el alejamientos de los demás, pero pese a eso, ahí estaban, siempre al pendiente desde su trinchera, una al sur, otra al poniente, otra al norte y uno más al centro buscando su camino, como le daba gracias a la vida por estár presente en sus vidas como testigo de sus errores y aciertos.


Extrañaba a un hijo que se le fue lejos, le gustaba pensar que estaba en otro país viviendo una vida mejor, lejos pero pisando esta tierra aunque la verdad no era así, ese quinto hijo de su segundo matrimonio había tomado un tren al cielo pero en ese día se sintió feliz porque al fin lo había dejado libre, ya no le guardaba rencor por habérsele adelantado, con suerte y en su momento un día lo vería.


Así estaba en medio de su sala vestida de su color favorito cuando salió del recuento de lo que había sido y era su vida. Abrió más los ojos y se dio cuenta de que ahí estaban cuatro hermanas de seis y su único hermano; ellas eran sus amigas, sus complices, sus compañeras. Ahí estaban los hermanos que estaban siempre cuando algo necesitaba, dando gracias a las que le llevaron de comer cuando no tenía ganas de hacerlo, las que se quedaron con ella cuando el corazón se le salía del pecho y las que siempre sostuvieron su mano a lo largo de toda su vida, hasta las que no estaban también las vio ahí, en mitad de sus recuerdos a pesar de las peleas y los disgustos fueron parte de su historia.


Abrazó a sus nietos, los presentes y rezó por los ausentes, no siempre se puede tener todo decía, con saberlos vivos y sanos le bastaba para quererlos como a los mismo hijos. Se acordó  de como le cantaba a uno la de los ojos mexicanos de Juan Gabriel y a otro con tal de verlo cruzaba la ciudad completa, con uno se sentía en deuda por no haber pasado tanto tiempo con él, pero así las cosas, abrazaba a los que podía cuando se podía aunque ellos no quisieran.


También estaban las hijas que pudieron y quisieron ir, con las que estaba agradecida por su presencia y su ayuda, cada una a sus modos pero ahí, junto a ella.


Estaban también los yernos, los consuegros, los sobrinos y las amigas, dio gracias por oir sus pasos y sus palabras, por ser parte de su memoria, su destino y su suerte.


De pronto su esposo, el segundo, tocó su hombro y se recargo junto a ella, estaba cansado de atender a las locas de sus hermanas, a sus hijas, de jugar con el nieto, de preparar micheladas y de andar de la cocina al comedor. Ella lo vio y pensó en que no solo era su esposo, era su compañero de vida, el humano falible, al que perdonó, con el que compartió la pérdida más grande y que para dicha de los presentes seguían vivos celebrando los años y los momentos; dio gracias que estaban aún en condiciones para sumar fechas y recuerdos, todavía la vida los quería para ser testigos de todo lo que pasaba en su mundo, se sintió afortunada por la presencia de ese hombre que dormía todas las noches junto a ella y sonrió.


Una de sus hijas le preguntó que por qué sonreía sola, que si era de ellos o con ellos, a lo que ella respondió: con la vida hija, me rio con la vida.


En la vida hay cosas que uno elige, situaciones a la que uno llega por destino y otras por azar. Hay situaciones que uno persigue, busca y ocasiona, hay momentos que uno no pide y otros que se anhelan, también hay personas que entran y otras que salen, hay recuerdos y cosas por vivir, pero ella a pesar de tanto ir y venir de sumar y restar, estaba feliz siendo testigo de su propia vida.


¿Cómo resumía su existencia?


En puro amor...

#celebrando #abuela #mujeres #mujeresSinmiedo #mujeres #mujerpublimetro

viernes, julio 04, 2014

5 años y 6 meses

Despertó como si hubiera dormido una siesta de un par de horas, puso un concierto de violín que estaba junto al estéreo, le costó llegar hasta allá y es que las piernas no lo dejaban, eran un par de extrañas con vida propia que no escuchaban a su cerebro, se metió a la ducha y se quitó el hedor a sábanas de su cama que le parecía tan ajena a él.  Mientras las cuerdas sonaban  en las bocinas él sentía una melancolía más grandes que el hambre.


Se alistó para salir, sacó un poco de dinero de su gaveta y tomó una carta que decía “Para cuando despiertes” con letra elegante y precisa, no la quería abrir en ese cuarto tan serio y tan blanco, tenía ansias de luz y ruido. Paró un taxi y se fue al parque más próximo que a pesar de que estaba muy cerca no estaba seguro si las piernas le respoderían como debían. 

Entró al parque, puso en su oído derecho un audífono tocando Infra 5 de Máx Richter, todo le parecía un sueño, se paró y miró a su alrededor: árboles húmedos por la lluvia que seguro cayó en la madrugada, el aire era fresco, había unos cuantos niños riendo jugando con sus madres o abuelas, el cielo era de un gris claro que dejaba entrever unos tenues rayos de luz pálida. Todo le parecía un milagro, podía sentir en la lengua la humedad del día y las manos el aire, las piernas le fallaron y cayó de rodillas sobre el pasto frío y lo tocó como quien resucita de la muerte, lloró al ritmo de los violines y la música desordenada de ese compositor tan poco ordinario, ¡estaba vivo!, no recordaba esa sensación, toco un árbol y escuchó con el otro oído a los pájaros cantar, se preguntó si estaban jugando o peleando, daba lo mismo, se oían tan vivos y tan cerca que poco le importó el motivo, se sentó en una banca como si fuera un trono, se sintió dueño de ese momento, de esa vida y de esos colores. Empezó a reír con euforia, sentía que no podía parar de reír y no entendía porqué lo hacía, solo tenía la necesidad de hacerlo, su psicólogo lo hubiera tachado de bipolar, pero sus lágrimas fueron de felicidad,su risa de alegría, no cabía en si mismo de tan feliz que estaba.


En su celular adelantó la canción y puso Spring 1 del mismo compositor y metió su mano a la bolsa de su sudadera y sacó el sobre leyendo la carta que estaba dentro.


Hola Andrés.


Supongo ya estás despierto, anoche estabas muy borracho y tomaste muchas pastillas para dormir, me di cuenta de eso al ver la caja vacía, te grité y te pegué y rece porque no te murieras, no me despegué de tu lado ni un segundo. No creo que te acuerdes pero en tu borrachera me dijiste cosas horribles y humillantes y no por muy humillantes que fueran dejaron de ser ciertas, me heriste de gravedad, pero nos liberaste a ambos. Me sorprendió que supieras y que me gritaras que son 5 años y 6 meses los que llevamos juntos, pero me sorprendió más el que uno de los dos aceptará que fueron los 5 años y 6 meses más enfermos que se pudieron tener, yo que juré que tanto te amaba, al verte tendido sobre la cama temiendo que te murieras pensé en que si estaba contigo era porque no quería estar sola y que si estabas conmigo era porque te daba pavor imaginarte dormir tu solo en una cama tan grande, me dijiste tanto y de una manera tan triste, ¿tanto mal te hago que te emborrachas cada ocho días y encima parece que te quieres librar de mi aunque sea muerto? Si no me dejas es porque no quieres herirme, ¡ya estamos muy heridos Andrés!, si estás leyendo esto es porque ya me fui, te dejo las llaves, el dinero del mes donde siempre y las cosas del departamento si las vendes quédate el dinero, yo no quiero nada tuyo ni de ambos, me quedo el daño para poder sanar y encontrar el camino, te deseo lo mismo y por favor no te mueras, que si te mueres le haría falta algo a mi historia.


Vive la vida que quieres que ya no estamos para estancarnos en relaciones que nos ahogan.


Bibiana R.


Andrés se quedó en la banca sintiéndose solo pero libre, sin rumbo pero vivo, ya tendría tiempo de ingeniárselas para dormir solo, mientras escuchaba un Vivaldi recompuesto, unos pájaros y la risa de sabrá Dios cuántos niños. Con eso tenía para un nuevo comienzo.


Y así se despidió de Bibiana, su relación de 5 años y 6 meses.


#soltero #relacionesquematan #dejarir #rompimientos #renacer #soltar #adios #separación

jueves, mayo 29, 2014

La magia de las orugas

Hubo una vez un niño que creía en todas las historias que le contaban, como la vez que le dijeron sus hermanas que si alguien regala una rosa ésta puede durar meses y hasta años sin perder ni un solo pétalo siempre y cuando haya amor de por medio o como olvidar la que le contó su amiga de la escuela, la del gato feo que le cantaba a los peces para que fueran siempre sus amigos, por eso ella le cantaba todos los días, también se trago el cuento de su tío el hippie que le decía que si amaneces con una persona a tu lado esa persona se quedará contigo para siempre, por eso cuando dormía en casa de sus tíos se esperaba a abrir los ojos hasta que su primo se levantaba de la cama para que no fuera él ni su olor a pies rancios los que lo acompañaran por siempre. Al niño la que le causaba mucha gracia era la del señor que recorrió el mundo entero en patín del diablo persiguiendo a una mujer sin chiste y que su única gracia radicaba en hacerlo reír de oreja a oreja tal vez  porque era hija de un cirquero, pero la verdad era que ella estando con otras personas no tenía ni una pizca de personalidad, era aburrida como una sopa de letras sin letras, pero con el patinador era otra la pinta de los días, por eso se empeñó en seguirla por todo el mundo hasta que el padre de la simple, le diera su permiso para casarse; está se la contaba su padre. De todas las historias que había escuchado su preferida era la que le contaba su abuela viuda, la de las orugas. Ella decía que cuando uno siente mariposas en el estomago no son más que orugas que se alimentan de las emociones que generan otras personas y más si hay una en particular que te hace reír con sus locuras, que te hace creer que la luna es de queso y que se la pueden comer entre los dos y que cuando se está contento con esa persona las orugas suben por la garganta y al momento de decir algo con sentimiento a esa persona sale el gusanito convertido en mariposa. La abuela le contaba que bastaba ver a las parejas para darse cuenta de esto porque cada vez que hablaban ¡puff! una mariposa, si cantaban una canción de amor ¡zaz! otra mariposa, un beso ¡traz! más mariposas; la abuela decía que esas personas no tenían miedo a que se les acabaran las orugas porque estando con la persona correcta éstas siempre saldrían.

El niño quería crecer y sentir las orugas, el juraba que cada vez que hablaba con la abuela y con sus mamá salían mariposas, tanto creía en esta historia que cada vez que se iba a dormir con esa exitación de haber tenido un día mágico, al momento de dar el beso de las buenas noches a su madre y decirle “te quiero”, el niño se tapaba la boca para poder atraparlas y poder verlas. En los días más excitantes creía que las alas eran de colores intensos: rojo con verde esmeralda, azul eléctrico con motas naranjas, pero él aún no veían nada por eso le preguntó a la abuela el ¿por qué?, si lo que decía lo enunciaba desde el estomago pasándole esa emoción por el pecho hasta salir por la boca, la abuela le explicó que eran cosas de la edad, como estaba chiquito lo que el tenía eran orugas diminutas que se escapaban fácilmente entre los dedos; el niño se quedo tranquilo deseando crecer para poder ver sus gusanitos convertidos en mariposas grandes y hermosas.

Él creía en este cuento porque siempre que su abuela estaba en el jardín las mariposas la rondaban, más las blancas, cuando le decía esto a su mamá ella le contestaba que era porque su abue estaba llena de puro amor, el niño estando en el jardín rodeado del aroma de las flores de los árboles,las macetas de barro escurriendo agua y el suelo oliendo a tierra mojada, creyó aun más en la historia viendo a su abuela descansar después de regar, estaba a la sombra sobre una silla de mimbre y como era costumbre las mariposas revoloteaban cerca de ella, el niño no pudo aguantar su curiosidad mezclada con emoción y le preguntó ¿por qué siempre estaban cerca de ella si está sola y no hablaba con nadie?, también le reprochó que él siempre dice cosas sinceras y bonitas a la gente y nada, solo micro gusanos apestosos y escurridizos que ni a mariposa llegaban y ella callada con mariposas blanca y naranjas a su alrededor; la abuela le respondió que la envidia mata a las orugas, que tuviera cuidado y que las mariposas blancas no eran de ella, esas eran palabras bonitas que le mandaba el abuelo desde el lugar donde se encontraba y cada vez que veía una ella le decía gracias con el corazón y te amo con todo su cuerpo por eso siempre las mariposas la seguían, era su manera de comunicarse con el abuelo, así no lo extrañaba, esos animalitos la mantenía viva y llena de amor.

El niño lo entendió todo a su manera infantil de ver las cosas: él tenía amor por dentro que iría creciendo y su abuela era mágica por comunicarse con el abuelo usando a las mariposas como mensajeras.

Una día su hermana mayor lo encontró triste y al preguntarle el motivo de su estado de ánimo el niño le respondió que había sido porque las flores que le dio su novio a ella hace una semana estaban marchitas y en la basura, por lo tanto ya no la quería o bien, los cuentos son una porquería, su hermana intentó explicarle que se amaban pero su hermanito no quería escuchar diciendo que los cuentos no son reales que aún habiendo amor las flores no duraron ni una semana y que tampoco había mariposas, solo se la pasan llenándose de baba el uno al otro, ella sonrío y le dijo que lo que estaba en la basura eran las plantas que acompañaban las flores, le pidió que le trajera el libro que estaba sobre el tocador de su recamara, el niño trajo del lugar señalado un libro grueso y pesado, al momento de abrirlo no tardó en encontrar las flores, la hermana le dijo, acuérdate lo que dice el cuento, cuando hay amor de por medio las flores pueden durar más de un año sin perder sus pétalos, velas aquí, están completas; no pierdas la fe en los cuentos, esos dan magia a la vida, no te desilusiones tan chiquito, ya tendrás tiempo para eso cuando crezcas, mientras disfrútalos; antes de irse a su recamara, su hermana recordó lo importante que eran las orugas para él, así que le dijo que si no veía las mariposas cuando ella estaba con su novio llenándose de babas era para no dejarlas escapar y que no se dieran cuentas sus papás de que su novio había estado en la casa, ¡imagínate si ven a una mariposa dentro de la casa!

El niño se quedó tranquilo y con la fe repuesta.

Con forme creció se dio cuenta de que el mundo se empeñaba en demostrarle que los cuentos, cuentos son y que la realidad no tiene chiste y menos algo de mágico, pero él se aferraba a su modo.

Cuando el niño entró en la preparatoria seguía atesorando la metáfora trasgiversada de las orugas que su abuela le contaba, la guardaba porque seguía siendo testigo de como esa mujer seguía usándolas como mensajeras para comunicarse con su difunto esposo, él sabía que eso era cuento al igual que del gato feo que le cantaba a los peces que le contaba su amiga que ya para estas alturas había cambiado las canciones de niños por canciones de Coldplay y Frank Sinatra, ella le quemaba discos compactos con listas de canciones muy variadas, tanto que no se podía etiquetar un genero en sus discos. Los años de la prepa se pasaron volando y una semana antes que ella se fuera a una universidad del norte del país, le confesó que el cuento siempre se lo contó mal, le dijo que el gato no le cantaba a los peces para que fueran amigos, les cantaba con la esperanza de que un día se enamoraran de él, pero eso nunca pasó a pesar de que el gato les pidió desafinado “Fly me to the moon and let me play among the stars…”, el niño que ya no era un niño se quedó atónito, no supo que hacer ni que decir, ella se limitó a decirle que no se preocupara, que los peces nunca lo entendieron porque ellos eran peces y el un simple gato feo, le pidió al niño que siempre fuera su amigo a pesar de la distancia y se despidió de él.

Cuando el niño llegó a su casa pasó de la confusión a solo sentir como se iban muriendo esas orugas que tenía dentro, era como si fueran desapareciendo dejando un gran vació cada vez que una hacían ¡puff!. Al día siguiente su cuerpo se movía porque tenía que hacerlo, comía porque su madre lo obligaba y extrañó la voz de un simple gato que le cantaba al agua esperando que un pez saliera; aceptó que jamás le había parecido feo y se dio cuenta que le era necesario, ¿cuántas veces le había contado de otras chicas y de la decepción de no sentir las mariposas que él esperaba?. Ella era la única que sabía de ese cuento porque si lo contaba a otros lo tomarían como un desviado. Ese gato lo que había despertado con su voz había sido a las orugas en su interior y sin ella no podrían vivir.

El niño tomó la decisión de cambiar de universidad dejándolo todo por la que le mantenía vivos los gusanos. Dos días antes de que ella se fuera a su nueva vida, él le marcó del móvil poniendolo cerca de las bocinas de su coche; cuando ella contestó sonó una Paloma Querida al estilo de Natalia Lafourcade “me encontraste en un negro camino, como un peregrino sin rumbo ni fe y la luz de tus ojos divinos cambiaron mi suerte por dicha y placer, desde entonces yo siento quererte con todas la fuerzas que el alma me da…”el niño le dijo que la esperaba afuera de su casa si es que a ella aun le interesaba cantarle a los peces, ella así lo hizo y al tenerlo cerca recibió una rosa con el cuento de las flores que duran para toda la vida; esa noche hicieron el amor con los nervios de la primera vez a pesar de que no lo era para ninguno de los dos, fue como el cuento del tío hippie y a pesar de que no eran la primera persona con la despertaban, estaban seguros que si eran las personas con las que se quedarían por muchas mañanas continuas.

Días antes de la boda, el papá del niño se quedó a solas con su futura nuera, la mujer que le cantaba a los peces, este le platicó que cuando conoció a su esposa él la siguió por siete estados del país en un vocho desvencijado, su suegro que estaba metido en la política no lo quería porque creía que era un vago lleno de puros sueños y casar a su hija con ese no le traería ningún beneficio y por más que le presentaba a los hijos con los apellidos más importantes del país su hija no mostraba algo de gracia, ni una risa de compromiso, ella solo brillaba cuando estaba con el dueño del coche que se descomponía a cada tanto y que justo iba por darse por vencido cuando ella llegó a su casa con maleta en mano diciéndole que se casaban ese mismo día o su papá lo mandaba matar, no lo pensaron y se casaron por la única ley que el padre no le convenía desacatar. La nuera que se había inventado la historia del gato entendió que el cuento del cirquero era el cuento de sus suegros; supo que cualquier realidad sabe mejor cuando se aderezado con la magia de algún cuento aunque no sea del todo verdad ni todo mentira.

Varios años después de la boda llegaron los hijos que crecieron con los mismos cuentos que sus padres más unos nuevos, todo con tal de continuar con las noches de sueños, de magia y una pizca de esperanza de que todo es posible. A pesar del tiempo y los cambios el favorito de toda la familia era el de las orugas en las entrañas y es que hasta el día en que murió la abuela ésta estuvo rodeada de mariposas de muchos colores sin faltarle nunca una de color blanco que le decía al oído cuanto la amaban, tal vez por eso nunca se le vio triste. El día del funeral todos los que fueron testigos del cuento, soltaron mariposas blancas y de colores para decirle cuanto la iban a extrañar, gracias y te amo, la abuela se fue en paz.

El niño al día de hoy sigue contando cuentos y sintiendo orugas.

Bendita la magia de las historias ajenas. 

viernes, mayo 02, 2014

Adiós a Lenin

Vengo pensando en escribir esto, mejor dicho escribirte, porque sabes bien que él único que puede entender esto eres tú. Hago otra acotación, no creo que lo entiendas ni lo quieras hacer, pero por si un día por error piensas en el pasado o en mí te dejo estas líneas.

Tengo miedo de seguir tecleando y como siempre, cada vez que tengo enredado el corazón los dedos intentan ayudarle, aunque esta vez creo que es más difícil de lo que creí porque no es confesarte a ti, es confesarme a mí mismo cosas, lo hago por los dos, lo hago para mí mismo.

Enero fue el mes de nuestro inicio y de ese ya tiene 14 años, ¿te acuerdas cómo fue? Yo tengo vagos recuerdos, la memoria se empieza a descomponer por más que uno se aferre, el pasado se va deformando a su antojo y otras veces a nuestra conveniencia, no me acuerdo dónde te conocí, ¿fue en Plaza Universidad o en el Parque Hundido?, esos lugares son emblemáticos de nosotros; lo que si recuerdo es que vivías en Texcoco y estabas con eso de la medicina. El día de la primera cita lo confundo con alguna otra vez que salimos juntos pero lo que tengo grabado es la despedida de ese primer encuentro, estábamos en el anden y cada quien tomó su dirección, yo me quedé con la sensación de que había algo, un sabor muy peculiar, un aroma ya aprendido, había empezado a contar tus lunares y en esas cavilaciones andaba cuando alguien tocó mi hombro y antes de que yo subiera al vagón tú me abrazaste muy fuerte, no puedo enunciar tus palabras pero tu presencia en ese momento me dijo que no te me ibas a ir tan fácilmente, me dio por sonreír de manera tonta, me puse de buenas y tu existencia me daba la seguridad de que yo estaba hecho para los buenos amores.

¡Fueron tantos los momentos! me acuerdo mucho de las tres cartas del futuro que me hiciste, yo tenía que escoger una y ver que nos deparaba, me dijiste que lo que leyera en esa carta iba a ser destino, yo tenía miedo de escoger la que dijera que eso terminaba ahí, que no éramos el uno para el otro, en esos años la superstición era fundamental para darle sazón a mi vida y a los sucesos que estaban por ocurrir… para mi fortuna elegí la carta que prometía que estaríamos juntos, me sentí tan aliviado; eso fue en el Bosque de Chapultepec o en el Parque Hundido, creo que fue en el primero, después de guardar el sobre con una alegría inmensa y antes de que yo ignorará los demás, me pediste que los abriera, en mi mente leí cosas dramáticas como tú y yo no podemos estar juntos o el tiempo que nos queda es poco vivámoslo como mejor se pueda, pero no, todas decían lo mismo: “te quiero en mi vida”, yo te volví a abrazar para reafirmar la verdad del momento.

La primera parte de nuestra historia se desarrollo en los lugares ya mencionados, también contigo conocí Cuicuilco y su centro cultural, te acuerdas de esa exposición de arte mexicano de los cuarentas y la publicidad de entonces, y qué tal la casa del comic cerca del metro Zapata, donde podías pasar horas buscando novedades de mundos fantásticos que nunca entendí y que no me interesaba entender, lo que me gustaba de ellos era que formaban parte de tu personalidad, como me los contabas y que tu vida estaba ligada a la mía de mil maneras. Contigo fui a mi primer Hotel, no hicimos el amor porque el amor ya existía y solo nos descubrimos lo que nos hacía falta, recuerdo que mi madre ese día me dijo que olía a jabón de hotel y yo me hice el desentendido, ahora que lo pienso, lo que hiciste fue un crimen, bien nos lo dijo un policía en el parque de una iglesia, yo 16 y tú 20,

¿Te acuerdas del balneario de Tepozotlan al que fuimos? 
Ya está cerrado desde hace años, tampoco sobrevivió.

El final de esos días corrió a cargo de mi despiste por llegar al lugar equivocado y de tú irritación que escribió el correo del final que a pesar de que me dijiste que no abriera yo lo hice como el terco que soy, te habías arrepentido del contenido y yo me sentí lastimado, fue una equivocación de ambos; yo llevaba un regalo para ti y con ese mismo regalo me regresé a mi casa sintiéndome el más tonto y decepcionado por ver que para ti era muy fácil terminar.

Nos olvidamos un tiempo y tres años después nos volvimos a ver e intentábamos regresar, yo desconfiaba de las segundas partes y más cuando me habían herido, creo que estabas arrepentido y también dolido, porque cada vez que te decía que te quería o te amaba tu me respondías con que tenías mucho calor, hambre o frío, te habías vuelto una persona de maneras distantes, por eso cuando otros brazos me ofrecieron las palabras que tú no, decidí terminar contigo, esa vez el culpable fui yo.

Yo creo que conocer la historia del otro no hace que justifiquemos sus errores, pero si a entenderlo. A mí me habían educado a punta de coscorrones de manera desconsiderada y después me pedían perdón, entendí erróneamente que el amor es noble y sincero pero al final siempre lastima y mucho. Con la edad y con varios traspiés amorosos, decidí no arriesgar más de la cuenta, el corazón se me había cansado a pesar de que me aferraba a la idea de que era lo único que valía la pena en este mundo, de que es lo que le da cuerda a todo, por esa razón volvimos a vernos una tercera ocasión tres años adelante, nos hicimos amigos, algo que no habíamos hecho y ahora el Parque de los Venados y División del Norte fueron nuestros lugares. Un día, meses después de que regresé de Europa, me llevaste a un restaurante francés, me diste una libreta y en cada hoja escribiste te amo en todos los idiomas que te fue posible, llegamos a tu departamento y me pusiste la canción de Closer de Travis y me diste el cd, me preguntaste si volvería contigo y dije que no, ya había mucho daño entre nosotros y que una amistad era lo mejor, pero ni eso conservamos, quise huir, en mi interior tenía grabado con sangre que el amor lastimaba a pesar de que fuera incondicional.

Meses después fui al concierto de Travis, y mientras escuchaba “lean on my now…”, mi primer impulso fue marcarte, decirte que te extrañaba, oírte; tu respuesta fue obvia, “¿para qué marcas?” y colgaste, yo pensé: para saber que estabas ahí.

No sé si fue el destino o la insistencia y el deseo de que pasara, te volví a ver y a saber el uno del otro, ahora todo parecía mejor, me acuerdo que pasaba los fines de semana en tu casa, a llamarte a diario, cocinamos juntos, despertamos viéndonos, me compartiste la historia, que no conocía de ti y todo iba viento en popa. Pero la inseguridad y los miedos son algo que arraigué en mi como autodefensa a ser lastimado, ya había sufrido tu ausencia, la de otros, escuché los finales ajenos y pensaba que el amor era algo sufrible y que yo no estaba dispuesto a hacerlo una vez más, hoy día ya no tengo historias épicas de amores largos, sólo unos meses y cambio de página. Bueno, regresamos contigo, tú te ibas a conocer Inglaterra y España y como me habías contado cuando ininiciamos como amigos, te encantaba conocer los cuerpos de los hombres del país en turno y estando soltero no tenías que rendirle cuentas a nadie, pero ahora que estábamos juntos me juraste que no lo harías porque estabas conmigo, te dije que no había problema si lo hacías, solo que no me enterara. Yo quería tenerte de regreso y verte cerca pero tanto me juraste que no lo harías que te creí y para cuando regresaste y me enseñaste tus fotos descubrí una de alguien que se levantaba de la cama mientras tu tomabas la foto; me dijiste que no era lo que estaba pensado, que no era lo que parecía, para ese momento el corazón se me cerró de golpe y no te creí, no te escuche, no te di oportunidad de nada,  me pediste lo que me habías traído de ese viaje porque ni una vez más me ibas a soportar que jugara contigo otra vez, la excusa la tenía en la punta de la lengua, pero la verdad estaba muy cansado para dártela, no iba a dejar que nadie me lastimara y por mínima que fuera la amenaza nadie me iba a ser dependiente de nadie, ni de nada, yo no iba a sufrir pensando si me engañaste, si rompiste tu promesa; la verdad era que en el momento que vi esa imagen congelé mi corazón, me amenazaste con una sarta de tonterías y gracias a ello me aleje más, al día de hoy no recuerdo si esa foto fue verdad o yo le agregué elementos...

Te di lo que me habías traído de Europa y lo que me diste desde hacía 10 años, carta por carta, recorte, servilleta, detalle y disco; te entregué todos los recuerdos y la carpeta del corazón se quedó con un espacio en blanco, las fechas se me revolvieron porque te entregué mis indicadores.

Días después en sueños te vi, estabas lejos y no te podía alcanzar, una chica rubia me decía que era lo mejor, yo me resigne y al despertar fue lo que hice aunque muchas veces sin querer te evocaba desde dentro.

Desde la última vez gente ha ido y venido a su antojo, ninguna ha llegado más allá de lo que tú y otros pocos han logrado, no porque sea inalcanzable, ni porque este esperando al príncipe azul, la respuesta es simple, he sacado mi corazón del juego poniendo tantos peros como me es posible: muy flaco, muy gordo, muy listo, muy tonto, muy culto, muy inculto, muy pobre, muy rico, muy guapo, muy feo, muy amanerado, muy masculino, muy meloso, muy frío, muy alto, muy bajo, muy sexoso, muy frígido, muy joven, muy viejo, muy blanco, muy moreno… la lista de los “muys” es MUY larga y yo muy confiado, tal vez sea cierto eso de que en la vida solo tenemos 4 verdaderos amores y yo para mi mala suerte con ninguno me he quedado.

Cada vez que escribo es porque tengo algo atorado en el corazón y los dedos me ayudan a desenmarañarlo, me ayudan a que de vuelta a la hoja y conciliar lo que atormenta, es tiempo de dejarte en paz, de dejar de pensarte cada vez que paso por Eje Central, de ponerme nervioso al pensar en ir a Plaza Universidad y encontrarte, ¿qué haría si te encuentro? ¿Qué harías tú si me ves? ¿y si vas con alguien? ¿qué sentiría? ¿serías grosero o solo me ignorarías? ¿me saludarías? ¿platicarías conmigo?. Son tantas las preguntas que por eso no he pisado esa plaza desde el 2011, y si seguimos con las confesiones aun guardo tú numero telefónico y te sigo en twitter para saber ocasionalmente de ti.

Te escribo hoy estas líneas no para que las leas sino para que cuando yo lo haga entienda que él único que ha perdido al creer que gana soy yo, te escribo esto por la fecha, para entenderme, para justificarme, para olvidarnos.

¿De qué sirve estar a salvo cuando lo único que aprendemos es a estar solos?

Espero responderme esta pregunta a tiempo.

Adiós a Lenin.

Agradecimientos cotidianos

Me despierto, busco tu calor, lo disfruto, lo agradezco...  Salgo de la recamara y te miro sentando en lo tuyo y lo agradezco... Oigo tus lo...