miércoles, marzo 22, 2023

– Dilo, deja que salga – me dijo...

 Puso su mano sobre la boca de mi estómago, la mantuvo ahí y dijo

-habla

- ¿qué quieres que diga?

 – no tú, tu cuerpo, deja que hable.

Y mi cuerpo habló, de pronto un frío recorrió mi piel, pero no de fuera, sino de dentro, un nudo en la garganta, un par de lagrimas salieron de mis ojos sin explicación.

-Dilo, deja que salga – me dijo.

-No me dejes

Mi razón no entendía lo que boca decía… pero al sentir las palabras por segunda vez llegaron a mis todos esos momentos que no entendí en emoción, pero si en razón: todo pasa por algo. Esto es para que aprenda algo. Claro, este me llevará a otro nivel. No llores, no hay tiempo para eso, hay que estar a salvo. Sonríe todo es mejor sonriendo. Fíjate en no molestar, mejor apoya, tienes que ser fuerte para los demás. No sientas, escucha a los otros, acompaña a los otros.

Tanta razón fue guardando ese sentimiento entre los pulmones y el estómago, ese lugar cómodo donde aprendí a que con azúcar se callaba la maldita esa, esa que de pronto dejaba de ponerme de mal humor con un pastel de chocolate, unas galletas oreo de vainilla, una Carlota de limón. Ese que salía con mascará de ira haciéndome odiar al mundo, a la vida, a mi familia, a mi suerte, mi lugar, mi espacio, mis decisiones, me era más fácil odiar que aceptarla.

En ese momento, con la mano de un extraño en la boca de mi estómago, broto esa sensación de derrota, ese cansancio, se me borró la sonrisa y la pude aceptar. La tristeza.

-Di lo que no has dicho, no a mí, sino a ti – me dijo el extraño – ¿a quién le dices que no te deje?

En ese momento muchos momentos en mi vida fueron brotando.

A esa perrita que atropellaron cuándo yo era niño y no pude despedir y en vez de eso, arranqué en ira destruyendo todo, “no me dejes” quería decir, pero ya era tarde y no recuerdo que pasó días después, no recuerdo si me explicaron la muerte, no recuerdo si me abrazaron, solo recuerdo esa ira.

Esas ganas de decirle a mi mamá, “no me dejes” cuando decidió irse por su seguridad y para iniciar de nuevo con nosotros unos días después, yo sentí que fueron meses y que ni siquiera pude decirle eso porque se fue sin explicarme nada.

A mi papá cuando pudo quedarse a mi cumple pero prefirió irse a estrenar una raqueta, “no te vayas, quédate” quería decirle, pero mi razón convertida creció en ese momento, seguro tenía sus miedos y razones, pero me hubiera gustado que se quedara.

A Daniel cuando decidió que era mejor el suicidio que quedarse a jugar un rato más play, a contarnos los pesares de la vida, “no te vayas, quédate, esto vale la pena a pesar del dolor, son más las cosas buenas que malas, juntos se siente menos feo” es lo que me hubiera gustado gritarle al oído, abrazarlo antes de que decidiera cortar su respiración.

A mi abuela María, la mala unos días, la dura otros, la que hacía milagros con la inestabilidad de mi padre, la que estuvo siempre con una salsa, tortilla y frijoles como base de todo alimento. “quédate un poco más, vamos a comer juntos, déjame llevarte” pero no pudo, el carbón de su infancia pasó factura a sus pulmones, eso y el cigarro y pues no sufrió mucho, pero yo sigo buscándola en un buen taco, una salsa tatemada y unos frijoles negros.

El mejor consejo de todos, “no mata el alcohol, lo que mata es la coca” decía mi bisabuelo, “no te vayas todavía, aún tenemos muchas celebraciones por delante” y tanto celebró que hasta se hizo amigo de su cáncer, tanto tanto que no supo que lo tuvo.


Mi mejor amiga, después de 14 años me cumplió el deseo de que si se iba a morir fuera en mis brazos y a pesar de eso y ciego de su sufrimiento le pedí “no te mueras, no me dejes, a quién le voy a contar todas mis locuras, No te mueras y prometo sacarte más a pasear, pero no te mueras” Me miró de forma cansada y yo le pedí perdón por todo y le agradecí por esos 14 años pero aún no quería que se fuera.

La bisabuela del té de manzanilla con leche, la de la panera llena de conchas y gendarmes, a la que le tomaba de su monedero para comprarme tonterías, la de la magia…. No le pude decir nada porque tenía muchas batallas en la mente y no se me ocurrió decirle nada en ese momento. Hoy día, si le pudiera decir algo sería: gracias por no dejarme sin rumbo y hacer lo mejor para mi a pesar de tus años y perdón por toda la lata que di.

A mi abuelo el que prefirió irse lejos, el que no quería incomodar, ponernos en peligro, el deportista incansable, el taquero, el necio que prefería dormir con el control en mano antes de cederlo. Gracias por ser hilo conductor, gracias por ser el padre de mi madre, gracias por hacerla feliz, gracias por mi infancia de galletas, tacos y paseos a lugares asombrosos.

Tantos momentos tristísimos para mí, tanto dolor callado, recuerdo haberme derrumbado a mi manera, pero no recuerdo haber pedido ser abrazado o consolado, hice una constante el “ser fuerte” y luego enojarme porque nadie estaba para mí. Un ciclo donde yo era fuerte para que nadie se me acercara porque si lo hacía me quebraría y saldrían no sé que cosas, para después recriminar que nadie estaba para mi y luego ser más fuerte para mi porque los demás a mi alrededor suponían que yo estaba bien.

No es que al día de hoy ya vaya llorando por la calle o que a la primera perdida o bajón vaya a ser otro, para empezar pido al universo por no tener otra perdida, pero como sé que esas son inevitables, me pido a mi mismo la capacidad para poder vivir las penas a través de todas las emociones respetando a cada una en su proceso, sin estancarme, sin acortarlas, sin alargarlas, sin disfrazarlas… sintiéndolas… fluyendo.

-Dilo, deja que salga – me dijo, y así está siendo.

domingo, enero 29, 2023

Elegir la vida...

No recuerdo si me contaste de la bolita en tu pecho antes de saber el diagnostico, hoy que inicio a escribir estas líneas empiezo a recordar un poco, pero todo muy vago. Ese día Marco, tu compañero de vida, me habló por teléfono para decirnos que llegáramos antes a casa para recibirte y darte la noticia todos juntos, él, mi hermano y yo para decirte que la biopsia había dado positiva a cáncer. Menudo notición para una tarde nublada.

Me contaste que estabas en casa una noche viendo la televisión y que un comercial, bendita tele abierta que yo te reclamaba por ver teniendo opciones más interesantes por cable o en otras plataformas, salían actrices diciendo “Tócate” y eso hiciste esa noche para descubrir una pequeña bolita. Le hablaste a Marco para decirle que seguramente no era nada, que no pasaba nada y también él bendito, él y su obstinación que puede ser fastidiosa muchas veces, pero que esa noche fue clave para poder contar hoy la historia desde otra posición. Marco casi te obligó a ir consulta, te acompañó a la biopsia pidiendo a la doctora en secreto que le dijera a él primero el diagnóstico antes que a ti, esto para saber la mejor manera de darte la noticia, si es que había una "mejor" manera. Me cuentas hoy día de que estabas segura que la biopsia sería negativa a cáncer, que lo sentías, que estabas confiada, pero al vernos a los tres en casa antes ya te ibas dando cuenta, pero aun así seguías negando la posibilidad de tener cáncer de mamá.

Recuerdo estar en tu habitación, darte la noticia, plantear todas las opciones, pero la única a la que te aferraste fue a la sanar, a la de vivir fuese como fuese. Busque consejo con una persona de mi pasado que seguía estando presente y que sigue, a veces las historias inconclusas las llevamos toda la vida, y agradezco que él nos dio el contacto de un oncólogo cirujano que te acompaño en todo el proceso con seriedad pero con mucha empatía. Fue en una de las primeras consultas donde él plantea la opción necesaria de la mastectomía: un cuarto de mama, un medio de mama, la mama completa… para ese momento la mastografía en ambas mamas había indicado que la derecha tenía el cáncer muy pequeño y que la izquierda tenía calcificaciones. Tu respuesta al planteamiento de la mastectomía vino de tu boca con una seguridad que me hizo casi romper a llorar en ese momento, pero no podía... estaba de apoyo a cualquier decisión que tomarás, dijiste: mastectomía en ambas mamas. Con esa decisión estabas dejando a un lado tus pechos, tu feminidad conocida, tu vanidad, fueran pequeños o como fueran eras tus pechos y estabas eligiendo vivir. De todas las decisiones valientes que has tomado en tu vida, fui participe de esta y casi me pongo a llorar al ver lo valiente que fuiste y que has sido todos los días de tu existencia, siempre eligiendo el amor y la vida. Elegiste perdonar a tu papá que hizo distinción con tus hermanos, elegiste perdonar a tu mamá en los errores que te hubiera gustado no hubiera cometido, elegiste perdonar al hombre que elegiste amar desde el día uno y que terminó casi con tu vida, pero no con tus ganas de amar, elegiste iniciar de cero, elegiste creer en ti a pesar de que muchos te decían lo contrario, elegiste perdonarte por tu fallas como madre, elegiste tener mascotas y aprender a cuidarlas, elegiste el proceso de verte con cariño a pesar de las cicatrices. 



Tu cáncer fue un proceso muy doloroso, fueron muchas cirugías, muchos días rezando porque el tratamiento funcionara, que no tuvieras secuelas. Fue someterte a la mastectomía dolorosa junto con la reconstrucción mamaria, luego la cirugía para retirar el implante derecho ya que tu cuerpo lo rechazó, luego otra cirugía porque también el otro implante fue rechazado. El tratamiento de la pastilla diaria trajo complicaciones en tu matriz y había el temor de que hubiera cáncer en matriz, gracias a dios no lo hubo. Primero fue dar tus mamás, luego tu matriz… todo por estar viva, porque siempre has elegido vivir.

En tu primer cirugía tenías una cara de miedo, que miedo, terror. Se veía en todo tu semblante el pavor que tenías. Te acompañé hasta el quirófano, tomé tu mano, te abracé antes de que subieras a la camilla y evité llorar todos mis miedos ¿y si algo te pasaba? ¿y si no salías del quirófano y si algo salía mal? ¿y si esa era la última vez que te vería? Me aferré a mi confianza al universo, a Dios, a la vida y dejé todo en manos de algo que me diera calma. Saliste viva, cansada y dolorida pero viva. Me di cuenta de que mi reacción a los momentos de miedo e incertidumbre es ponerme en blanco, paralizarme, pero gracias a dios estabas ahí intentando entender y adaptarte a tu nueva realidad.

Pasaste por tanto y nosotros acompañándote intentando hacerlo más llevadero. Solo una persona que se aferra a la decisión de la vida como tú lo hiciste sabe el abanico de las emociones mejor que nadie, miedo, ira, coraje, tristeza, ánimo, incertidumbre, agradecimiento, dolor, amor, confianza, seguridad, tranquilidad, todas en un mismo día. Miedo a que el cáncer regrese, ira por no saber porque a ti y no a alguien más, coraje por perder parte de ti, tristeza al ver tu imagen al espejo, ánimo al volverte a ver al espejo y saber que es más importante estar viva con cicatrices que no estarlo,  incertidumbre por no saber qué más te traería la vida, agradecimiento de contar tu historia desde el plano de la salud, dolor porque removiste viejas cicatrices de autoestima, amor por todo lo que estaba a tu alrededor, confianza de saber que pasase lo que pasase estabas viva, seguridad cada vez que tomabas tu pastilla diaria, tranquilidad al saber tu capacidad de sanación interna, tranquilidad por tu capacidad de amarte y amar tu entorno.

Ma, escribo esto recordando el dolor y el miedo que pasamos años atrás, escribo esto para rescatar y resignificar la historia. Escribo esto con la intención de recodar siempre elegir la vida a pesar de todo.

Espero estas líneas las leas con ojos de desapego sabiendo que la vida nos pone y nos quita a su antojo, no con malicia o con bondad, sino con la naturalidad de que todo es un proceso de sumas y restas… nuestra única ventaja ante todo cambio es conocer bien nuestras emociones para poderlas vivir con responsabilidad, para amar con intensidad, para odiar cuando sea necesario, para agradecer y maldecir sabiendo que todo es un momento.

La felicidad es pesar de todo y no con base en…

Gracias mamá.  

sábado, enero 21, 2023

Para Michael

No sé ni como iniciar esta carta. Sabes... es más el miedo el que me hace alejarme y si me preguntaras ¿miedo a qué? la verdad es que no sé ni yo el nombre del miedo. Es por ello que decidí escribirte estas líneas que tal vez ni ganas tengas de leerlas y lo entiendo. 

Mi historia no es especial, no es algo fuera de lo común, no es destacada y tampoco un drama... mi vida la considero un ciclo de varias vidas intentando mejorarse día a día, lo que implica que los personajes en mi historia hayan tenido errores. Los personajes que han tocado mis días no son ni héroes ni villanos, solo son personas que me han dado la opción de decidir qué hacer con las acciones que sus roles jugaron en ellos. 

Hubo violencia en mi infancia, el más mínimo error me costaba una golpiza, me hicieron sentir que era torpe, que era mejor no hacer para evitar equivocarme, entendí que el amor duele, el amor te pega, el amor te maltrata, el amor se sufre. Llevo muchos años siendo consciente de lo que hice inconscientemente muchos años más. 

Un día apareces tú, con tu sonrisa honesta y linda, tu forma de hablar con acento a otro país, con halagos para mí. Tu manera de verme me incomoda, me ves guapo, seguro, me dices que soy un gran partido. Espera Michael, así no son las cosas, a mí el amor me tiene que costar, el amor lo tengo que conseguir, lo tengo que conquistar, a mí el amor no me dice cosas lindas sin hacer yo el más mínimo esfuerzo, ese amor fácil no es de fiar, ese amor seguro lastimará más. No te creo, me digo a mí mismo. 

Me detengo a escuchar mi propia conversación y caigo en cuenta de que me sigo contando la misma historia inconsciente desde niño, ay Michael, no hay peor discapacidad que la que nos trae un pasado mal manejado. Yo que creía que ya estaba bien, caigo en cuenta de que sigo huyendo de lo que podría lastimarme y si he de aceptar el amor, me tengo que ganar su aprobación, lo fácil no existe. 


Y no es que tenga la autoestima baja o tal vez sí, no sé, pero lo que sí sé es de que pie cojeo, no confío en las palabras de afecto fáciles, no porque no sea guapo o no sea lindo, lo soy, me gusta cada día más lo que veo en el espejo, pero de pronto tú con tus palabras, tus regalos como vendaval me abruman. 

Trabajo en todo esto que te escribo, porque duele querer algo que yo mismo no dejo entrar por conductas resignadas antes que aceptadas y trabajadas. 

Creerás que no te pienso y que no me gustaría conocerte más, sí lo quiero hacer, pero no a tu ritmo y pedirte que vayas al mío no asegura que las cosas salgan bien y ni justo sería para ti. 

Sabes, por un momento me permití soñar que todo lo que me decías sí pasaba, que despertábamos en algún otro país, tú con tu cabello despeinado, yo con mis pies pegados a tus piernas y sin que me molestara que roncaras, porque de seguro lo haces. No había frío ni hueco en nuestros pasados que necesitar ser tapado con la presencia del otro, simplemente las ganas de estar ahí, aceptándonos mutuamente. Mantengo ese sueño lo que dura una pieza de Debussy, termina y despierto... 

Yo a cientos de kilómetros, tú con tu vida llena de historia, yo en la mía llena de trabajo interno resignificando la idea de que eso que quiero solo sucede en los sueños.

Michael, te escribo esta carta con la intención de contarte un poco de mí, esperando entiendas, esperando no seas vendaval que arrasa con todo y mejor seas aire diario freso y constante. Te escribo estas palabras con la intensión de disculparme por no ser, por no estar, por no haber sucedido. 

Desde aquí un abrazo a toda tu locura.   

domingo, enero 15, 2023

Soy la historia que aún no me sucede.

Soy la suma de las vidas de que han tocado la mía, soy la suma de las decisiones tomadas y no tomadas hasta ahora en mi vida, soy la resignificación de los sucesos que he corrido por mis días. Soy la suma de aciertos y equívocos, soy la voz que me habla para hacer consiente lo inconsciente, esa voz que me pregunta ¿Por qué sientes eso? ¿Por qué te cierras a tratar a esa persona? o incluso la pregunta de ¿es miedo a lo que viene, terror al confort o falta de confianza en ti mismo? A veces esa voz que pregunta, me motiva y otras me aterra, pero como decía, son muchas las personas, los sucesos que me hacen ir más decidido; son más los abrazos dados que los no dados, son más las acciones positivas que me hacen el corazón grande que las que me dejan arrepentimiento y culpa.

Voy a tomar una decisión con base en la experiencia y los consejos de la gente que amo y admiro.

Mi madre el año pasado, 2022, pongo el año para cuando llegue a leer esto de vuelta lo tenga bien presente, me regalo el resignificado más grande que pude tener… Yo en mi adolescente herido que no sé si algún día dejaré de ser, le recriminaba su presión por estudiar algo que me dejará dinero, no lo decía con esas palabras, pero siempre hablaba de los financieros, de su trabajo. Quería que fuera como ellos, exitosos en un mundo de dinero y números. Lo intenté y no pude, me frustré y viví enojado culpándola por su persuasión, juró que lo intenté una y otra vez durante cuatro años donde mi aprendizaje fue deja ir lo que no te me hace feliz. Ver a los compañeros de clase apasionados, participando, acertando cada una de las respuestas mientras yo intentaba entender la pregunta, me hacía sentir tan tonto y así la autoestima se me fue hasta el límite, pero eso no lo sabía ni lo entendía, las emociones eran algo tan ajeno a mí. Pasaron bastantes años hasta que en uno de mis arrebatados reclamos le dije a mi mamá que por su insistencia había estudiado algo que no me apasionaba y que la carrera que terminé no sé hoy día es lo mío. Ella desarmó mi argumento con su respuesta: sea como sea, para mi es un descanso saber que tú puedes elegir, puedes cambiar de trabajo si quieres, puedes hacer lo que quieras. Esas palabras me hicieron cambiar la forma en como contaba mi historia y vivía el reproche, pude liberarme, avanzar y tener la confianza de poder elegir no estar en donde no soy yo, de poder empezar de nuevo en cualquier lugar que yo quiera.

Luego viene SandRa, la que se fue de pronto, de la que hablaba en mi post pasado. Bastaba verla en sus fotos para saber que vivía bien, seguramente con muchos altibajos como todos, pero supo aprovechar sus días en viajes, celebraciones y muchas canciones de Alejandro Fernández. SandRa, tu partida me empuja la pregunta: ¿qué estoy haciendo con mi vida? ¿la estoy cantando como quisiera? De nuevo la certeza de que la vida es un instante y no la quiero gastar en lo seguro, en el confort de lo que dan los días iguales y sin sentido. SandRa, gracias por ser risa y vida en los días que te tuvo la misma vida.

Obviamente viene a mi mente mi abuela, ay Olga Deveaux, tan grande tu vida y tu manera de reinventarte sin reclamo alguno. Tanta perdida, tanto cambio, tanto dolor para una sola vida y tú sigues sonriendo, sigues amando, ¿Cómo le haces? pido a la vida tu fuerza para seguir día a día con ánimo y amor a pesar que sienta en la entraña todo lo contrario. Fue tu cáncer el que hizo darme cuenta de que lo que no se dice avinagra la sangre, el cuerpo, el alma… así que gracias a eso, el decir las groserías que digo con la intención que las digo es tan liberador, a veces imprudente, pero fuera de mi sistema y sí abue, hay días en que maldigo hasta mi sombra y a mi misma vida y aún así es mejor que pretender que todo está bien y que mi vida es maravillosa como muchos piensan en las redes sociales, oh no señores, mis redes reflejan el aprendizaje de mis peores momentos y gracias al universo y usando el regalo que me dio mi madre, yo elijo el paisaje donde contar mis días. Así que sí abuela te admiro mucho y el miedo a perderte cada vez se hace más grande, pero ya hablaré de eso más adelante.

Y que decir de esa familia que no me dio la sangre pero sí el universo, esas historias de resiliencia que me recuerdan la maravilla de elegir y decidir siempre el bien personal. Gigi la imparable, la incansable… ahora bien sé que no es por gusto, sé ahora que si no te detenías era porque no tenías de otra, a veces pensaba que si yo hubiera sido tú, yo me hubiera detenido a tomar un respiro o un descanso, seguro no me volvía a parar... Tanta perdida hace inverosímil verte ahora tan plena y feliz, gracias por enseñarme a decirle a la vida:  sí se puede, logré encontrar la plenitud aunque esta me dure lo que me tenga que durar, ¡lo logré!… Gigi, me dejas la vida segura de decir, la felicidad no es con base en, sino a pesar de todo. Y así puedo enunciar los nombres de muchos ejemplos: Lupita y su manera de romper con lo que parecía un ciclo repetitivo de pobreza emocional, Dany Hersan y su constante llanto hasta encontrarse una mejor versión de si misma y demostrarse que sí se puede lo que ella quiera, Edgar Omar y su determinación por seguir todos los días a pesar de la perdida de su norte, su compromiso consigo mismo para decidir que es lo suficientemente valioso como para conformarse con cualquier camino de asfalto estrecho, por decirlo de manera elegante y no decir con cualquier pendejo.

Todas estas historias son base para callar mis miedos y prepararme para mi siguiente movimiento, donde planeo empezar de cero de manera limpia, sin prejuicios, sin expectativas de los demás, con mucho miedo, pero con la certeza de que la vida es un instante y si he de vivir será con la seguridad de que no me quede con ganas de nada y de que está en mi estirpe volver a empezar donde me llame la felicidad, nunca el confort.

Por todas esas historias que suman a la mía, y porque estoy dispuesto al futuro como la promesa donde cabe todo aquello lo aún no me sucede.

lunes, enero 09, 2023

Un adiós para una gran bienvenida

Entré a mi primer trabajo formal con un nervio, a los 18 la vida se me había ido en la escuela y un par de trabajos para estudiantes de fines de semana, era una operadora de fondos de inversión cuando recién empezaba el boom por ellos. Para esos entonces era más inseguro de lo que soy ahora, yo el estudiante de escuela pública en el medio financiero en medio de puras chicas, casi todas guapas y tan seguras de si mismas, bastaba verlas para saber qué era lo que querían en la vida. Recuerdo haber entrado a la oficina que ocupa el área de telemarketing y estaba llena porque había entrevista en televisión y estaban tomando llamadas, también recuerdo que fuiste tú la que se me acercó con la sonrisa más franca y a pesar del estrés del momento, benditos días aquellos donde el estrés era no perder llamadas y de hacerlo yo creía que era algo de vida o muerte… que digo benditos días, más bien bendita vida que hace ver los pesares como algo relativo. En fin, ahí estaba yo cuando de pronto te acercaste con tu sonrisa bonita y me hiciste sentir bienvenido, fuiste mi primer gran recuerdo de ese lugar.

-Hola, soy Sandra- dijiste, no recuerdo el resto de la presentación, pero contigo me sentí menos nervioso, con menos miedo. Dios... ahora entiendo que no son los lugares o los momentos, son las personas las que me hacen los recuerdos valiosos. No convivimos mucho tiempo, pero el tiempo que lo hicimos siempre tuviste una sonrisa grandota, un abrazo, un “bombono” para mí, sin importar que yo tuviera la cabeza en la luna y no compagináramos en salidas o metas, siempre te sentí como alguien bonito.

Soy muy agradecido con las personas que me dan paz y tu me la dabas, por ello a pesar del tiempo siempre quise saber que estabas bien, me daba gusto verte cada vez más guapa, más segura, más decidida. No puedo decir cosas como fuiste la mejor porque no convivimos mucho, además de que te veía como una humana con tus claros y tus oscuros, con locuras, disfrutando, cantando a Alejandro Fernández, y siempre con esa sonrisa grandota que me regresa al “hola, soy Sandra”.

Hoy me dijeron que ya no estabas y se me hizo el corazón chiquito, algo se me rompió un poquito, y no deje de pensar en tu sonrisa y en tu cabello y en todas tus fotos. No voy a decir que éramos los mejores amigos, los más cercanos, los más íntimos porque no, no lo éramos. Solo te puedo decir que para mí fuiste y siempre serás la mejor bienvenida, la más bonita.

Sabes bombona, estoy seguro que a donde quieras que estés, la vida, el universo o dios te recibieron de la misma manera, puedo asegurar que quién te recibió se presentó contigo te sonrío de manera sincera y te hizo perder todo miedo, hizo desaparecer todos los nervios y te sentiste en paz y tranquila… confiada.



Sandra, en donde quieras que estés mi gratitud total siempre, te quiero bombona  

domingo, diciembre 04, 2022

Tanto tiempo en tan pocos años (38)

Tantas historias pendientes en todos estos años, tantos cuentos inconclusos. A veces pareciera tanto tiempo en tan pocos años y otras veces muchos sucesos para tan poco tiempo. Desde hace más de un año al salir de casa rumbo al trabajo veo el cielo como la misma vida, esto según mi percepción, unos días claros que dan ganas de amar hasta lo que no he conocido y otros días grises, humedos, con neblina que dan ganas de regresar a mi cama y maldecir todo lo que me ha traído hasta aquí, pero a pesar de esas ganas, continuo.


Tanto en mi cabeza, tantas preguntas: ¿traigo mis llaves? sería una calamidad haberlas dejado y tener que hablarle a la casera... ¿programé junta, a qué hora? ¿lo estoy haciendo bien? ¿todo esto que estoy haciendo vale la pena? ¿Mi equipo está bien?. Paso de las preguntas del día día a las existenciales: ¿Esto es la vida? ¿Así se debe de vivir de la vida? ¿Esto es lo que quiero? ¿Estoy llegando a algún lugar?. Me relajo. Luego vienen las preguntas que realmente importan: ¿mi madre sigue mejor? y luego los pensamientos que calman: ¡como extraño a Billie!, bendita mi abuela y mi abuelo que siguen vivos, ¡que afortunado yo que tuve abuelos de más y hasta bisabuelos que me dejaron alguna manía o consejo. Regresan los pensamientos mundanos: ¿cómo le hacen los demás para tener una vida más en órden? ¿cómo le hacen para mantener el ritmo mientras yo ando queriendo irme a todos lados menos aquí?. “Tranquilo” me digo y recuerdo la promesa que hice al llegar acá: el día que deje de sorprenderme de los cielos de esta ciudad y deje de querer alcanzar la cima de las montañas que veo, ese día me voy de San Cristóbal.


Curiosa la vida que en el 2009 me trajo para llorar a mi abuela paterna y ahora en 2022 cada vez que veo San Cristobalito hablo con ella: ay María, ¿a poco no es bonito?, y juego a que me contestas y sigo la conversación, sí, sí vale el estrés y el miedo estar acá, al fin que la vida se nos va resolviendo poco a poco, y sí María, me voy a quedar por curiosidad a ver hasta donde da esta vaina. 


Y así los días en su rutina constante: llego tarde unos días, otros más, me estreso, me río, como, planeo, agradezco al equipo que tengo unos días y otros los maldigo a todos no al mismo tiempo pero sí por partes, salgo tarde, hablo con mi madre; como me gusta oír su voz, escucharla bien, dispuesta a trabajar por su bienestar aunque le tema a la tristeza. Ay ma… creo que eso viene de familia, si vieras cuánto me costó reconocerla, abrazarla y al día de hoy me cuesta, no es fácil aceptarnos tristes cuando nos han enseñado a ti y a mi a sonreír aunque nos duela el corazón, como la canción de Chaplin, pero es cierto que eso nos ayudó, fue nuestro escudo ante las cosas que no entendíamos y es cierto, hemos hecho lo que hemos podido con lo que tenemos y bendito el destino, la vida, el universo, dios… hoy es mucho. 


Regreso a lo que me trae a mi blog hoy, a los 38 años y como llego a ellos: llego sin esa historia épica de amor que me hubiera puesto el estómago al revés de pura emoción, sin el sueldo para la casa de jardín grande, sin ese trabajo que me haga decir es aquí, sin mi familia cerca, sin esos amigos de la vida para brindar… Sí, sí, sí… ya sé que estoy contando lo que no tengo, pero a eso voy… todas esas cosas o personas que al día de hoy no tengo me han dado mucho más de lo que a veces creo. Este año la vida me ha dado un espacio para mi donde puedo repetir los TOCS que tanto odiaba de mi mamá pero que me hacen sentirla cerca, me hacen agradecer los fierros que me han dados las abuelas y los abuelos, me han dado nuevos amigos con los cuales conocer nuevos lugares, vivir nuevas situaciones para crear nuevos recuerdos. Me han hecho aprender a escuchar más, a ser más consciente de mis acciones, a leerme mejor en momentos que no entiendo, a ser honesto conmigo y sobre todo a respirar. También recalco que a pesar de lo zen que me oigo la verdad he aprendido a querer ese lado agrio y amarguito que tengo, mucho tiempo intenté ser “mejor persona”, pero cambié eso por ser más honesto con mis emociones,viviendolas intentando no lastimar a los demás y digo intentando porque sigo llevándome gente entre la mala leche de mis estados ánimo, pero también he aprendido a decir “me equivoqué”, en fin… Yo creía que los 38 iba a tener la vida resuelta y resulta que sigo con las mismas dudas de los veintes, los mismos malos hábitos de los 18 y sí, sí suena muy jodido (río de manera irónica mientras escribo esto) pero a mi beneficio tengo una certeza que nunca había tenido antes: estar vivo vale la pena porque tengo la curiosidad, las ganas de ver qué sigue, qué errores voy a cometer. Quiero saber si el amor de todos los años sobrantes está a la vuelta de la esquina como dicen. Quiero tocar el mar muchas veces más, tomar el sol y sentir la arena. Quiero asombrarme con los atardeceres siempre. Quiero abrazar a mi perro. Quiero cantar muchos años más las mañanitas a la gente que amo. Quiero reír como adolescente al jugar bajo la lluvia, llorar con un el final de un buen libro. Quiero conocer a Ángeles Mastretta, probar el pastel más rico, conocer Austría de la mano de un buen amor, visitar a los amigos de otros países, seguir conservando a los que ya tengo y hacer nuevos. Quiero tener muchos orgasmos, usar mi cuerpo, que valga la pena tenerlo y agradecerle cuando ya esté viejo por todas las dolencias causadas por el buen uso. Quiero afrontar las tristezas llorando, sabiendo que quien ha merecido la dicha puede soportar la desgracia. Quiero que la paciencia, mi menor y casi nula virtud, me acompañe en todos mis procesos, en todos inicios, mis pausas y mis finales. Quiero sentarme en mi ventana como estoy ahora, ver hacía afuera y sentirme en paz conmigo, sentirme en casa en donde quiera que esté, sabiendo que los míos están en mi corazón, que habitan en él a pesar de la distancia o su ausencia, el daño o la lección… 

Bienvenidos los 38 y de corazón deseo caminarlos una buena temporada con los pies en la arena con la única intención de contemplar y disfrutar el mar porque así la vida: fiera, calma, arrebata, tranquila pero nunca quieta ¡Feliz cumple Efraín!

sábado, mayo 07, 2022

Los miedos de Ana

Una noche al calor de una copa y con Sabina como música de fondo, Ana estaba con la ansiedad en el estómago al escuchar hablar a su amiga Cris, una mujer que cuando la conoció vivía en un mundo tan grande como la habitación de un Koreano clase baja y ahora después de 15 años su panorama parecía no conocer límites. Cris había desaprendido y vuelto a aprender, había soltado a su familia, confiando en su capacidad para arreglarse la vida sin ella y ella aprendió a vivir sin dejarlo todo por ellos. Le contaba a Ana del amor de sus días y como este hombre que parecía que habría de irse, decidió quedarse y Cris quiso quererlo con todo y todo. Ella orgullosa por haber llegado a dónde no lo había pensado ni soñado, tenía a Ana puesta vuelta loca de ansiedad y es que tanto había pasado por sus vidas que a ella no le cabía en la razón cómo alguien como Cris pudiera cambiar tanto, era otra, era más segura, más plena, más decida, más audaz y hasta más guapa. Ana sabía que no eran celos ni envidia, esa ansiedad que parecía inexplicable poco a poco fue se explicando y desenredando conforme ella le fue contando su vida a Cris.



En esos 15 años de vida, Ana tuvo muchos amores, algunos pasajeros, unos memorables y otros mera terquedad. Ana ya venía sospechando de su incapacidad para derribar sus murallas porque a pesar de tanto desatino fue con dos amores qué logró ser más real, más ella, explotó las emociones, se dejó llevar, ir y venir, dar y sentirse vacía y al mismo tiempo llena de amor, pero desde hace dos años de estar soltera y trabajando en si misma Ana juraba qué estaba dispuesta al amor, ese hombre que le diera paz, que le calmara las guerras del diario en una batalla de besos, caricias y ternura, pero de eso nada. Ana le contaba a Cris sus miles de citas con diferentes hombres, el alto muy alto, el bajo muy bajo, el rico muy pobre, el pobre muy sabroso, el caprichoso, el machista, el dependiente, el meloso, en necio y terco, el guapo insoportable, el indefinido, el qué jugaba a quererla solo de noche y por unas horas... Ana sabía desde hacía tiempo que no era el destino empeñado en negarle su sueño de verse casada y viviendo en paz después de tanta guerra, sabía que no era Dios el remitente de tanto hombre raro. Ana bien sabía que era ella misma la qué ponía las trabas, los peros, las justificaciones para no ser feliz con ninguno y es que oyendo hablar a Cris se dio cuenta de que su amiga se dejo ser, se entregó a sus deseos y sus antojos mientras qué Ana se encerró en su paz huyendo de volver a sentir, a salir de si misma. Ya había amado dos veces y las cosas salieron cómo nunca imagino que le podrían salir las cosas: mal. 
Uno tuvo a mal dejarla sin más explicaciones y no hubo entendimiento ni aire qué no le faltara a Ana, le hizo falta el norte por mucho tiempo y el tiempo se le hacía interminable. El otro amor tuvo a bien engañarla y echarle la culpa de sus amores de gimnasio que porque a él no le era suficiente nada, ni el tiempo, ni el sexo, ni la dedicación y ni el amor de Ana, así que cuando terminaron ella quedo agradecida por dejar esa relación donde intentaba e intentaba y nada más no llegaba a ningún lado, así que por su propio bien cerró de manera inconsciente su corazón a pesar de que su consciente deseaba ese amor de película. 

Cris seguía contando su vida y Ana más ensimismida y aterrorizada de como su deseo de paz era solo la careta del miedo a dejarse ser otra vez, era miedo a volver a sentirse expuesta, vulnerable a dejarse sentir embriagada otra vez por la piel de un hombre que prometiera por siempres sabiendo que se iría a la mañana siguiente. Miedo, era eso... solo miedo a dejar libre a esa Ana desbocada que ama a manos llenas y canta por mero gusto usando la chispa del amor. Oh no, nunca más ese intento, esa Ana estaba muerta para ella misma, esa Ana la había enterrado meses atrás y la imprecisa vida de su amiga la precisa le hizo darse cuenta de su propio engaño. 
La plática terminó, la velada acabó en un abrazo y un beso en la mejilla, Cris se fue cantando la vida y Ana rumiando sus miedos e intentándole dar sentido a sus pasos. 
Con el transcribir de las horas, mas preguntas fueron apareciendo, porque terca era, no era como descubrir sus huecos e ignorarlos pero ya era de noche y antes de cerrar los ojos leyó  la única certeza en medio de tanta cruda verdad: la hoja no piensa si cae o si vuela, solo se suelta.
Cerró los ojos y decidió y se dijo así misma: que el miedo no dicte mis victorias. Ana por fin durmió en una recamara más amplia. 

domingo, mayo 01, 2022

De sueños, patines y recuerdos

¿Alguna vez han soñado con alguno de sus muertos y no quieren despertar? Pues eso me paso ayer... Soñe con uno de los míos y regresaba y no lo creía y el me decía que estaba aquí, que no se iría, y yo sabía que era un sueño y por lo mismo no quería despertar. Mala suerte la mía, desperté y él no estaba, solo en sueños se puede tener todo y después perder el infinito con solo abrir los ojos. 

Al día siguiente soñé que lavaba mi baño a conciencia, estaba preocupado por dejarlo más que limpio y como la vida y el universo no se han digando a cumplirme mis sueños, pues me lo tuve que cumplir yo y a lavar se ha dicho, compré mis guantes de plástico y cloro y pues a hacer realidad los que están en mis manos, esperando que al divina providencia, el universo, la vida me los cumpla todos y me deje a mis muertos aquí para platicarles mis días, me cumpla el beso más bonito que me han dado y me deje toda la vida en Holbox o pasear por Inglaterra donde seguro será mi boda... aunque sea en sueños. 

Sé bien que los sueños, sueños son, que mi tarea es vivir la vida y perderme en nuevos lugares, tomar decisiones, buenas o malas, quedarme en cama o ir a patinar, vivir aquí o allá, trabajar de esto o de aquello... pero vivir, estar aquí. Para mi no hay momento más en este mundo que cuando tengo ruedas en los pies y juego a patinar el mundo. La sensación del aire en la cara, el trabajo en cada zancada, sentir el solo en la piel, ver la gente pasar, sentir los arboles cerca, para mi eso es vivir la vida, conectar y estar más presente en el aquí y ahora, en parte para no caerme y como dice mi buen amigo Emma, teniendo una visión panorámica para ver la foto completa. Caray amigo Emma, ese consejo que a lo mejor no fue consejo y solo fue un comentario al aire como lo traigo en el corazón cada vez que mi mundo se cierra y se me apaga el ánimo... ¡Ve el panorama completo! me grito y es cuando empiezo a vivir de nuevo de manera decente. 

En las zancadas de hoy andaba cuando vi de pronto un campo de baisball, oyendo la emoción de cuando un jugador gabana una base y luego otra, las pequeñas gradas emocionadas y justo ahí me vino la cara de una mujer que ha ganado muchas carreras, que disfruta ese deporte y lo hace tradición en su pequeña. Ella que recorre el camino también con carreras perdidas, de esas que hacen que uno vaya con el corazón mordido, incompleto... ¿cómo florecer uno después de haber perdido lo que uno esperaba con tanto anhelo? 

Sigo patiando y de pronto la canción que mi madre cantaba la última vez que la vi, y la respuesta a pregunta llega sola: uno florece con amor, uno florece después de haber pasado por las cuatro estaciones, uno florece con la mano de los que ama en el hombre y el corazón. Mi madre que ha perdido tanto y que le han roto los sueños varias veces sigue sonriendo, sigue cantando, sigue dejandome oir su voy y saberla viva me es florecer después de un día pesado. 


Estoy sudando como loco, siento el cansancio en las piernas, el sol me ha dejado exhausto y solo quiero descansar... y es cuando de pronto llego a un árbol enorme que no había visto, no sé ni como se llama pero me atrapa, me enamora como si en mis sueños lo hubiera esperado toda la vida, me acuesto debajo de él, le hablo de mi familia, de mi pesares y juego a que me escucha y me siento menos solo y más en compañia. A él le pido que a través de la tierra le cuente a mi familia que estoy bien, que sigo soñando, sigo patinando, sigo estando aquí, con un panoroma amplio, floreciendo con desfalcos y contratiempos, conectado de alguna manera con los que amo. 

Y así mis días entre sueños, patines y recuerdos. 

domingo, abril 17, 2022

Pequeña celebración hoy en tu cumpleaños

 Inicié mi día pensando con el recordatario de tu cumpleaños, te soy sincero, llegué a una edad en la que mi calendario dicta mis horas, mis descansos, mis actividades y le he confiado hasta mis celebraciones. Gran acierto el mío porque me recordó que hoy es 17 de abril, día de contrastes que me detona todas las emociones. Pero ya te iré contando. 

Después de levantarme me alisté para ir a caminar con rumbo a la montaña. Normalmente tomo taxi para llegar a la entrada de dicho lugar, pero esta vez no, esta vez quise caminar, ver las calles con su gente, sentir el sol, abrazar mis pasos en la tierra y jugar en el filo de las aceras, aún hago eso de intentar no caerme al caminar a la orilla de la banqueta como cuando era niño, me río de mi mismo y mis 37 años que en esos momentos se siente como si solo fueran 7. Estoy absorto en mis pensamientos, presto poca atención a la calle pero a pesar de eso me siento bien, me siento aquí, como su viviera aquí de años pero con esa mirada de turiste que le ponga a los lugares conocidos así a veces descubro lugares o detalles nuevos. 

Caray, hace calor, pero sigo el camino, paso un río, una iglesía blanca con azul, una casona abandonada, un mini super que vende hasta pan, una gas, un restaurante de barbarcoa y gorditas que seguro amarías, un mercado, gente pobre de cara honesta, gente bien vestida con cara de pocos amigos, me cruzo con gente amable y otra arisca, paso por lugares que venden hierbas y cosas misticas, con estatuas de santos y de la santa muerte, paso otro río, otra iglesía, el cielo azul con su sol que no da tregua me hace pensar si fue una buena decisión haber emprendido ese paseo. Ahora una panadería y luego otra, una farmacia que promete ser la más económica y luego una tienda, un borracho tirado a pleno rayo del sol usando su vida a su antojo y el sol igual de inclemente con él, pobre borracho, gastar la vida en botellas y resacas sin que la vida fuera eso... ¿y sí la vida pudiera solo eso? me pregunto... y de inmediato me respondo: que bueno que no me gusta el sabor del alcohól. Llego a la falda de la montaña, compro agua y de pronto un viento que lleva tierra, cierro los ojos y pienso en ti, cierro la boca y me gusta ese momento porque soy conciente de cada cosa que está pasando por mi día. Tengo tierra en la cara y en la boca a pesar de haberla cerrado, tomo agua para enjuagar la tierra y escupo. Sigo mi paso, cambio el playlist de Deezer y de Alex Ferreira paso a mi playlist de Melodías entre clasicas y música de camara con toques electronicos, de esas que son como de soundtrack de película y que tanto me calman y me hace abrir más los ojos al cielo, a los árboles, a la calle que dejó de ser de cemento y se convierto en tierra y piedras, los perros callejeros amigables, las flores de colores en mitad de la tierra y el desorden dan fe de que la belleza se abre camino ante todo. 


Subo en la montaña y no hay gente como otra veces, me da miedo tanta tranquilidad, no suele ser así esa montaña, siempre gente diciendo "buenos días" en español otras en español forzado pero esta vez solo yo y mi música, yo y mi celebración, yo mis pasos. 

Llego a la cima, las primeras personas en la motaña una familia que se ya se va y otra vez me quedo solo, estoy en la cima solo, tanta inmensidad y yo ahí... hablando contigo, con el cielo, sintiendo el viento, ni una nube pero si mucho aire... refresca, me mueve, me espanta.

Me voy a un lugar con menos viento y de igual manera solo, me pongo a cantar, sí, canté a la nada en voz alta, sin pena, ¿sabes, me da pena cantar y que otros me puedan escuchar? pero estoy solo, soy yo y los árboles, me salen las palabras y canto alto, como si nadie escuchara y es verdad, nadie escucha y deje salir las canciones que más siento, las que hablan de desamor, las que hablan de esas ganas de amor, las de agradecimiento, las irónicas. Canté por más de una hora a pleno pulmón y yo feliz de haber hecho algo que me daba pena, pero todo sea por celebrar perder más la cordura a lo que pensaran los demás y hacer algo por mí. 

En el descenso toqué varios árboles, ya sabes que creo que todo está unido a través de sus raíces visibles e invisibles, mietras los tocaba estaba seguro que conectaba con la gente que traigo en el corazón, pensé en muchas personas y a todas les deseé paz, sanación, amor por la vida, fuerza para sus batallas y mucho amor de la tierra para sus días. Ya casi al final de la bajada hay un lugar que vende cosas orgánicas, compré kombucha de limón y un paquete de galletas, bien sabes que solo puedo comer galletas o pasteles en fechas especiales y pues hoy es especial. El paquete traía diez galletas chiquitas de maíz y dediqué cada una a mis raíces, una a ti, otras a mis abuelos, otra a mi madre, otra a mi padre, otra a mi hermano y una a todos los que habitan en mi corazón... infinidad de personas a las que les dedique esa galleta.

Tomé un colectivo si tituvear, compré una entrada al cine, vi una película de vikingos, bastante rara a mi gusto pero salía Nicole Kidman así que me dejé llevar. Tal vez te hubiera gustado verla, tal vez no, quién sabe. 

Salí con intención de seguir celebrando con un brownie de chocolate en Kinoki, un restaurente con una terraza con excelente vista pero con un servicio de meseros más raro y disperso que yo. Una vez ahí, me senté en una mesa para cuatro personas, pedí sin pedir la carta el dichoso postre, que venía recomendado y un chocolate artesanal, bien lo merecía. Estaba dispuesto a pedir un deseo en nombre del festejado cuando tres chicas y un chico llegaron sin mesa disponible y me preguntaron si se podían sentar conmigo, carajo... ¿y mi plan de celebración, mi momento contigo y conmigo? y en ese momento a manera de respuesta pensé: qué carajo, tú eras amiguero y risueño seguro hubieras hecho una locura así. Les dije que sí, los cuatro rondaban entre los 28 y 30 años, su vida se resumia en vacacinoes, borrachera, disfrute... el resumen de una juventud bien vivida. Una chica me contó de sus penas de amores y sus dos aciertos más inicertos, otra me contó de su elección de carrera y su felicidad, otro me contaba de sus negocios y su soltura. Que dicha conocerlos, no sé porque al oir sus locuras te escuchaba a ti, me puse a imaginar las locuras que tu hubieras hecho y la diversión que sería tu vida. 


Hoy 17 de abril, en tu celebración celebré tu vida, mi vida, tu ausencia y mi presencia, abracé tus decisiones y solté las mías. Hoy en tu celebración sentí tu vació, sentí tu vida, vi tu risa, me imagine tu vida, recordé tu partida, reviví nuestra infancia y vislumbre mi vida sin ti pero conmigo. 

Dano, no fue una celebración triste, tal vez un poco melancólica, pero no triste, fue una celebración como a mí me hubiera gustado celebrarte, te llevé de paseo, te canté, te mostré el infito, compartimos a mordidas con los que amamos, comimos pastel, hicimos amigos, nos reímos... como nos reímos pero sobre todo como hemos vivido, caray... como hemos vivido. 

En mi corazón todos los días, muy pero muy feliz cumpleaños. 


miércoles, febrero 02, 2022

El cajón siempre abierto...

Y ya no escribo tanto como antes y ahora el pecho lo siento como una cajón lleno de cosas guardadas a punto de desbordarse; solo que esta vez no son cosas, sino emociones las que tengo amontonadas, son emociones las que no dejo salir, las que estoy evitando que salgan y no por miedo a los nombres de las emociones en sí, es el miedo a la cantidad, no es el miedo a la tristeza, es el miedo a que pueda ser mucha. No es el miedo al enojo, es el miedo a que todo abrace a mi alrededor, como antes lo hacía, no es el miedo al amor, es el miedo a que se me vaya todo y luego no sepa qué hacer sin él… Pero el día de hoy me duelen los brazos, el pecho, el cuerpo completo tratando de usar toda mi fuerza al evitar que ese cajón se abra, es más cansado mantener una actitud serena y segura que dejar que ese cajón reviente. Al día de hoy sería un alivio soltar los brazos, con todo mi peso sobre ellos, evitando sentir demasiado.

Sí, tomé una maestría con un montón de materias sobre manejo de emociones, pero aprender a ponerle nombre y a descubrir que hay una gama amplia de ellas, no me hace experto en su manejo. Gracias a esa maestría descubrí que existe la ternura, la tristeza, el amor propio de manera sana; descubrí que se pueden evocar las emociones de muchas maneras, bailando, viendo el cielo, confiando en la vida, apostando a ganar. En verdad, fue como si hubiera entrado a la tienda de galletas y pasteles más grande del mundo y yo como niño asombrado y probando todas y cada una de ellas. Reconocí los sucesos de mi vida y por fin les puse el nombre de una emoción y no la pobre gama que venía manejando: felicidad y todas las parientes del enojo, como la ira, envidia, soberbia… todas esas emociones que me alejaban incluso de la felicidad. Lo digo no como si fuera un monstro ya que siempre he tratado de moverme por la emoción de la felicidad o alegría, pero con el paso de los años y los procesos de la vida, la felicidad no me alcanzaba para entender los sucesos ajenos a mí, el divorcio de mis padres, su paternidad intermitente, mi enfermedad a los 14 años, el abuso, la ausencia, la incertidumbre, la soledad, el suicidio, la muerte. Todos esos sucesos y yo tratando de vivirlos con felicidad, porque era lo único positivo que tenía en mi vida; era eso o agarrarme del odio y la ira hacia la vida, hacia los otros, hacia los sucesos, hacia mi mismo por poder llegar a ser tan mezquino conmigo y con los demás, pero ¿qué hacía con un abanico de emociones tan pobre? En mi casa la frase que escuche mucho de pequeño fue: sonríe, todo estará bien y sí lo estuvo por unos años, por momentos, de a ratos y esos ratos, momentos y esos años los agradezco como agua de mayo porque fue lo que hizo dar con la gente adecuada en ese momento, pero aún así me hacía falta conocer emociones y lo peor es de que era más mi miedo a conocer lo desconocido que entregarme a ellas, me era más fácil alejar a quién me trajera una nueva manera de sentir, mis frases favoritas en mi cabeza eran: eso no puede ser verdad, no le creo, seguro tiene algo entre manos, no soy lo que está buscando, no está a mi nivel o no estoy a su nivel, obvio es algo pasajero… y así pasé muchos años alejando a las personas, a unas las alejaba y otras hacía que me alejaran, todo antes de que me hicieran sentir cosas nuevas, todo antes que ser vulnerable y dejar salir todo lo que habitaba en mi corazón…

Hoy, me encuentro en una situación similar donde me cuento frases nuevas como: enfócate en tu carrera, ya estás muy grande para…, no pierdas el tiempo en tonterías, pon tierra de por medio, estoy tan cansado que prefiero irme a dormir que a salir… mismo cuento, nuevas frases, pero al menos al día de hoy estoy documentado con las bases, que no las quiera ver es diferente, pero como le he dicho desde hace mucho, lo que no se dice avinagra, en mi caso esta vez lo que no digo se desborda de mi pecho y ya no tengo fuerza para mantener el cajón cerrado, por eso traigo mi zozobra a esta hoja llevada por mis dedos. Que fluyan las que tenga que fluir, que corran las que tengan que llegar algún lado, que huyan las que no pertenecen a mí, que vengan las que tienen que llegar, que se queden las que son fieles a mi y algo aún tienen que enseñarme, que me perdonen esas que asfixie por vergüenza o temor, que se sientan acompañas aquellas que deje solas por mucho tiempo y que se acomoden las que se quieran quedar en mi viaje por si las ocupo en algún momento.

Sí, me dolió tener vivir violencia en casa.

Sí, fue triste tener que ser fuerte tan pequeño cuando lo único que quería era ser niño.

Sí, me hubiera gustado tener una familia que siguiera el mismo camino en respeto y amor.

Ojalá hubiera tenido el valor de elegir estudiar lo que me apasionaba en vez de enfocarme en lo que me dejaría dinero.

Si, es triste haber vivido violencia en mi núcleo primario.

Sería bonito recordar a Daniel sin sentir ese dejo de duda por sus acciones.

Me hubiera gustado no haber tenido miedo a probar una felicidad diferente con aquél que me preguntó si quería ser su novio.

Con tanto llanto me quede dentro el día en que se fue mi abuela María y lo callé con silencio.

Todas aquellas veces que alejé los abrazos fingiendo estar bien, porque sabía que si me abrazaban me iba a caer y tenía miedo a romperme y luego ya no saber como levantarme. Lo hice y lo sigo haciendo, tanto así que ya no es necesario preguntarme como estoy porque es común que esté bien cuando en realidad solo quiero que me digan por donde ir.

¿De cuántas cosas me he perdido viendo el mundo bajo la mirada de la felicidad, el enojo y la falsa felicidad?, corrijo, no es pregunta, es afirmación… de cuantas cosas me he perdido.

Sí, aún estoy triste porque hace dos años se fue mi mejor amiga en mis brazos, pero estoy feliz porque me permití volver a amar y ahora esa nueva amiga acompaña a mi mamá, aunque las extraño a las dos todos los días.

Me duele haber descubierto que mi amor propio era solo temor a ser herido, pero me alegra haberme dado cuenta porque sé que pase lo que pase me tengo a mi mismo y yo confío en el universo, en la vida; bueno hay cosas que me aterran como perder a los que amo, pero todos los días me hablo sobre la naturaleza de los procesos de la vida y su inevitable ir y venir, conocer y ver partir, acompañar y despedirse, su inicio y si final… aún estoy aprendiendo a disfrutar el proceso.

Tengo miedo de no dar el ancho en muchas cosas, tengo miedo a fracasar, pero heme aquí intentándolo todos los días, rompiendo miedos aunque haya días que no de el valor ni para sacar la cabeza de las sabanas y justo en ese momento cuando decido renunciar a todo me acuerdo de todas aquellas personas que han tocado mi vida y no se dieron por vencidas a pesar de lo inaudito de la vida.

Y sí, unos días tengo miedo y mucho, otros la tristeza de no estar con los que me dan calma me lleva a la melancolía, algunos más me da coraje no haber hecho más por los que ya no están y unos otros me enoja no haber sido muchas cosas o haber tomado ciertas decisiones… pero me repito: ya me cansé de tener guardado tanto, tanto que no sé si tengo espacio para lo nuevo y sé que quiero que lleguen emociones nuevas.

Estoy rompiendo viejos hábitos que me ayudaron a sobrevivir las cosas que no entendía, incluso les agradezco haber sido esa acción repetitiva de no sentir, de no querer ver, de negarme muchas cosas… porque eso me trajo a este remanso, esta mi orilla de mundo para decirme que no tiene que doler estar triste, que gritar el dolor no empequeñece, que pedir ayuda es algo digno, que decir no puedo más no es sinónimo de rendirme sino que me recuerde tomar un descanso y recalcular mis pasos, que todo decisión es un volado y que el resultado puede llevarme a nuevos lugares, conocer nuevas personas, unas sumaran, otras estarán solo ahí y otras me caerán mal, no soy Dalai Lama. También confieso que hay gente que no me cae bien, sí, tengo juicios y sé que puedo perder grandes oportunidades por esos juicios, pero una cosa a la vez, hoy estoy hablando de abrir ese cajón de emociones, ya luego hablaré de porque la gente que hace reír a todos todo el tiempo no me da confianza y hasta me cae mal, pero bueno también eso hay en mi cajón, un poco de mordacidad y desconfianza.

Así mi vida y mi cajón de emociones, por hoy es suficiente… que el paso de los días me haga más fuerte no para cerrar el cajón, sino más fuerte para dejarlo sin llave puesta, abierto para que entre lo que tenga que entrar y se vaya lo que no requiere guardarse.

domingo, septiembre 12, 2021

Regalos para días de tanta lluvia

Los amigos son oportunos como todo en la vida y aún recuerdo las palabras de Fernando diciéndome:

- Si el día está nublado, lluvioso e insoportable no deja de ser un factor externo, ¿hasta cuándo vas a dejar que lo externo siga rigiendo tu vida? - Esa frase me la repito hoy que el día está nublado, lluvioso e insoportable y desde que me la dijo la tomé como un regalo justo para momentos así. 


Estoy caminando en el mercado de San Francisco, aquí en San Cristóbal de las Casas, después de una lluvia torrencial de 10 minutos que dejó lodo por doquier pero la vida sigue, las mujeres siguen atendiendo sus puestitos de verduras, frutas y semillas, ellas siguen sonriendo a quienes les sonríen, siguen dando precios a quien pregunta por el jitomate, habanero o por las habas, 5 pesos dicen unas, otras 10 o 20 depende la cantidad. Las afortunadas… corrijo…  esa palabra viene desde mi comodidad y mi percepción de lo que he vivido, elaboro de nuevo: Ellas siguen vendiendo aún con los ríos de agua en sus pies, unas van descalzas y otras con sandalias y aún así siguen su día. Una lluvia o un río de agua lodosa no va a detener su vida. Los niños siguen jugando en el suelo con sus pies al descubierto y llenos de tierra como si la vida perfecta transcurriera entre lodo y risas y es que así debería de ser. 


Traigo el corazón chiquito porque escucho la voz de mi madre quebrada al teléfono, mi abuelo, su papá tomó una decisión que nos aterra, que pone en riesgo su vida y nuestra esperanza de tenerlo más tiempo aquí pero él no, él quiso vivir su vida a su manera, como siempre lo ha hecho y pues los que tocamos su existencia nos toca respetar y apechugar el coraje, el miedo, el temor, la frustración y la incertidumbre de semejante decisión. 


Ya pasé dos cuadras desde que puse atención a los niños jugando en el lodo, que envidia ser un niño así, sin tener que cuidar la ropa limpia y perfecta de una imagen impuesta por una mamá exigente, por eso me parece inverosímil que la felicidad venga en forma de charco lodoso, sin zapatos, corriendo sobre las piedras y riendo como si no importara nada y es que la verdad, nada debería de importar más que vivir la felicidad como venga. Salgo de mi pensamiento y mis deseos de que los que están lejos de mi, encuentren paz en medio de tanta incertidumbre y otra vez yo en la calle de un mercado que apabulla. Calles estrechas donde convivimos peatones, coches, motos, bicis, puestos ambulantes, lluvia, venta de frutas en carritos y más, incluso siento los coches pasar a centímetros de mi mientras intento no chocar con la señora de rebozo rosa y falda negra que se detiene en seco a ver un suéter e intento no pasar por debajo de los desagues de las azoteas de las casas, pon atención Efraín, no te abrumes, estate aquí y ahora me repito. 


Cuántas veces no he deseado que un extraño, obvio un extraño que ya he imaginado a la perfección alto, de cejas tupidas, tez clara, amable, que no va ensimismado y puede ver cuando alguien necesita de un “¿todo bien?”, llega a mi y me pregunta “¿todo bien?” y con esa pregunta me saca de mi exorcismo de preocupación. Sonrío y agradezco el detalle y de ahí nos vamos caminando rumbo a conocernos… Pero la vida nos pone lo que necesitamos en el camino y el día de hoy me puso a un chico en bicicleta tocando una corneta para que yo no fuera a cruzar, reparo que sigo caminando sin atención al entorno y decido que lo mejor es huir de tanto bullicio y sí, escapo, doy vuelta en una calle que no conozco pero que promete no tener vendedores, ni gente, ni ruido… me meto en ella y pienso en ella… 


Ella que no sé cómo empecé a quererla porque la verdad no hemos convivido mucho, pero es de esas personas que sabes de corazón bueno que con solo darle un abrazo, quedas convencido de que tiene vibra bonita y esperas, no, no espero, corrijo de nuevo, deseo que todo lo bueno le pase a personas así. Pero la vida y sus procesos que van subiendo el nivel de dificultad conforme avanzas, creo y confío con el afán de hacernos mejores, más preparados, más dispuestos a ella, más amorosos, más empáticos, menos cerrados… Pero cómo le digo a ella, con su esperanza en una cajita con nombre que las cosas pasan por algo, con qué cara le puedes decir a alguien: el tiempo lo sana todo o todo es obra de un plan maestro que por más que no veas ahora, lo entenderás después, ¿con que puta cara se atreve uno a decir tanta pendejada cuando el otro tiene corazón, el alma, la razón en el suelo? Yo en mi caso cuando me lo han dicho me dan ganas de decirles “metete todas tus frases baratas por el culo y haz con ellas lo que te de la re chingada gana” pero luego me acuerdo que la gente hace lo mejor que puede con lo que tiene y sabe, al final no lo hacen de mala gana y solo me queda agradecer su entereza por estar ahí. 


Ahora ni un abrazo le puedo dar a ella que ha perdido todas las espectativas que son imposibles. Ni un beso en la frente a mi madre que lidia con la incertidumbre de poder perder a su papá. Ni como intentar convencer, persuadir, manipular, chantajear a mi abuelo el necio, el fuerte, el orgulloso, el independiente a que se deje cuidar, se deje tratar. Ni como abrazar a mi tío el enojado por el orgullo de su padre… Solo me queda dar vuelta en la calle Chipa de Corzo y perderme en ella. 


Ay Fernando, te digo un secreto: gracias por tan bonita frase, gracias por haberme dejado la responsabilidad de ser yo mi propia luz en mitad de tanta lluvia y cielo gris, gracias por haberme hecho entender que por más gris que este la vida, yo decido quedarme conmigo y ver con otros ojos esos regalos que me da el destino. 


¡Dios! otra vez me enfrasque en mis pensamientos, pero al ver el templo del Señor de la Transfiguración, cabe aclarar que busque el nombre del templo en Google y me hizo reír semejante nombre, por un momento pensé con picardía que seguramente dentro estaría lleno de trasexuales pidiendo el milagrito, me reí, Efraín te reíste aún a pesar de traer el corazón chiquito y distraído…  en ese momento me paré en mitad de la plaza e inhale con fuerza y como siempre que paso de un estado emocional a otro de manera consciente cito a mi autora favorita: solo la vida existe, lo demás lo inventamos.


Porque en mitad de tanto lluvia y lodo, también se puede ser feliz.

1999 y las cosas que nunca me dije

  Y un día de 2024 sin querer me encontré en el mismo lugar de hace 26 años. Llegué al frente del edificio que ya se me hacía familiar, cruc...