jueves, mayo 29, 2014

La magia de las orugas

Hubo una vez un niño que creía en todas las historias que le contaban, como la vez que le dijeron sus hermanas que si alguien regala una rosa ésta puede durar meses y hasta años sin perder ni un solo pétalo siempre y cuando haya amor de por medio o como olvidar la que le contó su amiga de la escuela, la del gato feo que le cantaba a los peces para que fueran siempre sus amigos, por eso ella le cantaba todos los días, también se trago el cuento de su tío el hippie que le decía que si amaneces con una persona a tu lado esa persona se quedará contigo para siempre, por eso cuando dormía en casa de sus tíos se esperaba a abrir los ojos hasta que su primo se levantaba de la cama para que no fuera él ni su olor a pies rancios los que lo acompañaran por siempre. Al niño la que le causaba mucha gracia era la del señor que recorrió el mundo entero en patín del diablo persiguiendo a una mujer sin chiste y que su única gracia radicaba en hacerlo reír de oreja a oreja tal vez  porque era hija de un cirquero, pero la verdad era que ella estando con otras personas no tenía ni una pizca de personalidad, era aburrida como una sopa de letras sin letras, pero con el patinador era otra la pinta de los días, por eso se empeñó en seguirla por todo el mundo hasta que el padre de la simple, le diera su permiso para casarse; está se la contaba su padre. De todas las historias que había escuchado su preferida era la que le contaba su abuela viuda, la de las orugas. Ella decía que cuando uno siente mariposas en el estomago no son más que orugas que se alimentan de las emociones que generan otras personas y más si hay una en particular que te hace reír con sus locuras, que te hace creer que la luna es de queso y que se la pueden comer entre los dos y que cuando se está contento con esa persona las orugas suben por la garganta y al momento de decir algo con sentimiento a esa persona sale el gusanito convertido en mariposa. La abuela le contaba que bastaba ver a las parejas para darse cuenta de esto porque cada vez que hablaban ¡puff! una mariposa, si cantaban una canción de amor ¡zaz! otra mariposa, un beso ¡traz! más mariposas; la abuela decía que esas personas no tenían miedo a que se les acabaran las orugas porque estando con la persona correcta éstas siempre saldrían.

El niño quería crecer y sentir las orugas, el juraba que cada vez que hablaba con la abuela y con sus mamá salían mariposas, tanto creía en esta historia que cada vez que se iba a dormir con esa exitación de haber tenido un día mágico, al momento de dar el beso de las buenas noches a su madre y decirle “te quiero”, el niño se tapaba la boca para poder atraparlas y poder verlas. En los días más excitantes creía que las alas eran de colores intensos: rojo con verde esmeralda, azul eléctrico con motas naranjas, pero él aún no veían nada por eso le preguntó a la abuela el ¿por qué?, si lo que decía lo enunciaba desde el estomago pasándole esa emoción por el pecho hasta salir por la boca, la abuela le explicó que eran cosas de la edad, como estaba chiquito lo que el tenía eran orugas diminutas que se escapaban fácilmente entre los dedos; el niño se quedo tranquilo deseando crecer para poder ver sus gusanitos convertidos en mariposas grandes y hermosas.

Él creía en este cuento porque siempre que su abuela estaba en el jardín las mariposas la rondaban, más las blancas, cuando le decía esto a su mamá ella le contestaba que era porque su abue estaba llena de puro amor, el niño estando en el jardín rodeado del aroma de las flores de los árboles,las macetas de barro escurriendo agua y el suelo oliendo a tierra mojada, creyó aun más en la historia viendo a su abuela descansar después de regar, estaba a la sombra sobre una silla de mimbre y como era costumbre las mariposas revoloteaban cerca de ella, el niño no pudo aguantar su curiosidad mezclada con emoción y le preguntó ¿por qué siempre estaban cerca de ella si está sola y no hablaba con nadie?, también le reprochó que él siempre dice cosas sinceras y bonitas a la gente y nada, solo micro gusanos apestosos y escurridizos que ni a mariposa llegaban y ella callada con mariposas blanca y naranjas a su alrededor; la abuela le respondió que la envidia mata a las orugas, que tuviera cuidado y que las mariposas blancas no eran de ella, esas eran palabras bonitas que le mandaba el abuelo desde el lugar donde se encontraba y cada vez que veía una ella le decía gracias con el corazón y te amo con todo su cuerpo por eso siempre las mariposas la seguían, era su manera de comunicarse con el abuelo, así no lo extrañaba, esos animalitos la mantenía viva y llena de amor.

El niño lo entendió todo a su manera infantil de ver las cosas: él tenía amor por dentro que iría creciendo y su abuela era mágica por comunicarse con el abuelo usando a las mariposas como mensajeras.

Una día su hermana mayor lo encontró triste y al preguntarle el motivo de su estado de ánimo el niño le respondió que había sido porque las flores que le dio su novio a ella hace una semana estaban marchitas y en la basura, por lo tanto ya no la quería o bien, los cuentos son una porquería, su hermana intentó explicarle que se amaban pero su hermanito no quería escuchar diciendo que los cuentos no son reales que aún habiendo amor las flores no duraron ni una semana y que tampoco había mariposas, solo se la pasan llenándose de baba el uno al otro, ella sonrío y le dijo que lo que estaba en la basura eran las plantas que acompañaban las flores, le pidió que le trajera el libro que estaba sobre el tocador de su recamara, el niño trajo del lugar señalado un libro grueso y pesado, al momento de abrirlo no tardó en encontrar las flores, la hermana le dijo, acuérdate lo que dice el cuento, cuando hay amor de por medio las flores pueden durar más de un año sin perder sus pétalos, velas aquí, están completas; no pierdas la fe en los cuentos, esos dan magia a la vida, no te desilusiones tan chiquito, ya tendrás tiempo para eso cuando crezcas, mientras disfrútalos; antes de irse a su recamara, su hermana recordó lo importante que eran las orugas para él, así que le dijo que si no veía las mariposas cuando ella estaba con su novio llenándose de babas era para no dejarlas escapar y que no se dieran cuentas sus papás de que su novio había estado en la casa, ¡imagínate si ven a una mariposa dentro de la casa!

El niño se quedó tranquilo y con la fe repuesta.

Con forme creció se dio cuenta de que el mundo se empeñaba en demostrarle que los cuentos, cuentos son y que la realidad no tiene chiste y menos algo de mágico, pero él se aferraba a su modo.

Cuando el niño entró en la preparatoria seguía atesorando la metáfora trasgiversada de las orugas que su abuela le contaba, la guardaba porque seguía siendo testigo de como esa mujer seguía usándolas como mensajeras para comunicarse con su difunto esposo, él sabía que eso era cuento al igual que del gato feo que le cantaba a los peces que le contaba su amiga que ya para estas alturas había cambiado las canciones de niños por canciones de Coldplay y Frank Sinatra, ella le quemaba discos compactos con listas de canciones muy variadas, tanto que no se podía etiquetar un genero en sus discos. Los años de la prepa se pasaron volando y una semana antes que ella se fuera a una universidad del norte del país, le confesó que el cuento siempre se lo contó mal, le dijo que el gato no le cantaba a los peces para que fueran amigos, les cantaba con la esperanza de que un día se enamoraran de él, pero eso nunca pasó a pesar de que el gato les pidió desafinado “Fly me to the moon and let me play among the stars…”, el niño que ya no era un niño se quedó atónito, no supo que hacer ni que decir, ella se limitó a decirle que no se preocupara, que los peces nunca lo entendieron porque ellos eran peces y el un simple gato feo, le pidió al niño que siempre fuera su amigo a pesar de la distancia y se despidió de él.

Cuando el niño llegó a su casa pasó de la confusión a solo sentir como se iban muriendo esas orugas que tenía dentro, era como si fueran desapareciendo dejando un gran vació cada vez que una hacían ¡puff!. Al día siguiente su cuerpo se movía porque tenía que hacerlo, comía porque su madre lo obligaba y extrañó la voz de un simple gato que le cantaba al agua esperando que un pez saliera; aceptó que jamás le había parecido feo y se dio cuenta que le era necesario, ¿cuántas veces le había contado de otras chicas y de la decepción de no sentir las mariposas que él esperaba?. Ella era la única que sabía de ese cuento porque si lo contaba a otros lo tomarían como un desviado. Ese gato lo que había despertado con su voz había sido a las orugas en su interior y sin ella no podrían vivir.

El niño tomó la decisión de cambiar de universidad dejándolo todo por la que le mantenía vivos los gusanos. Dos días antes de que ella se fuera a su nueva vida, él le marcó del móvil poniendolo cerca de las bocinas de su coche; cuando ella contestó sonó una Paloma Querida al estilo de Natalia Lafourcade “me encontraste en un negro camino, como un peregrino sin rumbo ni fe y la luz de tus ojos divinos cambiaron mi suerte por dicha y placer, desde entonces yo siento quererte con todas la fuerzas que el alma me da…”el niño le dijo que la esperaba afuera de su casa si es que a ella aun le interesaba cantarle a los peces, ella así lo hizo y al tenerlo cerca recibió una rosa con el cuento de las flores que duran para toda la vida; esa noche hicieron el amor con los nervios de la primera vez a pesar de que no lo era para ninguno de los dos, fue como el cuento del tío hippie y a pesar de que no eran la primera persona con la despertaban, estaban seguros que si eran las personas con las que se quedarían por muchas mañanas continuas.

Días antes de la boda, el papá del niño se quedó a solas con su futura nuera, la mujer que le cantaba a los peces, este le platicó que cuando conoció a su esposa él la siguió por siete estados del país en un vocho desvencijado, su suegro que estaba metido en la política no lo quería porque creía que era un vago lleno de puros sueños y casar a su hija con ese no le traería ningún beneficio y por más que le presentaba a los hijos con los apellidos más importantes del país su hija no mostraba algo de gracia, ni una risa de compromiso, ella solo brillaba cuando estaba con el dueño del coche que se descomponía a cada tanto y que justo iba por darse por vencido cuando ella llegó a su casa con maleta en mano diciéndole que se casaban ese mismo día o su papá lo mandaba matar, no lo pensaron y se casaron por la única ley que el padre no le convenía desacatar. La nuera que se había inventado la historia del gato entendió que el cuento del cirquero era el cuento de sus suegros; supo que cualquier realidad sabe mejor cuando se aderezado con la magia de algún cuento aunque no sea del todo verdad ni todo mentira.

Varios años después de la boda llegaron los hijos que crecieron con los mismos cuentos que sus padres más unos nuevos, todo con tal de continuar con las noches de sueños, de magia y una pizca de esperanza de que todo es posible. A pesar del tiempo y los cambios el favorito de toda la familia era el de las orugas en las entrañas y es que hasta el día en que murió la abuela ésta estuvo rodeada de mariposas de muchos colores sin faltarle nunca una de color blanco que le decía al oído cuanto la amaban, tal vez por eso nunca se le vio triste. El día del funeral todos los que fueron testigos del cuento, soltaron mariposas blancas y de colores para decirle cuanto la iban a extrañar, gracias y te amo, la abuela se fue en paz.

El niño al día de hoy sigue contando cuentos y sintiendo orugas.

Bendita la magia de las historias ajenas. 

viernes, mayo 02, 2014

Adiós a Lenin

Vengo pensando en escribir esto, mejor dicho escribirte, porque sabes bien que él único que puede entender esto eres tú. Hago otra acotación, no creo que lo entiendas ni lo quieras hacer, pero por si un día por error piensas en el pasado o en mí te dejo estas líneas.

Tengo miedo de seguir tecleando y como siempre, cada vez que tengo enredado el corazón los dedos intentan ayudarle, aunque esta vez creo que es más difícil de lo que creí porque no es confesarte a ti, es confesarme a mí mismo cosas, lo hago por los dos, lo hago para mí mismo.

Enero fue el mes de nuestro inicio y de ese ya tiene 14 años, ¿te acuerdas cómo fue? Yo tengo vagos recuerdos, la memoria se empieza a descomponer por más que uno se aferre, el pasado se va deformando a su antojo y otras veces a nuestra conveniencia, no me acuerdo dónde te conocí, ¿fue en Plaza Universidad o en el Parque Hundido?, esos lugares son emblemáticos de nosotros; lo que si recuerdo es que vivías en Texcoco y estabas con eso de la medicina. El día de la primera cita lo confundo con alguna otra vez que salimos juntos pero lo que tengo grabado es la despedida de ese primer encuentro, estábamos en el anden y cada quien tomó su dirección, yo me quedé con la sensación de que había algo, un sabor muy peculiar, un aroma ya aprendido, había empezado a contar tus lunares y en esas cavilaciones andaba cuando alguien tocó mi hombro y antes de que yo subiera al vagón tú me abrazaste muy fuerte, no puedo enunciar tus palabras pero tu presencia en ese momento me dijo que no te me ibas a ir tan fácilmente, me dio por sonreír de manera tonta, me puse de buenas y tu existencia me daba la seguridad de que yo estaba hecho para los buenos amores.

¡Fueron tantos los momentos! me acuerdo mucho de las tres cartas del futuro que me hiciste, yo tenía que escoger una y ver que nos deparaba, me dijiste que lo que leyera en esa carta iba a ser destino, yo tenía miedo de escoger la que dijera que eso terminaba ahí, que no éramos el uno para el otro, en esos años la superstición era fundamental para darle sazón a mi vida y a los sucesos que estaban por ocurrir… para mi fortuna elegí la carta que prometía que estaríamos juntos, me sentí tan aliviado; eso fue en el Bosque de Chapultepec o en el Parque Hundido, creo que fue en el primero, después de guardar el sobre con una alegría inmensa y antes de que yo ignorará los demás, me pediste que los abriera, en mi mente leí cosas dramáticas como tú y yo no podemos estar juntos o el tiempo que nos queda es poco vivámoslo como mejor se pueda, pero no, todas decían lo mismo: “te quiero en mi vida”, yo te volví a abrazar para reafirmar la verdad del momento.

La primera parte de nuestra historia se desarrollo en los lugares ya mencionados, también contigo conocí Cuicuilco y su centro cultural, te acuerdas de esa exposición de arte mexicano de los cuarentas y la publicidad de entonces, y qué tal la casa del comic cerca del metro Zapata, donde podías pasar horas buscando novedades de mundos fantásticos que nunca entendí y que no me interesaba entender, lo que me gustaba de ellos era que formaban parte de tu personalidad, como me los contabas y que tu vida estaba ligada a la mía de mil maneras. Contigo fui a mi primer Hotel, no hicimos el amor porque el amor ya existía y solo nos descubrimos lo que nos hacía falta, recuerdo que mi madre ese día me dijo que olía a jabón de hotel y yo me hice el desentendido, ahora que lo pienso, lo que hiciste fue un crimen, bien nos lo dijo un policía en el parque de una iglesia, yo 16 y tú 20,

¿Te acuerdas del balneario de Tepozotlan al que fuimos? 
Ya está cerrado desde hace años, tampoco sobrevivió.

El final de esos días corrió a cargo de mi despiste por llegar al lugar equivocado y de tú irritación que escribió el correo del final que a pesar de que me dijiste que no abriera yo lo hice como el terco que soy, te habías arrepentido del contenido y yo me sentí lastimado, fue una equivocación de ambos; yo llevaba un regalo para ti y con ese mismo regalo me regresé a mi casa sintiéndome el más tonto y decepcionado por ver que para ti era muy fácil terminar.

Nos olvidamos un tiempo y tres años después nos volvimos a ver e intentábamos regresar, yo desconfiaba de las segundas partes y más cuando me habían herido, creo que estabas arrepentido y también dolido, porque cada vez que te decía que te quería o te amaba tu me respondías con que tenías mucho calor, hambre o frío, te habías vuelto una persona de maneras distantes, por eso cuando otros brazos me ofrecieron las palabras que tú no, decidí terminar contigo, esa vez el culpable fui yo.

Yo creo que conocer la historia del otro no hace que justifiquemos sus errores, pero si a entenderlo. A mí me habían educado a punta de coscorrones de manera desconsiderada y después me pedían perdón, entendí erróneamente que el amor es noble y sincero pero al final siempre lastima y mucho. Con la edad y con varios traspiés amorosos, decidí no arriesgar más de la cuenta, el corazón se me había cansado a pesar de que me aferraba a la idea de que era lo único que valía la pena en este mundo, de que es lo que le da cuerda a todo, por esa razón volvimos a vernos una tercera ocasión tres años adelante, nos hicimos amigos, algo que no habíamos hecho y ahora el Parque de los Venados y División del Norte fueron nuestros lugares. Un día, meses después de que regresé de Europa, me llevaste a un restaurante francés, me diste una libreta y en cada hoja escribiste te amo en todos los idiomas que te fue posible, llegamos a tu departamento y me pusiste la canción de Closer de Travis y me diste el cd, me preguntaste si volvería contigo y dije que no, ya había mucho daño entre nosotros y que una amistad era lo mejor, pero ni eso conservamos, quise huir, en mi interior tenía grabado con sangre que el amor lastimaba a pesar de que fuera incondicional.

Meses después fui al concierto de Travis, y mientras escuchaba “lean on my now…”, mi primer impulso fue marcarte, decirte que te extrañaba, oírte; tu respuesta fue obvia, “¿para qué marcas?” y colgaste, yo pensé: para saber que estabas ahí.

No sé si fue el destino o la insistencia y el deseo de que pasara, te volví a ver y a saber el uno del otro, ahora todo parecía mejor, me acuerdo que pasaba los fines de semana en tu casa, a llamarte a diario, cocinamos juntos, despertamos viéndonos, me compartiste la historia, que no conocía de ti y todo iba viento en popa. Pero la inseguridad y los miedos son algo que arraigué en mi como autodefensa a ser lastimado, ya había sufrido tu ausencia, la de otros, escuché los finales ajenos y pensaba que el amor era algo sufrible y que yo no estaba dispuesto a hacerlo una vez más, hoy día ya no tengo historias épicas de amores largos, sólo unos meses y cambio de página. Bueno, regresamos contigo, tú te ibas a conocer Inglaterra y España y como me habías contado cuando ininiciamos como amigos, te encantaba conocer los cuerpos de los hombres del país en turno y estando soltero no tenías que rendirle cuentas a nadie, pero ahora que estábamos juntos me juraste que no lo harías porque estabas conmigo, te dije que no había problema si lo hacías, solo que no me enterara. Yo quería tenerte de regreso y verte cerca pero tanto me juraste que no lo harías que te creí y para cuando regresaste y me enseñaste tus fotos descubrí una de alguien que se levantaba de la cama mientras tu tomabas la foto; me dijiste que no era lo que estaba pensado, que no era lo que parecía, para ese momento el corazón se me cerró de golpe y no te creí, no te escuche, no te di oportunidad de nada,  me pediste lo que me habías traído de ese viaje porque ni una vez más me ibas a soportar que jugara contigo otra vez, la excusa la tenía en la punta de la lengua, pero la verdad estaba muy cansado para dártela, no iba a dejar que nadie me lastimara y por mínima que fuera la amenaza nadie me iba a ser dependiente de nadie, ni de nada, yo no iba a sufrir pensando si me engañaste, si rompiste tu promesa; la verdad era que en el momento que vi esa imagen congelé mi corazón, me amenazaste con una sarta de tonterías y gracias a ello me aleje más, al día de hoy no recuerdo si esa foto fue verdad o yo le agregué elementos...

Te di lo que me habías traído de Europa y lo que me diste desde hacía 10 años, carta por carta, recorte, servilleta, detalle y disco; te entregué todos los recuerdos y la carpeta del corazón se quedó con un espacio en blanco, las fechas se me revolvieron porque te entregué mis indicadores.

Días después en sueños te vi, estabas lejos y no te podía alcanzar, una chica rubia me decía que era lo mejor, yo me resigne y al despertar fue lo que hice aunque muchas veces sin querer te evocaba desde dentro.

Desde la última vez gente ha ido y venido a su antojo, ninguna ha llegado más allá de lo que tú y otros pocos han logrado, no porque sea inalcanzable, ni porque este esperando al príncipe azul, la respuesta es simple, he sacado mi corazón del juego poniendo tantos peros como me es posible: muy flaco, muy gordo, muy listo, muy tonto, muy culto, muy inculto, muy pobre, muy rico, muy guapo, muy feo, muy amanerado, muy masculino, muy meloso, muy frío, muy alto, muy bajo, muy sexoso, muy frígido, muy joven, muy viejo, muy blanco, muy moreno… la lista de los “muys” es MUY larga y yo muy confiado, tal vez sea cierto eso de que en la vida solo tenemos 4 verdaderos amores y yo para mi mala suerte con ninguno me he quedado.

Cada vez que escribo es porque tengo algo atorado en el corazón y los dedos me ayudan a desenmarañarlo, me ayudan a que de vuelta a la hoja y conciliar lo que atormenta, es tiempo de dejarte en paz, de dejar de pensarte cada vez que paso por Eje Central, de ponerme nervioso al pensar en ir a Plaza Universidad y encontrarte, ¿qué haría si te encuentro? ¿Qué harías tú si me ves? ¿y si vas con alguien? ¿qué sentiría? ¿serías grosero o solo me ignorarías? ¿me saludarías? ¿platicarías conmigo?. Son tantas las preguntas que por eso no he pisado esa plaza desde el 2011, y si seguimos con las confesiones aun guardo tú numero telefónico y te sigo en twitter para saber ocasionalmente de ti.

Te escribo hoy estas líneas no para que las leas sino para que cuando yo lo haga entienda que él único que ha perdido al creer que gana soy yo, te escribo esto por la fecha, para entenderme, para justificarme, para olvidarnos.

¿De qué sirve estar a salvo cuando lo único que aprendemos es a estar solos?

Espero responderme esta pregunta a tiempo.

Adiós a Lenin.

jueves, abril 24, 2014

¿La mejor mujer del mundo?

El 25 de abril de hace ya varios años nació una mujer muy entrañable para mí, tengo la fortuna de convivir con ella solo 29 años, tiempo suficiente como para poder conocer bien a alguien. Esa mujer que tan bien conozco y a la vez no es mi madre, oficialmente para el mundo ella es Lorena.

Esa mujer fue la que antes de ser mi madre, fue esposa de su primer y único novio eso quiere decir que también fue novia de un hombre de maneras frías y mundanas que al día de hoy no está con ella, fue hija, hermana, nieta, amiga y si le sigo puedo encontrar unas 50 ocupaciones más como: hombro para llorar, clienta, empleada, sobrina, prima, enemiga, cocinera, costurera, estudiante etc., una mujer muy ocupada y a la cual no debo de juzgar porque es mi madre, ¡patrañas! si uno juzga hasta su sombra, seguro la persona que se jacta de que no debemos de hacerlo también maquinó algún pensamiento sobre sus progenitores, pero en esta sociedad sino se dice en voz alta uno se libra del pecado a pesar de haberlo pensado con los dientes bien apretados.

Yo juzgué a la mujer de la que hoy les hablo, llegué a odiarla por mi falta de años y por falta de entendimiento. Hoy día puedo decir que Lorena, mi madre, está muy lejos de ser una buena persona y ¿por qué lo digo? Pues por el simple hecho de que es HUMANA y al decir esa palabra en cualquier genero es igual a decir que es falible; con ese simple adjetivo tiene toda la justificación de cometer tantos errores sean posibles, de herir, de llorar, de maldecir, de herrar, de confundirse, de gritar a rabiar y es que los humanos venimos con una caja con todo tipo de emociones que tenemos que usar a nuestro antojo, lo que muchos no sabemos es que la tarea con esa cajita es saber cuales usamos y en que medida lo hacemos. Al día de hoy esa mujer falible y con tantas profesiones ha llegado a la edad con más medallas que cualquier capitán de ejercito y no por ser perfecta, no es que yo la juzgue, repito: es HUMANA, no es ni la mujer modelo, ni la mujer maravilla, ni la mujer más hermosa, ni la más inteligente del mundo, obvio cuando uno es niño es todos esos adjetivos y más pero uno crece y entiende la naturaleza del hombre y el telón se viene abajo y dejamos de ver el cuento de hadas de lo que es una mamá.

Una verdad contundente y reveladora: LORENA es humana y por lo tanto falible pero la Lorena que conozco es una mujer que ha trabajado día y noche por ser una mejor persona, no le ha sido fácil como no lo es para nadie, tiene un corazón como el mío, como el de su madre, como el de todos.

Yo quiero felicitarla hoy 25 de abril de 2014, no vanagloriándola y subiéndola a un altar, quiero felicitar a la mujer real, la que ha perdonado no ser la hija preferida, la que ha llorado los golpes de un mal amor, la que a base de errores ha crecido, la que ha elegido mal, la que se desesperó creyendo que no había salida, la que creció dos hijos con los muchos o pocos conocimientos que tenía a la mano, la que ha sabido perdonar a tantos y la que está aprendiendo a perdonarse… felicito a la mujer que no intenta ser modelo sino a la que es guía y compañera, la que es cómplice y amiga, felicito a la mujer que hace maravillas con lo poquito o mucho que tiene en las manos, eso es lo que forma a una mujer maravillosa, felicito a la mujer que se procura para sentirse bella consigo misma y que como resultado sea una mujer hermosa por fuera, felicito a la mujer que es inteligente y no por saber todo de todo, sino por saber aprovechar lo que la vida pone en su camino, felicito a la hija, la nieta, la sobrina, la prima, la jefa, la compañera, la amiga, la mamá, la mujer, la humana…

Efectivamente mi madre no es perfecta, lo que si sé y no me queda duda de ello es que es GRANDE y es para aplaudir que sigue luchando, no se detiene, si la vida le escupió en la cara, ella se la limpió, si el corazón se le rompió en cachitos ella los recogió y lo reconstruyó, si alguien le pegó, ella lo perdonó, si alguien la rechazó, nunca cerró sus brazos. No porque sea su hijo voy a decir cosas para magnificar su imagen, solo soy testigo de la persona que me ha enseñado a levantarme una y otra vez más sabio, más fuerte, siempre para adelante, esa humana me enseñó a aprender que de lo malo algo bueno tenemos que sacar.

Doy gracias a Dios por tener una mamá humana, a la que juzgué, pero ahora en vez de eso, la entiendo y bajo ese concepto puedo ver que es una mujer digna de respeto y de llevar las medallas de una guerrera con más batallas ganadas que perdidas.

La GRANDEZA no es algo con lo que se nace, es algo que se consigue todos los días.


jueves, marzo 13, 2014

Un gran comienzo

Hoy salí una hora y media más tarde de lo habitual de mi trabajo, aún había luz de día lo cual agradecí porque Tultitlan no se distingue por ser el municipio más bonito y mucho menos el más seguro, tomé el camión rumbo a casa, saqué un libro y el conductor decidió que era mejor apagar la luz, lo cerré en la página 21 pensando que historia me traerá Ana Carolina cuando pueda continuar con la lectura, en eso andaba yo cuando un par de muchachos se subieron con guitarras en mano, no pude averiguar sus nombres debido a la pena de preguntarlo, pero uno tenía pinta de Pedro, porque traía pantalones raídos, muy a la hippie con morral y cabello largo, el otro tenía cara de Josué, ya que parecía un poco más sofisticado, con lentes y corte de cabello a la moda. Pedro hizo la típica introducción: buenas tardes damas y caballeros, espero no molestar su viaje, pero mi compañero y yo traemos un par de canciones para poder seguir estudiando, ¡fantástico!, ahora me tocaba escuchar a un par de músicos que seguro no tenían ni un ápice de talento, las guitarras empezaron a sonar, “En algún lugar de un gran país, olvidaron construir, un lugar donde no queme el sol y al nacer no haya que morir…” me sorprendió el talento y la afinación de este dueto, tenían cara de bohemios que gustan de las noches con canciones interminables justo como sus sueños, cantaban con algo en los ojos parecido en la esperanza, se sentía que tocaban la guitarra con el deseo de cosas buenas, me daba la impresión de que eran buenos muchachos implorando cosas positivas, así lo quería para ellos porque mil veces mejor compartir una canción con un montón de desconocidos que ser un ladrón o peor aun, una persona sin sueños y eso me quedaba claro que no lo eran.

Al momento de despedirse y pasar por la cooperación, les di un billete de veinte pesos pidiéndoles 15 en cambio, digo, eran talentosos pero yo no soy rico aún, Josué dejó caer en mi mano puras monedas de peso y dijo, disculpa hermano, es que vamos empezando, en mi cabeza y en mi corazón enuncie, ojala y nunca terminen.

Pido para que la voz nunca se les acabe y les acompañe toda su vida, les deseé mucho éxito y que siempre sigan hacia delante en cualquier camino que tomen, agradecí porque el talento compartido es doblemente talento.


Gracias a los fortuitos bohemios.

jueves, febrero 27, 2014

El arte de saber restar

Mónica nació en un pueblito en Tabasco, vivía con su abuelo que la cuidaba pero la verdad parecía ser otra, ya que a pesar de su corta edad ella le lavaba, planchaba y hasta en la cocina se entrometía la niña de cabello castaño y bajita estatura. Lo que nunca olvido de lo que enseñan en la primaria fue a restar y es que desde chiquita le quitaban y le quitaban, primero a su madre que murió cuanto Mónica tenía 3 años, a los 5 a su padre, ese hombre que le enseñaba a entender las estrellas, de ahí perdió su casa, sus amigos y hasta su mascota y para los diez a ese abuelo cansado que intento darle lo que ya nunca tendría: una familia de sangre.   

Una pareja de la capital como le llamaba al D.F., la adoptó y la trató como a una hija porque ellos no podían concebir por más que lo intentaban y como ya estaban entrados en los cincuentas la niña parecía más bien su nieta. La vida se empeñaba en quitarle y quitarle porque a los 16 perdió a su padre y a los 18 a lo que conocía como cariño materno encontrándose de nuevo huérfana hasta de lo los padres adoptivos que tanto le enseñaron; ya se había acostumbrado a sembrar gente en su corazón y luego arrancarla de raíz, pero Mónica no se dio por vencida, ¡de tripas corazón y a seguir hacía adelante!.

Ya casi a los 20 años, se encontró con Manuel, dicen que hay un roto para un descocido y es que ese muchachito dejó a su familia en el norte y ya no sabía nada de ella; se casaron muy pronto y para los 23 tuvo a su único hijo, por fin Mónica tenía una familia, ¡sí!, era de ella: un esposo y un hijo, bueno, su cónyuge no era el mejor partido porque en esos años le pegaba con la seguridad de que el machismo nunca pasaría de moda, además, ella no conocía otra manera de querer, las únicas emociones con las que relacionaba el amor, era el dolor de los golpes o el dolor de perder para siempre a alguien, ya se había acostumbrado a que los que la amaban se iban derechito a la tumba, así que ella escogió la que le dolía menos en el alma: los golpes, los jalones de pelo y los gritos… Su aliciente era su hijo Luis, un niño adorable que cuidaba como a su misma sombra, era la primera vez en la vida que estaba dispuesta a sumar y a sumar bien, mucho amor, caricias, palabras de aliento y de ternura, abrazos y un sin fin de besos, por fin conocía un amor puro, un amor que no lastimaba, pero no todas las cosas se mantienen inocentes en esta tierra de hombres que contaminan todo lo que tocan, Manuel seguía queriendo a Mónica a golpes y Luis llegó a la edad donde ya no lo soportaba, se fue a pesar de que su amor hacía su madre era inmesurable y ésta lo dejó volar, no lo detuvo cuando decidió irse, se fue como arena entre los dedos; su hijo nunca dejó de estar en contacto con ella, la amaba, eso era un hecho.

El tiempo pasó y Mónica restó la ausencia de su hijo y con el tiempo Manuel no pudo trabajar y era su esposa la que tenía que adicionar ingresos a la casa, nada era vergonzoso para ella, vender leche, lo hacía, preparar gelatinas y pararse afuera de las escuelas, lo hacía, barrer a fuera de los comercios por unos pesitos, ¡pero por su puesto!. Lo único que le daba pena a esa mujer incansable era saber restar mejor que cualquier cosa, ya no quería perder ante la vida por mucho que ésta se empecinaba en ponerla de rodillas y lograr vencerla.

Luis siguió los pasos que le tocó aprender,sino había caído en drogas o en el alcohol era porque su madre siempre le enseñó que la dignidad es lo único que uno tiene integro hasta que uno decide perderla, fue por eso que Mónica le puso un alto a su esposo antes de que este siguiera golpeándola porque la quería; le dijo que si le ponía la mano encima otra vez iba a averiguar que era la soledad, Manuel muy obediente entendió porque sabía muy bien lo que sentía y ella era lo único que tenía, naturaleza humana, destruir lo que al final sabemos que nos va a perdonar hasta que lo deje de hacer, pero Mónica ya no estaba dispuesta, se cansó del amor a golpes.

Un día el esposo descubrió que tenía diabetes y bastó una cortada en el pie para dar inicio a un proceso doloroso y corto, Mónica hizo una vez una resta al corazón, disimuló su pena y la ausencia con horas incansables de trabajo por eso no tardo mucho ella en caer en el hospital, cuidada por su único hijo, lamentablemente para esas fechas Luis había cambiado de trabajo y no podía ausentarse porque si lo despedían perdía el seguro médico que cubría a su mamá y como era soltero no había quien sostuviera la mano de Mónica en esa cama fría, los amigos que la habían visto luchar ante la vida como un perro furioso eran su única compañía en las horas de visita a las cuales Luis ya no llegaba. Era la primera vez que ella se dejaba hacer por la vida como ésta quisiese.

La compañía no faltó, pero la soledad de las noches era lo que la hacía enloquecer, tanto luchar, trabajar, aguantar, esperar y rezar para terminar en una resta tan sencilla, donde el resultado era perderlo todo. Pensó en aquellos que se le adelantaron y se preguntaba si por fin iba a tener la paz que tanto le habían negado, pero en ese mismo momento Mónica dijo en voz alta como si la vida tuviera cuerpo y estuviera a su lado viendola, que paz ni que nada, llévame a donde me tengas que llevar que tú y yo aun no terminamos y en donde termine ahí nos seguiremos viendo las caras. Ella sabía que si se quedaba quieta los recuerdos le pasaban todos por lo cabeza y le pesaban como costales de arena, por eso no le gustaba estar así, a punto de suplicar, de doblegarse hasta que una noche se dio por vencida anhelando los brazos de su madre, la que la llevo nueve meses con ella y la que decidió quererla de pronto, se imaginó viendo un manto negro lleno de luciernagas mientras su padre le decía cual seguir para no perder el rumbo, su abuelo calentando los frijoles y su su padre postizo repitiéndole que se cuide de los hombres mientras le daba de besos en la mejilla, lo único por lo que sí suplico y con toda el alma fue por Luis, pidió porque no se quedara solo, porque el día que llegará a viejo hubiera alguien que le acariciara las pecas de las manos, que el amor lo cobijara todos los días de su vida, fue lo último que se repitió en el corazón, dejó que los recuerdos la invadieran y por fin Mónica cerró sus ojos y por primera vez desde que tenía tres años se le vio tranquila, con una sonrisa retadora que solo ella sabía muy bien a quien iba dirigida.



Afortunada ella que aprendió el arte de las restas, ardua tarea para los que nos quedamos.

Que el universo premié el alma de una mujer que nunca dejó de luchar. Descanse en paz aún en sus privadísimas guerras.

martes, febrero 25, 2014

Un acto de gracia

Hoy, después de un largo recorrido dominical, desde el Auditorio Nacional, hasta la Alberca Olímpica y de regreso; pude ver mi ciudad en sus diferentes partes, pude ver lo bello y lo pobre, la carencia y la tranquilidad, lo que huele bien y lo que no, donde está bien pavimentado y donde el chapopote esta deforme de tanta parchadura, también vi muchas personas, unas trabajando como si la semana no tuviera fin de semana y otras como si la vida fuera un fin de semana eterno, esta ciudad llena de bipolaridad donde los menos se van haciendo más y lo más son los menos…

En esas cavilaciones andaba cuando a mitad de mi lectura en un vagón del metro rumbo a casa, un muchacho con pinta de hacer trucos nos sorprendió a todos con unos aplausos, unos pusieron cara de susto, otros de molestia y otros como yo indiferentes, el muchacho se presentó, yo vengo a hacerlos reír, dijo como si diera los buenos días mientras se subía el pants negro y sacaba de su mochila unos pinos como de boliche, hizo una caravana como si fueran el gran cirquero, de esos que doman leones, pero no, este solo traía 6 pinos dentro de una mochila verde y anunció, el primer acto se llama “pinos en movimiento” hizo saltar al aire dos pinos mientras otros dos estaban en las manos y hacia el cambio de manera tan ágil que parecía que eran cuatro en el aire y luego los que estaban en el aire los hizo aterrizar sobre las puntas de los que sujetaba y con equilibrio los mantuvo así por un buen raro, no se le cayeron. Acto 2 “El acto de las chichis” todos nos reímos esperando no ver lo que el nombre presumía… evidentemente sus chichis; pero para sorpresa de todos el joven con corte mohicano y expansión en la oreja hizo malabares con los pinos sobre sus pecho a una velocidad y una destreza que solo practicando meses y obvio con ganas, al final del numerito todos aplaudimos. ¿Qué?, le preguntó a un señor más serio que todos, ¿No le gustó o por qué no se ríe? Ah, ya sé, tengo un público exigente el día de hoy, no se preocupe, el que sigue lo va a convencer. Acto 3, “El saca ojos” varios soltamos la carcajada con el albur y después de ver lo que hizo con el acto de las chichis no quise pensar con que haría los malabares y lo peor es que había niños ahí, pero no, no se espanten, el malabarista en pleno metro andando hizo volar los seis pinos con una agilidad envidiable, yo hasta tiro la mayonesa cuando me la piden y él fanfarrón éste hasta con seis cosas en la mano, todos nos reímos de alivio al ver que nada tenía que ver lo que teníamos en mente con eso del saca ojos. Acto 4, el más difícil, hay Diosito y Virgencita ayúdenme por favor, para ese momento a todos nos tenía en suspenso pensado en lo que seguía; se aclaró la garganta y dijo, ahora el acto de “La cooperación”… y de nuevo risas y aplausos, creo que nunca había visto aplaudir a tantas personas dentro de un vagón de metro y mucho menos con esas ganas. Muchos dimos lo que pudimos o lo que encontramos en las bolsas. El chico circense se bajo como si nada dejándonos a todos con caras menos largas y más a doc para un domingo con sol, a lo lejos un niño le dijo a su mamá, yo quiero hacer el de las chichis mami, volvimos a reír.

Para mi fue una maravilla encontrarlo a él en medio de la tarde, que de haberme quedado en casa no hubiera tenido que contarles, pero decidí salir, recorrer la ciudad como si no la conociera encontrándome con un valiente que tuvo a bien hacer reír a más de 15 persona, me pregunté si lo haría como hobbie, cómo una manera de vivir o solo para ganar unos pesos más; no importa, lo que vale es que hizo un rato ameno con su esfuerzo, su talento, sus puras ganas de hacerlo y no temerle al ridículo, aun así se hubieran reído solo tres, yo le agradezco que nos haya sacado de nuestro ensimismamiento por una cuota mínima, él puso algo de diferente en nuestro día y en nuestra rutina.


Eso es algo que se agradece del día a día de vivir en esta ciudad, fijarse en los pequeñosdetalles y reírse con la fortuna de escuchar y sentir al mundo.

miércoles, febrero 12, 2014

Los libros, mi pan y vino

¿Qué podría decir de los libros?

Los libros me han entretenido, me han enamorado y hasta me han salvado. A veces la realidad tan monótona no me permite ver más allá de lo que recorro a diario y no por gusto sino por la vida que uno lleva en la ciudad, casa, trabajo, alguna actividad si el trabajo lo permite ya sea una clase o tal vez un deporte, llegar a casa y prepararse para el trajín del día siguiente; pero en mitad de todo eso, dejar espacio para un libro es vivir otra vidas, pisar otras historias, perder a alguien entrañable que no conocemos o enamorarnos de personas de otro siglo, ser voyeristas de las vidas de otros.

Los libros te marcan y se quedan contigo dependiendo el momento que estés viviendo, te traen a la mente a personas cercanas que fueron imprescindibles y que al llegar al epílogo de alguna historia solo pensabas en contarsela a ese ser especial.

Mi primer libro bien leído fue Arrancame la Vida de Ángeles Mastretta, bueno había intentado leer El Principito, el Popol Vuh, o el Libro de las tierras vírgenes, creo que termine el de Navidad en las Montañas, pero no me acuerdo porque lo leí como mero requisito en la secundaria, regresando a Ángeles Mastretta, puedo decir que me enseñó un concepto muy importante, pase lo que pase uno termina consigo mismo, bendita Catalina Gúzman que  aceptó y aprendió a querer a Andrés Ascencio, pero la manera en que amó a Carlos Vives me dio ganas de irme a parar a Bellas Artes a ver si me pasaba algo similar. A esa edad uno busca identidad por eso mi siguiente libro fue El Cielo de los Leones igual de Mastretta; ya con el primero de esa autora había descubierto que yo era responsable de mi vida pero ahora me encontraba en medio de tantas decisiones que fueron guiadas por los deseos ajenos, las expectativas de la familia y lo que creía en ese momento correcto. Dicen que todo pasa por algo, y creo que tienen mucha razón porque no significa lo mismo leer una novela de amor intenso cuando uno esta decepcionado que cuando uno esta enamorado, por eso tal vez la reacción que tuve al leer el primer capitulo de El Cielo de los Leones, fue llorar, fue saber que no era el único inadaptado que se sentía fuera de lugar y con la guerra perdida, con ese libro aprendí a fijarme en las pequeñas cosas, a maravillarme con las historias que tocaban mi vida, ese segundo libro me dio perspectiva y de nuevo di las gracias al cielo por tener la oportunidad de haber nacido en el mismo cielo que Ángeles.

No los voy a aburrir con la lista de todos los libros que han caído en mis manos de manera desordenada, con decirles que no recuerdo haber leído a los clásicos, pero bueno ya habrá la oportunidad o mejor dicho el interés de hacerlo.

No sé si les ha pasado a ustedes pero hay libros que son como una primera cita, hay algunos que te envuelven y te sientes tan intrigado, quieres saber más y más y puedes pasártela leyendo página tras página y no quieres que se acabe, pero pobre de ti si te toca uno sin chiste o peor aún, uno tan rebuscado que no entiendes ni pío y tienes que poner cara de que lo estás siguiendo pero la verdad al llegar a la página 20 lo das por perdido y dices “no puedo perder mi tiempo con semejante basura” y lo que sigue…

Hay un libro que me enamoró porque era de una oficinista venida a prostituta por azares de su necesidad; se dejaba hacer como uno quisiera, pero lo que me llevo hasta la página final fue que era una mujer que de lunes a jueves entregaba el cuerpo y los fines de semana el cuerpo con todo y corazón, que envidia sentí al saber que hacia el amor en toda la Republica Mexicana mientras yo leía en algún parque o en el transporte, a través de ella pude ver las fuentes, las camas altas y las bajas, los hoteles amplios y los pequeños, los sucios y los limpios, las plazas y los parques, a la gente y su comida, la pobreza y el declive de un sentimiento. Sara Sefchovich me contó bajito y de manera desmesurada que se puede amar con Demasiado Amor y que aveces el gran amor es imposible de soportar.

¿Alguna vez les han contado un secreto? A mi muchas veces pero soy muy malo para guardarlos, cuando los descubro no quiero mas que gritar el hallazgo y compartirlo, así lo hice cuando Itandewi una niña siempre niña, me dijo que Fernanda y sus Mundos Secretos tenían algo para mí, al conocer a la niña que tenía al mar por dentro o a Argentina, no pude sino correr y contarle en voz bajita a Oswaldo estos mundos y se los regalé.

Hay autores que se nos olvidan que son personas y personas que son autores, eso me pasa con Isabel Allende, he leído tanto de ella, pero es que me atrapó, al principio me pareció solo interesante, tal vez porque leí Retrato en Sepia, pero solo conocer a Clara Del Valle y sus espíritus, fue todo lo que necesité para confiarle mis horas de sueño, mis desvelos y mis ganas de conocer más sobre ese tal Pinochet. De ella no he leído todo, muchas la critican porque dicen que ya solo escribe por escribir, a mi en lo particular Paula, me hizo llorar en la calle sin vergüenza alguna y los que han tenido la oportunidad de leerlo sabrán a qué me refiero. Isabel es tan clara, te lleva de la mano página a página, es inevitable no quererla.

He de confesar que prefiero leer mujeres y es que para mí son más sustanciales, te cuentan lo que debe saberse y no te llenan los ojos con palabras que sobran, eso me paso con El Paseo del Elefante, de Jose Saramago, una historia que pudo contarse en 50 hojas en vez de casi 300… usa palabras tan rebuscadas y estoy de acuerdo que uno debe aumentar su vocabulario pero este libro es un exceso, de él solo puedo elogiar Ensayo sobre la ceguera, que tanto detalle te despeja el morbo de saber que pasaba exactamente con un mundo que parece en tinieblas y la verdadera naturaleza sale a relucir. Hay autores masculinos que no puedo dejar de mencionar porque merecen mi respeto a pesar de que son hombres y ya me declaré seguidor de las féminas: Gabriel García Márquez con sus secuestros y sus años con muchas soledadedes, el mexicanísimo Jaime Sabines y su elegancia para decir lo importante por inútil que pueda parecer, Arthur Golden y las Memorias de una Geisha. Tal vez para novela histórica los hombres son más precisos porque si de reconstruir se trata los detalles nunca faltan, por eso Ildefonso Falcones mereció toda mi atención para ver crecer Barcelona y su Catedral del Mar. Gracias a Rabih Alameddine pude pararme en Beirut el derrotado y a la vez regresar al Beirut esplendido, pude tocar la arena del desierto y conocer demonios no tan malos y a la vez juguetones, Markus Zusak y su Ladrona de Libros, mi hizo no temerle a la narradora y hasta la mexicanisé imaginando que era una mujer afrancesada muy elegante pero sumamente humana y sensible por ello me hizo llorar como pocas veces lo he hecho. No puedo dejar de mencionar a Jose Emilio Pacheco  y sus batallas, temo decir que llegué tarde a él, justo el día que terminé el libro a José se lo llevaban de este mundo, en fin…

Hay autores que uno debe de darles una segunda oportunidad, eso lo pienso con Paulo Cohelo porque El Alquimista, llego a mis manos en un momento que no lo necesitaba y me aburrió, llegué al final por puro respeto, fue como si estuviera obligado a llevar a mi cita a la puerta de su casa por encargo de la que nunca sería mi suegra, por eso está en mi lista de espera Veronica la suicida y sus Once Minutos. También hay autores que respeto y espero algún día poder conocer a través de sus palabras como Octávio Paz y su Elena Garro, a Rosario Castellanos, Leo Tolstoi, Jane Austen, Oscar Wild o Federico García Lorca, en fin, son tantos y tan poco tiempo…

Para no atiborrarlos con información que no necesitan, cierro diciendo que hay libros para todo momento, para cada persona y para cada sentir, yo cada vez que tengo chiquito el corazón recurro a Ángeles Mastretta para que diga “…yo diría que quien ha merecido la dicha puede soportar la desgracia, y que todaemoción santifica”, o a Marcela Serrano para que me diga lo que habita en mi corazón o a Laura Esquivel para que repita la receta de las codornices con pétalos de rosa, o ya cuando tengo ganas de ponerme pesado Delirio de Laura Restrepo… siempre un libro como el pan de toda mi vida.

sábado, diciembre 14, 2013

Te voy a contar una dulce historia

Te voy a contar una historia de como una mujer me formó el carácter con sus salsas. La cocina era su medio para decir te quiero ya que la vida le enseñó que las emociones son mejor calladas porque así molestan menos, pero siempre las canallas salen de alguna manera, la suyas salieron al memorizar lo que le gustaba comer a cada quien y a mí se me salen por los dedos de manera atropellada aunque esta vez no sé por dónde empezar, tal vez por el día que cerró sus ojos para siempre o el momento en que concilie su pérdida, el día que nació o mejor la manera en que me desata los recuerdos…

Creo que lo ideal es comenzar confesando el deseo que me mueve a escribir hoy de ella. Hoy es su cumpleaños o al menos eso tengo guardado en los registros del corazón, no sé si alguna vez les ha pasado a ustedes, pero a veces uno guarda un suceso importante en una fecha que creemos correcta pero la tal vez estemos desfasados por un par de días, pero en mi archivero de sentimientos el 14 de diciembre ésta mujer celebraría un años más de crear historia en mi mundo.

Un año después de que decidió ver al mundo desde otro cielo, yo estaba en Chiapas tratando de conciliar las ausencias de los que estaban en ese cielo con ella, caminaba por una calle empedrada con casas de colores cálidos, me enamoré primero de una casa naranja con puerta de madera, después de la de color melón con acabados blancos, pero al estar frente a la roja de portón negro sentí que ahí nos hubiera gustado compartir la vida de manera tranquila y feliz. Justo a lado de esa casa había un pequeño restaurante o mejor dicho una cocina económica y me acordé de que siempre quisiste poner una y creo que hubiéramos tenido éxito porque cocinabas muy rico; en fin, ese día olía bosque y a carbón, a navidad, a magia, a celebración, a paz, a historia, sobre todo olía a un lugar donde podía encontrar las respuestas para calmar mis dudas. Entré a la cocina económica y para mi sorpresa una mujer de manos marcadas por la edad y cabello blanco me ofreció el menú y me dijo que todo estaba rico, que me sentará; me atendió como si fuera más de su familia y eso le daba ya un sabor sabroso a su comida antes de probarla, me senté y me llevó una salsa molcajeteada, esa que es roja con semillas de chile y las hojitas de cilantro, la que trae motitas negras, porque al asar los jitomates el comal deja quemada su piel y al molerlo quedan esos puntitos; me le quedé viendo a la salsa como si tuviera once años y tú estuvieras en la cocina preparando el café con leche para el desayuno mientras en la mesa dejabas esa salsa con unas tortillas medio tostadas porque sabias que me gustaban crujientes pero no duras, te evoqué haciendo ruido de trastes yendo y viniendo. 

Fue la señora de manos ágiles la que me dijo que si quería sopa de pasta o consomé de pollo con verduras; tú me hubieras dado sopa de pasta sin preguntar y yo le hubiera puesto salsita para ponerle sabor a mis días y así lo hice, pedí la sopa y le puse salsa, después arroz en vez de espagueti, aunque el que tú hacías para navidad, blanco con cachitos de jamón me hizo extrañarte aún más, pero el arroz con chicharos, papas y zanahorias que me llevaron fue como ver a mi hermano frente a mí en su lugar de siempre en la mesa, discutiendo contigo porque no te gustaba su maña de oler la comida y no comer picante, a sus 7 años tenía una determinación que te hacía enfadar ,en tu niñez no era posible contestarle así a un adulto, te molestaba que los tiempos cambiaran y que tú no tuvieras la disposición de entenderlo, la vida en el rancho en el que viviste te enseñó a acatar ordenes y a preparar queso panela, de cabra, oaxaca, mermeladas, dulce de leche, gorditas de nata, buñuelos y todo lo que sabías; las cabrás fueron tu compañía, su leche tu alimento, tu tía tu madre y mentora; viviste tantas cosas justo como la señora que me servía el guisado ese día, lo supuse por las fotos de selvas, pirámides y demás lugares memorables para ella que tenía en su pared, mi desconocida ahora entrañable. No sé por qué depositamos en los extraños que se parecen a nuestros ausentes el cariño que tenemos para ellos; una oración, un anhelo, un sueño, una esperanza no son suficientes para poder soltar esos te quiero, esas miradas donde uno explica todo o estrechar su mano calientita recordándonos que están vivos y cerquita de nosotros, no digamos abrazarlos… tantos recuerdos y ansias para una comida de tres tiempos.

Uy joven, si le gusto la salsa, espérese a que pruebe el postre -  dijo esto mi entrañable extraña porque vio la salsera vacía, y no era para menos, yo no quería dejar una sola gota de ella, no comérmela hubiera sido como dejarte sentada en esa mesa sola; en cada tortilla con salsa te bendije, te abrace y te dije cuanto te extraña y la vida tiene manera chistosas de respondernos y creo que ese día lo hizo porque a mi mesa llegó una Carlota de Limón o Dulce de Limón como tú le decías, ese postre que lleva galletas Marías con una mezcla de limones, leche condensada y crema ácida o media crema, cuando lo vi no pude hacer otra que quererte más y extrañarte menos, sabía que te llevaría en cada bocado que diera de vida. La señora se preocupó porque empecé a llorar de manera contenida y esto hacía que se notaran más mis gestos de que una tempestad estaba a punto de desatarse, pero no fue así, me controlé y con una voz que sonó a todo menos a una persona calmada le dije que estaba bien, que ese postre era mi favorito y que era el que me preparabas, lo que no fui capaz de decirle con palabras ella lo entendió con mis gestos y con el remedo de hombre que era en ese momento.

- No se preocupe estoy segura que las abuelas en cualquier lugar donde estemos les hacemos llegar señales de nuestro cariño, mientras usted descubre las suyas disfrute el postre - 

Y fue así como yo encontré mi señal de que estaba menos solo, menos sin ti. Subí a la iglesia de la Virgen de Guadalupe, no porque fuera devoto, sino porque tú sí lo eras y siempre he respetado la fe de los otros; ya en lo alto vi la ciudad y la compartí contigo, la viví sin ti pero contigo a mi lado y te conté cuanto te extrañaba.

Hoy te extraño menos porque llevo parte de tu carácter firme en mí, no te espantes, solo lo necesario para defender mi fe, mis sueños y mis ganas.

Al final de su vida esa dureza particular de ella se doblego ante la insistencia de mis abrazos, recuerdo muy bien el día en que ella respondió uno de los míos. Ese día siempre me sabrá a Dulce de Limón.


Para María Cantú, la mujer que lo que menos le faltó en la vida fue carácter. 

jueves, diciembre 12, 2013

El mundo en sus manos

Mi día transcurrió como lo han venido haciendo desde que trabajo: me levanto, me arreglo, preparo el desayuno, la comida, correr para llegar a raya a los horarios establecidos, trabajar, algunos pendientes, cambiarme, sacar a pasear al perro,  terminar lo que se dejó inconcluso en la mañana, rezar porque las emociones no se estanquen y tampoco yo, pedir porque la palabra muerte no entre a mi casa, no bese a mi familia, no ese acerque a los que amo…

Hoy el día tuvo un pequeño cambio por un suceso que pasaba mientras me tallaba el cuerpo con jabón y me ponía crema en la piel. Una mujer que no fue amiga y tampoco de mi familia pero que algunas veces sí fue testigo de lo que me pasaba al salir de casa  y que conozco desde no sé exactamente cuando, de carácter determinado, anunciaba su partida.

Hace un par de meses mientras yo trataba de no ahogarme en un vaso medio vacío de agua, había alguien hablando de las reformas laborales, otros tantos se encausaban en una relación amorosa, había alguien dejando un trabajo, puedo apostar que alguien emprendía el viaje de su vida que cambiaría su destino y yo de seguro lo envidié porque yo seguía con los pies en la tierra; mientras, el mundo seguía girando con todos los locos y vivos que éste alberga, la testigo de la vida que recuerdo siempre regando su jardín, se enteraba que tenía un cáncer incurable y para su sorpresa el mundo tampoco se paró, pero ella decidió seguir en él hasta que realmente fuera cansado continuar.

Hoy entre que me pasaba la toalla para secar las gotas de la ducha y entre que llegaba a mi habitación para decidir que ponerme, alguien estaba escuchando las palabras que cambiaría por un día más con la persona que se acaba de ir…

Esa testigo, era mi vecina y se fue esta mañana sin mucho preámbulo, se fue con el tiempo preciso para despedirse de lo que había en su corazón y regalárselo a sus nietos y sus hijos, afortunada ella que se va con los adioses exactos y los abrazos que la acompañarían a donde se tenga que ir.

Siempre la vi como una mujer al pendiente de los que la rodeaban y eso se agradece porque enseña que el cariño no se desgaste por más que el mundo se nos eche a correr y confieso que la noticia me apagó el ánimo y es que la palabra muerte aunque uno no quiera pensar en ella esta se nos manifiesta para recordarnos que no somos eternos… yo por lo tanto sigo exorcizando esa palabra de mi casa, de mi familia y de los que tengo cerca.


Se apagó una mirada y encendimos una vela con una oración.

sábado, noviembre 30, 2013

Sin Música de Fondo

Cruzó la puerta de la entrada con una chamarra gruesa y guantes, era tiempo de frío y sentía que alguien lo estaba esperando dentro, no sabía qué diría ni como se comportaría, no estaba de humor para formalidades, no quería responder ningún cuestionamiento, solo tenía ganas de silencio, estallar, escupir lo que traía atorado y para ser las 4 de la tarde para él eran las 12 de la noche.

          -  Te estaba esperando desde hace rato, alguien dejó la puerta abierta por eso pasé ¿estás bien? -
          - Todo bien, no digas nada –

Alan se sentó a los pies de quien estaba ahí, no le interesaba nada sobre su vida, ni quién le abrió, ni cómo llegó, no le importaba; le parecía menos triste el día con una persona ahí, lo mismo le hubiera dado que fuera el repartidor de pizza, su abuela, su vecino, la de las tortillas, en este punto la presencia era lo importante.

Al estar en el suelo puso su cabeza sobre las piernas de su invitada, miraba en silencio la ventana de cortinas abiertas que dejaba ver un día frío y nublado, la dueña de esas piernas acariciaba el pelo del postrado dando por un hecho que algo estaba pasando pero solo podía ser espectadora en silencio del sufrir ajeno, ella pedía las palabras que la dejaran ver lo que ocurría, palabras que le dieran armas para poder decir algo atinado, un “no te preocupes, todo estará bien” o “ya pasará, tranquilo” cosas que uno dice cuando alguien se quiebra ante nuestra mirada y queremos ser algo más que solo testigos; cada vez que ella quería enunciar algo, Alan la callaba con un “shhh” como si estuviera durmiendo a un bebé, ella no sabía qué hacer, no estaba la TV prendida ni el radio, parecía que no estaban los vecinos… el silencio irónicamente la estaba matando, de pronto Alan empezó a hablar.

¿No sé qué sentir?, creo que me estoy muriendo o al menos eso quisiera, no entiendo esto de estar vivo, me parece insoportable, pero no te preocupes, no voy a suicidarme ni nada por el estilo, ¿sabes? al levantarme me quedo en la cama queriendo estar en otra cama, otra ciudad, en otro lugar, quisiera estar lejos de mi casa, de la gente que me conoce, que no haya nadie, tal vez una playa con arena blanca, no importa el color del mar, puede que sea verde, azul claro u obscuro, eso es lo de menos, lo que sí importa es que no halla nadie que me juzgue, solo yo y el ruido del mar, ahí solo tendría que escuchar las olas pegando en la arena y no a mis pensamientos, ahí podría acostarme y llorar sin encontrar consuelo, solo desahogarme, llorar como niño chiquito sin que alguien tenga que calmarme o decirme estupideces obvias, como que todo estará bien o que ya pasará, esas frases me dan tanta rabia, como si las personas que las dicen nunca hubieran perdido el camino y se sintieran en control con solo mencionarlas ¿qué nunca se han sentido derrotados? ¿nunca se les han roto los sueños? ¿siempre han tenido las respuestas a todo? creen que con esas frases uno saldrá y se le aclararan las dudas, como si alejándonos de las dudas y el dolor todo se fuera a resolver. En esa playa no hay palabras, sería mi lugar para soltar a gusto y a mis anchas, no sabes que culpable me siento por llorar, me siento débil, juzgado, tonto, pero en la arena blanca de mis sueños no hay nada de eso, solo yo.

Alan se quedó callado otro tanto y de nuevo su lengua cobró vida.

¿Cómo le hace la gente para seguir a flote?, las veo en la calle, en sus coches o en el transporte y sus caras no tienen expresión como si estuvieran muertos pero siguen vivos, peleando, a mí me parece insoportable el olor de la ciudad, el sol que antes me daba respuestas ahora me hace sentir culpable porque su belleza me es indiferente, ya no me dice nada; camino a casa y no encuentro un detalle que cambie mi día, algo que diga que este mundo vale la pena sufrirlo, me estoy ahogando…

¿De dónde saca uno las fuerzas? ¿en dónde encuentra uno la motivación? De ahí que me parezcan sorprendentes aquellos que se paran día a día con la clara idea de lo que quieren en la vida, luchar por los hijos, ganar más dinero, subir de puesto, esa gente que ambiciona me parece admirable, yo lo que más pido al anochecer es que no llegue la mañana y a la mañana le pido que las horas sean pocas y rápidas para meterme a la cama.

Estar deprimido está castigado por la moral y las buenas costumbres ¿sabías eso? porque no te bajan de mal agradecido, porque no valoras lo que tienes, porque el discapacitado quisiera no serlo, el ciego quisiera ver, el pobre cubrirse del frío… una infinidad de gente quisiera ser yo en este momento y yo quisiera todo menos tener que escuchar esos argumentos que te presionan para estar bien, es un deber estarlo, se lo debes a tus padres, a los amigos, a los niños del  mañana; solo se me ocurre mandarlos al carajo, a final de cuentas quién dijo que quería estar aquí, si estoy aquí es porque algo me ha ido trayendo sorteando los años con diversas distracciones, la escuela, el francés, la universidad, los deberes, el trabajo, el ejercicio, los paseos, los amigos, los amores y hasta el mero placer del sexo. Todo había funcionado hasta ahora, incluso la confusión de creer que era amor lo que fue sexo y sexo lo que pudo ser amor, maté a todas las malditas mariposas en esos malentendidos y ahora no me queda nada.

No me quiero sentir culpable por sentirme mal, como si nunca les hubiera pasado a ustedes, pero por cobardes se callan ese malestar, seguramente porque es grosero compartir una pena y no una alegría, solo hablar de las cosas buenas y bellas como obligación de los vivos, pero de donde saca uno la belleza cuando basta prender el noticiero para que digan que todo se está yendo a la mierda.

Ella estaba muda porque se estaba ahogando con sus palabras, hasta ese punto solo había escuchado sin hacer otra cosa más que acariciar el cabello del hombre que le parecía un bello desastre, ahora era ella quien le decía al oído “shhh”. Lo sentó a su lado quedándose en silencio, consolando la locura de este cuerdo que aún tenía bastante que aprender y caminos que recorrer.



Cuando por fin Alan se durmió ella se fue sin hacer ruido a visitar a otros muertos de a deveras, la muerte no se equivoca y esta vez solo le toco consolar a un simple despistado que para su pesar le quedaban años de vida por delante. 

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1999 y las cosas que nunca me dije

  Y un día de 2024 sin querer me encontré en el mismo lugar de hace 26 años. Llegué al frente del edificio que ya se me hacía familiar, cruc...