viernes, enero 02, 2015

Ximena y el tigre

¿Qué me ves? ¡No me juzgues!, ¿quieres saber por qué hablo con un tigre naranja de peluche?, ¿crees que no me he dado cuenta que te me quedas viendo desayunar todos los sábados mientras hablo como con este felpudo? Ven, siéntate. ¿Quieres saber lo que todos especulan y cuchichean en mi cara como si fuera sorda y no la loca que creen? Pues para empezar niño, no estoy loca, yo lo que tengo es que no puedo olvidar y si la gente que tiene Alzheimer sufre por olvidar, también los que no lo hacemos y ¿sabes?, siento ira por eso, de esas que te hacen odiar al ocurrente que nos puso aquí; no creas que siento rencor todos los días, lo hago cuando me acuerdo y sólo me queda hablar al aire como si me fuera a contestar, lo bueno del aire, es que no formula palabra alguna y no me juzga.
Este tigre me lo regaló mi novio hace 10 años, cuando la vida era fácil y parecía estar en la palma de mi mano. Esteban era un hombre excepcionalmente imperfecto y cálido, tenía una boca que hablaba más de lo que pensaba en el momento que tenía que callar y un mutismo de sacerdote asiático, cuando tenía que hablar, pero él, era el único que me hacía olvidarme de todo, con él era momento y presente, era abrazarlo y subirnos al tren de la vida, verla tal cual, él me enseñó la ligereza de vivir, de no enunciarla con los detalles desagradables, de no recordar las penas y pensar que lo que estaba pasando era el mejor de los futuros.
Un día Esteban me vendó los ojos con una mascada roja y era roja porque era mi color favorito. Ya no,  porque donde veo rojo,  veo las promesas que la vida te hace y no te cumple. Bueno, ya sé que a veces hablo de más y si te estoy hablando a ti es porque me molesta tu cara de menso cada ocho días, es como si estuvieras reprochándome la soltura con la que hablo o mejor dicho, la locura según tú. Pero ¡qué necio eres!, ¡que no estoy loca! y no me mires así y si tanta curiosidad tenías ¿por qué no me preguntaste antes? Bueno ya, no me distraigas, Esteban me vendó los ojos y me dijo exactamente así: “Ximena, en tus manos pongo mi destino sin rumbo, en tu ceguera confío mis pasos y en tu corazón todos y cada uno de mis anhelos” después puso al tigre en mi manos, ¿por qué un tigre y no un oso? Pues para ponerle una raya más al tigre cada vez que superara alguna prueba de la miserable vida, lo de miserable no lo dijo él, eso lo creo yo, con los ojos recorrí al animalejo este y en la cola traía algo redondo y metálico, sí, supones bien, un anillo de compromiso, simple con una diamantito, ahora que te lo cuento y lo pienso bien, de él podías esperar cosas fuera de lo común, cosas grandes, le gustaba sentir que se comía la vida a bocados grandes, por eso me sorprendió la sencillez del momento, solo él, el peluche y yo en la cama. Mientras estaba acostada viendo mi mano al techo con la sortija sólo pensaba en cómo sería vivir miles y miles de días con ese pelmazo, pero también pensé que desde que lo conocí no me imaginaba una vida sin su presencia y a la vez repetía sus palabras como una plegaria y justo ahí habló de nuevo “quiero que la vida me sorprenda todos los días contigo y que la muerte nos recoja abrazados”, ay niño, una sin la otra no pueden existir y a las dos las vi juntas estando yo viva.
La boda que tuvimos… tan sencilla pero tan hermosa y lo de hermosa no lo digo para justificar la sencillez que muchos confunden con falta de recursos, la verdad es que a Esteban siempre le gustó ayudar a los demás movido por no sé qué santo metido en su cuerpo, por eso me convenció de hacer una fiesta chiquita y cómo decirle que no a un hombre que era capaz de hacerme olvidar que no era perfecta y hacerme sentir la mujer más hermosa que te puedas imaginar, yo era muy guapa, si me hubieras conocido hace diez años, tu curiosidad hubiera sido no por loca sino porque era una mujer férrea y altiva, daba miedo acercarse a mí, según él, porque “tanta belleza ofendía”, pero esa seguridad que yo sentía entonces, no era mía sino de Esteban, que  cultivaba todos los días. Ahora que veo las fotos, la imagen, hace juego perfecto entre lo que tenía dentro y lo que mi cuerpo gritaba y mira que nunca me consideré vanidosa, pero basta de superficialidades y volvamos al tema de la boda. Tuvimos solamente 40 invitados, obvio mis papás y mis tres hermanos, mis  cuatro abuelos, mis dos bisabuelos, los cuatro hermanos de mi mamá con mis tías y tíos políticos y tres primos, mis cinco mejores amigos y sus respectivas parejas, él no tenía familia, su mamá murió cuando era niño, dos años después el papá y quien lo cuidó fue la abuela que para esas fechas ya había muerto también, pero ese hombre eran tan querible que adoptó como abuelos a sus vecinos, quienes a pesar de tener hijos, nunca, o casi nunca los iban a ver y como hermanos, a tres amigos de la infancia que fueron su todo hasta en las peores. Eran unos canallas pero me querían mucho los condenados, decían que si Estaban estaba conmigo era porque yo no valía menos que todo el oro del mundo y también invitó a un niño con sus papás, era un vecinito que lo veía como su hermano mayor; la vida le había quitado todo lo que para mi era fundamental pero él se hizo al ánimo de encontrarlo de nuevo, así que hizo de una familia adoptiva que lo amaba no menos que yo, pero tampoco te confundas chiquito, te aclaro que nadie lo amaba más que yo. En la boda no hubo más que buenos deseos y mucho amor, no pedimos regalos y el dinero que nos dieron lo juntamos para la escuela de a su hermanito. Tan duro que la pasó y él tan blando que era, perdonaba fácilmente, yo… yo no olvido.
De luna de miel nos fuimos a Zacatlán de las Manzanas en Puebla, sólo un fin de semana y es que con él como diría Joaquín Sabina “todas las lunas eran lunas de miel”. Rentamos una cabañita a las afueras del pueblito, de ésas que tienen todo junto en la parte de abajo y en el tapanco la recámara, ahí acomodé al tigrito que iba conmigo a todos lados. Fue esa misma noche cuando la vi a la muy maldita por primera vez, me estaba pisando los talones y yo en mi pinche nube de pendeja enamorada no me di cuenta. Perdón que te diga esto pero ya que te voy a contar mi locura, sábetela completa y es que ese día hicimos el amor en la cocina y yo en mi estúpido arranque, abrí un poco la perilla de la estufa y ese poco bastó para que a la semana de mi boda, en la misma capilla donde celebré el día más feliz de mi vida, también celebraría el día más triste.
Esteban se fue, me dejó. Durante muchos años no sabía a quién odiar más, si a él por haberse ido, a la vida por dejarme sola, a la muerte que nos sorprendió durmiendo, a mí por creer que tenía toda la felicidad que me tocaba y hasta la que no también… odié tanto y de muchas formas, ¿por qué yo quedé viva? porque para mi maldita suerte estaba cerca de una ventana y no él, porque la vida es una infeliz cuando así lo quiere, en nuestra relación él era el bueno, él que daba a manos llenas como si supiera que se iba a morir al día siguiente, el que hacía brotar la belleza donde no la había, se murió él y todo eso también.
Yo de la ira fui a parar al psiquiatra, la vida me era un lugar insoportable, odiaba estar viva y a los que estaban vivos conmigo, odiaba estar en silencio porque escuchaba sus palabras “tienes una vida tan llena de amor y estás tan ciega”, me irritaba estar en la oscuridad porque sentía sus brazos alrededor mío, odiaba estar en cualquier lado sin él.
Me tomó tres años de mi vida entender lo que estaba obligada a entender, no lo hice por gusto sino porque sus abuelos se enfermaron y no había quien los cuidara, yo lo hice como lo hubiera hecho él, los acompañé como si fueran mis abuelos y un día al salir de su casa, me encontré a su hermanito, bueno, al niño ése que adoptó como hermano, sus papás trabajaban en la noche y él se los cuidaba, cuando me vio me abrazo a la vez que me preguntaba que si yo también lo extrañaba y ahí fue cuando entendí que no sólo me dolió a mí, que ese hombre vino a dejar amor por todos lados y que yo estaba muy lejos de ser así, lo necesitaba a él para ser feliz, para ser bella, para ser segura de mi misma, para amar y para ver lo bello, ese maldito era mi concepto de felicidad. Tuve que dejar la ira, abrazar a los que me quedaban, tuve que soltar su presencia y aprender a vivir sola conmigo, tuve que pintarle una raya más al tigre y no porque sea un caso de éxito sino porque seguir viva después de perderlo a él,  es una tarea de titanes y no, no estoy loca, lo estuve, lo que tengo ahora es que no consigo olvidar, aún tengo marcados todos los días de su existencia conmigo, aún lo tengo en el corazón.
No me volví  a casar, aún porto mi anillo de bodas, trabajo de lunes a viernes y los sábados vengo a este lugar porque aquí nos conocimos, estuve en un manicomio y hoy hablo con este tigre porque de la muerte de Esteban solo el felpudo y yo sobrevivimos.

lunes, diciembre 29, 2014

Esfuerzos que son rutina...


Inicio ésta entrada con ganas de escribir pero los dedos teclean palabras frías y sin sentido, no estoy viendo más allá de los que mis ojos tocan, no transformo el entorno en emoción, solo lo veo en su forma física que solo me dice que las cosas están ahí, no puedo escribir la historia que traigo atorada de Gael, no se me ocurre otra cosa, las emociones las tengo cortadas y me parece innecesario intentar hacerlo.

Es al recapitular mi día y a las nueve de la noche de hoy 29 de diciembre donde me quedo con la celebración de un hermano y su cumpleaños número 36 sabiendo el esfuerzo que está haciendo por hacer las cosas distintas, me quedo con el esfuerzo que hace una prima para amar realmente lo que está amando derribando sus propios miedos que son los que más lastiman, me quedo con el esfuerzo que está haciendo una mujer a la que amo por no mostrar su coraje ni desear ningún mal a lo que es feo por fuera y por dentro, me llevo el esfuerzo de una compañera por intentar convivir con su familia política dejando atrás su orgullo y enojo anteponiendo el amor por el hombre que escogió como compañero de vida, valoro y aplaudo el esfuerzo que hace un un amigo por vivir con la ausencia de su padre, lidiar con los ausentes es una tarea de titanes que mal ganamos muchas veces y que la verdadera victoria viene solo con el tiempo, agradezco el esfuerzo de una niña llena de vida, ocurrente y alegre por ganar batallas a nivel mundial con su aldea imaginaria llena de magos y arqueras, sin contar todas las historias digitales que me cuentan las redes sociales, gracias a ellas puedo saber de los gatos de un bailarín empedernido, de lo sexy que quieren bailar unas y lo aburrida que están otras, puedo ver fotos de lugares a los cuales anhelo ir y lugares que nunca visitaría; gracias a las noticias electrónicas pude ver la empatía de Francia, Sudafrica, Argentina, Italia, Alemania, Suiza, Chile, Perú, Inglaterra, con mi país y sus 43 desaparecidos o mejor dicho con la ausencia de sus 43 estudiantes, sus 43 hijos, sus 43 hermanos, sus 43 maestros, sus 43 individuos, sus 43 amigos, sus 43 conocidos y me pregunto: ¿qué haría si entre ellos hubiera estado alguien entrañable para mí?, dejó la pregunta en el aire...   

Mi día estuvo lleno de batallas ajenas, de rutinas diarias y problemas que al día-día se tienen que resolver, que al ser rutinas parecen tan sencillas, pero al hacer una simple abstracción de estos hechos termino escribiendo de la grandeza de la gente que tengo en mi vida y sus corazones humanos y falibles con emociones cambiantes que traen a mi mesa el sabor de saberme vivo y de sentir a través de ellos el amor, la duda, el rencor, la tristeza, el odio, la indignación, el apoyo, la alegría, la celebración y hasta el reclamo.

Cuando las cosas parecen un sinsentido, basta rebobinar los hechos para mirarlos detenidamente y encontrar su valor.


#poramoryconamor

jueves, diciembre 04, 2014

Perdiendo cabello, ganando valor...

Empiezo esto unos minutos antes de mi cumpleaños número 30, hay una bolsa en la basura que contiene a lo mucho 50 gramos de cabello que acabo de quitarme de encima, para aquellos que tanto insisten en mis entradas como salidas ya podrán aumentar la broma. La verdad es que al ver esa bolsita comprobé el valor y el peso que tiene la vanidad en mí, sin mencionar la necesidad de aceptación de los otros y el miedo que provoca la resignación de perderlo con el paso de la edad.


Por eso hoy 4 de diciembre de 2014, empiezo mi ritual afirmando que es cuestión de coraje perder lo que a uno le da seguridad, es repetirme que la belleza viene de dentro, que lo externo es momentáneo y todo tiene fecha de caducidad, no es que esté a la expectativa de perder, más bien mi propósito es vivir mejor abrazando y aprovechando todo lo que pueda al máximo.


Mi abuela no dejó ir solo su pelo, dejó ir el coraje, la tristeza y solo así le crecieron la salud y el amor por la vida que a pesar de no ser perfecta ella decidió seguir en ella. Yo dejo ir mi cabello y la vanidad para crecer en seguridad porque al final todo empieza desde dentro.


El año que acabo de pasar lo llamé un año aburrido, no hubo grandes amores, no hubo viajes que me llevaran a la tan anhelada Italia, no tuve una enfermedad que me hiciera valorar la vida de manera abrupta, no, no hubo nada de eso, en cambio tuve un año aburrido donde para encontrar el sabor y la diversión tuve que darme a la tarea de vivir en los pequeños detalles, esas cosas que pasamos por alto y nunca agradecemos, ahí mi año agarró un sabor muy peculiar.


Ver como la desesperación por no estar como uno quiere no es cosa particular de uno mismo, sino es un temor que compartí con una mujer exitosa y tan apasionada en todo todo lo que hace que terminó haciendo sus propios muebles y le llevó meses darse cuenta que las cosas tienen que llegar cuando lo tienen que hacer.


Como no agradecer las noches que uno gasta con los amigos y sus simplezas, reír por reír, reír con lo mismo de todas la veces, los mismos juegos, los miedos que se van sumando con la edad, las parejas inconstantes que llenan nuestras pláticas de esperanza y temor, pero al final de la noche uno termina dando las gracias porque son ejemplo para seguir adelante, son seres que han crecido, han madurado han añejado sus personalidades acentuando sus virtudes y compartiendolas conmigo.


Me tocó ver caer del cielo a una mujer con tantas ganas de vida celebrando su año solo como ella lo sabe hacer: gritandole al mundo que sigue viva y que ninguna pérdida la ha dejado muda, eso en verdad no tiene precio.


Tantos detalles y tantas formas de vida, la boda de varios amigos, la separación de otros, el viaje a Cancún y el de Puebla, las citas fallidas y las que uno hubqiera querido evitar, el tragarse el orgullo y pedir un favor a quien no pensé en pedirle nada jamás, pero el jamás es un lapso muy largo y hasta un perdón a varias personas de mi pasado tuve que pedir por no tener el valor de decirles que no era lo que esperaban y no porque no sea bueno sino porque lo que las buenas intenciones no son suficientes para empezar una relación; aceptar y tener el coraje para reconocer que uno no está amando de manera correcta a la gente que nos ama incondicionalmente, reconocer que uno ha deseado mal y ha insultado más de una vez por no saber canalizar las emociones, contarle al destino que uno no es buena persona por ser elocuente al escribir, sino por querer ser mejor y no dejar de intentarlo a pesar de que hay días en que quisiera estar igual de vivo que una piedra; sí en verdad acepto que muchos días quise acompañar a mis muertos, que me llevaran con ellos porque no encontraba el brillo en el mundo para seguir en él… pero resulta que el mundo tiene sus formas de mandarnos mensajes y fue un amigo inconstante que  me dijo: la motivación viene de adentro, no del mundo exterior; todo tan fácil como eso.


Dejo esta pequeña ofrenda de 50 gramos a mi 2014 agradeciendole cada risa, abrazo, cada tristeza, cada día donde me obligaba a derrotarme, agradezco la vida de los que me rodean ya que a través de ellos vivo, con ellos crezco y de ellos me alimento.

Yo me regalo valor para aceptar los cambios, valor para tomar decisiones, valor para alcanzar mis metas, valor para vivir en donde y como yo quiero, valor para dejar ir, valor para creer y valor para ser yo y ser responsable de cada decisión tomada.

sábado, octubre 25, 2014

Una rutina inconstante

Momento, quiero decirte algo, a ti y para ti sin espacios.

En ese momento Carlos sacó de la bolsa de su pantalón una hoja de papel doblada en ocho y empezó a leer:
¿Te acuerdas cómo nos conocímos? yo sé que sí pero no creo que sepas como me encontraba yo realmente, qué había en mis entrañas en ese momento, jamás te lo conté porque sabía que si lo hacía lo único que haría sería alejarte. El día que nos hablamos por coincidencia no creía en nada más que en la rutina de un día tras otro, ya había amado como se debía, había dado y me habían entregado todo lo que hasta ese momento creí que era posible, me asombré, me lastimaron y lastimé y de tanto hacerlo me cansé incluso de intentarlo de nuevo, tenía el corazón roto y los ánimos en el suelo, tanto como para no querer enmendarlo así que me la pasé dejando ir personas, no aferrándome a nada más que a la simple rutina, sin hacer el mínimo esfuerzo para que alguien se quedara, tenía tanta flojera de lidiar con otras maneras de ser, de dar mi tiempo que tanto dependía de mí para mis gustos y actividades, la verdad no me veía con alguien en mi vida y al irte conociendo tampoco creí que contigo tendría futuro, tenías tanto color, cientos de conversaciones, pasabas de un tema a otro con la misma naturalidad que un día le sigue a otro, no ponías atención a si estaba atento, solo hacías pausas para verme a la cara y a modo de única respuesta mi sonrisa, lo único que sé hacer a la perfección, tan bien lo hacía que había aprendido a sonreír para dar a entender que no tenía intención de responder o interactuar con mi interlocutor pero a ti no te importaba, empezabas hablando del clima, luego de los colores y los cambios de estación, de la ropa que te hubiera gustado usar si hubiera sol o las botas para lluvia si fuera verano, hablabas de tu familia como si a mi importara, pero de tanto escuchar tus historias y sus personajes empece a hacerlos parte de mi rutina, tu padre y sus fallas, tu madre y sus preocupaciones, tus hermanos con remedio uno y sin remedio el otro, me hablabas de cuanto extrañas a un amor y lo mucho que te gustaba la voz del alto y el humor del regordete. Un día me sorprendí dando las gracias para mis adentros de que ya no estuvieras con ellos y a la vez que ellos te dotarán de tantas anécdotas, fuiste como el agua que inunda un barco colándose por todos lados, me llenaste de ti lentamente sin dejar un lugar sin que estuvieras tú; primero te veía los viernes, luego los viernes y sábados, luego para comer el lunes, para el cine en jueves, a desayunar los domingos, a conocer a tu familia un martes y a amanecer contigo los miércoles; tanto me dejé llevar en tus aguas que de a poco te conté de mi infancia y mis padres, de lo que me desagradaba manejar, la pobreza ajena, el conformismo de mi país, te conté cuanto odiaba a los autores rebuscados, las noticias, me aguantaste mis quejas, hablaba con odio de las injusticias y de los abusadores, no sé porqué seguiste escuchándome, si no hablaba mucho y cuando lo hacía era sobre temas angustiantes, pero tú me callabas con un beso en la mejilla y empezabas a preguntarte cómo sería el sol de París en esos momentos, como sería sentir ver el puerto de Veracruz de noche, me fuiste sacando de mi rutina, te fui regalando mi tiempo que tanto valoraba, meses después, muchos meses después te conté de mis mejores momentos, mis libros favoritos, me empecé a abrir a quitarme las barreras para con la gente y el momento cumbre fue cuando pusiste un concierto de Max Richter y nos tendimos en la cama sin decir nada hasta que amanecimos juntos ¿te acuerdas que al despertar yo te miraba y me preguntaste que por qué lloraba y yo negué que lo estuviera haciendo? yo no te esperaba y llegaste, yo no te quería y tú ya lo hacías, nos conocíamos los pasados y lo tortuoso que había en ellos, fuiste enumerando mis momentos cumbre y te aprendiste mis repetidas quejas y mis sueños que te contaba entre dientes… ahí fue, en ese momento supe que mi corazón lo habías sanado, lo pegaste, le diste nueva forma, lo limpiaste, lo escuchaste, lo alimentaste y le sacaste brillo, me pegaste todo sin exigir nada, reclamos hubo pocos y silencios muchos pero tú seguías ahí, nunca supe qué viste en mí o por qué me escogiste pero con saber que estabas cerca un día y otro supe que ya eras y serías mi rutina inconstante en mi vida.


En ese momento Carlos guardó la carta y se la dio a ella disculpándose por quitarles el tiempo a todos los presentes agarrando de nuevo su copa no sin antes besarle la frente diciendo: Julia, quiero que seas mi rutina todos los días que me quedan de vida, te amo, y así fue como él brindo con ella y con los presentes de su boda.

Esa noche se fueron a ver como sería el sol y las lunas de París con ellos en el paisaje.


#amor #amodemivida #boda

domingo, octubre 19, 2014

Caminando durante 15 años

Estaba sentada en uno de esos hoteles con terminación en Inn con la pierna cruzada pensando en si había escogido bien los zapatos, no es que fuera un evento de mucha alcurnia o muy importante, pero al saber que tenía que pasar al frente debía tener la certeza de caminar sin ningún accidente.

El desayuno dado para el evento de ese día era sencillo, huevos, chilaquiles, fruta, jugo, café y pan dulce, nada mal para una compañía que no gastaba mucho en sus empleados, esas minucias las agradecía.

El presidente de la compañía habló, el subdirector, gerentes y demás comitiva para dar las gracias a la valiosa labor de sus empleados, ella escuchaba con poca atención mientras con disimulo veía su celular funcionando como espejo para notar algunas arrugas que estaban acentuando se expresión y pensó que ya necesitaba comprar un nuevo frasco de crema atiedad, al fondo solo se escuchaba el “y gracias a ustedes...” de nuevo en boca de otro directivo, dejó el celular y pensó en lo que estaba sin hacer en su oficina con la preocupación de que saldría tarde nuevamente porque ella estaba ahí, en una ceremonia interminable.

De pronto empezaron a llamar a cada uno de los empleados ahí presentes por su nombre y el número de años que ahí habían pasado, de pronto escuchó su nombre y el numero de 15; en ese momento cayó en cuenta de lo que ese número significaba.

Se acordó de cuando ingresó a la compañía como personal de atención a clientes y logró llegar a ser coordinadora de tesorería, no es que fuera el puesto más reconocido, pero de pensar en todo lo que tuvo que pasar para llegar ahí agradeció su lucidez y su empeño. Se acordó de que gracias a ese trabajo pudo ver a su hijo mayor ingresar a la preparatoria hoy día ya se había titulado y visitado lugares que ella no había pensado jamás en visitar, pudo pagar la secundaria, preparatoria y universidad del menor, un niño muy introvertido pero muy especial, al final pudo acordarse que gracias a su lucha diaria durante esos 15 años, pudo pagar cada gasto, gusto, antojo, capricho, necesidad de su familia y es que reflexiono que al final del día ella lo había hecho sola, nadie le regaló el puesto y tampoco recurrió a prácticas deshonestas como se rumoraba de otras personas, se acordó de todas las injusticias que vio frente a sus narices, pero lo único que le importó en todos esos años era sacar a sus hijos adelante, darles lo que su ex esposo no les daba, quería compensarles su ausencia y su errores. En esos años los vio enamorarse, ir y venir a su antojo y al escuchar el aplauso de los presentes sintió que su trabajo estaba terminado, que a pesar de que aun no eran totalmente independientes ya sabían valerse por si solos, el mundo no se les acabaría sin ella, se sintió en paz y agradecida con la vida por la oportunidad de seguir un día más.

Al final del día fueron los días que englobaban los 15 años de servicio a su empresa, fue enamorse ahí, reirse, despedirse o recibir a gente, llorar de coraje, llorar de alegría, fue su trabajo distracción cuando perdió a seres fundamentales en su vida, fueron tantos sentimientos en todos esos años…

Recibió su reconocimiento, sonrío como solo ella sabía hacer y dio la gracias, no a los presidentes de la compañía, sino a Dios, la vida y toda la gente que le había enseñado y entibiado el corazón.

En 15 años descubrió el valor que tenía dentro de ella misma y supo que los zapatos con los que caminaba nunca le habían quedado mejor.

sábado, octubre 11, 2014

No contigo ni sin ti...

Una noche Cinthia le escribió:

No sé qué hacer: perdonarte, buscarte, gritarte, aparecerme, escribirte por whatsapp, reclamarte... solo quiero decirte que estoy aquí, que te extraño, que me haces falta, que no sé como hacer sin ti, que cada vez que te creo olvidado hay algo que me hace recordarte de nuevo, que cada vez que te entierro apareces de alguna manera y me pones mal, ya no digo tu nombre ni cuando estoy a solas, si platico de ti no pronuncio las silabas que lo forman, cuento nuestra historia pero contigo como pronombre porque duele, duele saber que nos dejamos cada quien a su manera, que nos herimos.

Contigo me sentía segura, me sentía hermosa, deseada; verte al despertar era lo mejor que me podía pasar y pensar en nuestros fines de semana era lo que me movía, jugar a cocinar para ti, a ser dueña de tus platicas y tu dueño de mi futuro era lo único que necesitaba, ver la noche y no sentir frío, no sentir miedo, era estar segura, soñar con casarme contigo. TE ODIO porque no me he visto así con nadie, te llevaste algo de mi que no puedo recuperar, te pido que me lo devuelvas, le pido a la vida que me lo regrese, que me deje avanzar, que me ayude a dejarte atrás, que cada vez que me pregunten por mi soltería no piense en ti; juré dejarte atrás, pero no puedo... que alguien me diga qué hacer, no sé, te tengo en la garganta y no te puedo sacar. 

Regresa por favor, no he encontrado la paz que me invento todos los días celebrando el amor ajeno, disculpando mi soledad porque no ha aparecido el indicado que no sé si exista. 

¿Eres feliz? ¿ estás con alguien? ¿amaste de nuevo? ¿entregaste todo? ¿el mundo te renovó el corazón? 

Yo no, a mi no..

He caminado otros lugares, he visto otros cielos, he conocido otras manos y otras pieles y siempre regreso a ti, me estoy aferrando tal vez por culpa, tal vez porque fuiste demasiado bueno y todo lo invente yo, me gusta el drama, me gusta hacer todo más grande y creerme protagonista de cosas maravillosas... soy solo una simple idiota.

Regresa, perdóname, abrázame, dime que estás aquí, aparécete, dame señales de tu presencia, que soy alguien para ti, sin ti siento que no soy nada, te tengo atravesado en las lágrimas que escribo ahora.... 

Si te digo que me sentía insegura de merecer tanto y que buscaba un pretexto para dejarte antes de que tú lo hicieras, temía aburrirte y que te encontraras a alguien más divertida, eras más de lo que creía merecer... ¡eras todo!.

Buscaba un error, un simple detalle, un pretexto para dejarte, para no sentir esa necesidad de ti, esas ganas de sentir tu cuerpo, de besar tus lunares, Eras todo.

Regresa, prometo no exigirte nada, te prometo no cuestionarte nada, prometo dártelo todo, no tener miedo, prometo hacer lo que quieras con tal de que perdones mi inflexibilidad, regresa, solo eso, habla conmigo. 

Quiero ser feliz contigo o bien dejándote atrás pero no puedo ninguna de las dos.

Y él nunca lo leyó...

sábado, septiembre 13, 2014

Un regalo pendiente para la memoria del corazón

Ella hablaba con el cielo y lo obedecía en todo lo que él pedía, siempre fiel y siempre suya en todo momento.


La primera vez la vi fue por accidente, no era el tiempo ni el lugar pero dicen que un enamorado percibe hasta lo imperceptible y como dicen que yo siempre parezco enamorado supongo que así fue como la pude ver, detrás del telón de un teatro viejo y polvoso que poco a poco iba perdiendo la majestuosidad que una vez tuvo. Me basto desviar la mirada un segundo del pasillo lleno de maderas y escenografías viejas para saber que no estaba solo así que volteé y ahí estaba, hermosa con ese par de ojos que hablaban con solo pestañear y una boca que incitaba a ser escuchada, a ser recorrida con la lengua, toda ella estaba vestida para enamorar, su coquetería era hacerse el pelo para atrás y jugar con su sombrilla, se acercó a mí y me dijo que no era nuestro tiempo, pero que sería un placer aguardar hasta sentir mis manos, un escalofrío de muerte me recorrió la nuca.


La segunda vez que la encontré fue un día de muertos; estaba exquisita con sus mejores ropas y hablándole a todo el mundo, les contaba secretos y secretos quería a cambio, era el alma de la fiesta. Pude notar que había a su lado una mujer que no se le despegaba, celebraban la vida como si se fuera a acabar pronto, como si la media noche rigiera la hora de su partida. La mujer que la seguía se notaba débil, enferma, era evidente su esfuerzo por seguirle el paso a pesar de que esa noche era imposible seguirla, estaba impasible y no daba tregua a la felicidad de estar viva. Cada vez que podía besaba a su fiel seguidora, la abrazaba, la cargaba y le daba vueltas, tendrían que haberlas visto, tanta felicidad ofendía, daban celos verlas juntas, pero juntas eran una ironía, una jovial y bella, la otra remendada y cansada, pero por ese día siempre juntas. Se acercó a mí y el secreto que me contó al oído fue: aún no es tu tiempo, se paciente, llegará; acto seguido se fue a seguir viviendo como si le quedaran solamente valiosos minutos.


La última vez que la vi fue en un jardín con gente que algo celebraba  trayendo macetas con plantas y flores, no sé cómo llegué ahí pero en el aire se respiraba una tranquilidad incomoda, un duelo disfrazado de buenas intenciones de quien deja ir algo con las manos abiertas esperando que algo le sea devuelto a cambio: la paz. Me dio mucho miedo estar ahí, no podía consolar a nadie, no los conocía, puras caras ajenas a mi mundo con la única similitud de haber perdido algo. De pronto entre todos ellos ahí estaba ella, paseándose como si fuera una niña desconectada del mundo, sujetando su vestido por los lados y moviéndolo al ritmo de una canción que escuchaba en sus adentros, sonreía de manera fría, como si algo le hubieran robado, ya no estaba para enamorar y tampoco para contar secretos, solo vagaba entre los pilares. Para cuando me vio se acercó a tomar mi mano, yo tuve mucho miedo, pero la dejé hacer y es que me mostró una sonrisa que gritaba por todos lados tristeza, no pude negarme, ya para esos momentos el miedo me tenía congelado, acercó sus labios a mis oídos otra vez y me empezó a contar una historia, la suya.


Sé que piensas que esta es la tercera vez que nos vemos, pero te equivocas, yo ya te escuché una vez, ahora te toca a ti poner atención.
Yo la amaba como nada en esta vida, ella se quedó con mi mamá cuando me tocó la suerte de vestir de negro y nunca envejecer, yo tenía 31 años cuando empecé con esto, solo me dijeron que la única regla era no juzgar a nadie por ningún motivo ya que yo solo era transporte y no juez. Al principio me daba miedo, no sabía qué hacer o qué decir, si tenía que consolar como me hubiera gustado que lo hicieran conmigo o solo era llegar y arrastrar a la gente; era encoger los hombros antes todas las preguntas que estos me lanzaban, desde las fáciles hasta las más extrañas: ¿existe el cielo? ¿me llevas para allá? ¿duele? ¿que se siente? ¿me van a extrañar? ¿tuve una buena vida? ¿hice lo suficiente? ¿eres judía? ¿tú qué haces aquí si yo soy ateo?.


Con el tiempo entendí cuál era mi trabajo y lo hacía sin dudar, fui dura porque las lágrimas amenazaban con brotar, pero ya no pude con eso cuando tuve que llevar de la mano al primer niño que aparecía en la lista, tenía 4 años y su madre lo golpeó hasta el cansancio, estaba ebria, ni siquiera se dio cuenta de que ya estaba muerto cuando ella lo seguía pateando reclamándole la felicidad que le habían robado, yo estaba ahí apretando los dientes siendo testigo de esa masacre, no podía juzgar a la madre que ya le tocaría aprender en el mismo infierno que ella se estaba diseñando; yo me enfoqué en tomar la mano del niño aquel, te diría el nombre pero no lo pregunto porque una se encariña, lo levanté del suelo lo cargué para evitar que viera esa imagen de un cuerpo tirado en el suelo lleno de sangre, me lo llevé a un jardín, lo bajé, le limpié las lágrimas y los mocos tragándome las mías, me dijo que extrañaba a su mamá que dónde estaba, durmiendo, le contesté pero no me creyó, los niños de ahora no se creen nada, me dijo que sabía quien era yo, que para entonces ni yo misma lo sabía, pero el muy iluminado ya me había puesto nombre así de fácil, tú eres el ángel de la guarda y nos vas a quitar el dolor a mí y a mi mamí ¿verdad? más lágrimas en la garganta que tuve que volver a tragar para responderle que a partir de ahora todo sería luz y juego, que ya nadie ni nada lo iba a lastimar y que era hora de irnos porque nos esperaba alguien muy especial, besé sus mejillas y lo abrace antes de dejarlo con quien lo estaba esperando, el niño me dijo que se sentía feliz estando conmigo, a solas tuve que limpiarme su sangre, la limpié con mis lágrimas.


Así supe quien era yo, a través de los que llevaba con quien me los pedía, también así supe que cada fé tiene un espacio en el cielo y que el cielo lo administran todos los dioses que se nombran en la tierra; no creas que soy la única que hace esto, no me daría abasto, yo me encargo de una zona en particular así que me toca vestir de negro de a estilo afrancesado, no escogí yo este look tan elegante sino que es la manera en que la gente siente más confianza, menos miedo.


Pero no te espantes, aún no es tu turno; no sabes lo duro que es recoger a gente que ha luchado toda su vida y de pronto tener que decirles que esa batalla la han perdido y que me tienen que acompañar, lo duro que es decirles que tienen que soltar que no se pueden quedar y que si lo hacen serán seres que se irán perdiendo entre las sombras y que solo el hambre de luz los mantendrá vivos y lo que en un principio los motivó a quedarse se les olvidará con el tiempo. Mi hermana se está despidiendo ahora, le estoy dando ese lujo ya que fue ella la que se quedó con mi madre, la que la cuidó cuando yo ya no estuve, la que la consoló y la que fue su compañía, fue ella la que pidió las plantas y flores vivas en macetas, detestaba que las cortaran por mera vanidad, decía que una flor cortada tenía los días contados, creo que ella se sentía así, con los días justos por eso supo que pedir como despedida; no sabes lo duro que es tener que llevarte a tu hermana porque la venció el cáncer, juro que no fui yo sino el maldito cáncer, el consuelo que me queda es que ella ya cumlplió su objetivo en esta vida, la tarea es para los que se quedan y que tienen que apurarse porque cada segundo que pasa se acercan más a mí.


Bueno al parecer ya está lista, me tengo que ir…
La dama de negro tomó la mano de su hermana mientras que ésta puso su cabeza en su hombro altivo, se fueron platicando de no sé que cosas pero se iban juntas, se iban en paz, ya nada se debían.


Entregando los regalos pendientes para una Catrina muy singular y en memoria de alguien muy entrañable para ella.
D.E.P. Rosario Rosales Ayala.  

lunes, septiembre 01, 2014

Estoy Vivo

Hoy en día todo se enumera, en las encuestas nos piden que digamos que marcas valen más que otras, en la tv nos dicen cuales son las diez canciones más populares, en las librerías y las tiendas de discos nos dicen el ranking de lo más vendido, en la empresa donde trabajo me dicen que producto se vende más y cuál no, mis amigos han enumerado las mejores caricias y hasta algún chiflado me ha pedido que enumere lo que más quiero en la vida…


Andando en el tema de hacer un “top” me di a la tarea de hacer uno de mis mejores momentos en la vida, tal vez lo haga por querer enumerar mis triunfos personales para llegar a los treinta años más tranquilo, más en paz y con menos pendientes, tal vez es mi manera de decirle a los pocos que les puedan interesar que fui un ciudadano del mundo como se presume Eugenia León, que recorrí lugares, que me asombré con los paisajes y que si lo escribo es por miedo a olvidarlo.


Voy a nombrar esos momentos como vayan apareciendo en la poco fiable memoria de la cabeza y en la dañada memoria del corazón.


LA DAMA DE HIERRO.
La primera vez que la vi, estaba de muy mal humor en un lugar que no hablaban ningún idioma de los dos que digo conocer, iba cansado de un viaje en tren de 13 horas, exhausto de buscar una dirección en un país tan ajeno a mí como el francés y con un estrés de saberme solo con tres maletas que pesaban cada una 15 kilos y si por si fuera poco traía un herpes labial, a esas alturas de mi viaje deseaba estar más en Cancún que en la llamada ciudad del amor. Al salir de la estación Trocadero y caminar a la plaza que está entre el palacio y el teatro de Chaillot, me basto con quitar la mirada del mármol color arena y ver al fondo para descubrirla y darme cuenta de que estaba a nueve mil kilómetros de mi casa, que cada maldición valió la pena con tal de verla, el cielo era azul y el aire frío, había unas cuantas nubes pero nada para espantarse, fue respirar hondo y sentirme vivo, saber que estaba ahí para suspirar cuantas veces fuera posible, el chip de la vida se me recargó con saberme a los pies de la Torre Eiffel y su magia para todos los visitantes.


EN CHIAPAS LAS MONTAÑAS NO SON LO QUE PARECEN
Para llegar ahí tuve que tomar un camión a Ocosingo desde San Cristobal de las Casas y después tomar una combi que pasaba por una carretera que dividía la zona federal de la zapatista, en el aire se respiraba tensión, conmigo viajaban mujeres cargadas de flores, con niños que traían mapas de mugre y que no tenían idea de que estaban a la mitad de un conflicto,  hombres con sombreros estilo vaquero y la verdad a ese lugar iba por pura necedad ya que nadie tenía tours para llegar ahí e incluso muchos me recomendaron no ir, pero cuando mi dedo ya seleccionó un destino no hay vuelta atrás y ahí estaba viendo la pobreza, viviendo la austeridad y oliendo el miedo. Los alrededores se veían despejados a excepción de un par de montañas imponentes y que al parecer ahí se encontraba mi destino. Bastó con dar la vuelta a una de esas montañas para descubrirla, aún era incrédulo de lo que me esperaba, habíamos pocos visitantes y al decir pocos me refiero a que conté quince personas desde que llegué y hasta que me fui; empecé a subir la montaña que antes fue una pirámide de siete plataformas que albergo historia maya y sus tradiciones de dioses dormidos, inframundos latentes, astros que cuidan y otros que devastan. Al llegar a la cima de Toniná vi un cielo lleno de nubes blancas y grises, pude sentir la inmensidad, juro que sentí que el viento me decía que todo iba a estar bien, fui parte del paisaje y lo disfrute porque era mi lugar estar ahí, debía de estar ahí parado viendo lo que tenía que ver, fue dejar el vacío en el pecho y llenarlo con la certeza de que en el cielo siempre hay una respuesta, fue ver la cara de mi otro México, fue ver la desigualdad y la pobreza, fue saber la realidad.


EL RUIDO DE LA MEJOR MÚSICA
El siguiente momento es muy simple, fue en el centro del pueblo de Palenque Chiapas, fue su plaza principal con mucha gente disfrutando de la tarde, había sido un día muy caluroso y para las siete de la tarde había niños corriendo, gente vendiendo papas con chile, fruta y helados, había parejas en las bancas contándose secretos mientras que para mí bastaba la tranquilidad de saberme visitante en la cotidianidad de la vida de los que habitan ahí. Me senté en una banca debajo de un árbol muy frondoso y de pronto un ruido de pájaros anunció que estaban por hacer música, lo que no me esperaba ese juego alimentaría a toda la plaza, eran como los pájaros que se escuchan en cualquier lado al amanecer pero multiplicado por cien, no pude evitar sonreír dando las gracias por estar en ese preciso momento ahí, con la disposición para sentir hasta el más mínimo detalle, incluso al día de hoy con solo escuchar el ruido de algunos pájaros cierro los ojos y puedo verme sentado debajo de ese árbol en mitad de la plaza de un pueblo perdido en la selva.


LA CERTEZA DE SABERSE AQUÍ
Una vez tuve un choque en la carretera a Puebla, recuerdo que al primer impacto cerré los ojos y en mi breve diálogo con Dios le dije que si era mi momento me iba sin reproche pero que si no lo era que me dejara sano; evidentemente al escribir esto, Dios, el destino, la vida decidió que aún tenía pendientes por vivir y por contar, por eso después de cinco horas de salir ileso de la pérdida total que fue el coche de un imprudente conductor, celebré en un pueblo llamado Xochitlan en mitad de la sierra a 1200 metros sobre el nivel del mar, donde desde la iglesia de la Virgen de Guadalupe se podía ver la inmensidad del paisaje y justo ahí entendí por qué salí vivo del accidente, fue para no perderme ese momento, esa sensación de ser grande pero sobre todo de confirmar que estaba vivo.


¿CUÁNDO FUE LA ÚLTIMA VEZ QUE DIJISTE “ESTOY VIVO”?
Cuando uno enuncia esas palabras es porque sabe que cosas buenas están pasando, y es que esa vez las dije con todo el aliento que tenía y con todo mi cuerpo. Estaba bajando en patines hacía el sur por la calle Parlament en Toronto, Canadá, me dirigía al lago a las siete de la mañana, el sol estaba saliendo e iluminando las calles con esa luz que torna todo dorado, la vida estaba despertando junto con él, la gente salía a hacer ejercicio o regando las flores, las cafeterías olían a promesas por cumplir, el arte urbano le daba personalidad a la calle, el sonido del tranvía, los murmullos… terminé en el lago sentado en la arena rodeado de gaviotas, viendo el lago y como la hierba roja crecía al ritmo de la primavera, era el sonido del agua golpeando en orilla, el aire acariciando a los árboles aún vacíos de hojas, eran las gaviotas las que me recordaban que estaba ahí y que no era un sueño, que me había ganado mi derecho de ser feliz y de pronto enuncié las palabras uno debería de decir como dice hola o buenos días, por primera vez en mucho tiempo no dije sino grite en español para sorpresa de los que limpiaban la playa, ESTOY VIVO… lo repetí hasta el cansancio, como si estuviera cantando una canción que supiera desde niño y que había olvidado, estaba ahí y simplemente vivo escuchándome a mí mismo repetir lo que mi cuerpo gritaba



LA IMPOSBILE ENUMARCIÓN DE MOMENTOS
Una ocasión llovieron flores en mi jardín, otra mi madre y hermano llegaron a verme a Florida, unas veces mi familia, otras mis amigos y unas más mis amores, momentos y felicidad como pan y vino, pero uno de los momentos que más he sentido en el alma fue ver a mi abuela en el aeropuerto esperándome con su cabeza rapada y su pashmina cubriendole la ausencia de cabello, yo llegaba de un sueño que parecía roto por la noticia de que ella estaba enferma de cáncer y con los peores pronósticos, ya se hablaba de una quimioterapia muy fuerte de color rojo y de que no aguantaría. Cuando me enteré en Canadá que estaba enferma, me enoje mucho, ¿qué más tenía que sucederle a esa mujer que a lo largo de su vida ganaba para perder y volver a comenzar? le dije a Dios ¿qué qué más quería de ella? ¿qué otra lección tenía que aprender?... En fin, regresé con el ánimo y los sueños por los suelos cuando al ver esa cabeza cubierta y esa jovialidad supe que hasta en las peores esa mujer no se despegaba para nada las ganas de seguir entre los vivos, entre los que la amamos.


Casualmente empecé este escrito hace una semana sin saber qué fin tendría esta historia, hoy lunes 1ro de septiembre me dicen que la mujer que casi un año atrás me recibió en el aeropuerto ¡Está sana! su lucha tuvo un sentido y un fin, tuvo oraciones y buena vibra, tuvo dolor y a la vez fe, amor y más oraciones, creo que esas nunca fueron suficientes.    
El saber que la gente que me rodea tiene las ganas y la disposición para seguir tocando mi vida es lo mejor que puede pasar..

Hoy vuelvo a repetir ¡ESTOY VIVO!

#nomascancer #NoAlCancerDeMama #luchadora #mujerestrabajando #mujeres

viernes, agosto 22, 2014

Una Lucha sin Descanso

Para Irene Pizarro Moreno.

No te duermas, no te duermas, ¡no te duermas! Se decía, se pedía, se exigía y hasta se gritaba Inés para permanecer despierta y no cerrar los ojos; repasaba los pendientes del día siguiente y del siguiente, de la semana próxima y de lo que le gustaría hacer dentro de un año. Se acordaba del ajo que no tenía en la cocina y hasta planeaba el viaje a Moscu y su Plaza Roja, San Petersburgo y el Museo del Hermitage.

En el día Inés era la más solícita en casa, aun dirigía algunos pendientes del trabajo desde la alcoba y era casi tan eficiente como cuando dirigía el departamento de Recursos de Humanos en su oficina; aún tenía a su cargo a ocho empleados en la oficina y a quince sucursales mandándole correos, mientras la señora Hilda le preguntaba que qué harían de comer para ellas y para dos nietos a los que medio cuidaba porque también la señora Hilda le ayuda con esto, Ines no estaba en condiciones para mandar al mundo desde su cuarto y mucho menos cuando tenía una quimioterapia cada quince días. 

Lo peor que le podía pasar a Inés era que llegara la noche, exactamente la hora de dormir, esa hora en que los ojos peleaban con desesperación por no cerrarse, se negaba y no era para menos.

Cuando su doctora le dijo que tenía cáncer le pidió que arreglara todo lo arreglable, ella pensó en lo peor, pero lo peor supero su pensamiento y aparte de la noticia del cáncer le dijo que a lo mucho le quedaban dos meses de vida, - Inés, no hay nada que hacer, los estudios no dan para más – Inés convirtió en 61 días la sentencia de la doctora y reparó que en ese tiempo tenía que hacer la repartición de sus precarios bienes, los seguros de vida, sus hijas, sus nietos y la película 
que tanto querían ver y que se estrenaría en tres meses, tres meses que no le cabían en sus 61 días...

Inés contra todo pronóstico decidió tomar el tratamiento y no el paliativo que le recomendó su doctora, sino el que la dejaría más cansada, el tratamiento que le acabaría el cuerpo pero no el ánimo y mucho menos la decisión de salir adelante. 

Cambio a la doctora por uno que creyera en que era cosa de voluntad y no solo de resultados de laboratorio. Al día siguiente de la noticia tomó la primera quimioterapia, a los quince días la segunda; el cuerpo le dolía, el asco por la comida era mucho, las ganas de quedarse en cama eran todo lo que quería, el morir le parecía lo más probable pero no lo que se permitiría. – Verduras, y si las vomito más verduras – no dejó de hacer ejercicio, pero en vez de correr los cuarenta minutos diarios, pasó a hacer sólo tres en la caminadora como todo un reto y un logro de campeones, decidió abrazar lo que se puede abrazar el triple de veces, abrazar hasta cansarse fue su deber, abrazaba sin permiso y sin aviso a los nietos, a las hijas, a los yernos y quien se dejara.

Antes de la tercera quimio empezó a probar todos los tratamientos alternativos habidos y por haber: hierbas, vitaminas, gorgojos, reiki, meditación, medicina china tradicional, acupuntura, hipnosis y hasta la musicoterapia, ¿qué no hizo ella con tal de seguir caminando entre sus vivos? De todo, excepto irse a Cuba o más lejos, pensaba – si me he de curar que sea aquí con las manos de los que quiero cerca de mi corazón, donde pueda tocarlos en caso de que no sea remediable esto que dicen que es irremediable – 

En la cuarta quimio no pudo levantarse, por primera vez desde que le dijeron que solo tenía dos meses de vida, sintió miedo y no por que las piernas no le respondían, sino miedo porque olía a la muerte cerca, a tres días de llegar a los sesenta y uno que ella estableció como meta a superar, sintió a la muerte susurrarle al oído y al cerrar los ojos para tomar fuerzas creyó haberla visto. Pidió que la llevaran a casa porque estaba segura de que lo que le fuera a pasar, le pasaría en su terreno, en lo que conocía y en lo que amaba. La llevaron a su cama y ahí sintió como se desprendía de a poco de su cuerpo, el miedo le hizo abrir los ojos, gritó con desgana y disimulando el pánico pidió que la llevaran al baño, se duchó como pudo y al regresar a la cama se dijo, se exigió y se gritó - No te duermas, no te duermas, ¡no te duermas! - Permanecer despierta era su tarea, porque sabía que si los cerraba se le irían los recuerdos y las fuerzas para abrirlos de nuevo.

Inés no se durmió, llegó al día sesenta y dos viva, llego a su meta como si hubiera corrido un maratón donde el premió era saberse con vida, ¡llegó! lo logró, esa noche durmió como nunca antes lo había hecho, durmió segura de que todavía le quedan batallas por pelear.

385 días después de que le dijeron que solo le quedaban dos meses de vida, Inés sigue sin saber cuanto tiempo extra tendrá su guerra personal, lo que si sabe es que no podrá dormir los días en que tenga un pendiente en la cocina, un viaje que programar y personas por abrazar, más no por la preocupación de seguir viva.

Si la haraganería no es cosa del cáncer, ¡de ella tampoco!.

domingo, julio 27, 2014

Para Olga


Estaba sentada en medio de la sala, con una camisola roja a juego con los zapatos, pensando en la vida, en como habían iniciado las cosas, su primera travesura, su primer regaño su primer beso y la primera vez que se estremeció; se miró las manos y ya no se acordaba en como fueron a sus cinco años, pero podía jurar que habían sido hermosas.


Le dio por recordar las carencias de su infancia, sus anhelos, en como soñó con un padre menos ausente y en cómo aprendió a amar lo que la vida le iba poniendo. Se acordó de una tía con mucho dinero y su viudo corazón, ella le había enseñado a encerar y pulir al igual que tallar y tender. Le tocó ver un DF sin pavimento y con el río Churubusco vivo sin ser tapado, se subió en los tranvías, vivió lo mismo en Nativitas que en Portales, también vivió en la colonia Condesa en su plena majestuosidad sin tanto comercio y con menos alboroto.


Volvió a extrañar a su madre y se apenó por como la hizo repelar con sus escapadas y sus contestaciones y es que ella no había nacido para que la mandaran, suficiente con obedecer a la suerte y desafiarla de nuevo para construir destino, su destino; si su madre le cerraba la puerta, ella brincaba una barda, si le decían una hora llegaba a otra y mientras le daban sus nalgadas ya estaba pensando en como escaparse al otro día para evitar el castigo del encierro.


Cuando tuvo a sus hijos entendió el esfuerzo y el trabajo que cuesta criarlos, dejó de reprocharle a su madre que a pesar de que estaba sola y no tenía los suficientes ingresos, siempre permitió que su esposo llegará y le hiciera cariños que siempre terminaban en otro hijo hasta que llegó a ocho, hubo un punto que a la quinta hija tuvieron que ser separados para que alguien se pudiera hacer cargo de ellos, unos tantos con una tía y otros con otro tío esa vez fue dejarse llevar por el destino y pedir que la suerte estuviera de su lado.


Esas fueron las constantes de su vida y hasta en su primera boda se acordó de la mala suerte que tuvo al no ver las manías del hombre raro al  que escogió pero que de todas maneras le agradeció al destino haberlo conocido porque le dio cuatro hijos como si fueran el mejor de los regalos.


Pensó en lo afortunada que fue a pesar de los múltiples errores de unos, el pésimo carácter de otros y el alejamientos de los demás, pero pese a eso, ahí estaban, siempre al pendiente desde su trinchera, una al sur, otra al poniente, otra al norte y uno más al centro buscando su camino, como le daba gracias a la vida por estár presente en sus vidas como testigo de sus errores y aciertos.


Extrañaba a un hijo que se le fue lejos, le gustaba pensar que estaba en otro país viviendo una vida mejor, lejos pero pisando esta tierra aunque la verdad no era así, ese quinto hijo de su segundo matrimonio había tomado un tren al cielo pero en ese día se sintió feliz porque al fin lo había dejado libre, ya no le guardaba rencor por habérsele adelantado, con suerte y en su momento un día lo vería.


Así estaba en medio de su sala vestida de su color favorito cuando salió del recuento de lo que había sido y era su vida. Abrió más los ojos y se dio cuenta de que ahí estaban cuatro hermanas de seis y su único hermano; ellas eran sus amigas, sus complices, sus compañeras. Ahí estaban los hermanos que estaban siempre cuando algo necesitaba, dando gracias a las que le llevaron de comer cuando no tenía ganas de hacerlo, las que se quedaron con ella cuando el corazón se le salía del pecho y las que siempre sostuvieron su mano a lo largo de toda su vida, hasta las que no estaban también las vio ahí, en mitad de sus recuerdos a pesar de las peleas y los disgustos fueron parte de su historia.


Abrazó a sus nietos, los presentes y rezó por los ausentes, no siempre se puede tener todo decía, con saberlos vivos y sanos le bastaba para quererlos como a los mismo hijos. Se acordó  de como le cantaba a uno la de los ojos mexicanos de Juan Gabriel y a otro con tal de verlo cruzaba la ciudad completa, con uno se sentía en deuda por no haber pasado tanto tiempo con él, pero así las cosas, abrazaba a los que podía cuando se podía aunque ellos no quisieran.


También estaban las hijas que pudieron y quisieron ir, con las que estaba agradecida por su presencia y su ayuda, cada una a sus modos pero ahí, junto a ella.


Estaban también los yernos, los consuegros, los sobrinos y las amigas, dio gracias por oir sus pasos y sus palabras, por ser parte de su memoria, su destino y su suerte.


De pronto su esposo, el segundo, tocó su hombro y se recargo junto a ella, estaba cansado de atender a las locas de sus hermanas, a sus hijas, de jugar con el nieto, de preparar micheladas y de andar de la cocina al comedor. Ella lo vio y pensó en que no solo era su esposo, era su compañero de vida, el humano falible, al que perdonó, con el que compartió la pérdida más grande y que para dicha de los presentes seguían vivos celebrando los años y los momentos; dio gracias que estaban aún en condiciones para sumar fechas y recuerdos, todavía la vida los quería para ser testigos de todo lo que pasaba en su mundo, se sintió afortunada por la presencia de ese hombre que dormía todas las noches junto a ella y sonrió.


Una de sus hijas le preguntó que por qué sonreía sola, que si era de ellos o con ellos, a lo que ella respondió: con la vida hija, me rio con la vida.


En la vida hay cosas que uno elige, situaciones a la que uno llega por destino y otras por azar. Hay situaciones que uno persigue, busca y ocasiona, hay momentos que uno no pide y otros que se anhelan, también hay personas que entran y otras que salen, hay recuerdos y cosas por vivir, pero ella a pesar de tanto ir y venir de sumar y restar, estaba feliz siendo testigo de su propia vida.


¿Cómo resumía su existencia?


En puro amor...

#celebrando #abuela #mujeres #mujeresSinmiedo #mujeres #mujerpublimetro

viernes, julio 04, 2014

5 años y 6 meses

Despertó como si hubiera dormido una siesta de un par de horas, puso un concierto de violín que estaba junto al estéreo, le costó llegar hasta allá y es que las piernas no lo dejaban, eran un par de extrañas con vida propia que no escuchaban a su cerebro, se metió a la ducha y se quitó el hedor a sábanas de su cama que le parecía tan ajena a él.  Mientras las cuerdas sonaban  en las bocinas él sentía una melancolía más grandes que el hambre.


Se alistó para salir, sacó un poco de dinero de su gaveta y tomó una carta que decía “Para cuando despiertes” con letra elegante y precisa, no la quería abrir en ese cuarto tan serio y tan blanco, tenía ansias de luz y ruido. Paró un taxi y se fue al parque más próximo que a pesar de que estaba muy cerca no estaba seguro si las piernas le respoderían como debían. 

Entró al parque, puso en su oído derecho un audífono tocando Infra 5 de Máx Richter, todo le parecía un sueño, se paró y miró a su alrededor: árboles húmedos por la lluvia que seguro cayó en la madrugada, el aire era fresco, había unos cuantos niños riendo jugando con sus madres o abuelas, el cielo era de un gris claro que dejaba entrever unos tenues rayos de luz pálida. Todo le parecía un milagro, podía sentir en la lengua la humedad del día y las manos el aire, las piernas le fallaron y cayó de rodillas sobre el pasto frío y lo tocó como quien resucita de la muerte, lloró al ritmo de los violines y la música desordenada de ese compositor tan poco ordinario, ¡estaba vivo!, no recordaba esa sensación, toco un árbol y escuchó con el otro oído a los pájaros cantar, se preguntó si estaban jugando o peleando, daba lo mismo, se oían tan vivos y tan cerca que poco le importó el motivo, se sentó en una banca como si fuera un trono, se sintió dueño de ese momento, de esa vida y de esos colores. Empezó a reír con euforia, sentía que no podía parar de reír y no entendía porqué lo hacía, solo tenía la necesidad de hacerlo, su psicólogo lo hubiera tachado de bipolar, pero sus lágrimas fueron de felicidad,su risa de alegría, no cabía en si mismo de tan feliz que estaba.


En su celular adelantó la canción y puso Spring 1 del mismo compositor y metió su mano a la bolsa de su sudadera y sacó el sobre leyendo la carta que estaba dentro.


Hola Andrés.


Supongo ya estás despierto, anoche estabas muy borracho y tomaste muchas pastillas para dormir, me di cuenta de eso al ver la caja vacía, te grité y te pegué y rece porque no te murieras, no me despegué de tu lado ni un segundo. No creo que te acuerdes pero en tu borrachera me dijiste cosas horribles y humillantes y no por muy humillantes que fueran dejaron de ser ciertas, me heriste de gravedad, pero nos liberaste a ambos. Me sorprendió que supieras y que me gritaras que son 5 años y 6 meses los que llevamos juntos, pero me sorprendió más el que uno de los dos aceptará que fueron los 5 años y 6 meses más enfermos que se pudieron tener, yo que juré que tanto te amaba, al verte tendido sobre la cama temiendo que te murieras pensé en que si estaba contigo era porque no quería estar sola y que si estabas conmigo era porque te daba pavor imaginarte dormir tu solo en una cama tan grande, me dijiste tanto y de una manera tan triste, ¿tanto mal te hago que te emborrachas cada ocho días y encima parece que te quieres librar de mi aunque sea muerto? Si no me dejas es porque no quieres herirme, ¡ya estamos muy heridos Andrés!, si estás leyendo esto es porque ya me fui, te dejo las llaves, el dinero del mes donde siempre y las cosas del departamento si las vendes quédate el dinero, yo no quiero nada tuyo ni de ambos, me quedo el daño para poder sanar y encontrar el camino, te deseo lo mismo y por favor no te mueras, que si te mueres le haría falta algo a mi historia.


Vive la vida que quieres que ya no estamos para estancarnos en relaciones que nos ahogan.


Bibiana R.


Andrés se quedó en la banca sintiéndose solo pero libre, sin rumbo pero vivo, ya tendría tiempo de ingeniárselas para dormir solo, mientras escuchaba un Vivaldi recompuesto, unos pájaros y la risa de sabrá Dios cuántos niños. Con eso tenía para un nuevo comienzo.


Y así se despidió de Bibiana, su relación de 5 años y 6 meses.


#soltero #relacionesquematan #dejarir #rompimientos #renacer #soltar #adios #separación

Odiando odiar..

Que ganas de no saber de las emociones, de no haberlas trabajo nunca y seguir viviendo en plena ignorancia culpando a todo el universo de mi...