viernes, agosto 22, 2014

Una Lucha sin Descanso

Para Irene Pizarro Moreno.

No te duermas, no te duermas, ¡no te duermas! Se decía, se pedía, se exigía y hasta se gritaba Inés para permanecer despierta y no cerrar los ojos; repasaba los pendientes del día siguiente y del siguiente, de la semana próxima y de lo que le gustaría hacer dentro de un año. Se acordaba del ajo que no tenía en la cocina y hasta planeaba el viaje a Moscu y su Plaza Roja, San Petersburgo y el Museo del Hermitage.

En el día Inés era la más solícita en casa, aun dirigía algunos pendientes del trabajo desde la alcoba y era casi tan eficiente como cuando dirigía el departamento de Recursos de Humanos en su oficina; aún tenía a su cargo a ocho empleados en la oficina y a quince sucursales mandándole correos, mientras la señora Hilda le preguntaba que qué harían de comer para ellas y para dos nietos a los que medio cuidaba porque también la señora Hilda le ayuda con esto, Ines no estaba en condiciones para mandar al mundo desde su cuarto y mucho menos cuando tenía una quimioterapia cada quince días. 

Lo peor que le podía pasar a Inés era que llegara la noche, exactamente la hora de dormir, esa hora en que los ojos peleaban con desesperación por no cerrarse, se negaba y no era para menos.

Cuando su doctora le dijo que tenía cáncer le pidió que arreglara todo lo arreglable, ella pensó en lo peor, pero lo peor supero su pensamiento y aparte de la noticia del cáncer le dijo que a lo mucho le quedaban dos meses de vida, - Inés, no hay nada que hacer, los estudios no dan para más – Inés convirtió en 61 días la sentencia de la doctora y reparó que en ese tiempo tenía que hacer la repartición de sus precarios bienes, los seguros de vida, sus hijas, sus nietos y la película 
que tanto querían ver y que se estrenaría en tres meses, tres meses que no le cabían en sus 61 días...

Inés contra todo pronóstico decidió tomar el tratamiento y no el paliativo que le recomendó su doctora, sino el que la dejaría más cansada, el tratamiento que le acabaría el cuerpo pero no el ánimo y mucho menos la decisión de salir adelante. 

Cambio a la doctora por uno que creyera en que era cosa de voluntad y no solo de resultados de laboratorio. Al día siguiente de la noticia tomó la primera quimioterapia, a los quince días la segunda; el cuerpo le dolía, el asco por la comida era mucho, las ganas de quedarse en cama eran todo lo que quería, el morir le parecía lo más probable pero no lo que se permitiría. – Verduras, y si las vomito más verduras – no dejó de hacer ejercicio, pero en vez de correr los cuarenta minutos diarios, pasó a hacer sólo tres en la caminadora como todo un reto y un logro de campeones, decidió abrazar lo que se puede abrazar el triple de veces, abrazar hasta cansarse fue su deber, abrazaba sin permiso y sin aviso a los nietos, a las hijas, a los yernos y quien se dejara.

Antes de la tercera quimio empezó a probar todos los tratamientos alternativos habidos y por haber: hierbas, vitaminas, gorgojos, reiki, meditación, medicina china tradicional, acupuntura, hipnosis y hasta la musicoterapia, ¿qué no hizo ella con tal de seguir caminando entre sus vivos? De todo, excepto irse a Cuba o más lejos, pensaba – si me he de curar que sea aquí con las manos de los que quiero cerca de mi corazón, donde pueda tocarlos en caso de que no sea remediable esto que dicen que es irremediable – 

En la cuarta quimio no pudo levantarse, por primera vez desde que le dijeron que solo tenía dos meses de vida, sintió miedo y no por que las piernas no le respondían, sino miedo porque olía a la muerte cerca, a tres días de llegar a los sesenta y uno que ella estableció como meta a superar, sintió a la muerte susurrarle al oído y al cerrar los ojos para tomar fuerzas creyó haberla visto. Pidió que la llevaran a casa porque estaba segura de que lo que le fuera a pasar, le pasaría en su terreno, en lo que conocía y en lo que amaba. La llevaron a su cama y ahí sintió como se desprendía de a poco de su cuerpo, el miedo le hizo abrir los ojos, gritó con desgana y disimulando el pánico pidió que la llevaran al baño, se duchó como pudo y al regresar a la cama se dijo, se exigió y se gritó - No te duermas, no te duermas, ¡no te duermas! - Permanecer despierta era su tarea, porque sabía que si los cerraba se le irían los recuerdos y las fuerzas para abrirlos de nuevo.

Inés no se durmió, llegó al día sesenta y dos viva, llego a su meta como si hubiera corrido un maratón donde el premió era saberse con vida, ¡llegó! lo logró, esa noche durmió como nunca antes lo había hecho, durmió segura de que todavía le quedan batallas por pelear.

385 días después de que le dijeron que solo le quedaban dos meses de vida, Inés sigue sin saber cuanto tiempo extra tendrá su guerra personal, lo que si sabe es que no podrá dormir los días en que tenga un pendiente en la cocina, un viaje que programar y personas por abrazar, más no por la preocupación de seguir viva.

Si la haraganería no es cosa del cáncer, ¡de ella tampoco!.

domingo, julio 27, 2014

Para Olga


Estaba sentada en medio de la sala, con una camisola roja a juego con los zapatos, pensando en la vida, en como habían iniciado las cosas, su primera travesura, su primer regaño su primer beso y la primera vez que se estremeció; se miró las manos y ya no se acordaba en como fueron a sus cinco años, pero podía jurar que habían sido hermosas.


Le dio por recordar las carencias de su infancia, sus anhelos, en como soñó con un padre menos ausente y en cómo aprendió a amar lo que la vida le iba poniendo. Se acordó de una tía con mucho dinero y su viudo corazón, ella le había enseñado a encerar y pulir al igual que tallar y tender. Le tocó ver un DF sin pavimento y con el río Churubusco vivo sin ser tapado, se subió en los tranvías, vivió lo mismo en Nativitas que en Portales, también vivió en la colonia Condesa en su plena majestuosidad sin tanto comercio y con menos alboroto.


Volvió a extrañar a su madre y se apenó por como la hizo repelar con sus escapadas y sus contestaciones y es que ella no había nacido para que la mandaran, suficiente con obedecer a la suerte y desafiarla de nuevo para construir destino, su destino; si su madre le cerraba la puerta, ella brincaba una barda, si le decían una hora llegaba a otra y mientras le daban sus nalgadas ya estaba pensando en como escaparse al otro día para evitar el castigo del encierro.


Cuando tuvo a sus hijos entendió el esfuerzo y el trabajo que cuesta criarlos, dejó de reprocharle a su madre que a pesar de que estaba sola y no tenía los suficientes ingresos, siempre permitió que su esposo llegará y le hiciera cariños que siempre terminaban en otro hijo hasta que llegó a ocho, hubo un punto que a la quinta hija tuvieron que ser separados para que alguien se pudiera hacer cargo de ellos, unos tantos con una tía y otros con otro tío esa vez fue dejarse llevar por el destino y pedir que la suerte estuviera de su lado.


Esas fueron las constantes de su vida y hasta en su primera boda se acordó de la mala suerte que tuvo al no ver las manías del hombre raro al  que escogió pero que de todas maneras le agradeció al destino haberlo conocido porque le dio cuatro hijos como si fueran el mejor de los regalos.


Pensó en lo afortunada que fue a pesar de los múltiples errores de unos, el pésimo carácter de otros y el alejamientos de los demás, pero pese a eso, ahí estaban, siempre al pendiente desde su trinchera, una al sur, otra al poniente, otra al norte y uno más al centro buscando su camino, como le daba gracias a la vida por estár presente en sus vidas como testigo de sus errores y aciertos.


Extrañaba a un hijo que se le fue lejos, le gustaba pensar que estaba en otro país viviendo una vida mejor, lejos pero pisando esta tierra aunque la verdad no era así, ese quinto hijo de su segundo matrimonio había tomado un tren al cielo pero en ese día se sintió feliz porque al fin lo había dejado libre, ya no le guardaba rencor por habérsele adelantado, con suerte y en su momento un día lo vería.


Así estaba en medio de su sala vestida de su color favorito cuando salió del recuento de lo que había sido y era su vida. Abrió más los ojos y se dio cuenta de que ahí estaban cuatro hermanas de seis y su único hermano; ellas eran sus amigas, sus complices, sus compañeras. Ahí estaban los hermanos que estaban siempre cuando algo necesitaba, dando gracias a las que le llevaron de comer cuando no tenía ganas de hacerlo, las que se quedaron con ella cuando el corazón se le salía del pecho y las que siempre sostuvieron su mano a lo largo de toda su vida, hasta las que no estaban también las vio ahí, en mitad de sus recuerdos a pesar de las peleas y los disgustos fueron parte de su historia.


Abrazó a sus nietos, los presentes y rezó por los ausentes, no siempre se puede tener todo decía, con saberlos vivos y sanos le bastaba para quererlos como a los mismo hijos. Se acordó  de como le cantaba a uno la de los ojos mexicanos de Juan Gabriel y a otro con tal de verlo cruzaba la ciudad completa, con uno se sentía en deuda por no haber pasado tanto tiempo con él, pero así las cosas, abrazaba a los que podía cuando se podía aunque ellos no quisieran.


También estaban las hijas que pudieron y quisieron ir, con las que estaba agradecida por su presencia y su ayuda, cada una a sus modos pero ahí, junto a ella.


Estaban también los yernos, los consuegros, los sobrinos y las amigas, dio gracias por oir sus pasos y sus palabras, por ser parte de su memoria, su destino y su suerte.


De pronto su esposo, el segundo, tocó su hombro y se recargo junto a ella, estaba cansado de atender a las locas de sus hermanas, a sus hijas, de jugar con el nieto, de preparar micheladas y de andar de la cocina al comedor. Ella lo vio y pensó en que no solo era su esposo, era su compañero de vida, el humano falible, al que perdonó, con el que compartió la pérdida más grande y que para dicha de los presentes seguían vivos celebrando los años y los momentos; dio gracias que estaban aún en condiciones para sumar fechas y recuerdos, todavía la vida los quería para ser testigos de todo lo que pasaba en su mundo, se sintió afortunada por la presencia de ese hombre que dormía todas las noches junto a ella y sonrió.


Una de sus hijas le preguntó que por qué sonreía sola, que si era de ellos o con ellos, a lo que ella respondió: con la vida hija, me rio con la vida.


En la vida hay cosas que uno elige, situaciones a la que uno llega por destino y otras por azar. Hay situaciones que uno persigue, busca y ocasiona, hay momentos que uno no pide y otros que se anhelan, también hay personas que entran y otras que salen, hay recuerdos y cosas por vivir, pero ella a pesar de tanto ir y venir de sumar y restar, estaba feliz siendo testigo de su propia vida.


¿Cómo resumía su existencia?


En puro amor...

#celebrando #abuela #mujeres #mujeresSinmiedo #mujeres #mujerpublimetro

viernes, julio 04, 2014

5 años y 6 meses

Despertó como si hubiera dormido una siesta de un par de horas, puso un concierto de violín que estaba junto al estéreo, le costó llegar hasta allá y es que las piernas no lo dejaban, eran un par de extrañas con vida propia que no escuchaban a su cerebro, se metió a la ducha y se quitó el hedor a sábanas de su cama que le parecía tan ajena a él.  Mientras las cuerdas sonaban  en las bocinas él sentía una melancolía más grandes que el hambre.


Se alistó para salir, sacó un poco de dinero de su gaveta y tomó una carta que decía “Para cuando despiertes” con letra elegante y precisa, no la quería abrir en ese cuarto tan serio y tan blanco, tenía ansias de luz y ruido. Paró un taxi y se fue al parque más próximo que a pesar de que estaba muy cerca no estaba seguro si las piernas le respoderían como debían. 

Entró al parque, puso en su oído derecho un audífono tocando Infra 5 de Máx Richter, todo le parecía un sueño, se paró y miró a su alrededor: árboles húmedos por la lluvia que seguro cayó en la madrugada, el aire era fresco, había unos cuantos niños riendo jugando con sus madres o abuelas, el cielo era de un gris claro que dejaba entrever unos tenues rayos de luz pálida. Todo le parecía un milagro, podía sentir en la lengua la humedad del día y las manos el aire, las piernas le fallaron y cayó de rodillas sobre el pasto frío y lo tocó como quien resucita de la muerte, lloró al ritmo de los violines y la música desordenada de ese compositor tan poco ordinario, ¡estaba vivo!, no recordaba esa sensación, toco un árbol y escuchó con el otro oído a los pájaros cantar, se preguntó si estaban jugando o peleando, daba lo mismo, se oían tan vivos y tan cerca que poco le importó el motivo, se sentó en una banca como si fuera un trono, se sintió dueño de ese momento, de esa vida y de esos colores. Empezó a reír con euforia, sentía que no podía parar de reír y no entendía porqué lo hacía, solo tenía la necesidad de hacerlo, su psicólogo lo hubiera tachado de bipolar, pero sus lágrimas fueron de felicidad,su risa de alegría, no cabía en si mismo de tan feliz que estaba.


En su celular adelantó la canción y puso Spring 1 del mismo compositor y metió su mano a la bolsa de su sudadera y sacó el sobre leyendo la carta que estaba dentro.


Hola Andrés.


Supongo ya estás despierto, anoche estabas muy borracho y tomaste muchas pastillas para dormir, me di cuenta de eso al ver la caja vacía, te grité y te pegué y rece porque no te murieras, no me despegué de tu lado ni un segundo. No creo que te acuerdes pero en tu borrachera me dijiste cosas horribles y humillantes y no por muy humillantes que fueran dejaron de ser ciertas, me heriste de gravedad, pero nos liberaste a ambos. Me sorprendió que supieras y que me gritaras que son 5 años y 6 meses los que llevamos juntos, pero me sorprendió más el que uno de los dos aceptará que fueron los 5 años y 6 meses más enfermos que se pudieron tener, yo que juré que tanto te amaba, al verte tendido sobre la cama temiendo que te murieras pensé en que si estaba contigo era porque no quería estar sola y que si estabas conmigo era porque te daba pavor imaginarte dormir tu solo en una cama tan grande, me dijiste tanto y de una manera tan triste, ¿tanto mal te hago que te emborrachas cada ocho días y encima parece que te quieres librar de mi aunque sea muerto? Si no me dejas es porque no quieres herirme, ¡ya estamos muy heridos Andrés!, si estás leyendo esto es porque ya me fui, te dejo las llaves, el dinero del mes donde siempre y las cosas del departamento si las vendes quédate el dinero, yo no quiero nada tuyo ni de ambos, me quedo el daño para poder sanar y encontrar el camino, te deseo lo mismo y por favor no te mueras, que si te mueres le haría falta algo a mi historia.


Vive la vida que quieres que ya no estamos para estancarnos en relaciones que nos ahogan.


Bibiana R.


Andrés se quedó en la banca sintiéndose solo pero libre, sin rumbo pero vivo, ya tendría tiempo de ingeniárselas para dormir solo, mientras escuchaba un Vivaldi recompuesto, unos pájaros y la risa de sabrá Dios cuántos niños. Con eso tenía para un nuevo comienzo.


Y así se despidió de Bibiana, su relación de 5 años y 6 meses.


#soltero #relacionesquematan #dejarir #rompimientos #renacer #soltar #adios #separación

jueves, mayo 29, 2014

La magia de las orugas

Hubo una vez un niño que creía en todas las historias que le contaban, como la vez que le dijeron sus hermanas que si alguien regala una rosa ésta puede durar meses y hasta años sin perder ni un solo pétalo siempre y cuando haya amor de por medio o como olvidar la que le contó su amiga de la escuela, la del gato feo que le cantaba a los peces para que fueran siempre sus amigos, por eso ella le cantaba todos los días, también se trago el cuento de su tío el hippie que le decía que si amaneces con una persona a tu lado esa persona se quedará contigo para siempre, por eso cuando dormía en casa de sus tíos se esperaba a abrir los ojos hasta que su primo se levantaba de la cama para que no fuera él ni su olor a pies rancios los que lo acompañaran por siempre. Al niño la que le causaba mucha gracia era la del señor que recorrió el mundo entero en patín del diablo persiguiendo a una mujer sin chiste y que su única gracia radicaba en hacerlo reír de oreja a oreja tal vez  porque era hija de un cirquero, pero la verdad era que ella estando con otras personas no tenía ni una pizca de personalidad, era aburrida como una sopa de letras sin letras, pero con el patinador era otra la pinta de los días, por eso se empeñó en seguirla por todo el mundo hasta que el padre de la simple, le diera su permiso para casarse; está se la contaba su padre. De todas las historias que había escuchado su preferida era la que le contaba su abuela viuda, la de las orugas. Ella decía que cuando uno siente mariposas en el estomago no son más que orugas que se alimentan de las emociones que generan otras personas y más si hay una en particular que te hace reír con sus locuras, que te hace creer que la luna es de queso y que se la pueden comer entre los dos y que cuando se está contento con esa persona las orugas suben por la garganta y al momento de decir algo con sentimiento a esa persona sale el gusanito convertido en mariposa. La abuela le contaba que bastaba ver a las parejas para darse cuenta de esto porque cada vez que hablaban ¡puff! una mariposa, si cantaban una canción de amor ¡zaz! otra mariposa, un beso ¡traz! más mariposas; la abuela decía que esas personas no tenían miedo a que se les acabaran las orugas porque estando con la persona correcta éstas siempre saldrían.

El niño quería crecer y sentir las orugas, el juraba que cada vez que hablaba con la abuela y con sus mamá salían mariposas, tanto creía en esta historia que cada vez que se iba a dormir con esa exitación de haber tenido un día mágico, al momento de dar el beso de las buenas noches a su madre y decirle “te quiero”, el niño se tapaba la boca para poder atraparlas y poder verlas. En los días más excitantes creía que las alas eran de colores intensos: rojo con verde esmeralda, azul eléctrico con motas naranjas, pero él aún no veían nada por eso le preguntó a la abuela el ¿por qué?, si lo que decía lo enunciaba desde el estomago pasándole esa emoción por el pecho hasta salir por la boca, la abuela le explicó que eran cosas de la edad, como estaba chiquito lo que el tenía eran orugas diminutas que se escapaban fácilmente entre los dedos; el niño se quedo tranquilo deseando crecer para poder ver sus gusanitos convertidos en mariposas grandes y hermosas.

Él creía en este cuento porque siempre que su abuela estaba en el jardín las mariposas la rondaban, más las blancas, cuando le decía esto a su mamá ella le contestaba que era porque su abue estaba llena de puro amor, el niño estando en el jardín rodeado del aroma de las flores de los árboles,las macetas de barro escurriendo agua y el suelo oliendo a tierra mojada, creyó aun más en la historia viendo a su abuela descansar después de regar, estaba a la sombra sobre una silla de mimbre y como era costumbre las mariposas revoloteaban cerca de ella, el niño no pudo aguantar su curiosidad mezclada con emoción y le preguntó ¿por qué siempre estaban cerca de ella si está sola y no hablaba con nadie?, también le reprochó que él siempre dice cosas sinceras y bonitas a la gente y nada, solo micro gusanos apestosos y escurridizos que ni a mariposa llegaban y ella callada con mariposas blanca y naranjas a su alrededor; la abuela le respondió que la envidia mata a las orugas, que tuviera cuidado y que las mariposas blancas no eran de ella, esas eran palabras bonitas que le mandaba el abuelo desde el lugar donde se encontraba y cada vez que veía una ella le decía gracias con el corazón y te amo con todo su cuerpo por eso siempre las mariposas la seguían, era su manera de comunicarse con el abuelo, así no lo extrañaba, esos animalitos la mantenía viva y llena de amor.

El niño lo entendió todo a su manera infantil de ver las cosas: él tenía amor por dentro que iría creciendo y su abuela era mágica por comunicarse con el abuelo usando a las mariposas como mensajeras.

Una día su hermana mayor lo encontró triste y al preguntarle el motivo de su estado de ánimo el niño le respondió que había sido porque las flores que le dio su novio a ella hace una semana estaban marchitas y en la basura, por lo tanto ya no la quería o bien, los cuentos son una porquería, su hermana intentó explicarle que se amaban pero su hermanito no quería escuchar diciendo que los cuentos no son reales que aún habiendo amor las flores no duraron ni una semana y que tampoco había mariposas, solo se la pasan llenándose de baba el uno al otro, ella sonrío y le dijo que lo que estaba en la basura eran las plantas que acompañaban las flores, le pidió que le trajera el libro que estaba sobre el tocador de su recamara, el niño trajo del lugar señalado un libro grueso y pesado, al momento de abrirlo no tardó en encontrar las flores, la hermana le dijo, acuérdate lo que dice el cuento, cuando hay amor de por medio las flores pueden durar más de un año sin perder sus pétalos, velas aquí, están completas; no pierdas la fe en los cuentos, esos dan magia a la vida, no te desilusiones tan chiquito, ya tendrás tiempo para eso cuando crezcas, mientras disfrútalos; antes de irse a su recamara, su hermana recordó lo importante que eran las orugas para él, así que le dijo que si no veía las mariposas cuando ella estaba con su novio llenándose de babas era para no dejarlas escapar y que no se dieran cuentas sus papás de que su novio había estado en la casa, ¡imagínate si ven a una mariposa dentro de la casa!

El niño se quedó tranquilo y con la fe repuesta.

Con forme creció se dio cuenta de que el mundo se empeñaba en demostrarle que los cuentos, cuentos son y que la realidad no tiene chiste y menos algo de mágico, pero él se aferraba a su modo.

Cuando el niño entró en la preparatoria seguía atesorando la metáfora trasgiversada de las orugas que su abuela le contaba, la guardaba porque seguía siendo testigo de como esa mujer seguía usándolas como mensajeras para comunicarse con su difunto esposo, él sabía que eso era cuento al igual que del gato feo que le cantaba a los peces que le contaba su amiga que ya para estas alturas había cambiado las canciones de niños por canciones de Coldplay y Frank Sinatra, ella le quemaba discos compactos con listas de canciones muy variadas, tanto que no se podía etiquetar un genero en sus discos. Los años de la prepa se pasaron volando y una semana antes que ella se fuera a una universidad del norte del país, le confesó que el cuento siempre se lo contó mal, le dijo que el gato no le cantaba a los peces para que fueran amigos, les cantaba con la esperanza de que un día se enamoraran de él, pero eso nunca pasó a pesar de que el gato les pidió desafinado “Fly me to the moon and let me play among the stars…”, el niño que ya no era un niño se quedó atónito, no supo que hacer ni que decir, ella se limitó a decirle que no se preocupara, que los peces nunca lo entendieron porque ellos eran peces y el un simple gato feo, le pidió al niño que siempre fuera su amigo a pesar de la distancia y se despidió de él.

Cuando el niño llegó a su casa pasó de la confusión a solo sentir como se iban muriendo esas orugas que tenía dentro, era como si fueran desapareciendo dejando un gran vació cada vez que una hacían ¡puff!. Al día siguiente su cuerpo se movía porque tenía que hacerlo, comía porque su madre lo obligaba y extrañó la voz de un simple gato que le cantaba al agua esperando que un pez saliera; aceptó que jamás le había parecido feo y se dio cuenta que le era necesario, ¿cuántas veces le había contado de otras chicas y de la decepción de no sentir las mariposas que él esperaba?. Ella era la única que sabía de ese cuento porque si lo contaba a otros lo tomarían como un desviado. Ese gato lo que había despertado con su voz había sido a las orugas en su interior y sin ella no podrían vivir.

El niño tomó la decisión de cambiar de universidad dejándolo todo por la que le mantenía vivos los gusanos. Dos días antes de que ella se fuera a su nueva vida, él le marcó del móvil poniendolo cerca de las bocinas de su coche; cuando ella contestó sonó una Paloma Querida al estilo de Natalia Lafourcade “me encontraste en un negro camino, como un peregrino sin rumbo ni fe y la luz de tus ojos divinos cambiaron mi suerte por dicha y placer, desde entonces yo siento quererte con todas la fuerzas que el alma me da…”el niño le dijo que la esperaba afuera de su casa si es que a ella aun le interesaba cantarle a los peces, ella así lo hizo y al tenerlo cerca recibió una rosa con el cuento de las flores que duran para toda la vida; esa noche hicieron el amor con los nervios de la primera vez a pesar de que no lo era para ninguno de los dos, fue como el cuento del tío hippie y a pesar de que no eran la primera persona con la despertaban, estaban seguros que si eran las personas con las que se quedarían por muchas mañanas continuas.

Días antes de la boda, el papá del niño se quedó a solas con su futura nuera, la mujer que le cantaba a los peces, este le platicó que cuando conoció a su esposa él la siguió por siete estados del país en un vocho desvencijado, su suegro que estaba metido en la política no lo quería porque creía que era un vago lleno de puros sueños y casar a su hija con ese no le traería ningún beneficio y por más que le presentaba a los hijos con los apellidos más importantes del país su hija no mostraba algo de gracia, ni una risa de compromiso, ella solo brillaba cuando estaba con el dueño del coche que se descomponía a cada tanto y que justo iba por darse por vencido cuando ella llegó a su casa con maleta en mano diciéndole que se casaban ese mismo día o su papá lo mandaba matar, no lo pensaron y se casaron por la única ley que el padre no le convenía desacatar. La nuera que se había inventado la historia del gato entendió que el cuento del cirquero era el cuento de sus suegros; supo que cualquier realidad sabe mejor cuando se aderezado con la magia de algún cuento aunque no sea del todo verdad ni todo mentira.

Varios años después de la boda llegaron los hijos que crecieron con los mismos cuentos que sus padres más unos nuevos, todo con tal de continuar con las noches de sueños, de magia y una pizca de esperanza de que todo es posible. A pesar del tiempo y los cambios el favorito de toda la familia era el de las orugas en las entrañas y es que hasta el día en que murió la abuela ésta estuvo rodeada de mariposas de muchos colores sin faltarle nunca una de color blanco que le decía al oído cuanto la amaban, tal vez por eso nunca se le vio triste. El día del funeral todos los que fueron testigos del cuento, soltaron mariposas blancas y de colores para decirle cuanto la iban a extrañar, gracias y te amo, la abuela se fue en paz.

El niño al día de hoy sigue contando cuentos y sintiendo orugas.

Bendita la magia de las historias ajenas. 

viernes, mayo 02, 2014

Adiós a Lenin

Vengo pensando en escribir esto, mejor dicho escribirte, porque sabes bien que él único que puede entender esto eres tú. Hago otra acotación, no creo que lo entiendas ni lo quieras hacer, pero por si un día por error piensas en el pasado o en mí te dejo estas líneas.

Tengo miedo de seguir tecleando y como siempre, cada vez que tengo enredado el corazón los dedos intentan ayudarle, aunque esta vez creo que es más difícil de lo que creí porque no es confesarte a ti, es confesarme a mí mismo cosas, lo hago por los dos, lo hago para mí mismo.

Enero fue el mes de nuestro inicio y de ese ya tiene 14 años, ¿te acuerdas cómo fue? Yo tengo vagos recuerdos, la memoria se empieza a descomponer por más que uno se aferre, el pasado se va deformando a su antojo y otras veces a nuestra conveniencia, no me acuerdo dónde te conocí, ¿fue en Plaza Universidad o en el Parque Hundido?, esos lugares son emblemáticos de nosotros; lo que si recuerdo es que vivías en Texcoco y estabas con eso de la medicina. El día de la primera cita lo confundo con alguna otra vez que salimos juntos pero lo que tengo grabado es la despedida de ese primer encuentro, estábamos en el anden y cada quien tomó su dirección, yo me quedé con la sensación de que había algo, un sabor muy peculiar, un aroma ya aprendido, había empezado a contar tus lunares y en esas cavilaciones andaba cuando alguien tocó mi hombro y antes de que yo subiera al vagón tú me abrazaste muy fuerte, no puedo enunciar tus palabras pero tu presencia en ese momento me dijo que no te me ibas a ir tan fácilmente, me dio por sonreír de manera tonta, me puse de buenas y tu existencia me daba la seguridad de que yo estaba hecho para los buenos amores.

¡Fueron tantos los momentos! me acuerdo mucho de las tres cartas del futuro que me hiciste, yo tenía que escoger una y ver que nos deparaba, me dijiste que lo que leyera en esa carta iba a ser destino, yo tenía miedo de escoger la que dijera que eso terminaba ahí, que no éramos el uno para el otro, en esos años la superstición era fundamental para darle sazón a mi vida y a los sucesos que estaban por ocurrir… para mi fortuna elegí la carta que prometía que estaríamos juntos, me sentí tan aliviado; eso fue en el Bosque de Chapultepec o en el Parque Hundido, creo que fue en el primero, después de guardar el sobre con una alegría inmensa y antes de que yo ignorará los demás, me pediste que los abriera, en mi mente leí cosas dramáticas como tú y yo no podemos estar juntos o el tiempo que nos queda es poco vivámoslo como mejor se pueda, pero no, todas decían lo mismo: “te quiero en mi vida”, yo te volví a abrazar para reafirmar la verdad del momento.

La primera parte de nuestra historia se desarrollo en los lugares ya mencionados, también contigo conocí Cuicuilco y su centro cultural, te acuerdas de esa exposición de arte mexicano de los cuarentas y la publicidad de entonces, y qué tal la casa del comic cerca del metro Zapata, donde podías pasar horas buscando novedades de mundos fantásticos que nunca entendí y que no me interesaba entender, lo que me gustaba de ellos era que formaban parte de tu personalidad, como me los contabas y que tu vida estaba ligada a la mía de mil maneras. Contigo fui a mi primer Hotel, no hicimos el amor porque el amor ya existía y solo nos descubrimos lo que nos hacía falta, recuerdo que mi madre ese día me dijo que olía a jabón de hotel y yo me hice el desentendido, ahora que lo pienso, lo que hiciste fue un crimen, bien nos lo dijo un policía en el parque de una iglesia, yo 16 y tú 20,

¿Te acuerdas del balneario de Tepozotlan al que fuimos? 
Ya está cerrado desde hace años, tampoco sobrevivió.

El final de esos días corrió a cargo de mi despiste por llegar al lugar equivocado y de tú irritación que escribió el correo del final que a pesar de que me dijiste que no abriera yo lo hice como el terco que soy, te habías arrepentido del contenido y yo me sentí lastimado, fue una equivocación de ambos; yo llevaba un regalo para ti y con ese mismo regalo me regresé a mi casa sintiéndome el más tonto y decepcionado por ver que para ti era muy fácil terminar.

Nos olvidamos un tiempo y tres años después nos volvimos a ver e intentábamos regresar, yo desconfiaba de las segundas partes y más cuando me habían herido, creo que estabas arrepentido y también dolido, porque cada vez que te decía que te quería o te amaba tu me respondías con que tenías mucho calor, hambre o frío, te habías vuelto una persona de maneras distantes, por eso cuando otros brazos me ofrecieron las palabras que tú no, decidí terminar contigo, esa vez el culpable fui yo.

Yo creo que conocer la historia del otro no hace que justifiquemos sus errores, pero si a entenderlo. A mí me habían educado a punta de coscorrones de manera desconsiderada y después me pedían perdón, entendí erróneamente que el amor es noble y sincero pero al final siempre lastima y mucho. Con la edad y con varios traspiés amorosos, decidí no arriesgar más de la cuenta, el corazón se me había cansado a pesar de que me aferraba a la idea de que era lo único que valía la pena en este mundo, de que es lo que le da cuerda a todo, por esa razón volvimos a vernos una tercera ocasión tres años adelante, nos hicimos amigos, algo que no habíamos hecho y ahora el Parque de los Venados y División del Norte fueron nuestros lugares. Un día, meses después de que regresé de Europa, me llevaste a un restaurante francés, me diste una libreta y en cada hoja escribiste te amo en todos los idiomas que te fue posible, llegamos a tu departamento y me pusiste la canción de Closer de Travis y me diste el cd, me preguntaste si volvería contigo y dije que no, ya había mucho daño entre nosotros y que una amistad era lo mejor, pero ni eso conservamos, quise huir, en mi interior tenía grabado con sangre que el amor lastimaba a pesar de que fuera incondicional.

Meses después fui al concierto de Travis, y mientras escuchaba “lean on my now…”, mi primer impulso fue marcarte, decirte que te extrañaba, oírte; tu respuesta fue obvia, “¿para qué marcas?” y colgaste, yo pensé: para saber que estabas ahí.

No sé si fue el destino o la insistencia y el deseo de que pasara, te volví a ver y a saber el uno del otro, ahora todo parecía mejor, me acuerdo que pasaba los fines de semana en tu casa, a llamarte a diario, cocinamos juntos, despertamos viéndonos, me compartiste la historia, que no conocía de ti y todo iba viento en popa. Pero la inseguridad y los miedos son algo que arraigué en mi como autodefensa a ser lastimado, ya había sufrido tu ausencia, la de otros, escuché los finales ajenos y pensaba que el amor era algo sufrible y que yo no estaba dispuesto a hacerlo una vez más, hoy día ya no tengo historias épicas de amores largos, sólo unos meses y cambio de página. Bueno, regresamos contigo, tú te ibas a conocer Inglaterra y España y como me habías contado cuando ininiciamos como amigos, te encantaba conocer los cuerpos de los hombres del país en turno y estando soltero no tenías que rendirle cuentas a nadie, pero ahora que estábamos juntos me juraste que no lo harías porque estabas conmigo, te dije que no había problema si lo hacías, solo que no me enterara. Yo quería tenerte de regreso y verte cerca pero tanto me juraste que no lo harías que te creí y para cuando regresaste y me enseñaste tus fotos descubrí una de alguien que se levantaba de la cama mientras tu tomabas la foto; me dijiste que no era lo que estaba pensado, que no era lo que parecía, para ese momento el corazón se me cerró de golpe y no te creí, no te escuche, no te di oportunidad de nada,  me pediste lo que me habías traído de ese viaje porque ni una vez más me ibas a soportar que jugara contigo otra vez, la excusa la tenía en la punta de la lengua, pero la verdad estaba muy cansado para dártela, no iba a dejar que nadie me lastimara y por mínima que fuera la amenaza nadie me iba a ser dependiente de nadie, ni de nada, yo no iba a sufrir pensando si me engañaste, si rompiste tu promesa; la verdad era que en el momento que vi esa imagen congelé mi corazón, me amenazaste con una sarta de tonterías y gracias a ello me aleje más, al día de hoy no recuerdo si esa foto fue verdad o yo le agregué elementos...

Te di lo que me habías traído de Europa y lo que me diste desde hacía 10 años, carta por carta, recorte, servilleta, detalle y disco; te entregué todos los recuerdos y la carpeta del corazón se quedó con un espacio en blanco, las fechas se me revolvieron porque te entregué mis indicadores.

Días después en sueños te vi, estabas lejos y no te podía alcanzar, una chica rubia me decía que era lo mejor, yo me resigne y al despertar fue lo que hice aunque muchas veces sin querer te evocaba desde dentro.

Desde la última vez gente ha ido y venido a su antojo, ninguna ha llegado más allá de lo que tú y otros pocos han logrado, no porque sea inalcanzable, ni porque este esperando al príncipe azul, la respuesta es simple, he sacado mi corazón del juego poniendo tantos peros como me es posible: muy flaco, muy gordo, muy listo, muy tonto, muy culto, muy inculto, muy pobre, muy rico, muy guapo, muy feo, muy amanerado, muy masculino, muy meloso, muy frío, muy alto, muy bajo, muy sexoso, muy frígido, muy joven, muy viejo, muy blanco, muy moreno… la lista de los “muys” es MUY larga y yo muy confiado, tal vez sea cierto eso de que en la vida solo tenemos 4 verdaderos amores y yo para mi mala suerte con ninguno me he quedado.

Cada vez que escribo es porque tengo algo atorado en el corazón y los dedos me ayudan a desenmarañarlo, me ayudan a que de vuelta a la hoja y conciliar lo que atormenta, es tiempo de dejarte en paz, de dejar de pensarte cada vez que paso por Eje Central, de ponerme nervioso al pensar en ir a Plaza Universidad y encontrarte, ¿qué haría si te encuentro? ¿Qué harías tú si me ves? ¿y si vas con alguien? ¿qué sentiría? ¿serías grosero o solo me ignorarías? ¿me saludarías? ¿platicarías conmigo?. Son tantas las preguntas que por eso no he pisado esa plaza desde el 2011, y si seguimos con las confesiones aun guardo tú numero telefónico y te sigo en twitter para saber ocasionalmente de ti.

Te escribo hoy estas líneas no para que las leas sino para que cuando yo lo haga entienda que él único que ha perdido al creer que gana soy yo, te escribo esto por la fecha, para entenderme, para justificarme, para olvidarnos.

¿De qué sirve estar a salvo cuando lo único que aprendemos es a estar solos?

Espero responderme esta pregunta a tiempo.

Adiós a Lenin.

jueves, abril 24, 2014

¿La mejor mujer del mundo?

El 25 de abril de hace ya varios años nació una mujer muy entrañable para mí, tengo la fortuna de convivir con ella solo 29 años, tiempo suficiente como para poder conocer bien a alguien. Esa mujer que tan bien conozco y a la vez no es mi madre, oficialmente para el mundo ella es Lorena.

Esa mujer fue la que antes de ser mi madre, fue esposa de su primer y único novio eso quiere decir que también fue novia de un hombre de maneras frías y mundanas que al día de hoy no está con ella, fue hija, hermana, nieta, amiga y si le sigo puedo encontrar unas 50 ocupaciones más como: hombro para llorar, clienta, empleada, sobrina, prima, enemiga, cocinera, costurera, estudiante etc., una mujer muy ocupada y a la cual no debo de juzgar porque es mi madre, ¡patrañas! si uno juzga hasta su sombra, seguro la persona que se jacta de que no debemos de hacerlo también maquinó algún pensamiento sobre sus progenitores, pero en esta sociedad sino se dice en voz alta uno se libra del pecado a pesar de haberlo pensado con los dientes bien apretados.

Yo juzgué a la mujer de la que hoy les hablo, llegué a odiarla por mi falta de años y por falta de entendimiento. Hoy día puedo decir que Lorena, mi madre, está muy lejos de ser una buena persona y ¿por qué lo digo? Pues por el simple hecho de que es HUMANA y al decir esa palabra en cualquier genero es igual a decir que es falible; con ese simple adjetivo tiene toda la justificación de cometer tantos errores sean posibles, de herir, de llorar, de maldecir, de herrar, de confundirse, de gritar a rabiar y es que los humanos venimos con una caja con todo tipo de emociones que tenemos que usar a nuestro antojo, lo que muchos no sabemos es que la tarea con esa cajita es saber cuales usamos y en que medida lo hacemos. Al día de hoy esa mujer falible y con tantas profesiones ha llegado a la edad con más medallas que cualquier capitán de ejercito y no por ser perfecta, no es que yo la juzgue, repito: es HUMANA, no es ni la mujer modelo, ni la mujer maravilla, ni la mujer más hermosa, ni la más inteligente del mundo, obvio cuando uno es niño es todos esos adjetivos y más pero uno crece y entiende la naturaleza del hombre y el telón se viene abajo y dejamos de ver el cuento de hadas de lo que es una mamá.

Una verdad contundente y reveladora: LORENA es humana y por lo tanto falible pero la Lorena que conozco es una mujer que ha trabajado día y noche por ser una mejor persona, no le ha sido fácil como no lo es para nadie, tiene un corazón como el mío, como el de su madre, como el de todos.

Yo quiero felicitarla hoy 25 de abril de 2014, no vanagloriándola y subiéndola a un altar, quiero felicitar a la mujer real, la que ha perdonado no ser la hija preferida, la que ha llorado los golpes de un mal amor, la que a base de errores ha crecido, la que ha elegido mal, la que se desesperó creyendo que no había salida, la que creció dos hijos con los muchos o pocos conocimientos que tenía a la mano, la que ha sabido perdonar a tantos y la que está aprendiendo a perdonarse… felicito a la mujer que no intenta ser modelo sino a la que es guía y compañera, la que es cómplice y amiga, felicito a la mujer que hace maravillas con lo poquito o mucho que tiene en las manos, eso es lo que forma a una mujer maravillosa, felicito a la mujer que se procura para sentirse bella consigo misma y que como resultado sea una mujer hermosa por fuera, felicito a la mujer que es inteligente y no por saber todo de todo, sino por saber aprovechar lo que la vida pone en su camino, felicito a la hija, la nieta, la sobrina, la prima, la jefa, la compañera, la amiga, la mamá, la mujer, la humana…

Efectivamente mi madre no es perfecta, lo que si sé y no me queda duda de ello es que es GRANDE y es para aplaudir que sigue luchando, no se detiene, si la vida le escupió en la cara, ella se la limpió, si el corazón se le rompió en cachitos ella los recogió y lo reconstruyó, si alguien le pegó, ella lo perdonó, si alguien la rechazó, nunca cerró sus brazos. No porque sea su hijo voy a decir cosas para magnificar su imagen, solo soy testigo de la persona que me ha enseñado a levantarme una y otra vez más sabio, más fuerte, siempre para adelante, esa humana me enseñó a aprender que de lo malo algo bueno tenemos que sacar.

Doy gracias a Dios por tener una mamá humana, a la que juzgué, pero ahora en vez de eso, la entiendo y bajo ese concepto puedo ver que es una mujer digna de respeto y de llevar las medallas de una guerrera con más batallas ganadas que perdidas.

La GRANDEZA no es algo con lo que se nace, es algo que se consigue todos los días.


jueves, marzo 13, 2014

Un gran comienzo

Hoy salí una hora y media más tarde de lo habitual de mi trabajo, aún había luz de día lo cual agradecí porque Tultitlan no se distingue por ser el municipio más bonito y mucho menos el más seguro, tomé el camión rumbo a casa, saqué un libro y el conductor decidió que era mejor apagar la luz, lo cerré en la página 21 pensando que historia me traerá Ana Carolina cuando pueda continuar con la lectura, en eso andaba yo cuando un par de muchachos se subieron con guitarras en mano, no pude averiguar sus nombres debido a la pena de preguntarlo, pero uno tenía pinta de Pedro, porque traía pantalones raídos, muy a la hippie con morral y cabello largo, el otro tenía cara de Josué, ya que parecía un poco más sofisticado, con lentes y corte de cabello a la moda. Pedro hizo la típica introducción: buenas tardes damas y caballeros, espero no molestar su viaje, pero mi compañero y yo traemos un par de canciones para poder seguir estudiando, ¡fantástico!, ahora me tocaba escuchar a un par de músicos que seguro no tenían ni un ápice de talento, las guitarras empezaron a sonar, “En algún lugar de un gran país, olvidaron construir, un lugar donde no queme el sol y al nacer no haya que morir…” me sorprendió el talento y la afinación de este dueto, tenían cara de bohemios que gustan de las noches con canciones interminables justo como sus sueños, cantaban con algo en los ojos parecido en la esperanza, se sentía que tocaban la guitarra con el deseo de cosas buenas, me daba la impresión de que eran buenos muchachos implorando cosas positivas, así lo quería para ellos porque mil veces mejor compartir una canción con un montón de desconocidos que ser un ladrón o peor aun, una persona sin sueños y eso me quedaba claro que no lo eran.

Al momento de despedirse y pasar por la cooperación, les di un billete de veinte pesos pidiéndoles 15 en cambio, digo, eran talentosos pero yo no soy rico aún, Josué dejó caer en mi mano puras monedas de peso y dijo, disculpa hermano, es que vamos empezando, en mi cabeza y en mi corazón enuncie, ojala y nunca terminen.

Pido para que la voz nunca se les acabe y les acompañe toda su vida, les deseé mucho éxito y que siempre sigan hacia delante en cualquier camino que tomen, agradecí porque el talento compartido es doblemente talento.


Gracias a los fortuitos bohemios.

jueves, febrero 27, 2014

El arte de saber restar

Mónica nació en un pueblito en Tabasco, vivía con su abuelo que la cuidaba pero la verdad parecía ser otra, ya que a pesar de su corta edad ella le lavaba, planchaba y hasta en la cocina se entrometía la niña de cabello castaño y bajita estatura. Lo que nunca olvido de lo que enseñan en la primaria fue a restar y es que desde chiquita le quitaban y le quitaban, primero a su madre que murió cuanto Mónica tenía 3 años, a los 5 a su padre, ese hombre que le enseñaba a entender las estrellas, de ahí perdió su casa, sus amigos y hasta su mascota y para los diez a ese abuelo cansado que intento darle lo que ya nunca tendría: una familia de sangre.   

Una pareja de la capital como le llamaba al D.F., la adoptó y la trató como a una hija porque ellos no podían concebir por más que lo intentaban y como ya estaban entrados en los cincuentas la niña parecía más bien su nieta. La vida se empeñaba en quitarle y quitarle porque a los 16 perdió a su padre y a los 18 a lo que conocía como cariño materno encontrándose de nuevo huérfana hasta de lo los padres adoptivos que tanto le enseñaron; ya se había acostumbrado a sembrar gente en su corazón y luego arrancarla de raíz, pero Mónica no se dio por vencida, ¡de tripas corazón y a seguir hacía adelante!.

Ya casi a los 20 años, se encontró con Manuel, dicen que hay un roto para un descocido y es que ese muchachito dejó a su familia en el norte y ya no sabía nada de ella; se casaron muy pronto y para los 23 tuvo a su único hijo, por fin Mónica tenía una familia, ¡sí!, era de ella: un esposo y un hijo, bueno, su cónyuge no era el mejor partido porque en esos años le pegaba con la seguridad de que el machismo nunca pasaría de moda, además, ella no conocía otra manera de querer, las únicas emociones con las que relacionaba el amor, era el dolor de los golpes o el dolor de perder para siempre a alguien, ya se había acostumbrado a que los que la amaban se iban derechito a la tumba, así que ella escogió la que le dolía menos en el alma: los golpes, los jalones de pelo y los gritos… Su aliciente era su hijo Luis, un niño adorable que cuidaba como a su misma sombra, era la primera vez en la vida que estaba dispuesta a sumar y a sumar bien, mucho amor, caricias, palabras de aliento y de ternura, abrazos y un sin fin de besos, por fin conocía un amor puro, un amor que no lastimaba, pero no todas las cosas se mantienen inocentes en esta tierra de hombres que contaminan todo lo que tocan, Manuel seguía queriendo a Mónica a golpes y Luis llegó a la edad donde ya no lo soportaba, se fue a pesar de que su amor hacía su madre era inmesurable y ésta lo dejó volar, no lo detuvo cuando decidió irse, se fue como arena entre los dedos; su hijo nunca dejó de estar en contacto con ella, la amaba, eso era un hecho.

El tiempo pasó y Mónica restó la ausencia de su hijo y con el tiempo Manuel no pudo trabajar y era su esposa la que tenía que adicionar ingresos a la casa, nada era vergonzoso para ella, vender leche, lo hacía, preparar gelatinas y pararse afuera de las escuelas, lo hacía, barrer a fuera de los comercios por unos pesitos, ¡pero por su puesto!. Lo único que le daba pena a esa mujer incansable era saber restar mejor que cualquier cosa, ya no quería perder ante la vida por mucho que ésta se empecinaba en ponerla de rodillas y lograr vencerla.

Luis siguió los pasos que le tocó aprender,sino había caído en drogas o en el alcohol era porque su madre siempre le enseñó que la dignidad es lo único que uno tiene integro hasta que uno decide perderla, fue por eso que Mónica le puso un alto a su esposo antes de que este siguiera golpeándola porque la quería; le dijo que si le ponía la mano encima otra vez iba a averiguar que era la soledad, Manuel muy obediente entendió porque sabía muy bien lo que sentía y ella era lo único que tenía, naturaleza humana, destruir lo que al final sabemos que nos va a perdonar hasta que lo deje de hacer, pero Mónica ya no estaba dispuesta, se cansó del amor a golpes.

Un día el esposo descubrió que tenía diabetes y bastó una cortada en el pie para dar inicio a un proceso doloroso y corto, Mónica hizo una vez una resta al corazón, disimuló su pena y la ausencia con horas incansables de trabajo por eso no tardo mucho ella en caer en el hospital, cuidada por su único hijo, lamentablemente para esas fechas Luis había cambiado de trabajo y no podía ausentarse porque si lo despedían perdía el seguro médico que cubría a su mamá y como era soltero no había quien sostuviera la mano de Mónica en esa cama fría, los amigos que la habían visto luchar ante la vida como un perro furioso eran su única compañía en las horas de visita a las cuales Luis ya no llegaba. Era la primera vez que ella se dejaba hacer por la vida como ésta quisiese.

La compañía no faltó, pero la soledad de las noches era lo que la hacía enloquecer, tanto luchar, trabajar, aguantar, esperar y rezar para terminar en una resta tan sencilla, donde el resultado era perderlo todo. Pensó en aquellos que se le adelantaron y se preguntaba si por fin iba a tener la paz que tanto le habían negado, pero en ese mismo momento Mónica dijo en voz alta como si la vida tuviera cuerpo y estuviera a su lado viendola, que paz ni que nada, llévame a donde me tengas que llevar que tú y yo aun no terminamos y en donde termine ahí nos seguiremos viendo las caras. Ella sabía que si se quedaba quieta los recuerdos le pasaban todos por lo cabeza y le pesaban como costales de arena, por eso no le gustaba estar así, a punto de suplicar, de doblegarse hasta que una noche se dio por vencida anhelando los brazos de su madre, la que la llevo nueve meses con ella y la que decidió quererla de pronto, se imaginó viendo un manto negro lleno de luciernagas mientras su padre le decía cual seguir para no perder el rumbo, su abuelo calentando los frijoles y su su padre postizo repitiéndole que se cuide de los hombres mientras le daba de besos en la mejilla, lo único por lo que sí suplico y con toda el alma fue por Luis, pidió porque no se quedara solo, porque el día que llegará a viejo hubiera alguien que le acariciara las pecas de las manos, que el amor lo cobijara todos los días de su vida, fue lo último que se repitió en el corazón, dejó que los recuerdos la invadieran y por fin Mónica cerró sus ojos y por primera vez desde que tenía tres años se le vio tranquila, con una sonrisa retadora que solo ella sabía muy bien a quien iba dirigida.



Afortunada ella que aprendió el arte de las restas, ardua tarea para los que nos quedamos.

Que el universo premié el alma de una mujer que nunca dejó de luchar. Descanse en paz aún en sus privadísimas guerras.

martes, febrero 25, 2014

Un acto de gracia

Hoy, después de un largo recorrido dominical, desde el Auditorio Nacional, hasta la Alberca Olímpica y de regreso; pude ver mi ciudad en sus diferentes partes, pude ver lo bello y lo pobre, la carencia y la tranquilidad, lo que huele bien y lo que no, donde está bien pavimentado y donde el chapopote esta deforme de tanta parchadura, también vi muchas personas, unas trabajando como si la semana no tuviera fin de semana y otras como si la vida fuera un fin de semana eterno, esta ciudad llena de bipolaridad donde los menos se van haciendo más y lo más son los menos…

En esas cavilaciones andaba cuando a mitad de mi lectura en un vagón del metro rumbo a casa, un muchacho con pinta de hacer trucos nos sorprendió a todos con unos aplausos, unos pusieron cara de susto, otros de molestia y otros como yo indiferentes, el muchacho se presentó, yo vengo a hacerlos reír, dijo como si diera los buenos días mientras se subía el pants negro y sacaba de su mochila unos pinos como de boliche, hizo una caravana como si fueran el gran cirquero, de esos que doman leones, pero no, este solo traía 6 pinos dentro de una mochila verde y anunció, el primer acto se llama “pinos en movimiento” hizo saltar al aire dos pinos mientras otros dos estaban en las manos y hacia el cambio de manera tan ágil que parecía que eran cuatro en el aire y luego los que estaban en el aire los hizo aterrizar sobre las puntas de los que sujetaba y con equilibrio los mantuvo así por un buen raro, no se le cayeron. Acto 2 “El acto de las chichis” todos nos reímos esperando no ver lo que el nombre presumía… evidentemente sus chichis; pero para sorpresa de todos el joven con corte mohicano y expansión en la oreja hizo malabares con los pinos sobre sus pecho a una velocidad y una destreza que solo practicando meses y obvio con ganas, al final del numerito todos aplaudimos. ¿Qué?, le preguntó a un señor más serio que todos, ¿No le gustó o por qué no se ríe? Ah, ya sé, tengo un público exigente el día de hoy, no se preocupe, el que sigue lo va a convencer. Acto 3, “El saca ojos” varios soltamos la carcajada con el albur y después de ver lo que hizo con el acto de las chichis no quise pensar con que haría los malabares y lo peor es que había niños ahí, pero no, no se espanten, el malabarista en pleno metro andando hizo volar los seis pinos con una agilidad envidiable, yo hasta tiro la mayonesa cuando me la piden y él fanfarrón éste hasta con seis cosas en la mano, todos nos reímos de alivio al ver que nada tenía que ver lo que teníamos en mente con eso del saca ojos. Acto 4, el más difícil, hay Diosito y Virgencita ayúdenme por favor, para ese momento a todos nos tenía en suspenso pensado en lo que seguía; se aclaró la garganta y dijo, ahora el acto de “La cooperación”… y de nuevo risas y aplausos, creo que nunca había visto aplaudir a tantas personas dentro de un vagón de metro y mucho menos con esas ganas. Muchos dimos lo que pudimos o lo que encontramos en las bolsas. El chico circense se bajo como si nada dejándonos a todos con caras menos largas y más a doc para un domingo con sol, a lo lejos un niño le dijo a su mamá, yo quiero hacer el de las chichis mami, volvimos a reír.

Para mi fue una maravilla encontrarlo a él en medio de la tarde, que de haberme quedado en casa no hubiera tenido que contarles, pero decidí salir, recorrer la ciudad como si no la conociera encontrándome con un valiente que tuvo a bien hacer reír a más de 15 persona, me pregunté si lo haría como hobbie, cómo una manera de vivir o solo para ganar unos pesos más; no importa, lo que vale es que hizo un rato ameno con su esfuerzo, su talento, sus puras ganas de hacerlo y no temerle al ridículo, aun así se hubieran reído solo tres, yo le agradezco que nos haya sacado de nuestro ensimismamiento por una cuota mínima, él puso algo de diferente en nuestro día y en nuestra rutina.


Eso es algo que se agradece del día a día de vivir en esta ciudad, fijarse en los pequeñosdetalles y reírse con la fortuna de escuchar y sentir al mundo.

miércoles, febrero 12, 2014

Los libros, mi pan y vino

¿Qué podría decir de los libros?

Los libros me han entretenido, me han enamorado y hasta me han salvado. A veces la realidad tan monótona no me permite ver más allá de lo que recorro a diario y no por gusto sino por la vida que uno lleva en la ciudad, casa, trabajo, alguna actividad si el trabajo lo permite ya sea una clase o tal vez un deporte, llegar a casa y prepararse para el trajín del día siguiente; pero en mitad de todo eso, dejar espacio para un libro es vivir otra vidas, pisar otras historias, perder a alguien entrañable que no conocemos o enamorarnos de personas de otro siglo, ser voyeristas de las vidas de otros.

Los libros te marcan y se quedan contigo dependiendo el momento que estés viviendo, te traen a la mente a personas cercanas que fueron imprescindibles y que al llegar al epílogo de alguna historia solo pensabas en contarsela a ese ser especial.

Mi primer libro bien leído fue Arrancame la Vida de Ángeles Mastretta, bueno había intentado leer El Principito, el Popol Vuh, o el Libro de las tierras vírgenes, creo que termine el de Navidad en las Montañas, pero no me acuerdo porque lo leí como mero requisito en la secundaria, regresando a Ángeles Mastretta, puedo decir que me enseñó un concepto muy importante, pase lo que pase uno termina consigo mismo, bendita Catalina Gúzman que  aceptó y aprendió a querer a Andrés Ascencio, pero la manera en que amó a Carlos Vives me dio ganas de irme a parar a Bellas Artes a ver si me pasaba algo similar. A esa edad uno busca identidad por eso mi siguiente libro fue El Cielo de los Leones igual de Mastretta; ya con el primero de esa autora había descubierto que yo era responsable de mi vida pero ahora me encontraba en medio de tantas decisiones que fueron guiadas por los deseos ajenos, las expectativas de la familia y lo que creía en ese momento correcto. Dicen que todo pasa por algo, y creo que tienen mucha razón porque no significa lo mismo leer una novela de amor intenso cuando uno esta decepcionado que cuando uno esta enamorado, por eso tal vez la reacción que tuve al leer el primer capitulo de El Cielo de los Leones, fue llorar, fue saber que no era el único inadaptado que se sentía fuera de lugar y con la guerra perdida, con ese libro aprendí a fijarme en las pequeñas cosas, a maravillarme con las historias que tocaban mi vida, ese segundo libro me dio perspectiva y de nuevo di las gracias al cielo por tener la oportunidad de haber nacido en el mismo cielo que Ángeles.

No los voy a aburrir con la lista de todos los libros que han caído en mis manos de manera desordenada, con decirles que no recuerdo haber leído a los clásicos, pero bueno ya habrá la oportunidad o mejor dicho el interés de hacerlo.

No sé si les ha pasado a ustedes pero hay libros que son como una primera cita, hay algunos que te envuelven y te sientes tan intrigado, quieres saber más y más y puedes pasártela leyendo página tras página y no quieres que se acabe, pero pobre de ti si te toca uno sin chiste o peor aún, uno tan rebuscado que no entiendes ni pío y tienes que poner cara de que lo estás siguiendo pero la verdad al llegar a la página 20 lo das por perdido y dices “no puedo perder mi tiempo con semejante basura” y lo que sigue…

Hay un libro que me enamoró porque era de una oficinista venida a prostituta por azares de su necesidad; se dejaba hacer como uno quisiera, pero lo que me llevo hasta la página final fue que era una mujer que de lunes a jueves entregaba el cuerpo y los fines de semana el cuerpo con todo y corazón, que envidia sentí al saber que hacia el amor en toda la Republica Mexicana mientras yo leía en algún parque o en el transporte, a través de ella pude ver las fuentes, las camas altas y las bajas, los hoteles amplios y los pequeños, los sucios y los limpios, las plazas y los parques, a la gente y su comida, la pobreza y el declive de un sentimiento. Sara Sefchovich me contó bajito y de manera desmesurada que se puede amar con Demasiado Amor y que aveces el gran amor es imposible de soportar.

¿Alguna vez les han contado un secreto? A mi muchas veces pero soy muy malo para guardarlos, cuando los descubro no quiero mas que gritar el hallazgo y compartirlo, así lo hice cuando Itandewi una niña siempre niña, me dijo que Fernanda y sus Mundos Secretos tenían algo para mí, al conocer a la niña que tenía al mar por dentro o a Argentina, no pude sino correr y contarle en voz bajita a Oswaldo estos mundos y se los regalé.

Hay autores que se nos olvidan que son personas y personas que son autores, eso me pasa con Isabel Allende, he leído tanto de ella, pero es que me atrapó, al principio me pareció solo interesante, tal vez porque leí Retrato en Sepia, pero solo conocer a Clara Del Valle y sus espíritus, fue todo lo que necesité para confiarle mis horas de sueño, mis desvelos y mis ganas de conocer más sobre ese tal Pinochet. De ella no he leído todo, muchas la critican porque dicen que ya solo escribe por escribir, a mi en lo particular Paula, me hizo llorar en la calle sin vergüenza alguna y los que han tenido la oportunidad de leerlo sabrán a qué me refiero. Isabel es tan clara, te lleva de la mano página a página, es inevitable no quererla.

He de confesar que prefiero leer mujeres y es que para mí son más sustanciales, te cuentan lo que debe saberse y no te llenan los ojos con palabras que sobran, eso me paso con El Paseo del Elefante, de Jose Saramago, una historia que pudo contarse en 50 hojas en vez de casi 300… usa palabras tan rebuscadas y estoy de acuerdo que uno debe aumentar su vocabulario pero este libro es un exceso, de él solo puedo elogiar Ensayo sobre la ceguera, que tanto detalle te despeja el morbo de saber que pasaba exactamente con un mundo que parece en tinieblas y la verdadera naturaleza sale a relucir. Hay autores masculinos que no puedo dejar de mencionar porque merecen mi respeto a pesar de que son hombres y ya me declaré seguidor de las féminas: Gabriel García Márquez con sus secuestros y sus años con muchas soledadedes, el mexicanísimo Jaime Sabines y su elegancia para decir lo importante por inútil que pueda parecer, Arthur Golden y las Memorias de una Geisha. Tal vez para novela histórica los hombres son más precisos porque si de reconstruir se trata los detalles nunca faltan, por eso Ildefonso Falcones mereció toda mi atención para ver crecer Barcelona y su Catedral del Mar. Gracias a Rabih Alameddine pude pararme en Beirut el derrotado y a la vez regresar al Beirut esplendido, pude tocar la arena del desierto y conocer demonios no tan malos y a la vez juguetones, Markus Zusak y su Ladrona de Libros, mi hizo no temerle a la narradora y hasta la mexicanisé imaginando que era una mujer afrancesada muy elegante pero sumamente humana y sensible por ello me hizo llorar como pocas veces lo he hecho. No puedo dejar de mencionar a Jose Emilio Pacheco  y sus batallas, temo decir que llegué tarde a él, justo el día que terminé el libro a José se lo llevaban de este mundo, en fin…

Hay autores que uno debe de darles una segunda oportunidad, eso lo pienso con Paulo Cohelo porque El Alquimista, llego a mis manos en un momento que no lo necesitaba y me aburrió, llegué al final por puro respeto, fue como si estuviera obligado a llevar a mi cita a la puerta de su casa por encargo de la que nunca sería mi suegra, por eso está en mi lista de espera Veronica la suicida y sus Once Minutos. También hay autores que respeto y espero algún día poder conocer a través de sus palabras como Octávio Paz y su Elena Garro, a Rosario Castellanos, Leo Tolstoi, Jane Austen, Oscar Wild o Federico García Lorca, en fin, son tantos y tan poco tiempo…

Para no atiborrarlos con información que no necesitan, cierro diciendo que hay libros para todo momento, para cada persona y para cada sentir, yo cada vez que tengo chiquito el corazón recurro a Ángeles Mastretta para que diga “…yo diría que quien ha merecido la dicha puede soportar la desgracia, y que todaemoción santifica”, o a Marcela Serrano para que me diga lo que habita en mi corazón o a Laura Esquivel para que repita la receta de las codornices con pétalos de rosa, o ya cuando tengo ganas de ponerme pesado Delirio de Laura Restrepo… siempre un libro como el pan de toda mi vida.

1999 y las cosas que nunca me dije

  Y un día de 2024 sin querer me encontré en el mismo lugar de hace 26 años. Llegué al frente del edificio que ya se me hacía familiar, cruc...